Mi vida sin ti 9

Mi vida sin ti 9

Fic Slash de lyra

Capítulo 9

Terminado el copioso desayuno Bill se levantó y dio una ducha rápida. Tom le esperó con paciencia mientras fregaba todo lo del desayuno, admirando lo limpio que tenia Bill el apartamento. Una vez Bill vestido salieron a disfrutar de esa mañana de compras. Subieron de nuevo a su coche, conduciendo Bill esa vez.

Le llevó a una de sus tiendas preferidas, marca para la cual había desfilado en más de una ocasión. Allí fueron bien atendidos una vez que la dependienta los hubo reconocido. Los hermanos sintieron como si hubieran vuelto al pasado, había un grupito de chicas que encantadas les pidieron fotos y autógrafos y ellos accedieron encantados.

Casi 3 horas después regresaron al apartamento cargados de bolsas. Era la hora ya de comer y una vez más Bill se encargó de pedirla, o lo intentó.

—Te dije que esta mañana compré comida—dijo Tom arrebatándole el teléfono de las manos.

—No tengo ni idea de cocinar—advirtió Bill.

—Vamos, que los macarrones a la salsa Kaulitz eran nuestra especialidad——recordó Tom entre risas.

Bill sonrió y siguió a su hermano hasta la cocina. Efectivamente le había llenado la nevera y despensa, con lo que le hizo sentirse mal una vez más por hacerle gastar en él dinero. A la comida había que sumarle unos pantalones negros que Tom le había comprado, una americana y una camisa de seda blanca.

Pero no dejó que la cosa terminara así, él se encargó de elegirle otra camisa blanca y un elegante chaquetón gris. Tom se negó en rotundo, con la camisa bastaba. Pero Bill se empeñó, más cuando le recordó que gracias a su novio tenía una buena cantidad de dinero ahorrada. Tom se lo permitió, sobre todo porque esa vez había usado la palabra novio…

—Echa agua en un cazo y ponla a cocer—pidió Tom subiéndose las mangas.

—Hasta ahí llego—replicó Bill resoplando.

Cogió un cazo e hizo lo que le pedía, quedándose a un lado observando cómo preparaba la salsa de tomate que los acompañaría. Pudo apreciar que se le daba muy bien la cocina, sospechaba que Clarisse le había enseñado alguna que otra receta.

Sintió envidia y se prometió a sí mismo que la próxima vez que Michael cocinase para él le pediría que le enseñase.

— ¿Cómo no consigues morirte de hambre? —preguntó Tom de repente.

—Hay restaurantes que te llevan la comida a casa—le recordó Bill cruzándose de brazos—Y luego están las pizzerías y hamburgueserías.

—Todo comida basura—resopló Tom.

—Pues ayer bien que te comiste la pizza—picó Bill.

—Hacía mucho que no probaba una y sí, me encantó—dijo Tom entre risas—Pero ya no más hasta dentro de una temporada.

— ¿Y cómo es que te da por madrugar e irte de compras? —preguntó de repente Bill.

—Siempre que puedo salgo a correr—contestó Tom, viendo la cara de sorpresa que ponía su hermano—Ya te dije que desde que estoy con Clarisse me cuido más. Salimos a correr juntos y de vuelta a casa hacemos ya la compra.

—Desde luego, no hay quien te reconozca—murmuró Bill, sabiendo que Tom pensaba lo mismo que él.

En esos momentos el sonido del teléfono les interrumpió. Era el de Bill, quien se apresuró a cogerlo al ver el nombre de Michael en la pantalla.

—Hola—saludó.

— ¿Estás bien? —preguntó Michael yendo directo al grano—Ayer te llamé y…

—Lo sé, perdóname—murmuró Bill saliendo de la cocina—No me sentía bien.

— ¿Ha pasado algo con tu hermano? —preguntó Michael pensando que de nuevo habían discutido.

—No, nada de eso—le tranquilizó Bill—Estuvimos hablando y…tocó cierto tema, no lo pude evitar y me eché a llorar. Cuando llamaste tenía la cabeza a punto de estallar y no podía hablar, lo siento. Iba a llamarte esta mañana pero Tom me quiso animar y me llevó de compras.

—Vaya, veo que al final las cosas se arreglaron—dijo Michael respirando más aliviado.

—Si, y ahora estamos cocinando…bueno, yo solo he puesto agua a cocer—explicó Bill entre risas.

—Pues Tom ya ha conseguido más que yo—apuntó Michael también riendo.

—La próxima vez que vengas me tienes que enseñar a cocinar—le pidió Bill.

—Claro—asintió Michael—Entonces si todo va bien y vais a comer, os dejo. Nos vemos esta noche.

