
Fic Slash de lyra
Capítulo 8
Mientras y no teniendo nada que hacer, Bill se puso a ordenar un poco el apartamento. Pasaba poco tiempo en el y la única visita que recibía era la de Michael, y el poco tiempo que pasaban juntos no lo iban a dedicar a limpiar.
Tampoco estaba todo desordenado, en la cocina aún estaban los platos usados en la cena anterior. Michael cocinó para él y tras esa sabrosa cena decidieron dejar los platos para la mañana siguiente y tomaron el postre en la cama.
Y al día siguiente repitieron, con lo que al final Michael tuvo que irse a trabajar dejándole a él la tarea de limpiar, que se pospuso con la visita inesperada de Tom. Así que aprovechando que descansaba se cambió de ropa y en menos de una hora relucía limpia la cocina.
Lo siguiente fue su dormitorio, deshizo la cama y cambió las sábanas. También hizo limpieza en el baño que tenía en la habitación misma, mirando la bañera con una amplia sonrisa. Recordaba como fue la segunda vez que hicieron el amor Michael y él, se presentó con un regalo y al abrirlo descubrió unas sales de baño.
Enseguida llenó la bañera con agua mientras que Michael abría la botella de vino que llevaba y servía dos copas. Pasaron una tarde deliciosa, bebiendo vino y dándose un relajante baño de espuma. Entre el vino y el aroma de las sales Bill se sentía algo mareado, pero no tanto como para negarse a hacer el amor en el agua.
Era la primera vez que lo hacía en una bañera, cuando quedaba con sus otros clientes siempre era para ser sus acompañantes en alguna fiesta o cena, y siempre terminaba de rodillas en el baño o apoyado contra el lavabo. Añoraba hacerlo en una cama blanda, ser mimado…
.
Suspiró y siguió con lo que estaba. Terminó de limpiar el baño y tras meter las sábanas en la lavadora se fijó en la hora. Más de las 7 de la tarde, Tom estaría a punto de despertase y seguro que tendría hambre. Él no tenía ni idea de cocinar y su nevera estaba casi vacía, quitando algunas cocas colas, botellas de agua, leche y zumos. En un armario tenía galletas para el desayuno, cereales, patatas fritas y alguna que otra chuchería para esos días que tenía libres y pasaba en casa.
Entonces iba Michael, traía la compra y le cocinaba. O si estaba solo, encargaba la comida. Como en esos momentos, recordando viejos tiempos vividos cuando compartía con Tom el apartamento, cogió el teléfono y pidió una pizza familiar con extra de queso.
Para cuando Tom se despertó ya tenía todo preparado en la mesita baja del salón. Se había acordado y también pidió un par de cervezas para Tom, extrañado al verle negar con la cabeza.
—Hace meses que no pruebo una—comentó Tom cogiendo una botella de agua.
— ¿Y eso? —preguntó Bill.
—Empezaba a tener barriga y Clarisse me puso a dieta—explicó Tom entre risas—Me había dejado un poco y decidimos apuntarnos a un gimnasio los dos. Y mientras que ella estaba en aerobic yo hacía algo de pesas y bicicleta. Gracias a ella llevo una vida más sana, nada de alcohol, procuro comer mejor…y bueno, el tabaco me cuesta dejarlo pero ya no fumo tanto como antes.
—Vaya, debes querer mucho a Clarisse—murmuró Bill sentándose en el sofá.
Tom se sentó a su lado y cogió una porción de pizza. Empezó a comer en silencio, estaba muy pensativo. Si, amaba a Clarisse con toda su alma. Tras tantas chicas con las que había salido y muchas más con las que solo se había acostado, por fin sentaba la cabeza y daba una gran alegría a su madre.
Y ya solo quedaba Bill. Cuando regresó a Alemania junto con David para empezar a trabajar en la discográfica, sintió mucho separarse de él. Habían estado juntos desde que nacieron, siempre bromeaban diciendo que vivirían en la misma casa junto con sus esposas y sus hijos se criarían juntos.
Pero la vida daba muchas vueltas, y ahora estaban separados. Cada uno tenía su vida, él al fin había encontrado a la mujer de su vida y Bill…al hombre de la suya.
— ¿Tú amas a Michael? —preguntó Tom en voz baja.
Se quedó mirando a Bill fijamente, como se limpiaba los labios con una servilleta de papel antes de contestar tan delicada pregunta.
