
Fic Slash de lyra
Capítulo 11
Una vez a solas, Michael terminó de prepararle el desayuno a Bill y se lo llevó a la cama. Aparte de un zumo de naranja, un par de croissant y tostadas llevaba un cuenco con fresas con nata. Tenían toda la mañana para ellos solos y pensaba pasarla con Bill en la cama.
Hacía mucho que no disfrutaba de un sábado de verdad, siempre dejaba alguna comida importante para ese día o algún cliente le invitaba a alguna inauguración de la que no se podía escapar. Pero ese día, iba a ser muy especial. Lo presentía.
Sonrió y entró en el dormitorio donde Bill aún dormía. Le gustaba levantarse tarde pero por él haría una excepción. Otra más.
Tras dejar la bandeja sobre la mesilla fue hacia las ventanas y corrió un poco las cortinas. Luego se despojó del pantalón del chándal que llevaba y la camiseta que se puso por consideración a Tom, prendas de vestir que Bill le permitía dejar en su casa aparte de un neceser y algo más, y se metió desnudo en la cama.
Abrazó a Bill por la espalda y le atrajo hacía él. Enterró la cara en su cuello y comenzó a besárselo y lamérselo, hasta escucharle gemir en sueños. Siguió y siguió hasta que le despertó.
—Es sábado—gruñó Bill resoplando.
—Un buen día para hacer lo que nos dé la gana—murmuró Michael contra su piel—Podemos salir a dar un paso, ir de tiendas…o quedarnos desnudos en la cama.
—Ya, espera que echo del piso a mi hermano—bromeó Bill dándose la vuelta en la cama.
—Ya lo he hecho yo—dijo Michael para su asombro.
— ¿Cómo dices? —preguntó Bill gritando sin querer.
—Quiero decir que Tom decidió irse y dejarnos solos—se explicó Michael—Dijo que seguro que queríamos pasar juntos la mañana y él solo estorbaba, yo le dije que para nada pero es igual de cabezota que tú y hace unos minutos que se fue. Dijo que tenía que hacer unas compras.
—No hacía falta—gruñó Bill resoplando.
—Aprovechemos la mañana—dijo Michael ignorándole.
Se estiró por encima de él y cogió el cuenco de fresas con nata que había dejado sobre la mesilla. Se sentó en la cama y dejando el cuenco sobre su regazo cogió una fresa y se la comió sin decir nada.
— ¿No me das? —preguntó Bill sentándose a su lado.
Michael sonrió y cogió otra, untándola en toda la nata que pudo. Se la acercó a sus labios separados pero cuando Bill fue a morderla la alejó y rió al ver la cara que ponía.
— ¿Vas a hacerme rogar por ella? —rió Bill también.
—Tendrás que darme algo a cambio—dijo Michael acercándole de nuevo la fresa.
Bill se movió y le cogió con firmeza por la muñeca, mordiendo al fin la jugosa fruta y haciendo que parte de la nata resbalara hasta su desnudo pecho.
—Al final mancharás las sábanas—le riñó Bill entre risas.
Una vez más Michael le ignoró y tras comerse el resto de la fresa se inclinó y le lamió el pecho de arriba abajo, recogiendo toda la nata caída. El gemido que se le escapó a Bill fue de lo más cómico y Michael rompió a reír.
—Yo también puedo jugar—dijo Bill metiendo los dedos directamente en la nata del cuenco.
A continuación se los pasó a Michael por todo el pecho pero no se inclinó a lamerlo sino que se acomodó mejor en la cama chupándose uno a uno los dedos.
Michael se encogió de hombros y tras dejar el cuenco en el suelo se embadurnó los dedos él también y se lanzó al ataque. Se tumbó encima de él restregando su pringoso pecho contra el suyo al tiempo que le pasaba los dedos por la cara y lamía entre carcajadas.
—Mi pelo…las sábanas… —reía Bill sin aliento.
Tenía muchas cosquillas y Michael lo sabía. Tocaba sitios estratégicos con sus dedos, como sus costados y le pasaba la lengua por la mejilla, bajando por el cuello y deteniéndose en su clavícula. Suspiró y se relajó bajo él, le encantaba que le besarán justo allí, y Michael era el único que lo hacía.
