
Notas de la historia: Esta es la primera entrega de la segunda temporada de “Mi profesor de Química” ahora veremos qué aconteció después del accidente. Les advierto que es muy emotivo. Besos y disfruten de su lectura.
«Mi profesor de química» Temporada 2
& Capítulo 1 &
& Por Bill &
Como cada tarde, comenzaba la labor de mover poco a poco mis piernas. Mi personalidad paciente y luchadora era de gran ayuda. Mis brazos se aferraron con fuerza a los barrotes que tenía a mi lado e intenté dar dos pasos sin tambalear demasiado.
— Eso es… — me animó Nick en el extremo, como si debiese avanzar hacia él y lanzarme a sus brazos. — Tranquilo tú puedes.
Miré mis pies. A veces sentía como si no me pertenecieran, como si no obedecieran a las órdenes que le enviaba mi cerebro y era realmente desesperante. Hacía unos meses había despertado, y unas pocas semanas que comenzaba la rehabilitación. Aún recuerdo aquella horrible mañana…
— ¡Está despertando! ¡Doctor, doctor! — una voz irreconocible penetró por mis oídos y el dolor de mi cabeza se agudizó de sobremanera. Me revolví en la cama y abrí los ojos lentamente. Figuras borrosas se hicieron presentes ante mi visión, la luz era tan fuerte que me obligó a fruncir el ceño. — ¿Bill? ¿Amor?
Miré a aquel muchacho sonriente con lágrimas en los ojos, entre emocionado y desconcertado. Y luego, eché un vistazo a mi alrededor. Cortinas blancas, paredes blancas, una pequeña habitación y unos cuantos cables conectados a mi cuerpo. Un juego entre claros y oscuros. Mi visión algo nublosa.
— ¿Ha despertado? ¡Eso es magnífico! — Un médico corrió hasta mi cama e intenté hablar pero mi boca estaba seca y mi garganta raspaba. Separé los labios lentamente, y los relamí un poco— ¡Felicitaciones Bill!
— ¿Qué ha pasado? ¿Por qué estoy aquí? ¿Quiénes son ustedes? — Mi interior daba volteretas sin cesar, y una sensación extraña de vértigo inundó mi cuerpo. Intenté reincorporarme sobre la cama, empujando de mis piernas para impulsarme hacia arriba… pero no pude hacerlo. — ¿Qué le pasa a mis piernas?
— Cálmate Bill — dijo el imbécil, pero la sensación de no sentir mis extremidades comenzaba a alterarme. Me desconecté el cable que llevaba en mi nariz y rompí en un llanto de desesperación.
— ¿Quién coño es Bill? ¿Qué importa Bill? ¿¡Qué les ha pasado a mis piernas!? — grité fuera de sí, para luego callarme y cubrir mi rostro con las manos y llorar sin remedio. — Mis piernas, joder.
— Tranquilo amor — unos brazos rodearon mi cuerpo e inconscientemente me aferré a ellos. Ese muchacho… — Soy Nick, todo estará bien. Yo estoy contigo.
— ¿Quién soy? — susurré en un hilo de voz. Mi mente estaba en blanco, luego de tres meses en coma había vuelto pero con una seguridad: mi mente nula, mi corazón roto y sin alma alguna.
Un paso más, y mis piernas comenzaron a temblar — No puedo más — dije con lágrimas en los ojos. Nick dibujó en su rostro una expresión de pena y me miró. Automáticamente, mis rodillas no resistieron y al doblarse caí al suelo aún con mis brazos sujetos a los sostenedores. Eché a llorar y de inmediato él corrió hasta mí.
— Está muy bien, está perfecto — tomó mi rostro y consiguió robarme una diminuta sonrisa — Cada día mejoras más.
Buscó mis labios, y dejó un suave beso en ellos. Me tomó de las manos y me incentivó a continuar. Sus pasos retrocedían mientras yo avanzaba. Entrelazó nuestros dedos y sonreí al ver como mis piernas por sí solas cobraban un poco de vida, él las resucitaba con su amor.
— Pronto caminarás sin ayuda — Añadió y me limité a sentarme frente a una pequeña mesa con formas de plástico diferentes. — Ahora, debes trabajar tu cabeza ¿de acuerdo?
Asentí. Tomé una forma de plástico y con mis brazos algo temblorosos lo coloqué en su sitio.
