
Fic TOLL de lyra
Capítulo 7. Miedos
Andreas se dio prisa en hacer el recado que Bill le había mandado. Llegó al banco justo a tiempo e hizo ese ingreso que tan pocas ganas tenía de hacerlo. Si pudiera averiguar su identidad, le mataba con sus propias manos por el daño que le había causado a su amigo, y por el que sabía que le iba a causar más adelante, pues estaba claro que no se iba a conformar con más dinero, sino que solo quería su cuerpo.
Regresó al apartamento tal y como le pidió Bill, sabiendo que en su estado no le apetecía estar a solas con Tom por si le hacía alguna pregunta. Se quedó a cenar con ellos. Bill se sintió un poco mejor y lo hicieron en la cocina.
Le ayudó a sentarse en una silla mientras que Tom iba preparando la cena, asintiendo con la cabeza a la silenciosa preguntó que le hicieron sus asustados ojos. Se sentó enfrente de él cuando la cena fue servida y se la tomaron en silencio, cada uno perdido en sus pensamientos.
Tom no podía dejar de pensar en que esa iba a ser su noche especial, pero viendo el estado de Bill lo tendrían que dejar para más adelante, esperando que la gran noche no tardase demasiado.
Andreas no dejaba de mirar a su amigo, viendo cómo se mordía los labios tratando de no echarse a llorar. Sabía que esa semana de plazo terminaría muy pronto y que luego vendría a por más.
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Terminaron de cenar y pasaron al salón a ver un rato la tele. Bill se sentó en medio de los dos, pero a los pocos minutos el cansancio le venció y cayó dormido contra Tom, quien levantó un brazo y le atrajo más hacia su cuerpo, dejándole descansar sobre su pecho.
Andreas los miró de reojo, la tierna manera en la que Tom besaba a su hermano en la frente mientras que este dormía, y le hizo sentirse incómodo, como si estuviera molestando.
—Mejor me voy ya a mi casa—anunció de repente levantándose.
Tom apagó la tele y le sonrió a modo de despedida.
—No te levantes, no vaya a ser que le despiertes—pidió Andreas—Dile que mañana volveré para ver qué tal se encuentra.
Salió del apartamento y caminó hacia su casa con paso lento, pensando en la mejor manera de ayudar a su amigo, si es que existía alguna.
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Cuando por fin se quedaron solos, Tom suspiró aliviado y levantando la barbilla de Bill con un dedo posó sus labios sobre los suyos, comenzando a besarle suavemente para que se fuera despertando poco a poco.
Y eso hizo. Lentamente sus párpados temblaron y se fueron abriendo, sonrió cuando al enfocar la vista vio su rostro ante sus ojos. Separó los labios y le permitió entrar en su boca mientras levantaba una mano y le atraía por el cuello para hacer más profundo el beso.
Tom se inclinó más sobre él, le hizo tumbarse en el sofá mientras que él se tumbaba encima comenzando a acariciarle por debajo de la camiseta, que se la levantó y dejó al aire su pecho.
Separó los labios y bajó la cabeza por su cuello, dejando un rastro de húmedos besos hasta su pecho, que besó con pasión mientras iba bajando hasta el borde del pantalón, momento en que sintió como el cuerpo de Bill se ponía rígido y trataba de incorporarse.
— ¿Te he hecho daño?—preguntó Tom separándose.
Bill asintió sin mirarle. No le había hecho daño, pero sabía a donde conducirían sus caricias y no lo podía permitir. Tom notaría enseguida que le había pasado algo y le haría mucho daño el saber que se había entregado a esa cruel persona por salvarles a ambos.
Tom se levantó del sofá y le tendió una mano para ayudarle.
—A lo mejor es pronto todavía—dijo resignado.
Bill no le contestó, si no que comenzó a caminar hacia las escaleras, a buscar refugio en su habitación antes de que dijera algo que le detuviera. Puso el pie en el primer escalón y dándose impulso subió lo más deprisa que su dolorido cuerpo le permitió.
Llegó hasta su habitación y se encerró en ella. Entró en el baño y se tomó el antibiótico antes de acostarse en esa cama que ya le estaba esperando.
Se tumbó despacio y cerró los ojos pensando que si nada hubiera pasado, en esos momentos yacería en los brazos de Tom mientras que él le hacía el amor lentamente, y no de esa forma cruel en la que fue violado…
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La semana fue llegando a su final y con ella ese tiempo de paz que a Bill se le concedió. Su cuerpo iba sanando pero no así su alma.
Al segundo día regresaron sus compañeros y en vista de que ya se encontraba repuesto decidieron seguir con los ensayos. David llamó para ver que tal estaba y confirmar una actuación para el sábado si para entonces ya se había recuperado.
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Llegó el día de actuar y los nervios le impedían respirar. En los ensayos la voz casi no le salía, pero se esforzó tragando las lágrimas que amenazaban con salir cada vez que separaba los labios y logró cantar una canción perfecta, deseando que esa noche todo saliera igual de bien.
Paseaba por el backstage mientras tararea por lo bajo la canción que habían preparado para esa noche con los ojos cerrados. No se dio cuenta de donde le dirigían los pies hasta que unas manos le cogieron por los hombros y le frenaron antes de que se chocase contra la pared.
