Mi vida sin ti 4

Mi vida sin ti 4

Fic Slash de lyra

Capítulo 4

Como ya supuso Bill, nada más arrancar el coche Tom empezó su interrogatorio. Resopló acomodándose mejor en el asiento al tiempo que abría la guantera y sacaba unas gafas de sol de ella. Era muy pronto aún para él, sus planes eran regresar a la cama una vez se hubiera despedido de Michael y dormir hasta la 1 por lo menos. Necesitaba estar descansado para la tarde, pero en vista de esa visita improvista no le había quedado más remedio que cancelar sus planes.

— ¿Bill?

Una vez más la voz de Tom le sacó de sus pensamientos. Resopló de nuevo y se le quedó mirando, a la espera de que hablase.

—Te preguntaba que cómo os conocisteis—repitió Tom pacientemente.

Sabía que Bill estaba nervioso. Escondido tras sus gafas de sol no paraba de mordisquearse una de sus perfectas uñas. Aún las llevaba largas y bien pintadas, señal de que se cuidaba muy bien.

— ¿Por qué tanto interés? —preguntó Bill reacio a contestarle.

—Porque es importante para ti—contestó Tom como si eso lo explicara todo.

Nuevamente Bill resopló, incomodo por las preguntas de Tom. Se quedó unos minutos en silencio pensando qué historia podía inventarse, llegando a la conclusión de que no se le ocurría nada y no le quedaba más remedio que contarle la verdad ligeramente distorsionada.

—Fue…en una fiesta—empezó a contar—Nos vimos y conectamos.

—Vamos Bill, dame algún detalle más—pidió Tom sin apartar la mirada del tráfico.

—La fiesta la daba el último diseñador para el que desfilé—murmuró Bill resoplando—Michael estaba allí por trabajo y nos pasamos toda la noche hablando…

Dejó de hablar porque no se le ocurría nada más. Le parecía patético y ruin mentir de esa manera a Tom. Sentía que empezaba a dolerle la cabeza y se llevó una mano a la frente.

— ¿Estás bien? preguntó Tom al ver su gesto.

— ¿Por qué no paras y damos mejor un paseo? —casi suplicó Bill.

No se lo tuvo que decir dos veces, Tom aparcó en el primer sitio que vio y salieron del coche. Estaban en una gran avenida llena de tiendas de las mejores marcas, pero para sorpresa suya Bill echó a andar en dirección contraria hacia un parque. Echó a andar tras él en silencio, hasta que llegaron a una zona de columpios y Bill se sentó en uno de ellos.

— ¿Mejor? —preguntó Tom ocupando el columpio de al lado.

Bill asintió mientras empezaba a balancearse ligeramente, logrando sonreír con nostalgia ante un pensamiento que cruzó su mente.

— ¿Te acuerdas de cuando éramos pequeños? —preguntó suspirando—Antes del divorcio, éramos pequeños pero nos enterábamos de todo. Papá y mamá discutían en casa…

—Entonces te cogía de la mano y nos íbamos al parque que había al lado—dijo Tom mirándole—Allí éramos felices.

—Echo de menos esos tiempos—susurró Bill suspirando de nuevo.

Te echo mucho de menos”—pensó con dolor.

Tom asintió sonriendo, recordando la de veces que huyeron de casa para escapar del dolor que sentían entre esas paredes cuando sus padres discutían. Cuando se divorciaron también sufrieron y se refugiaron entonces en la música, todas esas poesías que escribió Bill las transformaron en bellas canciones que les transportaban a otro mundo donde estaban ellos solos y nadie les hería.

— ¿Estás bien? —preguntó Tom poniendo una mano sobre su hombro.

Bill asintió al tiempo que se llevaba la mano a la cazadora y sacaba de ella un paquete de tabaco. Cogió un par de cigarros y le tendió uno a Tom, que cogió suspirando.

—Se supone que lo he dejado—explicó sentándose en el columpio de la lado—Clarisse odia que la bese y…

—Tranquilo, a mi no me tienes que besar—dijo Bill entre risas.

Tom le imitó y esperó a que encendiera su cigarro, cogiendo el mechero que le tendía y encendiendo el suyo. Pasaron casi una hora columpiándose y hablando de los viejos tiempos, hasta que vieron la hora y decidieron ponerse en marcha. Regresaron al coche y por culpa del tráfico llegaron unos minutos tarde, aunque no fueron los únicos.

—Habrá tenido una reunión imposible de cancelar—murmuró Bill, rezando para que su deseo se hiciera realidad.

Fue entrar en el restaurante y volver a sentirse fatal. El poco tiempo compartido con Tom hablando de los viejos tiempos se esfumó en cuanto recordó que iba a comer con su “novio”, mintiendo a Tom sobre esa vida tan magnífica que se suponía que tenía.