Bill asintió y tras despedirse de Michael con un beso colgó y regresó a la cocina, donde Tom echaba un puñado de macarrones en el agua.

—Era Michael—dijo Bill sonriendo.

— ¿No se apunta a comer?- —preguntó Tom imitándole—Echo más macarrones y solucionado.

—Estará hasta arriba de trabajo—comentó Bill resoplando—Por lo menos ya no le salen tantos viajes, una vez estuvo fuera una semana entera y yo ya me subía por las paredes.

—Seguro que te pasaste las horas colgadas al teléfono—dijo Tom.

Bill asintió al tiempo que se sonrojaba y desviaba la mirada. Tom había dado en el blanco, pero no era lo que pensaba. Esa semana que Michael estuvo de viaje le llamaba todas las noches a las 10 exactas. Siempre le pillaba en casa porque…porque le había pagado por adelantado las noches. Quería regresar al hotel de trabajar y tenerle solo para él, y como Bill no le quiso o pudo acompañar, pues se aseguró de que no se moviera de casa y tenerle al menos de esa manera.

Se sonrojó al recordar lo picante que eran las conversaciones, como Michael le pedía que se tocara y gimiera para él. Y Bill lo hacía encantado, porque por muy lejos que estuviera, cerraba los ojos y era como si le tuviera ahí al lado.

El día que regresó lo pasaron sin salir del apartamento. Vieron juntos una película, jugaron a las cartas, comieron, rieron…hicieron el amor en su cama…. Perdió la cuenta de las veces que lo hicieron, solo supo que al día siguiente se levantó tardísimo de lo cansado que estaba y Michael ya no estaba. Sobre la mesilla había un sobre con sus honorarios, siempre se lo dejaba sin decir nada y Bill solo lo cogía cuando él ya no estaba.

No sabía porque seguía cobrándole si al final era él quien más disfrutaba. De una buena compañía, de una conversación, de los paseos que daban….tendría que ser al revés, él tendría que pagar a Michael por todo lo bien que le trataba.…

.

Llegada la noche Bill se preparó con esmero. Lavó y alisó su pelo, se maquilló usando una sombra negra y dándose brillo a los labios. Se vistió con la nueva ropa y tras calzarse sus botines salió del dormitorio. Tom ya le esperaba con su nuevo chaquetón de la mano, que Bill cogió y ayudó a ponerse.

Bajaron al parking y Tom condujo esa vez. Habían quedado en un céntrico restaurante y cuando llegaron Michael ya les estaba esperando. Saludó a Tom estrechando su mano y antes de pudiera inclinarse para besar a Bill, éste ya se le había adelantado.

— ¿Qué tal el día? —preguntó Bill cogiéndose a su mano con toda naturalidad.

—Bien—contestó Michael, aún asombrado por ese beso.

Estaba muy alegre, era la primera vez que Bill tomaba la iniciativa estando en público. Siempre era él quien le cogía de la mano, o ponía el brazo en su cintura…o le daba un beso robado… Pero como ante Tom era su novio, Bill se comportaba como una pareja más.

Un camarero les llevó hasta su mesa y les explicó cuál era la especialidad de la casa. Bill la pidió al momento y Michael y Tom se apuntaron también. Cenaron contándole a Michael como había sido esa mañana de compras.

—En el tiempo que llevo fuera hay que ver cómo ha cambiado el barrio—comentó Tom—Recuerdo que había una tienda pequeña donde vendían unas tartas estupendas y esta mañana cuando fui, resulta que ahora es una tienda de bolsos.

—Sé que tiendas me dices—dijo Michael sonriendo—Era tan famosa que se trasladaron a otro local más grande. Me pilla camino del trabajo, la de veces que he comprado allí.

—Siempre que se acuerda me trae una porción de tarta de manzanas—explicó Bill a Tom—Sabe que me encanta.

Tom sonrió al escucharlo, era la primera vez que Bill le contaba algo referido a su relación, siempre era Michael quien contestaba a sus preguntas.

—Bill me ha comentado que le inviertes en bolsa—dijo Tom de repente.

—Si, me dijo una vez que tenía una cantidad ahorrada y yo le hablé de unas acciones que iban a subir como la espuma—explicó Michael—Y desde entonces me encargo de todas sus inversiones.

—A Tom le gustaría invertir una pequeña cantidad—apuntó Bill.

—Quédate con mi tarjeta—dijo Michael sacando la cartera—Llámame cuando quieras y lo estudiamos.

Tom le dio las gracias y se guardó la tarjeta. Siguieron con la cena y una vez terminada Michael les habló de un local que abría esa noche. Tom conocía el lugar y le pidió a Bill que fuera con Michael, que él llevaría su coche.

Quedaron en verse en la puerta, al parecer había lista de invitados pero Michael ya lo tenía todo arreglado.

