
Notes de lyra: Se puede decir que el titulo salió de la canción de Queen «Show must go on»
- El show debe continuar
- El show debe continuar
- Por dentro mi corazón se está rompiendo
- Mi maquillaje puede estar descascarándose
- Pero mi sonrisa aún está
Fic TOLL de lyra
Capítulo 1. El tercer gemelo
Terminaron el concierto, y como tantas veces habían hecho corrieron a refugiarse en sus camerinos. Después de tanta adrenalina acumulada, sabían que solo había una manera de gastarla.
Cerraron la puerta corriendo, y sin tan siquiera dar las luces, sus labios salieron a su encuentro. Se fundieron con los de su otra mitad, se besaron hasta gritar mientras sus manos recorrieron ese cuerpo que es tan perfecto, que era igual al suyo sin ningún defecto.
Solo se separaron cuando sintieron que el aire les faltaba. Se quedaron mirando a oscuras, con el aliento convertido en un resuello. No necesitaban ninguna luz para verse, sus corazones se reconocían en tinieblas, sabían que eran únicos, que su amor secreto jamás sería descubierto.
—Has estado fantástico—dijo Bill sonriendo.
—Gracias, tú tampoco besas tan mal—murmuró Tom picándole.
—Me refería al concierto, este beso….
No pudo seguir hablando, sus labios habían sido cerrados. Sonrió mientras le empujaba contra la pared, se aferró a Tom al sentirse caer.
Suspiró cuando una mano le acarició la piel, se había colado bajo su camiseta y le arrancó gemido de placer. Sabía que quería ir más abajo, pero no era el momento adecuado. Mejor no empezar algo que no pudieran terminar.
—Para—suplicó Bill entre jadeos.
—No…..—pidió Tom en un puchero.
Pero sabía que Bill estaba en lo cierto y dejó de hacerlo. Le volvió a poner la camiseta en su lugar y dio por finalizado ese beso.
Alargó una mano y dio la luz, que inundó el camerino y le dejó ver el rostro de su hermano, lo que le hizo soltar una carcajada.
— ¿Has visto algo gracioso?—preguntó Bill enojado.
No dijo nada, solo levantó un dedo y señaló su cara sin parar de reír.
Bill se acercó al espejo y un grito escapó de sus labios al ver su reflejo. No sabía cómo lo había hecho, pero Tom siempre conseguía estropearle el maquillaje.
—Pagarás por esto, Tom Kaulitz—amenazó Bill a través del espejo.
Tom rio con más ganas al verle tratar de recomponerlo. Como cogió una toallita húmeda y se la pasaba por las mejillas, recogiendo de ellas los resto de su rímel que bajaban desde sus enrojecidos ojos.
—Esto escuece, que lo sepas—sollozó Bill entre falsas lágrimas—Me voy a tener que lavar la cara.
—Siempre me has gustado más con ella lavada, dejando al descubierto tu natural belleza —dijo Tom acercándose desde atrás.
Se quedó cerca de su cuello, dejando en el un beso mientras que le abrazaba la cintura con las manos.
—Nada de besos hasta que me pidas disculpas, no me paso dos horas arreglándome solo para que vengas tú y lo estropees en dos minutos—advirtió Bill tratando de alejarse en vano de él.
—Te he hecho un halago, ¿no te vale eso?—preguntó Tom sonriéndole con picardía.
Bill negó devolviéndole la sonrisa. Le había gustado mucho lo que había dicho de él, pero quería una disculpa en toda regla. Se giró en sus brazos y se le quedó mirando, esperando.
— ¿Y bien?—insistió.
—Bien, ¿qué?—repitió Tom como si no le hubiera entendido.
Bill resopló y trató de huir, pero Tom le tenía fuertemente agarrado y le empujaba contra el espejo sin dejar de reír.
—Lo siento—se disculpó Tom al fin.
Bill sonrió. Había conseguido que hiciera algo que le costaba mucho. Sabía que a Tom le costaba pedir perdón, aunque fuese en broma, pero sabía que por su amor haría cualquier cosa.
—Acepto tus disculpas—dijo Bill mostrándole su mejilla.
Tom sonrió y se la besó entes de soltarle, quien una vez libre le rozó la nariz con la toallita que aún tenía en la mano.
—Espérame afuera mientras me lavo—pidió Bill sonriendo.
Tom se frotó la nariz y caminó hasta la puerta. La abrió y antes de salir le mandó un beso con la mano, que Bill cogió con la suya y llevó hasta su pecho.
.
Por el camino se encontró con el resto del grupo, que le sonrieron al verle tan alegre.
— ¿Dónde os habéis metido?—preguntó Georg.
—Ya conoces a Bill, se quería retocar el maquillaje—contestó Tom algo nervioso.
— ¿Y tú le estabas ayudando?—intervino Gustav guiñándole un ojo.
—Más o menos—murmuró Tom carraspeando.
Siguieron con las bromas caminando hacia la salida, en donde les esperaba el autobús en el solitario parking. No había nadie reunido allí. Las fans se dieron por vencidas y se fueron hacía minutos escasos.
Georg y Gustav subieron al autobús, pero Tom se quedó en la puerta esperando mientras encendía un cigarro. Sabía que a los demás no les gustaba que fumase dentro, pero lo necesitaba. El beso después de la adrenalina del concierto no había hecho más que empeorar la situación.
En vez de relajarle, le había dejado más excitado. Con ganas de más, con hacerlo ya. Porque se estaban reservando. Querían que su primera vez fuera especial, que nunca la fueran a olvidar.
— ¿No te han dicho que fumar es malo?—preguntó una voz a su derecha.
Se dio la vuelta con rapidez. No le había visto venir y le había asustado. El parking estaba a oscuras y solo vio una silueta a su lado, pero era inconfundible. Sonrió para sí, pensando en su venganza por el susto.
Tiró el cigarrillo y le atrajo a sus brazos. Se apoderó de sus labios y entró en su boca con fuerza, sin hacer caso del gemido de protesta que de ella salió.
—Pero…que haces…quita…—forcejeó contra él.
Tom le soltó al sentirle molesto. Se separó de él y le vio cómo se pasaba una mano por los labios y ponía un gesto de asco.
— ¿Bill? ¿Qué haces? –preguntó Tom en un hilo de voz.
—Eso me gustaría a mí saber—contestó alguien detrás de él.
Tom se giró y se quedó en blanco. A su derecha estaba Bill, con un gesto de dolor en la cara. A su izquierda estaba la persona a la quien por equivocación había besado.
Se giró para verla de nuevo y escuchó el ahogado gemido de Bill, igual al que se le escapó a él de sus labios.
Delante de los gemelos había una persona que si llevara otra ropa sería igualito a ellos, como si fuera su tercer gemelo.
Continúa…
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