Mentes Criminales 31

Mentes Criminales 31

Fic Toll de Nathaly Kaulitz

Capítulo 31

NARRADOR

El sonido de aquel dispositivo le hizo levantarse con rapidez, Tom Voltio su rostro confundido, tomando el móvil entre sus manos, observando aquel número desconocido, un bostezo tranquilo salió de sus labios, y a los pocos segundos contesto aquella llamada.

-¡¿Jefe?!.- Se escuchó una voz alterada y desesperada, que puedo reconocer con rapidez.

¿Erwin? ¿Qué quieres?.- Pregunto, mientras tallaba sus ojos.

-Hemos obtenido información de David… Después de tanto tiempo, el idiota cometió un error, pudimos confirmar que aún habita en Alemania.

Tom sonrió maliciosamente, mientras todo el sueño acomulado en su cuerpo se esfumó con rapidez, se levantó de la cama y se encamino hacia la cosina, agradecía internamente que no haber dormido con el menor, o este se preocuparía de alguna manera.

Ese imbécil…. ¿Por qué carajos sigue aquí? El más que nadie sabe lo mucho que lo haré suplicar para que no lo mate.- Escupió con rabia en sus palabras.- ¿Tienen su dirección?

No señor… aún no la obtenemos, pero estamos cercas de poder ubicarlo.- Unos minutos de silencio se extendieron por la llamada.

¿Hablas con Tom? – Una voz en la profundidad de la llamada pudo escucharse.- Pásamelo quiero hablar con el.- El extraño ruido del móvil siendo desplazado se escuchó con nitidez.- Tom… Soy Jhona, estoy trabajando con Erwin y Alexander, ellos ya te habrán informado sobre las buenas nuevas no es así…. Pero con esto también hay que ser precavidos…. Si David está aquí es por Bill, quiere terminar con su trabajo, y lo sabes.

Tom gruño mientras estampaba su puño en la mesa de madera, negando con la cabeza desesperadamente, intentando borrar aquellas imágenes de Bill siendo maltratado, no…. No de nuevo.

Sabes que no dejaré que eso suceda, primero muerto – Dijo con seguridad, sorprendiendo a sus dos compañeros, aún que el de pelo largo ya sabía de la intensidad con la que Tom, no….. Amaba al pelinegro.

Necesitamos vernos, tenemos que tratar este tema con suma delicadeza, creeme está ves asta yo quiero terminar con esa rata italiana.

No, no puedo dejar a Bill solo… No sabiendo de esto.

David aún no se atreve a atacar, debe estar muy débil, en cuanto a su físico, de armas y también de hombres, tu acabaste con muchos de los suyos, así que aún no sabe cómo defenderse.

Tom asintio no muy convencido, camino en dirección al cuarto del menor, entre abriendo la puerta, miró su semblante tranquilo.

Nos veremos en el Club, llegó en veinte.- Sin esperar respuesta corto la llamada, guardando el móvil en sus pantalones y se adentro al cuarto.

Camino con lentitud hacia el menor, se coloco en cuclillas, quedando exactamente frente a su rostro, observando sus labios entre abiertos, su cabello alborotado por la almohada, sus mejillas rosas, y raramente el entrecejo fruncido.

Tom sonrió, sintiendo como su pecho era invadido por un extraño sentimiento, al que ya comenzaba a conocer, algo que solo cuando estaba con el se presentaba.

Paso despacio su mano por su cabello, deslisandose con lentitud por su mejilla, acariciando con el pulgar, el cual después de algunos segundos bajo asta sus labios, delineando estos con precaución.

El menor se removió por los toques, soltó un griñido aún sintiendo el cuerpo adormilado, abrió sus ojos con molestia, que rápidamente se esfumó cuando sus ojos conectaron con aquellos marrones, tan profundos y ariscos como siempre.