—El dueño es uno de los mejores clientes de la empresa—les explicó a los hermanos—Me había dado unas cuantas invitaciones hará una semana.

— ¿Habrá algún famoso? —preguntó Bill, caminando de la mano de Michael como si nada.

—Seguro que sí—contestó Michael sonriendo—Aparte de diseñadores, algún que otro modelo y productor de cine.

—Seguro que puedo conseguirle algo a Clarisse—murmuró Tom colocándose mejor el chaquetón.

—Seguro que sí, creo que está el presentador de uno de los programas de más audiencia de Alemania—explicó Michael—Es amigo mío, si te pone alguna pega dile que me conoces.

Tom le dio las gracias y siguieron su camino. Dejaron atrás la larga cola y Michael se dirigió al portero. Le enseñó las invitaciones y un minuto después entraban. La música estaba algo alta, pero tomando a Bill de la cintura Michael les llevó a un reservado alejado donde allí estaba al sonido adecuado.

— ¿Queréis champán? —preguntó Michael, viendo a los hermanos asentir.

Se encargó de todo, paró a una de las camareras que estaba cerca y tras identificarse logró que les llevaran dos botellas del mejor champán de la casa junto con 3 copas.

— ¿Por qué brindamos? —preguntó Michael una vez servidos.

—Por Bill—dijo Tom al momento.

Michael asintió y brindaron por Bill, quien se sonrojó.

—Vais a perdonadme pero he visto a ese presentador que me decías—dijo Tom dirigiéndose a Michael.

—Claro, ve y no le dejes escapar—le animó Michael.

Tom así lo hizo y les dejó a solas, momento que aprovechó Bill para respirar aliviado.

— ¿Ves como está saliendo todo bien? —pregunto Michael abrazándole.

—Me siento fatal—contestó Bill—No hago más que hacerle promesas que sé que no voy a cumplir. Si, iré más a ver a mi madre pero tampoco mucho. Luego hemos quedado en reunirnos con nuestros antiguos compañeros de grupo y me sentí aliviado de que Georg estuviera de vacaciones en España y no pudiera y que Gustav no cogiera el móvil ni devolviera la llamada.

—Tienes que ir, te hará bien recordar los viejos tiempos—le animó Michael.

— ¿Tú crees? —preguntó Bill sin mucha convicción.

—Así os ponéis al día, debe hacer mucho que no os veis—comentó Michael.

—Georg se ha casado y va a tener una hija—explicó Bill sonriendo—David, nuestro antiguo productor, vive cerca de él así que también le veremos. De Gustav si que no sabemos nada, cuando se separó el grupo se metió a actor y salió en un par de capítulos de una serie que fue retirada por la baja audiencia. Y luego…ni idea, aunque tampoco es que vea mucho la tele.

—A lo mejor ha hecho algo más y no estás enterado—dijo Michael—Imagínate que es un famoso actor y tú sin saberlo.

Bill se encogió de hombros, la verdad era que le daba exactamente igual lo que le hubiera pasado a Gustav…

— ¿Pasa algo? —preguntó Michael al ver que se había puesto de repente serio.

—No lo sé—murmuró Bill—Es algo que pasó antes de separarnos, no sé si eran cosas mías pero creo que Gustav me miraba de una manera…rara. Y no me gustaba, por suerte Tom y yo nos fuimos de Alemania y siempre que nos reuníamos procuraba no quedarme con él a solas.

— ¡No os lo vais a creer! —interrumpió Tom muy excitado—He conseguido que Clarisse actúe en el programa, y no solo eso. Van a dar otro benéfico y sé que irá a ese también encantada. Cuando se lo cuente va a alucinar.

—Ya nos dirás cuando lo emiten para que mi hermano lo grabe—rió Michael.

—Y todo te lo debo a ti, muchas gracias—dijo Tom tendiendo una mano.

Michael se la estrechó encantado, acababa de ganarse más si se podía al hermano de su novio.

—Tengo que ir al baño—anunció Bill dejando su vacía copa a un lado.

— ¿Te acompaño? —preguntó Michael al momento.

—No, haz un poco de compañía a Tom—contestó Bill sonriendo.

No quería que Tom pensara que quería pasar unos minutos a solas con Michael, ya le había comentado esa tarde que no hacía falta que Michael no se quedara por la noche solo porque estaba él, que se pondría tapones en los oídos y les daría la intimidad necesaria. Pero a Bill le sería imposible hacer algo con él en la habitación de al lado, se moriría de la vergüenza.

Suspiró y siguió su camino. Por suerte no había gente y salió a los pocos minutos. Trató de regresar al reservado, pero había en esos momentos mucha gente en el local y era casi imposible andar. Le tocó dar un amplio rodeo para evitar una acalorada discusión que se había desatado.