Rezó con toda su alma para que Michael no hubiera podido cancelar la agenda, que no tuviera tiempo para reunirse con él y Tom. Dejaría la comida para otro día, que se iría posponiendo y posponiendo hasta que Tom se marchara y él pudiera volver a su patética vida de nuevo.

—La mesa ya está libre——comentó Tom cuando el camarero les llamó.

Bill asintió y le siguió. Por suerte la mesa estaba al fondo del restaurante y nadie podría ser testigo de su patraña. Tomó asiento y cogió la carta tras la que se escondió rezando para que Michael tardase en llegar.

Pero sus rezos no fueron escuchados y un cuarto de hora más tarde que le vio aparecer por la puerta. Alzó la mirada de la carta y se quedó pasmado ante lo que veía. Michael venía totalmente trajeado, con una corbata morada oscura y un maletín en la mano.

Se le quedó mirando con la boca abierta sin poder evitarlo, estaba realmente guapo.

Le vio echar una mirada por el restaurante hasta que los localizó, levantando una mano y sonriéndole ampliamente. Resopló al tiempo que se acomodaba mejor, odiaba tener que hacerle pasar por eso. No estaba ciego, sabía que Michael sentía algo por él que no debía. No eran ni novios ni amantes. Era un cliente muy bueno, que le trataba mejor que nadie jamás lo había hecho. Era muy cariñoso y atento, y se lo pasaba muy bien con él, relajándose y dejándose llevar, llegando a pensar que no era simple sexo, sino las únicas veces que hacía el amor poniendo alma y cuerpo… La de veces que le había sugerido que dejara su trabajo, que con él a su lado sería feliz

Pero Bill no podía, había cometido el mayor error de su vida al dar un paso tan importante como ese. Cobrar por sexo, tras el primer cliente ya no había vuelta atrás. No podía dejarlo todo por Michael, el mejor chico que podía haber conocido y que un día caminando por la calle alguien se le acercara y le reconociera. Se moriría de la vergüenza, al igual que si su familia se enterara.

Se le veía caminar como si nada pasara, nada de nervios por conocer al hermano de su….de su…del chico con el que se acostaba, porque para él no era nada más que eso.

Y eso era lo que Bill se decía todos los días…

—Perdón por el retraso—se disculpó Michael llegando donde estaban—Una reunión de última hora imposible de cancelar.

Se quedó de pie hasta que Tom se levantó y le tendió una mano con firmeza, presentándose él mismo en vista que Bill parecía no poder articular palabra.

—Hola, soy Tom—se presentó carraspeando.

Se sentía avergonzado, no había podido evitar echarle un buen repaso de arriba abajo. Así vestido no parecía el mismo chico que horas antes se despedía de Bill mientras le metía mano.

—Michael Müller—se presentó Michael a su vez—Al fin te conozco.

— ¿Bill te ha hablado de mi? —no pudo evitar preguntar Tom.

—Bill es muy reservado, ya le conoces—contestó Michael sonriendo—Pero sé de ti y tu hermano por la prensa, habéis ocupado portadas durante años, y tú aún ocupas alguna con esa nueva cantante que ha salido. Clarisse, ¿verdad? Mi hermano pequeño es fan de ella, cuando sepa que he comido con su representante se subirá por las paredes.

—Dame su dirección y le pediré a Clarisse que le mande una foto firmada—dijo Tom adoptando el papel de representante que tan bien se le daba—Y estoy seguro que tengo dos entradas de sobra para cualquiera de los conciertos que de próximamente.

—Muchas gracias, harás muy feliz a Tony—comentó Michael.

Tom asintió sonriendo. Michael le estaba empezando a caer muy bien, dejando atrás esa primera impresión que se llevó. Se sentó de nuevo y Michael le imitó, inclinándose para dejar el maletín que llevaba en el suelo y saludando de paso a Bill con un breve beso en la mejilla. Ocupó asiento a su lado suspirando y cogió la carta que un camarero le ofreció al momento.

—Estoy hambriento—comentó Michael con toda naturalidad.

Bill le miró de reojo, le veía nada nervioso en cambio él sentía como le temblaban las manos. Había permanecido en silencio mientras Tom y él hablaban sin darle opción a intervenir. ¿Por qué preguntaba Tom si le había hablado de él? No tenía la costumbre de contar su vida personal a sus clientes por muy bien que se llevasen. ¿Y eso de que era muy reservado? ¿De qué iba Michael?

— ¿Estás bien?

Se volvió hacia Michael, que era quien le hablaba. Antes de que le contestara vio como le cogía una mano y se la apretaba con cariño para satisfacción de Tom, que no les quitaba los ojos de encima. Se le veía encantado de que su hermanito pequeño hubiera encontrado al fin ese amor verdadero que tanto dijo haber buscado, hallando a un chico bueno y atento. Michael se había metido muy bien en el papel de novio, preocupado por su silencio y hablando con Tom como si se conocieran de toda la vida.