—Sé que me has jurado y perjurado que es solo un amigo, pero sé que entre los dos hay algo especial—dijo Tom sin dejar de mirar a su hermano—Hacéis muy buena pareja, y la edad no se ningún problema. Solo te saca unos 5 años, te cuida muy bien, siempre pendiente de ti y mimándote…y a él se le ve muy enamorado…
—Pero no a mí, ¿verdad? —susurró Bill.
— ¿Y por qué no? —insistió Tom.
Bill se encogió de hombros, no quería hablar de eso. Porque ni él mismo sabía la respuesta. Una parte de él quería romper con todo, no volver a dejar que nadie disfrutara de su cuerpo, dejar que Michael se lo llevara bien lejos y cuidara de él y mimara, como Tom decía. Pero otra…otra más sensata le decía que eso era imposible, había jodido su vida con una decisión mal tomada y debía cargar con las consecuencias.
¿Qué vida le esperaba al lado de Michael con un pasado como ese? Con miedo de ser reconocido y señalado, llevaría la vergüenza allá donde fuera. Y fijo que con el tiempo Michael se daría cuenta del error que había cometido al tener a su lado a alguien como él y le abandonaría para no sentirse más humillado.
—Si quieres saber mi opinión, no deberías dejar escapar a Michael—dijo Tom al ver que no contestaba—Ya es hora de que vayamos sentando la cabeza y pensemos en nuestro futuro, como ha hecho Georg.
— ¿Y Clarisse? —preguntó Bill mirando a su hermano—Ella es muy joven aún y está metida en un mundo del que tú y yo hemos salido escaldados. No puedes pedirla que lo deje todo por ti, y mucho menos ahora que está empezando.
—Lo sé—dijo Tom suspirando——Siempre estaré a su lado, pero nunca le pediré que lo deje por mí. Será una decisión que ella tomará, y yo sabré esperar. Pero tú…te veo tan solo, Bill…
No pudo evitar echarse a llorar. Porque era verdad, se sentía muy solo. Ni estando con Michael se sentía bien, quería algo que no sabía explicar. Quería…quería volver al pasado, donde realmente era cuidado y mimado, donde vivía rodeado de gente que le quería sin pedirle nada a cambio…
Porque nunca nadie le daba un abrazo sincero, nunca nadie le decía cuanto le quería…nunca si antes no habían follado. Entonces escuchaba todo tipo de halagos, pero ninguno cierto. Lo que más le repetían es que era muy bueno, y él se esforzaba por serlo. Tenía miedo de no dejar un cliente satisfecho, que le empezaran a dejar de lado o que se hiciera mayor y ya no sirviera para eso. Entonces tendría que volver a empezar desde cero, y solo había una cosa que sabía hacer.
Solo había una manera de sacar dinero, y era vendiendo su cuerpo. Pero hacía un tiempo que había empezado a controlarse, ahorraba lo que ganaba y una vez Michael le comentó de invertir en la bolsa, que él le ayudaba encantado. Lo dejó en sus manos y gracias a él sus ahorros iban aumentando, contando con todas las veces que le reclamaba.
Siempre que quedaban para lo que fuera, una comida o pasarse el día entero en su apartamento (el único que lo había pisado, ninguno de sus clientes había estado en su cama), Michael siempre pagaba el precio estipulado.
¿Qué diría Tom si supiera que su «novio» pagaba por ese amor que le profesaba?
.
No sabía que le había pasado, echarse a llorar así delante de Tom. Solo había logrado preocuparle más de lo que estaba y que se hiciera miles de preguntas cuya respuesta se negaba a dar. Logró quitárselo de encima con una mentira más, diciéndole que le iba algo mal en el trabajo y llevaba más de mes sin desfilar.
Lo que era en parte verdad, los únicos diseñadores que le llamaban era los que se tiraba, prometiéndole contar con él para esa próxima colección que nunca llegaba.
Enseguida Tom se ofreció a dejarle todo el dinero que necesitara, incluso a ser su representante. Le buscaría lo que fuera, ya fuera un desfile o ser portada de alguna revista de moda. Era lo que le ofrecían a Clarisse y ella declinaba por verse sumergida en alguna gira.
—Quieren a tu novia famosa, no a una estrella apagada—susurró Bill secándose las lágrimas.
—En cuanto te vean caerán rendidos a tus pies—trató de animar Tom.
No hacía más que insistir y al final Bill le dijo que se lo pensaría. Y una vez libre de Tom se fue a acostar, tantas lágrimas derramadas le habían dado un fuerte dolor de cabeza y tras tomarse un par de aspirinas de metió en la cama.
