
Fic Toll de Nathaly Kaulitz
Capítulo 30
By: Tom Kaulitz
¿Enamorado? ¡Yo! Nahhhh. Ni siquiera se que es esa mierda.
–Joven…. Nuestros tulipanes son los más lindos, pero a cómo usted me describió a su amado, le recomiendo llevarle rosas blancas, simboliza la pureza, la inocencia, las rosas blancas simbolizan perpetuidad, algo que durará toda la vida, Las rosas blancas igual que las rojas, están relacionadas con el amor aún que de una perspectiva mucho mas casta y pura.-Asentí, aún que no entendí ni una sola palabra de lo que la señora frente a mi me decía, se movió por su tienda buscando las famosas “rosas blancas”
“Aunque debo admitir que la parte de que lo nuestro dure pará siempre me ISO sonreír de solo imaginar una vida al lado de mi mocoso”
Ni siquiera se que hago en este lugar, ni mucho menos se por que estoy comprando flores, o porque me estoy preocupando tanto por qué le gusten, o por qué estoy buscando por más de treinta minutos las rosas perfectas. ¡O por qué diablos tengo tantas dudas!
Observé el reloj que se encontraba en la pared, eran cerca de las seis de la mañana, tenia algunos asuntos que resolver en mi antigua casa, Alexander era un buen líder, aún que le falta un poco de más voz, las semanas habían pasado, actualmente llevaba un mes con Bill en la cabaña, un mes cuidando de ese mocoso insoportable.
Aló lejos mire una pequeña tienda, muy linda, se podía decir acogedora, mi atención fue captada por unos ramos de flores que se encontraba fuera de esta, y el…. El fue el primero que lleno mis pensamientos, el tan solo pensar en sus mejillas sonrojadas, su amplia sonrisa por su rostro, sus ojos brillosos llenos de felicidad, y sus perfectas manos tomando uno de esos ramos.
Comencé a mover mi pie con desesperación, ¿Flores? ¿Por qué carajos estoy yo comprando flores?
–Todas nuestras rosas son preciosas, pero estás…. Estás las aguardo solo en momentos especiales.- La mujer mostró un ramo de estás, arque una de mis cejas, la verdad es que si eran un poco de mi gusto.
Sus pétalos contenían pequeñas gotas de agua que simulaban pequeños destellos de luz, se encontraban envueltas en un papel blanco con las orillas doradas y un pequeño moño del mismo color, tome entre mis manos aquel ramo, pude contar las diecisiete rosas, y al tener los capullos abiertos, daban la ilusión que eran más de veinte.
–Las quiero….- Si…. Le llevo flores.
La mujer de edad me sonrió y yo hice una mueca, no acostumbraba a ser amable con las personas,
Y mucho menos con una doña que ni siquiera sabía si existía, pero ella me estaba vendiendo las flores de mi mocoso, trataré de hacer el intento.
Con una de mis manos libres saque mi billetera que tenía en mi bolsillo, y saque el primer billete que sobresalía, para entregárselo de inmediato, gire sobre mis talones, para dirigirme a mi auto.
–¡Espere joven, no tengo cambio!- Escuché el grito de la señora, y puedo jurar que estaba enojada, la mire sobre mi hombro.
–Yo no le pedí ningún cambio… Quedeselo.- Dije sin esperar respuesta, no me importaba si me volvía a llamar, camine hacia mi auto abriendo la puerta del piloto, coloque el ramo en el asiento del copiloto, para poder tomar mi lugar para conducir.
Prendí el motor, y segundos después los chillidos de los neumáticos contra el pavimento se pudieron escuchar, el paisaje lleno de árboles era reconfortante, la verdad es que extrañaba tener una “vida normal”, aunque nunca con la palabra en su máxima expresión.