Era imposible andar sin chocarse con la gente, empezaba a sentirse agobiado y en esos momentos echaba de menos a Michael o a Tom, que siempre le abrían camino.

— ¿Bill?

Se volvió al ver quien le llamaba, rezando para que no fuera unos de sus clientes, aunque por norma sabían que jamás debían hablarle en persona si se encontraban ya fuera en una fiesta o la calle. Podía estar con otro cliente y en esos momentos no estaba para nadie más.

Pero no, sus ruegos fueron escuchados y no era un cliente quien le llamaba, sino…

—Gustav… —murmuró Bill sin podérselo creer.

—Sabía que eras tú—dijo Gustav sonriendo ampliamente—Te vi salir del baño y…. ¡caray! no has cambiado nada.

Bill no podía decir lo mismo, Gustav estaba irreconocible. Llevaba el pelo teñido de un rubio intenso, rapado casi al cero. Vestía una camiseta de tirantes ajustada y en uno de sus musculosos brazos lucía un gran tatuaje.

— ¿Estás solo? —preguntó Gustav echándole él también un repaso de arriba abajo.

—No…no lo estoy—contestó Bill retrocediendo un paso—Ha venido a verme Tom y hemos salido con un amigo.

— ¿Tom está aquí? Solo falta Georg y estaríamos todos—rió Gustav.

—Está de vacaciones en España—explicó Bill—Ayer le llamó Tom para reunirnos los cuatro, a ti también te llamó pero no lo cogiste.

—Ya, estaba ocupado—dijo Gustav encogiéndose de hombros—Pero venga, vamos a ver a Tom.

Bill asintió y abrió camino. Gustav le pisaba los talones, podía sentirle a su espalda. No sabía si era porque había mucha gente y le empujaban, o simplemente porque le dio la gana, pero en más de una ocasión pudo sentir una mano acariciar sus nalgas…

Por suerte el reservado no estaba lejos y casi corrió hacia el.

— ¡Tom! —gritó para hacerse escuchar.

Tom se giró de inmediato, fijándose en el acompañante que Bill llevaba.

— ¡Gustav! —llamó realmente sorprendido.

—El mismo—rió Gustav.

—Pero bueno, ¿qué haces aquí? —preguntó Tom aún sin podérselo creer.

—Pues lo mismo que tú—contestó Gustav entre risas—Disfrutar de la fiesta y buscar a alguien con quien follar.

Tom arrugó la frente al escucharle, hacía años que no se comportaba tal y como su amigo había dicho. Esa época de desfase había quedado muy atrás, ahora tenía una novia a la que amaba y le dolía escuchar esas palabras, que pensara que con los años no había madurado y se siguiera comportando como un adolescente de 17 años, tal y como parecía que Gustav hacía.

— ¿Y quién es vuestro amigo? —preguntó Gustav fijándose en Michael.

—Michael Müller—se presentó el mismo Michael tendiendo una mano por educación.

No le gustaba Gustav, su comportamiento y el aspecto que tenía, y estaba claro que le pasaba lo mismo a los dos hermanos. Puede que en el pasado hubieran sido buenos amigos, pero estaba claro que si fueran otras las circunstancias no le hubieran dirigido la palabra.

—Gustav Schafer—se presentó Gustav estrechando su mano—Ex batería de Tokio Hotel, donde conocí a estos dos elementos.

—Encantado de conocerte, Gustav—dijo Michael por educación— ¿Qué te trae por Los Ángeles?

—Esta jodida fiesta—contestó Gustav entre risas—Aquí hay mucho pez gordo y yo tengo mis contactos.

—No sé donde he leído que te habías metido a actor—comentó Michael.

—Y en eso ando—dijo Gustav asintiendo con la cabeza—Nada aún importante, pero estoy trabajando duro.

—A ver si sacas tiempo para reunirnos los cuatro—intervino Tom, aunque en el fondo rezaba para que no pudiera.

—Si, algo me comentado Bill—murmuró Gustav.

—Georg se casó y está esperando una hija—explicó Tom.

— ¡Qué pringado! —rió Gustav—Con lo juerguista que era, ya se le acabó eso. Ahora se pasará toda la vida encerrado en casa cuidando de su familia. Espero que si nos vemos no se pase el tiempo hablando de biberones y pañales.

Nadie dijo nada, el comportamiento de Gustav era horrible y les estaba aguando la fiesta.

—Bueno, me tengo que ir—dijo Gustav, como si les hubiera leído la mente—Estamos en contacto.

Y se fue sin esperar respuesta alguna, sabiendo que le iban a poner fino a su espalda. Pero se la pelaba…

Continúa…

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por lyra

Escritora del Fandom

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