— ¡Tranquilo!—le calma Tom al ver que se asustaba.
Bill ahogó un sollozo al separarse de Tom. Solo le había cogido por los hombros y su mente le jugó una mala pasada haciéndole creer que era Adam otra vez y que volvía a por más.
Y lo esperaba. Porque el plazo había terminado, y con él la relativa tranquilidad en la que había vivido, con el miedo siempre presente cada vez que sonaba el móvil.
Fueron llamados para salir a actuar y tras respirar hondo caminó tras sus compañeros, dejando que los técnicos del sonido les ajustasen los micrófonos, apretando los labios cuando unas desconocidas manos le subieron la camiseta y metieron el cable de su micro por ella. Jadeó al notar como le tocaban la espalda, desando que terminase pronto y no sentirse tan mal cada vez que alguien simplemente le rozaba.
—Listo—le dijo el técnico.
Le sonrió con esfuerzo y se alejó de él corriendo. Se quedó en un oscuro rincón esperando a salir al escenario, tratando de concentrarse solo en la canción. Vio que Tom le llamaba cogiendo la guitarra y preparándose. Caminó hacia él y a los pocos minutos estaban sobre el escenario dando lo mejor de sí.
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Tras la actuación y una pequeña entrevista, pudo volver a respirar aliviado en la seguridad del backstage. Se encontraba en la pequeña sala, oyendo a sus compañeros comentar lo bien que había salido todo. No participaba en la conversación, a pesar de que estuviera con ellos su mente estaba a kilómetros del lugar.
— ¡Bill!—escuchó que le llamaban.
Pestañeó y miró a Tom sin saber que le estaba diciendo.
—Despierta, que parece que te has quedado dormido—dijo Tom con una sonrisa.
—Perdona, estaba distraído—se disculpó Bill forzando una sonrisa.
Tom se acercó a él y le cogió del brazo para sacarle de allí y poder hablar en privado. Caminaron por el pasillo hasta llegar a una vacía habitación. Entraron en ella y nada más cerrar la puerta, sus labios se fundieron en un tierno beso.
Bill se cogió con fuerza a su hermano, abrazando a su cuerpo mientras sollozaba contra sus labios.
—Hey…—le consoló Tom al sentir temblar su cuerpo.
Bill enterró la cara en su cuello, mojándoselo con las lágrimas que derramaba sin poder controlarlas.
—Me estás asustando, ¿qué te pasa?—preguntó Tom preocupado.
—Nada…. —logró decir Bill en un sollozo.
Tom le cogió por la barbilla y le levantó la cara, viendo como sus mejillas estaban empapadas y le temblaban los labios emocionados.
—A mí no me engañas, llevas unos días comportándote muy raro—insistió Tom—Te pones tenso con mis caricias, estás distraído todo el tiempo y tus ojos…
— ¿Qué les pasa a mis ojos?—quiso saber Bill asustado.
—Están apagados, ya no veo en ellos ese brillo que siempre tenías. Sé que te ha ocurrido algo y no me lo quieres contar, lo que me hace mucho daño—dijo Tom dolido.
Quería apartar la mirada de Tom, por si en sus ojos se ve algo más que el miedo que sentía en esos momentos y que sabía que siempre sentirá, pero Tom le cogió la cara con ambas manos y le obligó a mirarlo, interrogándole con la mirada, suplicándole que le dijera que era lo que le estaba pasando.
Un sollozo escapó de sus labios y subiendo sus manos las enlaza tras su espalda, volviendo a esconder la cara en su pecho y a romper a llorar de nuevo.
—Tengo tanto miedo—se le escapó sin querer.
Tom se mordió los labios al escuchar sus palabras y el tono en que fueron dichas. Le abrazó fuertemente mientras pensaba que era lo que podía temer Bill para que estuviera en ese estado.
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Tras varios minutos en los que los sollozos fueron perdiendo fuerza, logró separarse de Tom y caminó por la habitación mientras se limpiaba las mejillas de lágrimas.
—Bill—llamó Tom en un susurro.
—Ya pasó, gracias por tu consuelo—dijo Bill dándole la espalda.
—Pero aún no me has contado…
Tom calló al ver que levantaba una mano para pedirle que no continuase hablando. Sabía que por más que insistiera, se iba a quedar sin respuestas.
El sonido del móvil de Bill les hizo dar un respingo a ambos. Bill lo sacó del bolsillo de su cazadora con manos temblorosas y ahogó un gemido al ver ese número reflejado en la pantalla.
— ¿No coges la llamada?—preguntó Tom acercándose a él.
Cortó el móvil para que dejase de sonar. Cogió aire y se volvió tratando de aparentar tranquilidad.
—Se han equivocado—mintió forzando una sonrisa.
— ¿Te sientes mejor?—preguntó Tom preocupado.
—Sí, gracias. Creo que voy a salir a que me dé el aire. Ahora vuelvo—dijo Bill sin aliento.
Salió de la habitación antes de que Tom se lo impidiera. Caminó deprisa por el pasillo sin mirar a la gente con la que se cruzaba, llegándose a chocar con alguien.
Logró dar con la salida y ya en la oscuridad del solitario parking devolvió una llamada que le hizo echarse a temblar de miedo.
Continúa…
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