Nunca jamás besaba o se dejaba besar por el resto de los clientes, quienes solo iban a lo que iban sin detenerse a pensar que él también quería disfrutar. Aunque estando con ellos, lo único en lo que podía pensar era en el maldito dinero…
Diez minutos después habían abandonado la cama donde había más nata por las sábanas que encima de ellos. Sintiéndose pegajosos fueron al baño y compartieron una ducha rápida. O esa era la intención de Bill, le apetecía dar un paseo cogido a la mano de Michael, pero no se esperaba que le abrazara por la espalda llenándole el cuello de nuevo de besos, ni que le hiciera girar hasta apoyar la espalda contra la pared…ni que se arrodillase a sus pies…
Quiso negarse pero antes de que pudiera hablar Michael ya estaba lamiendo y succionando, y su miembro respondió a sus caricias poniéndose duro en su boca. Cerró los ojos y se dejó llevar, separó los labios y como estaban solos se permitió el lujo de gritar cada vez que sentía la lengua de Michael lamer toda su longitud.
Se derramó minutos después entre los hábiles dedos de Michael, quien tras incorporarse se apoderó de sus labios y frotándose contra su cadera se derramó él también.
Permaneció quieto unos minutos mientras recuperaba la respiración, sintiendo la fina lluvia caer sobre su cabeza y bajar por la espalda…
.
Terminada la ducha se secaron y vistieron mientras hablaban de donde ir a dar ese paseo. Había un parque a dos manzanas y por el habían paseado en más de una vez.
—Quedemos con Tom allí—dijo Michael mientras hacía la cama y Bill se peinaba—Podemos comer uno de los deliciosos perritos calientes que venden en el puesto.
Bill arrugó la frente al escucharle, odiaba comer con las manos. Siempre terminaba manchándoselas con Kétchup y mostaza, aunque adoraba la sensual manera en que Michael le limpiaba uno a uno sus dedos utilizando su propia lengua. Esperaba que delante de Tom no se le ocurriera…
El sonido del móvil le sacó de sus pensamientos. Dejó a un lado la plancha del pelo con la que se lo estaba alisando y arrugó la frente al ver quien le llamaba. Otro de sus clientes fijos, pero no tanto como lo era Michael. Viajaba mucho y siempre que pasaba por la ciudad aunque tuviera libre un par de horas quería pasarlas junto a él. Era muy exigente, pero pagaba muy bien y él nunca se podía negar, pero ese día…no, no podía. Tenía planes con Michael y le apetecía mucho, y tampoco sabía cuando iba a volver Tom.
Cogió el móvil y cerrando un poco la puerta del baño contestó la llamada.
—Bill Kaulitz—escuchó que decían al otro lado.
Odiaba que dijeran su apellido, no hacía más que recordarle esa época donde escuchar a las fans llamarle por su nombre le hacía sentirse muy especial. No hacían más que recordarle que sabían todo de él, su brillante pasado roto en mil pedazos…
—Estoy en la ciudad y he pensando que a lo mejor nos podemos ver—dijo el hombre sin darle oportunidad a hablar.
—Lo siento, no puedo—contestó Bill en voz baja.
— ¿No? ¿Por qué? —preguntó el hombre visiblemente enojado.
—Tengo otro trabajo—mintió Bill.
— ¿Tienes otro trabajo? —repitió el hombre—Vamos, sabes que solo estaré unas horas. La última nos vimos apenas unos minutos, me lo debes. Te pagaré el doble…venga, será sobre una cama esta vez…
—La respuestas sigue siendo no—susurró Bill—Otra vez será, lo siento.
— ¡Puta asquerosa!—se despidió el hombre colgando con fuerza.
Bill se quedó sin habla, era la primera vez que le insultaban y no pudo evitar que los ojos se le llenasen de lágrimas. Trató en vano de retenerlas, pero una ya le bajaba por la mejilla y se la limpió con la mano con rapidez. Escuchaba a Michael preguntarle si terminaba ya de peinarse, y al poco la puerta del baño se abrió sola.
Se volvió con rapidez para que no le viera la cara, pero no contaba con el espejo. Michael pudo ver en el su reflejo y supo de inmediato que algo iba mal.
— ¿Quién era? —preguntó señalando el teléfono.
Lo había oído sonar y cruzó los dedos rezando para que no se tratara de un cliente. Pero al parecer sus ruegos no fueron escuchados…
—Nadie—murmuró Bill al tiempo que se secaba otra lágrima con disimulo.
—Para ser nadie estás muy afectado—insistió Michael dando un paso en su dirección.
Le cogió por la muñeca y le hizo volverse y mirarle. Pudo ver en sus ojos una tristeza que jamás había visto antes, sintió que se le encogía el corazón y una sola idea cruzó por su cabeza: cogerle y llevárselo bien lejos.
—Vámonos—murmuró sin poderse contener.
