Mi profesor de química

Mi profesor de química

«Mi profesor de Química» Temporada I

& Introducción &

& Bill &

— ¡Bill arriba! — Quiero dormir — ¡Vamos Bill es tu primer día de clases! — Déjenme dormir…cinco minutos más — ¡Levántate dormilón! — Oh puedo flotar…si el mundo gominola — ¡¡Que te levantes!!

— ¡Aah! — grité. Maldita manía de mi madre, despertarme lanzándome agua congelada en mi cara — ¡¿Por qué siempre me haces esto?!

— Arriba — repitió seria, pero nuevamente volvió a sonreírme — es tu primer día en la nueva preparatoria.

Por un momento lo recordé. No, nueva escuela no. Se llamaba San Candido. Es carísima, tanto que no encajaré, me sentiré incomodo, como harina de otro costal. En mis vacaciones la había visto y recorrido por cada rincón. Era muy bonita, de tres pisos y muchas escaleras. Tenía un sector de deportes en la parte trasera, una sala de música cerca del patio, cada salón con un pequeño cartel de la clase cercano a la puerta. Y en el último piso lo que más había llamado mi atención. El laboratorio. Aún así, la química, los experimentos y esas cosas siempre me habían costado y un poco los odiaba.

— Al fin te despertaste pedazo de idiota — Andreas se asomó por el umbral de la puerta con una sonrisa que le cubría casi toda su cara. Andy era mi primo, casi como un hermano. Juntos nos habíamos mudado a Lübeck hace dos semanas. Antes, cuando vivíamos en Berlín, no era todo tan distinto; salíamos juntos, íbamos a la misma escuela, compartíamos los mismos amigos y usualmente teníamos nuestros ligues. Pero para él ha de ser duro alejarse de sus padres y abandonar a su novia solo por compartir el tiempo conmigo. Por eso también lo quiero muchísimo.

— Dúchate — me ordenó mi madre. Resoplé buscando entre el desastre de mi clóset algo para ponerme — y péinate decentemente, no pretenderás que te esperemos dos horas para que peines tu cabello todo hacia arriba.

— Mamá…— me quejé — vete y déjame desvestirme.

Aunque no lo crean, a mis casi dieciocho años mi madre me controlaba como si fuera un niño pequeño. Bien, me sentía nervioso y ansioso como la primera vez que cursé primer grado. Jamás me habían cambiado de colegio, nunca. Compartí todos siempre con los mismos compañeros hasta que Gordon, mi padre, tuvo que mudarse aquí por cuestiones de trabajo. La tía Megan, madre de Andreas y también mi madrina es quien nos paga la escuela. Ella es de esas señoras que se visten todo el tiempo elegantes, tiene alguien que haga las cosas por ella y usa pequeñas gafas de leer. Lleva joyas en sus manos y en su cuello. Detalle que admiro de ella, pues yo amo las joyas.

Luego de lavar mi cabello y perfumar mi cuerpo, me até una toalla a la cintura y regresé a la habitación. Me quedé pensando si aquí mi rendimiento será bueno como en mi vieja escuela. Antes tenía 1.2 que de hecho fue uno de los mejores. Aquí las notas van de uno a seis, uno es el más alto seis el peor.

Pantalones oscuros, camiseta corta roja y chaqueta negra. Está mal decirlo por mí, pero que guapo me veo. Me senté en mi pequeño tocador comenzando a maquillarme. Todos ven eso como algo ‘gay’, pero la gente no sabe nada. ¿Cómo van a creer que a mí, a Bill Trümper va a gustarle un hombre? Es de locos, nunca, jamás… aunque el dicho diga ‘nunca digas nunca’ sé que jamás lo haré…o bueno eso creo.

& Tom &

— Amor despierta — me susurró Jessica — tienes que retomar las clases.

— Estoy despierto — murmuré, claro que no. Mis ojos pesan y el mal humor se apodera de mí. ¡Otra vez a lidiar con esos hijos del demonio! — prepárame el desayuno.

A mis veintitrés años, es el segundo año que trabajo en el mundo de la educación. Debo reconocer que el año pasado me pareció que cada día corría más lento, me ponía tenso, vivía nervioso, con pilas y pilas de cosas para corregir. Pero a mitad de años conocí a Jessica y descargué mis frustraciones con ella. Mi madre no la tolera, dice que no es para mí y lo cierto es que no sé con precisión si estoy enamorado de ella. Tampoco supe nunca que es estar enamorado y qué sientes cuando te enamoras, de modo que probablemente no sepa qué es el amor.

— ¿Te preparo la ducha amor? — Me preguntó desde el pasillo — Te hará bien relajarte un poco, aún tienes tiempo.

— Sí — respondí pesadamente poniéndome de pie. Debo admitir que cuando siente que nace para algo, cueste lo que cueste debes alcanzarlo. Probablemente cuando tomes el camino te encuentres con piedras y te tropieces. Pero no corras desesperado hacia atrás, ya sea por miedo, por falta de valor o fuerzas para continuar. Cuando emprendes el viaje te propones continuar como sea. Algo así, fueron las sensaciones que sentí cuando me metí en la universidad para estudiar el profesorado de química. Hoy estoy orgulloso de saber que puedo formar a cientos de niños y jóvenes para reconstruir el desastre mundial e intentar mejorar el futuro. Algo exagerado tal vez, pero cierto.

Luego de darme una rápida ducha, me vestí y me trencé el cabello. Muchos dirán, que aspecto tan raro para ser profesor. Pero mientras en la escuela que trabaje me acepten no le veo el problema. Desayuné mientras Jessica me hablaba. Ella tiene veinticinco años, es morena de ojos color miel. También profesora, a diferencia que ella enseña literatura. También, en la preparatoria en la que trabajo. San Cándido.