¿Enamorado? No… No me identificaba con una persona enamorada, eran tan estúpidas, tan estúpidos y débiles, yo soy una persona fuerte, para nada estúpido, no estoy enamorado, mucho menos de un chico como Bill, ni siquiera me importa como me sonríe y se despide antes de dormir, o el como se emociona al momento que le hago un halago, mucho menos las tantas veces que nuestras miradas toman vida propia, conectandose de manera instantánea, y aun peor, no me importa cuántas veces unamos nuestras manos, y sentir esa extraña electricidad, e igualarlo a la vez que me dispararon con un cable paralizante.
“Enamorarse es de perdedores.”
Divise la cabaña a lo lejos, y una sonrisa se formó en mi rostro, bebo de admitir que esto es algo que me cabrea, solo el puede hacerme sonreír y enojarme al mismo tiempo.
Estacione el auto y espere unos pocos segundos para que el motor se enfriará.
“Mentiroso”
Pude escuchar a mi subconsciente, claro…. No es que estuviera nervioso, obvio no, no me interesa lo que el Mocoso opinara, me importas una mierda si no le gustaba.
Baje del auto, no sin antes tomar el ramo de flores entre mis manos, las cuales por algún motivo temblaban, saque las llaves de mi bolsillo, tratando de provocar sonido, y así inventar cualquier escusa barata.
Pero era claro que el destino no estaba de mi lado, no hoy.
Al momento que abrí aquella puerta, unos ojos almendra me miraron con rapidez, inspeccionando cada parte de mi, asta llegar al objeto grande y esponjoso en mis manos, pase saliva con pesadez, y me repetí millones de veces que no me importaba, por qué real mente no me importaba. ¿O si?
Camino hacia el con lentitud, sentía las ganas de vomitar, me sentía mal, por unos momentos me maree, y mi estómago sonó al punto que solo yo pudiera escucharlo, la presión se me subió, estoy seguro que se me había olvidado el como respirar.
El me miró con mucha curiosidad, inclino su cabeza hacia un lado, con una gran sonrisa en su rostro, se veía tan tierno y adorable, se encontraba al final de las escaleras, su cabello aún alborotado, al igual que su ropa desordenada.
–Las…. Las encontré tiradas por ahí, las ví y me recordaron a ti, tan abandonadas y feas.-Me encogí de hombros, y él hizo una mueca.
–JA- JA- JA.- Se rió sarcásticamente, pero casi inmediato una sonrisa coqueta se formó en su rostro, camino hacia mi, y estuve apunto de salir corriendo.- Voy a ignorar el hecho que me acabes de decir feo y abandonado, para poder admitir que me acabas de traer flores.
–De que hablas, las encontré botadas.-Aclare.
–Uhjum.- Se hacerco aún más, la diferencia de estatura hacia que la escena fuera más divertida, pude notar como se paraba de puntillas y depositaba un suave pero caluroso beso en mi mejilla, acto que me hizo temblar.
–¿Te gustan? Bueno, no es como si tuvieras mas opciones, ya que en el lugar donde estaban habia otros ramos en el suelo, pero yo me decidi por este, puedo cambiarlo si quieres.-lami de mis labios.
–Me encantaron, muchas gracias por comprarme flores.- Respondió, y sus manos tomaron del ramo, dónde las mías aún estaban puestas, pude sentir el calor de su tacto.
–No las compré, las encontré botadas niño -Repeti.
–Si, y me gustaron mucho.
–Da igual no me importa.
“Falso, si me importa, y mucho”
Lo que no me convencía demasiado era que el se estaba comportando como el dominante, eso no podía ser, ¡Esa es mi personalidad!
Gruñi y ahora fui yo quien se acercó a el, haciéndolo retroceder, sonreí de lado, su espalda choco contra la fría pared, tome su mentón con suavidad, mientras acariciaba su mejilla con mi nariz, olfateando su dulce olor.
-¿Q-que.. que haces?.- Hablo, con la voz nerviosa y la respiración agitada.
–Mocoso… Que te quede claro, yo no te compre flores, las encontré por ahí.
“Tu debilidad no me puede afectar muñeco”
Continúa…
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