—Si, demos ese paseo. Necesito tomar un poco de aire—dijo Bill suspirando.
—Vámonos de Los Ángeles—aclaró Michael—Ahora, coge tus cosas y vayámonos muy lejos.
—Sabes que no puedo—susurró Bill negando con la cabeza.
—Nada te retiene aquí—insistió Michael—Ni a mí. Mi padre quiere montar una agencia en otro país y quiere que yo la lleve. Aún estamos aclarando algunos detalles, pero tarde o temprano me tendré que ir. Y quisiera que tú me acompañaras.
— ¿Pretendes que deje mi trabajo? —preguntó Bill respirando con dificultad— ¿O también quieres que lo traslade?
—Quiero tenerte para mí solo—contestó Michael con sinceridad.
—Te lo he dicho más de una vez. No puede ser—dijo Bill cansado de discutir siempre el mismo tema—Tienes que aceptarme como soy, no me hagas cambiar.
—Y yo te he dicho más de una vez que te amo con todo mi corazón—dijo Michael a su vez.
— ¿Cómo puedes amar a…a una puta asquerosa? —preguntó Bill, usando esas palabras que tanto daño le habían hecho.
— ¡No digas eso! —gritó Michael sin querer—Eres hermoso Bill, lo mejor que me puede haber sucedido…
—Vendo mi cuerpo por el maldito dinero—estalló Bill—Me acuesto con otros y no me digas que te da igual. Puedo verlo en tus ojos cuando recibo una llamada y sabes que me iré con otro, no puedes esperar que con el tiempo cambie de idea y quiera estar solo contigo. No puedo hacerlo porque mi vida está arruinada y no te quiero arrastrar conmigo.
No hallaba otra manera de que Michael abriera los ojos y viera que lo suyo no iba a ninguna parte. No eran novios, solo jugaban a ello y cuando Tom se fuera sus caminos se separarían para siempre. Lo había decidido, no volvería a ver a Michael porque le estaba haciendo mucho daño al hacerle creer que esos momentos compartidos como si fueran pareja había sido solo un bonito sueño.
Pero era hora de abrir los ojos y mirar al futuro. Michael tenía que darse cuenta de una vez que nunca le iba a conseguir, y él tenía que seguir con su trabajo si se le podía llamar así, porque no sabía otra manera de sobrevivir, porque ya no tenía a su lado a ese hermano mayor que tanto le aconsejaba y guiaba, y del que tanto miedo tenía de que algún día se enterara de todo en lo que estaba metido…
Se quedaron mirando en sonido hasta que el sonido del móvil de Bill resonó de nuevo.
—No lo cojas—pidió Michael en un susurro.
Pero Bill negó con la cabeza y atendió la llamada. Era un cliente nuevo, amigo de un amigo por lo visto y quería verle en media hora en el hotel que él dijera. El dinero no era ningún problema, pagaría lo que fuera por estar con él.
—En el hotel Bristol, dentro de media hora—murmuró Bill dando la llamada por finalizada.
Miró a Michael con decisión, había llegado la hora de decirse adiós.
—Vete—susurró.
— ¿Y qué hay de Tom? —preguntó Michael.
—Hablaré con él—contestó Bill.
— ¿Y ahora qué mentira le vas a contar? —preguntó Michael, sintiendo sonar duro— ¿Ya no me necesitas para que mienta por ti?
Bill sintió como si le hubieran dado una puñalada en el estómago, jamás pensó que Michael le atacara. Aunque en el fondo se lo merecía, por todo el daño que le había hecho y por el tiempo malgastado a su lado.
—Mi familia es cosa mía—siseó Bill—Vete de aquí, sal de mi vida y no me vuelvas a llamar. Es lo mejor para ti.
— ¿Y qué hay de ti? —preguntó Michael alzando una ceja.
Bill se encogió de hombros como respuesta, su bienestar era algo que solo debiera importarle a él mismo. Y si a él le daba igual, pues…
Michael captó su mensaje y le dejó para que se preparara. Recogió la americana que había dejado sobre la cama y salió del apartamento. Bajó al parking donde había dejado el coche, consciente de que Bill tendría que llamar un taxi pues Tom se llevó su coche y no aceptaría que él le llevase.
Pero una vez ante su coche, algo le impedía montarse. Se quedó de pie mirando al suelo mientras pensaba que más podía hacer por Bill, como hacerle cambiar de opinión…y mientras pensaba un coche entró en el parking que llamó su atención. Levantó la mirada y vio el coche de Bill pararse a escaso metros, de donde salió Tom pálido como el papel…
Continúa…
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