T-tom…¿Qué pasa?.- El pelinegro se reincorporo, sentándose sobre la cama,

El de trenzas negó con la cabeza suavemente, aún sin apartar los dedos de sus labios, intentando no caer en tentación de probarlos.

Tengo que irme… – Susurro, suavemente, se podría decir que era la primera vez que lo hacía… Tan notable.- Tengo que irme, trataré de no tardar.- Rápidamente volvió a su compostura, se levantó aclarando su garganta

El menor arruguo su rostro ante el cambio rempetino del de trenzas, decidió no desir nada, simplemente asintio con la cabeza, el no sabía por qué, pero algo en su pecho esperaba algo más de el, deseaba intensamente que Tom desistiera de aquella parte tan fria de el, deseaba intensamente una despedida al menor un poco más significativa, pero no…. Nada de aquello paso.

Claro…- El chico sonreo, abrumado por los Miles de sentimientos encontrados.

Tom solo se despidió con un asentamiento de cabeza, para caminar hacia su habitación, y darse una ducha rapida, para poder averiguar que es lo que pasa ante su ausencia en aquella casa.

No se iba a mentir, se sentía plenamente agradecido con Jhona, a pesar de sus malos tratos, el que se haya escapado cuando eran más chicos, el seguía ahí … Siempre para ellos, pero se negaba a decirlo en voz alta.

&

Bill caminaba tranquilamente por la casa, al menos unas tres horas habían pasado desde que Tom no estaba en casa, y era irónico, por qué el mismo dijo que no tardaría, en fin.

Gruño molesto al observar prendas de ropa por toda la sala, y los trastes sucios el la lavavajillas, se negaba rotundamente a limpiarlos, esperaría a Tom para que el se encargará de su desastre, se volteo, dispuesto a subir y recostarse un poco, pero….

“El desorden me molesta”

“ Todo está sucio”

“Las ratas no tardan en llegar y comernos vivos”

“Suciedad, Suciedad, Suciedad…”

¡SUCIEDAD!

A pasos furiosos camino asta la sala, y comenzó a recoger todas las grandes prendas, le generaba curiosidad el por qué Tom se vestía de aquella manera, pero se limitaba a preguntar por qué el de trenzas realmente se veía bien con aquella vestimenta, al tenerlas todas juntas en su lugar, abrió la boca de par en par, eso era una maldita montaña.

1…2…3…4…5….6

Seis veces tubo que caminar por la lavandería, hasta la sala, y era una distancia muy estresante, estaba seguro de que esa ropa iba a necesitar más de una lavada.

Se dirijio asta la cocina, y lleno de frustración comenzó a lavar los trastes, asta asegurarse que brillarán como la primera vez que los vio.

“¡Tom era un completo desastre sin personal!”

Acomodo todos y cada uno de los platos, desde los hondos hasta los platos, sartenes, ollas, cucharas, tenedores, cuchillos, vasos y estos eran los más delicados, ya que don sofisticado los cuidaba como nada.

“Cómo no los lavaba de las misma manera”

Sin sentirse satisfecho, tomo una escoba para comenzar a limpiar, para limpiar todas y cada una de las esquinas de la cabaña, removiendo los sofas, las sillas, debajo de las camas, se encontraba más de una cosa… sacudiendo con un pedazo de tela los muebles, todo, limpiando.

Se dejó caer en el sofá, observando su duro trabajo, mientras suspiraba desesperadamente, su vista viajo hasta el reloj de la pared, dos horas más… al menos todo ese tiempo había servido para distraerse y no pensar en Tom… O bueno, solo un poco.

Arrugó su rostro al escuchar el sonido de un motor apagando se, voltio su rostro hacia las ventanas con las cortinas recogidas, y no pudo identificar de quién era aquel auto, blanco deportivo, Tom no era fan de esos colores claros, así que estaba más que seguro que no era el.

Se levantó de su lugar, olvidándose completamente de todo su cansancio, pudo observar tres hombres bajando del vehículo, se encontraban armados, sonrientes, y pudo reconocer a uno…. Sabía que eran los ayudantes de David, uno de los pocos que quedaron.