Cerró los ojos unos minutos hasta que el móvil sonó. No quiso cogerlo, sabía que era Michael y notaría en su voz que había estado llorando y se preocuparía. Dejó que sonara y sonara hasta que se cansó y colgó. Le habría saltado el buzón de voz y allí le esperaría un mensaje que ya escucharía por la mañana.
Se dio la vuelta en la cama y se quedó dormido entre sollozos ahogados.
.
Por la mañana le despertó un ruido. Abrió los ojos de golpe y se incorporó en la cama, sonriendo al escuchar a Tom maldecir por bajo.
—Siento haberte despertado—se disculpó Tom cojeando—Venía a ver qué tal estabas y me he dado con la cama.
— ¿Te has hecho daño? —preguntó Bill preocupado.
—Sobreviviré, tranquilo—bromeó Tom sentándose en el borde de la cama.
Se le quedó mirando con la frente arrugada, unas grandes ojeras moradas surcaban sus ojos y una triste expresión recorría su cara.
—Estoy bien, de verdad—dijo Bill sin mucho convencimiento—Sobreviviré.
—Y yo te ayudaré—afirmó Tom—Para empezar, voy a traerte el desayuno a la cama.
—No estoy inválido ni enfermo—protestó Bill.
—Déjame mimarte un poco—pidió Tom—Además, ya lo tengo todo preparado.
Y se levantó de la cama sin esperar otra protesta de Bill. Fue a la cocina y regresó con una bandeja en las manos que dejó sobre la mesilla.
—Me he levantado pronto y he salido a hacer una compras—explicó Tom—No tienes nada en la cocina así que he traído algunas cosas a ver si te animan. Tenemos tostadas con mermelada de fresa, magdalenas recién hechas, croissant…
—Quieres engordarme, ¿verdad? —preguntó Bill entre risas.
Tom asintió contento de verle sonreír.
—Aún me acuerdo que nunca tomas café en el desayuno, así que te he traído un vaso de leche caliente—siguió explicando—Y una aspirina por si aún te duele la cabeza.
No hacía falta que preguntara, tras verle derramar todas esas lágrimas durante la cena sabía de sobra que se había acostado con la cabeza a punto de explotar, y también sabía que la noche se le habría hecho muy larga y apenas habría dormido nada.
—Hoy no pienso moverme de la cama—murmuró Bill cogiendo una de las tostadas.
—Ni hablar—dijo Tom con firmeza—Ya he planificado la mañana. Nos vamos de compras.
—De eso nada, yo… —empezó a negarse Bill.
—Si, tienes de todo pero me apetece regalarte algo—insistió Tom—Además, esta noche cenamos con Michael y al ser viernes seguro que luego saldremos de fiesta. Vamos, estrena ropa nueva. Te hará sentir mejor.
—Pero me la pago yo—dejó claro Bill—No necesito que…
—He dicho que quiero regalarte algo—insistió de nuevo Tom.
—Vale, pues entonces yo también te haré un regalo—dijo Bill cediendo en parte.
Tom se iba a negar, pero viendo que había logrado animarle terminó él también cediendo.
—Necesito…una gorra nueva—murmuró tras pensarlo.
— ¿Otra más? Aún conservas las que te ponías cuando llevabas las rastas—le recordó Bill—Y más de una estará sin estrenar.
—Pero no quiero…no quiero que te gastes mucho dinero—dijo Tom algo cortado.
—Tranquilo, que me vaya mal el trabajo no quiere decir que esté en la ruina—aclaró Bill—He ido ahorrando algo y Michael me ha ayudado a invertir en la bolsa. Gracias a él pasará unos años antes de quedarme en la bancarrota.
—Vaya, tendré que hablar con Michael—dijo Tom sonriendo.
—Tiene mucho ojo con las acciones, te ayudará encantado—aseguró Bill.
—Quiero comprarle algo a Clarisse—confesó Tom en voz baja.
— ¿Un anillo, tal vez? —aventuró Bill.
—Pero porque me apetece, sin ningún compromiso después—aclaró Tom—No de momento.
—Gracias a Michael en un par de meses lo tendrás—dijo Bill asintiendo con la cabeza—Gracias a él vendí el coche viejo a unos amigos suyos y pude tener al día siguiente el nuevo.
— ¡Joder, eso sí que es suerte! —exclamó Tom.
—Ventajas que tiene salir con un chico tan listo—rió Bill.
Tom rió con él, era la primera vez que le decía que estaba saliendo con Michael. Atrás quedó eso de que solo eran amigos, muy buenos amigos…
Continúa…
Gracias por la visita, te invitamos a comentar.