Tomé el coche, mi bolso y juntos marchamos listos para retomar la nueva jornada escolar.

& Bill &

— ¿Y piensas asistir a clases así? — Me preguntó mi padre notoriamente molesto — Luego no te quejes que se burlan de ti, que te insultan o quieren pegarte.

— No lo haré — resoplé. Sabía que probablemente me hagan cientos de cosas, pero ya aprendí. Sí, aprendí…aprendí a salir corriendo cuando la típica manada persigue al cachorro. Recuerdo que en séptimo grado me habían corrido casi toda la ciudad y cuando me sentía victorioso de escapar, tropecé con una roca, me caí de boca al piso lamiendo el asfalto y abriéndome la frente.

— Vámonos — me apuró mi primo. Yo había regresado a verme al espejo de la sala — gastarás tu imagen ¿Lo sabes? Tenemos retraso, vamos apúrate.

Giré los ojos, tomé mi mochila, saludamos a mis padres y salimos. Claro estaba que iríamos a pie. Fue extraño, ambos caminamos todo el trayecto hasta la escuela en silencio. De vez en cuando lo miraba, y él volvía la mirada hacia mí. Hasta que por fin abrió la bocota.

— ¿Crees que encuentre alguien que quite a Halley de mi cabeza? — Me preguntó con su voz quebrada — realmente necesito quitarla de mí.

— Sí — sonreí; sea como sea siempre le daré fuerzas. Otros pasos más y al llegar a la esquina fui yo quien rompió el silencio — ¿Crees que por fin sepa lo que es sentir amor?

— Sabes…tengo esa corazonada, que mi pequeño primo Bill se enamorara — me miró fijamente, con una seguridad que hasta me dio escalofríos. ¿Cómo estaba tan seguro? — más vale que no sea una zorra ¡Eh!

Ya la caga, siempre consiguiendo quedar como un sobre protector ¡Que no soy un niño! Dios. Aún recuerdo cuando estábamos cenando, la primera noche que llegamos. El restaurante era súper fino y me sentía intimidado. Andreas con su vozarrón, mamá que le decía a mi padre todas las compras que realizaría y yo…yo mirando a todos lados como la gente susurraba probablemente hablando de nosotros. Cuando nos trajeron la cena, me senté derecho y mi madre. Diablos ¿Qué hizo mi madre? Se levantó de la silla para ponerme una servilleta en el cuello como si fuera un babero. Creo que en ese momento mi cara fue un tomate. Sí, definitivamente. Mis mejillas y mis orejas ardieron.

— Hey Bill ¿eres sordo? — Andreas me sacó de mis pensamientos. Mierda me había ruborizado con tan solo recordarlo — llegamos a la escuela.

¿Qué? ¡No! No… ¡No quiero entrar! Llévame, regresemos en el tiempo. ¡No, no, no! Déjenme vivir en el mundo de los burros. ¡Por favor!

— Oh — fue lo único que pude articular — pero… ¿Por qué rayos no hay nadie?

— Llegamos tarde — me contestó con naturalidad ¿Qué? ¿¡Cómo que tarde?! Idiota.

— ¿Qué? — me quedé atónito mirando el reloj de su muñeca — ocho y media. Mierda.

Entramos y caminamos hasta la puerta principal donde un muchacho con una planilla nos recibió. Por lo visto, era el líder del centro de estudiantes.

— Disculpe — dijo mi primo al ver que como muy idiota me quedé callado mirándole — ¿Nos podría decir cuál es nuestra clase?

Leí su placa. Mateo. Qué raro, no conozco muchos con ese nombre, tal vez sea extranjero.

— ¿Su apellido? — nos dijo. Su voz era suave. Me incomodó su mirada.

— Trümper — esta vez, yo fui quien respondió.

Nos explicó el camino hasta las taquillas. Esas especies de casilleros de puertas de metal. Colocamos nuestras cosas y leímos la planilla. Primera clase: química. Segunda clase: Matemáticas. Extra programática: taller. ¡Genial! Que día de…

Al entrar para nuestra suerte, todos conversaban entre sí. Buscamos un asiento libre y solo quedaban dos. Atrás de todo. El sitio que más odiaba, generalmente allí se sientan los que menos ponen atención. Mi banco sería el pegado a la ventana y Andreas detrás de mí. La profesora o profesor aún no llegaba por lo que me giré para conversar con Andy. De repente todos se callaron — después comprendí que ellos conocían a quien enseñaba — y yo continué parloteando sin parar. Andreas me picó el hombro y lo callé para continuar hablando. Así lo hizo tres veces, hasta que me resultó extraño el miedo que su mirada me brindaba. Me señaló detrás de mí y molesto me giré.

Mis piernas temblaron. Tenía dos manos aferradas a mi pupitre. Temí levantar la vista pero cuando esas manos blancas y masculinas se alejaron fui levantando la mirada poco a poco. Me encontré con unos enormes pantalones ¡Qué horror! ¿Cómo no se le caían? Luego una amplia camiseta oscura de letras blancas, unas trenzas azabache cayendo en sus hombros…y un rostro de expresión enojada. Pero estoy seguro que aún así, era bonito.

— Buenas días alumnos — dijo. Era el profesor. Y su voz… su voz consiguió sonrojarme cuando volvió la mirada hacia mí — bien, para los que no me conocen soy Thomas Kaulitz, profesor de química. Y para los que ya me conocen soy el molesto, jodido, exigente y esa bola.

Y para mí…sería el ser más hermoso sobre la faz de la tierra.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

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