— ¿Qué quieres comer? —preguntó Michael sin soltar aún su mano.

—Una ensalada, gracias—contestó Bill en voz baja.

— ¿Nada más? —preguntó Michael viéndole negar con la cabeza—Una ensalada es poca comida, te pediré algo más consistente.

Se le quedó mirando con una ceja alzada a punto de replicarle, pero entonces Tom intervino sacándole de quicio.

—Sigues como siempre—dijo Tom—Apenas comes y ahora no me digas que es por el estrés de la gira.

—Raro es el día que consigo que se coma algo como Dios manda—comentó suspirando Michael.

—Cuando empezamos con el grupo se alimentaba a base de hamburguesas y pizzas—siguió explicando Tom ignorando la fulminante mirada que Bill le dirigía—Luego empezó a cuidarse más, y tras ese desfile en Milán empezó a contar las calorías.

—Ser modelo es un buen trabajo, pero siempre que no pongas tu salud en peligro—apuntó Michael.

—Con Clarisse tuve los mismos problemas al principio—comentó Tom—La veía seguir el mismo camino que Bill y tuve una charla con ella. Al primer síntoma de fatiga o que viera que no se alimentaba en condiciones paraba la gira sin importarme nada. Por suerte supo escucharme y en este tiempo que soy su representante me ha obedecido en todo sin rechistar.

— ¿Podemos cambiar de tema? —intervino Bill, visiblemente enojado—He venido a disfrutar de la comida, no a recordar tiempos pasados.

Tom se le quedó mirando sin saber el porqué de ese estallido, más estando Michael delante, quien viéndole en ese estado cambió de tema con la rapidez de un rayo.

— ¿Y…qué te trae por Los Ángeles, Tom? —preguntó dejando la carta a un lado.

—Mi madre estaba preocupada por Bill—contestó Tom con sinceridad.

¿Para qué mentir? Michael le había caído muy bien y en esos momentos era quien mejor conocía a Bill. Podría incluso ayudarlo, hablar con él y convencerle de que hicieran un viaje a Alemania, y así de paso sería presentado formalmente a la familia. Se le veía un buen chico y se notaba que quería a Bill, por mucho que él dijera que era solo un amigo. Entre ellos se sentía el amor flotar en el aire…

—Mamá siempre se preocupa demasiado—estalló Bill cansado de esa conversación sobre él donde no tenía ni voz ni voto.

—Hace semanas que no la llamas—saltó Tom a su vez—Y meses que no vas por casa. ¿Sabías que se fracturó un tobillo? ¿Qué estuvo unos días sin poder moverse de la cama? ¿Qué fue Gordon quien cuidó de ella porque tú no estabas?

—Tú tampoco—apuntó Bill—Y que yo sepa Gordon es su marido, en la salud y en la enfermedad.

Michael miraba a los hermanos sin atreverse a intervenir, no se esperaba ese acaloramiento delante de un completo extraño, sacando trapos sucios por así decirlo.

—Estaba trabajando—se defendió Tom.

— ¿Y yo no? —preguntó Bill sintiendo que iba a echarse a llorar—Siempre…siempre dijiste que ser modelo no era un trabajo serio. Y veo que no has cambiado de opinión con el tiempo. ¿Acaso es mejor lo que tú haces? Siempre de viaje, sin nada de intimidad….teniendo que esconderte, con miedo de que la gente se entere de…

Calló de inmediato, era la rabia quien hablaba. Había estado él mismo a punto de delatarse ante Tom, contar algo que le atormentaba el alma. Estaba cansado de la vida que llevaba, pero no veía otra salida ni nadie que le ayudara. ¿Cuántas veces había cogido el teléfono y marcado el número de Tom? Pero nunca entero, al llegar al último número sus fuerzas flaqueaban y no lo marcaba. Se llevaba el móvil al oído y se imaginaba que hablaba con él, que le contaba lo mal que estaba y que Tom le ofrecía su ayuda de inmediato, un hombro donde derramar sus lágrimas.

Pero no podía contarle nada, no quería defraudarle y que viera en lo que se había convertido sin él a su lado para guiarle y aconsejarle. Nada más irse de Los Ángeles cometió un error del que no había marcha atrás, y lo último que quería era que su familia se enterara y sufriera tanto o más de lo que él estaba sufriendo.

—Tengo que ir al baño—murmuró levantándose de repente.

Michael y Tom le vieron sortear las puertas y dirigirse a los baños del restaurante. Se le veía muy afligido, y ninguno de los dos sabía cómo ayudarle.

Continúa…

Gracias por la visita, te invitamos a comentar.

por lyra

Escritora del Fandom

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