Mi profesor de química. Epílogo

«Mi profesor de química»

Epílogo

En cinco décadas las modas se reciclaron, la tecnología avanzó de una manera abrumadora deshumanizando las habilidades del hombre, el existencialismo humano pareció dar un giro angustiante, las agrupaciones políticas hicieron y deshicieron pactos, la iglesia continuó siendo la corrupción mejor travestida como en sus años de historia, leyes que se vetaron y leyes que se sancionaron…

El tiempo es un arma de doble filo.
El tiempo te arroja la cuerda: o la coges o te la pones al cuello.

En cinco décadas el mundo puede ser ferozmente devastado por catástrofes naturales o restaurado gracias a los avances científicos, pero el amor… el amor permanece intacto. El amor es lo único humano que perdura por sí mismo.

Los frágiles y níveos cabellos que decoraban su cabeza, las arrugas alrededor de sus ojos y esas líneas que garabateaban sus mejillas y su mentón eran los testigos de los cincuenta años más prósperos de su vida.

—Viejo… —oyó el débil llamado de Bill desde la cama.

—Ochenta años… —murmuró contemplando el reflejo que le devolvía el espejo con sabor a melancolía—. Vaya, Tom. Todavía eres todo un jovencito.

—Ven aquí, por favor —suplicó en un hilo de voz—… tengo frío…

«Cáncer», fue lo que rebotó en su mente. Ese grandísimo hijo de puta que continuaba expandiéndose segundo a segundo por el organismo de Bill carcomiendo su cuerpo y su vitalidad.

El mayor de los ancianos tomó un cobertor de camino al dormitorio y se detuvo a observarlo desde el umbral de la puerta.

A sus casi setenta y cuatro años con la piel reseca y rugosa y el cabello blanquecino como el algodón Bill continuaba siendo Bill. Simplemente, un Bill al final de la recta de la vida, pero Bill. Siempre risueño, cálido e inocente.

—¿Te sientes bien? —preguntó el mayor adentrándose entre las cuatro paredes de la que hacía mucho años era su habitación matrimonial.

—Sí… —musitó sintiéndose más abrigado cuando Tom echó encima de su cuerpo las cobijas de lana—. Ven.

Sin más rodeos, el viejo Tom se deshizo de sus pantuflas y, ahorrándose un quejido por el dolor en su cadera, se metió en la cama. Bill abrió uno de sus brazos invitándolo y él se recostó sobre su pecho.

—Tom… —llamó el menor segundos más tarde.
—Dime —musitó desde su lugar sin dejar de abrazarlo.
—Te amo.
—Yo también te amo, Pequeño.

&

La vieja preparatoria San Cándido —ahora llamada Phönix College— había quedado en manos de Ritter y Elizabeth Kaulitz cuando sus padres se jubilaron. La institución estaba orientada hacia la química y la bioquímica.

La gente tenía ciertas dudas respecto a los mellizos. Su comportamiento no era nada fraternal. Había quienes aseguraban que, en realidad, eran un matrimonio y que Kaulitz era el apellido de casada de Lizzie, pero nadie se arriesgaba a postar un ojo por ello.

Jörg había muerto a la vejez dejando su renombrada empresa a nombre de su hijo y los bienes materiales y el dinero a sus nietos. Tom heredó lo que le pertenecía a su madre tras la muerte de su padre.

Andreas finalmente fue padre de tres varones. Dos de ellos, trabajaban para Phönix College. Thomas —así llamado en honor al profesor de su adolescencia— era el profesor de literatura del último año de la preparatoria. Klark era el administrador.
Walter, el hijo mayor de Annie y Andreas, era el contador de la sede que Tom había llevado de su empresa a Estados Unidos.

Mateo cumplió con su condena y sus servicios comunitarios y se mudó a Italia. Bill jamás recibió noticias de él.

Yuki se suicidó en prisión años más tarde.

Bill y Tom fueron una de las primeras parejas en contraer unión civil apenas aprobada la ley de matrimonio igualitario. La segunda luna de miel la realizaron a Sudamérica con sus hijos.

Bill fue diagnosticado con cáncer a los sesenta y seis. Ese mismo día le pidió a Tom que el día que muriese lo cremara.

&

Tom abrió los ojos sobresaltado hallándose en la penumbra de la habitación. Solía quedarse dormido sin darse cuenta y ahora su mejilla derecha cosquilleaba.