— Joder — susurré y de repente unas voces se colaron por mi mente.
Tom… te amo, Tom… no me dejes. ¡Te odio Tom! ¿Qué me haces?
Parpadeé y sin darme cuenta los cubos cayeron tras dar un fuerte puñetazo contra la madera. ¿Quién soy? ¿Quién es Tom?
— ¿Amor? — ahuyentó mis pensamientos y me quedé petrificado. — ¿Qué te sucede pequeño?
Pequeño… Tom, te amo. Mi pequeño…
— ¡No! — Grité desesperado — ¡Vete! ¡Déjame!
— ¿Bill? — Nick intentó volver a acercarse pero le empujé de inmediato — ¡Doctor!
— Déjame, no sé quien eres. ¡No sé quien mierda soy! Así que vete — coloqué mis manos sobre mis orejas — ¡No te oigo! ¡Vete! ¡Aléjate!
Y ese nombre, rebotó dentro de mis pensamientos una y otra vez. No podía entenderlo, no podía siquiera recordarlo. Analicé de cada persona que había venido a visitarme: Nick, la tía Megan, Andreas, Annie…Nadie más…
— ¿Tom? — pregunté mientras me recostaban en la cama, y una enfermera me alcanzaba un vaso con agua. Lo bebí inmediatamente y Nick me miró fijamente — ¿Quién es Tom?
No obtuve respuesta. La enfermera y el médico se retiraron de la habitación, luego de calmarme y mi pareja se sentó a mi lado.
— ¿Quién es Tom? — Repetí, y él resopló — Háblame, dime algo. Por favor…
— Es parte de ese pasado que no logras recordar — fue su respuesta — eso es todo.
— Pero cuéntame — insistí sentándome con su ayuda sobre la cama — Háblame de él.
— ¿Quieres que te hable de un puto asesino? — Su tono de voz sonó enojado, y me limité a bajar la cabeza — ¿Quieres que te cuente como llegué y vi como eras trasladado por una ambulancia casi dado por muerto? ¿Quieres que te diga cuantas son las veces que ha venido a visitarte desde aquella noche? Ninguna. Porque es un completo desconocido, que se ha hecho el desentendido. Pregúntale a Andreas, dile cuántas visitas has recibido.
Una lágrima rodó por mi mejilla.
— No seré yo quien te hable de él — suspiró y puso sus pies sobre el suelo — No seré yo quien te diga cuanto dolor nos ha causado ese cretino. Ese maldito asesino, que tras atropellarte se fue de la ciudad y no volvió a dejar rastro.
— Quiero recordar — le desafié— quiero saber quién soy, que hice… Quiero recordar los momentos que he vivido a tu lado. Han pasado ocho meses del accidente, y siento que tengo ocho meses de vida cuando ya tengo dieciocho años.
— Mira Bill — se acercó a mi sigiloso — Muchas veces, es mejor no recordar. Tienes suerte.
— Te equivocas — sollocé — Si no recuerdas, olvidas las experiencias. Olvidas el dolor, la tristeza, la felicidad, el amor y todo aquello que marcó tu vida. ¿Tienes idea de cómo se siente no tener nada en tu cabeza, en tu corazón? Siento que sólo te tengo a ti, que únicamente dependo de ti.
— Siempre me has tenido — caminó hasta la puerta y volvió a mirarme para añadir:— Y siempre me tendrás sólo a mí.
Al salir, me recosté experimentando algo parecido a la tristeza, bueno supongo.
— ¿Quién eres Tom? — Las voces ya no estaban en mi interior para intentar recordar — ¿Quién has sido en mi vida?
& Por Tom &
— ¡Joder una puta ambulancia! — grité desesperado y segundos después, la típica sirena penetró por mis oídos. Me aferré a su cuerpo con una fuerza bestial sin dejar de llorar.
— ¿Qué ha pasado aquí? — Levanté la vista, gracias a que la lluvia había cesado noté sin dificultad de quién se trataba — ¿Qué le has hecho?
— No ha sido mi culpa — dije en un hilo de voz — Juro que no lo he visto venir, ha sido un accidente.
— ¿¡Qué le has hecho!? — corrió hasta nosotros y observé la escena. Él destrozado tanto como yo.