Paso saliva, y con rapidez serró todas las ventanas, corrió a la puerta y coloco el seguro, enpujo el sillón más grande, intentando ganar tiempo, al fijarse que todo estaba un poco más seguro, subió hacia la habitación del mayor, en busca de algo con que defenderse.

Su corazón estába apunto de salirse de su pecho, sus ojos comenzaban a picarle, amenazando con comenzar a llorar, sus movimientos eran débiles y torpes, pero también eran rápidos le daba una gran ventaja, y al verla….Se quedó helado.

Era una pistola, no sabía mucho de estás, pero lo que si, es que le sería muy útil en estas ocasiones, podía utilizarla, Tom le había enseñado como, y la presión que está ejercía al momento de disparar.

Su cuerpo temblaba, no encontraba las balas.

Llevo sus manos asu cuello, tirando de este mientras se dejaba caer en el suelo, intentando no rasgar sus brazos y provocarse un manojo de sangre, estaba intentando contener todo lo que sentía, toda la frustración que le generaba sentirse vulnerable, su mente solo podía pensar en que volvería a caer en las manos del italiano, en que volvería a destrozar su garganta a gritos, a que sus asquerosas y sucias manos volverian a poseer su cuerpo, que lo volvería a tener dentro de el….

Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, tenía mucho miedo, ya no soportaba más, y llevo sus uñas largas, y finas asta su brazo, y arremango la tela de la gran sudadera que llevaba, se quedó ido por unos segundos, intentando dar marcha atrás, pero la tentación y la desesperación eran más grandes.

Comenzó a enterar sus uñas, sintiendo un poco de dolor, que al instante fue reemplazado por la satisfacción, bajo la mirada, observando los hilos de sangre descender asta su muñeca, y con agresividad comenzó a rasgar de estos, abriendo las heridas que ya habían cicatrizado.

Los cortes eran largos, pero no muy profundos, cuando comenzó a hacerlo, supo que el sitio sería bastante oculto, y que a Tom le costaría descubrirlo, era su cuerpo, ¿Por qué Tom tendría que ver en el? Así que ahora lo trataba como una lima para uñas.

El sonido de la puerta siendo brutalmente golpeado le hizo parar unos segundos, pego un brinco al escuchar el balazo que supuso que aquello fue lo que les dio entrada.

Pego un puño ensangrentado en la orilla de la cama, pero se llevó la sorpresa de que esa acción dolía aún más de lo esperado, voltio su rostro confundido y observo la gran abertura que tenía el colchón.

Con suavidad adentro su mano en este, y con la otra lo habría aún más, intentando observar, el colchón se encontraba relleno de billetes, dólares, todo, había absolutamente de todo tipo de billetes, abrió su boca, sorprendido, sabía que Tom tenía demasiado dinero, pero nunca se imagino que una parte la tenía dentro de su colchón.

Decidió ignorar eso, se puso de pie, sin importarle sentir las gotas de sangre escurrir por su brazo de una manera desenfrenada, comenzó a buscar por todos lados, no encontraba ningún cartucho.

Pudo escuchar como los hombres hacían desastre, sus voces enojadas, los cristales cayendo al suelo, de seguro destrozaban aquello que fuera de valor, apretó sus labios aterrorizado, pero su atención se la llevó aquel objeto color negro, idéntico al que tenía en su mano.

Gruño molesto y frustrado, dejando caer el arma al piso, sabiendo que en cualquier momento pudieran escucharlo, tomo la pistola que se encontraba frente a el, y la reviso, está si tenía balas, su cartucho estaba completo, pero tenía mucho miedo, el no se atrevía a atacar primero.

Pero de algo estaba completamente seguro, el no iba a morir, no quería, no aún ….

Continúa…

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por Nathaly Kaulitz

Escritora del Fandom

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