—Lo siento, Pequeño. Me he quedado dormido —susurró en medio del fúnebre mutismo—. ¿Me decías…?

Bill no contestó.

—¿Pequeño? Oh, te has dormido… —Tom apoyó su cabeza sobre el centro del tórax de Bill y, como de costumbre, aguardó para oír ese hermoso y melodioso compás de los latidos de su corazón.

Sin embargo, no lo oyó. Ni un mísero latido: nada. El órgano al que él mismo se había encargado de hacer latir con vehemencia estaba terroríficamente quieto.

Tom se reincorporó a duras penas y miró su rostro… pacífico e inerte.

—No… —murmuró mientras su visión comenzaba a humedecerse y su cuerpo a vibrar de conmoción—. Pequeño, despierta. ¿Bill? Por favor, viejo, no me hagas esto… No bromees…

El mayor de los ancianos depositó sus callosas y arrugadas manos sobre el pecho del menor intentando reanimarlo. Su falta de energía y el dolor no colaboraron demasiado y el esfuerzo fue en vano.

Tom se aferró a Bill y lloró. Sus ojos seniles y cansados derramaron lágrimas equivalente a cada segundo que habían pasado juntos. Su llanto desgarrador era tan vivo e intenso como el amor que se habían profesado cada día de sus vidas.

—Despierta, despierta, mi amor, despierta… —fue lo que balbuceó toda la noche meciendo el cuerpo sin vida de su compañero.

«Despierta, despierta, mi amor, despierta…», fue lo que Ritter y Lizzie escucharon cuando ingresaron en el dormitorio de sus padres a la mañana siguiente y tuvieron que enfrentarse al escenario más desolador de su vida.

&

La cremación de Bill se llevó a cabo tal y cómo lo había deseado.

Una semana y media más tarde, Ritter encontró a su padre sin vida en la cama abrazado a la pequeña cajuela que contenía sus cenizas. Tom había muerto de tristeza.

Tom también fue cremado y sus cenizas fueron puestas con las de Bill.

Después de todo, ambos formaban parte de un mismo polvo porque eso era lo que habían sido en vida: un mismo ser.

&

En el nuevo ciclo lectivo, Phönix College decidió rendirle homenaje a sus fundadores e inició la primera clase narrando sus orígenes.

—Y así concluye esta bella historia de amor —suspiró Thomas, el nuevo profesor de literatura, ligeramente apoyado contra el escritorio con las piernas cruzadas y las manos con restos de tiza—. Thomas Kaulitz y su amado Bill Trümper, que en paz descansen, han sido un símbolo de amor y lucha… los dos valores que queremos transmitirles a lo largo de su aprendizaje.


Los alumnos escuchaban encantados el relato hasta que unos fuertes pasos y el brusco abrir de la puerta los sobresaltó.

—¡¡Lo siento!! ¡Llegué tarde! —exclamó un muchachito pelirrubio de baja estatura completamente ruborizado.


El profesor lo contempló con curiosidad.

—Que no se repita…

—William —contestó. Todos carcajarearon ante la coincidencia de los nombres de dicho alumno y el nuevo profesor. El joven se sintió cohibido y sin comprender la razón de la colectiva carcajada tomó asiento.

—Thomas, tu profesor de literatura. Espero que te guste leer, Will —bromeó dándole la espalda para comenzar a escribir en la pizarra la lista de libros a leer para el primer mes ignorando por completo el rubor del recién llegado.

La historia no se iba a repetir… ¿o sí?

& FIN &

Gracias a todos quienes siguieron esta historia en esta página. Y como siempre, los invito a dejar un comentario y un voto. Besos y otra vez, gracias.

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

3 comentario en “Mi profesor de química. Epílogo”
  1. Dios mío, creo que este fanfic, realmente ha sido una novela para mí. Ha tenido de todo, el ingrediente principal: amor, junto a un sinnúmero de cosas que lo volvieron un fic perfecto. Gracias Ignacio por tener la idea y no quedarte con ella, sino desarrollarla y volverla una historia hermosa que compartiste con todos nosotros.
    Al leer esto, siento unas enormes ganas de perfeccionarme con mis propios cuentos y esforzarme más para ser capaz de crear, algún día, un fic tan bello como este.

  2. Wow en tanto tiempo no me había animado a leer por insuficientes motivos, pero que belleza de redacción y de historia, gracias por compartir y dejarme tan buen sabor de boca o de ojos?. Felicidades Ignacio es fabulosa

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