En un abrir y cerrar de ojos, la ambulancia marchaba rumbo al hospital y no era yo quien le acompañaba. Miré a mi alrededor. La gente me miraba con una expresión en su rostro que debido a la desesperación del momento no supe clasificar, aún con lágrimas cayendo por mis mejillas entré al auto y me desplomé sobre el volante. La sangre del parabrisas se había esfumado gracias a la lluvia, pero el dolor de mi corazón permanecía latente.
— Buenas noches Jess — le saludé y volteé dándole la espalda, como cada noche en los últimos meses — Que descanses.
— Buenas noches Tom — suspiró ella. El embarazo le había cambiado, ahora le costaba mirarme sin pedirme disculpas cada dos palabras que decía. Lástima que su vida se derrumbara a cada centímetro que nuestros hijos sanos y fuertes, crecían en su vientre.
— Sé que estarás bien, tú eres fuerte — susurré pegando mi frente a aquel vidrio. Verle del otro lado, con millones de cables unidos a su cuerpo, con un respirador artificial ayudándole a sobrevivir me quitaba segundo a segundo la fuerza de vivir — Te juro pequeño que si tú te recuperas, caminas, corres, ríes y eres feliz… me alejaré de ti para siempre.
— Soy testigo de la promesa — habló Nick a mi lado — por mi parte no le diré que has venido aquí cada noche y me encargaré personalmente de hacerle feliz.
Me miró de reojo y miré mi desdibujado reflejo. Sucio, destrozado… como aquella noche. Intacto, esa era la palabra correcta.
— En cuanto salga de peligro, te despides. Antes de que despierte, por supuesto — añadió de inmediato — si no recuerda…
— Si no me recuerda, será mejor — admití con la culpa trepándose por mi cuerpo. Volví mi vista a él — Soy el puto responsable de todo, de no ser por mis padres que pagaron una fianza estaría en la cárcel.
— ¿Algo más que desees pedir? — resopló, mi presencia le molestaba — ¿Un último favor?
— ¿La ropa? — nos miramos fijamente, su fría mirada causaba que la sensación de culpa se revolviese en mi estómago. Miré un punto fijo en la pared y suspiré — El traje que le regalé y llevaba esa noche… me gustaría llevarme algo de él.
Me reincorporé sobre la cama y agaché mi cabeza, buscando algo en el suelo. Levanté hasta mi vista una camisa.
— ¿Cómo estarás? — aún conservaba su sangre, a pesar de estar lavada me gustaba conservarla así. La camisa que mi pequeño llevaba aquella noche. — ¿Me recordarás? ¿Sabrás que alguna vez alguien te amó tanto hasta volverse loco por ti? Estoy seguro que tus labios jamás olvidarán mis besos, así como tu piel no podrá borrar mis caricias.
— Tom — gimió Jessica a mi lado — Joder, Tom…
— ¿Qué sucede Jess? — Escondí rápidamente la prenda debajo de la cama y le miré — ¿Ya vienen?
— Mierda, he roto bolsa — su rostro se contrajo y pegué un bote para buscar el bolso con lo necesario — Apresúrate por favor.
&
— Respira, respira — jamás creí que la tensión de la preparación de un parto, influyera en mí también. Joder, hasta mi frente sudaba — Todo estará bien, Jess…tranquila.
— Escúchame Tom… — respiró con dificultad. Podía notar la palidez de sus labios — No dejes a los niños sin madre, no los críes tú solo. Yo los cuidaré desde donde esté, pero tú no podrás hacerte cargo de dos niños solo.
— No hables… — mis ojos se llenaron de lágrimas ante la escena. Jamás creí ver a una Jessica apagada, sin vida, sin rastro de maldad. Tomé su mano con fuerza mientras comenzaba a pujar.
Luego de cuarenta y cinco minutos de trabajo, nació mi primer hijo: Ritter un hermoso y fuerte varón. Ocho minutos después Lizzie, mi princesa. Les miré y los cargué un momento.
— Lo siento mucho — uno de los doctores me sujetó del hombro, apenado, y entonces le comprendí. Jessica ya no estaba…
— Perdóname por todo Tom — fueron sus últimas palabras.
Miré a los bebés y susurré: — Ahora son lo único que tengo en esta vida.
Y por el momento, estaba en lo cierto…
Continúa…