MPDQ 10

«Mi profesor de Química» Temporada I

& Capítulo 10 &

& Tom &

—Estoy tan impaciente, lleva mucho tiempo allí dentro — la madre de Bill caminaba de un lado a otro. El suelo corría grave peligro de ser desgastado por su caminar. Impaciente, nerviosa y algo asustada. Yo, también estaba algo tenso por su presencia, temeroso por si sabía algo de lo que su hijo sentía. De lo que sentía por mí. De lo que yo sentía por él.

— Amor todo saldrá bien — aparentemente, ese era su marido. La mirada por parte del señor hacia mí, me incomodaba aún más — Disculpe ¿Quién es usted?

— Thomas Kaulitz, mucho gusto — extendí mi mano y la cogió sorprendido — amigo y docente de su hijo.

— ¿Kaulitz? Un placer — me cogió la mano y la estrechó amablemente — Gordon Trümper.

Me senté sobre una de las banquetas de madera junto a los padres de mi alumno. Hummm… mis suegros. ¡No suena tan mal! Saqué el móvil de mi bolsillo, y lo encendí. La melodía de presentación resonó en toda la sala de espera y varias personas voltearon la mirada hacia mí. Moví los dedos impaciente, y de repente uno a uno varios mensajes de texto invadieron el buzón de entrada.

25 mensajes nuevos. Mierda. Leer. ‘cariño estoy preocupada por ti ¿dónde te has metido?’ ‘Cielo, me asustas ¿Estás bien?’ ‘Tom me asustas ¿dónde coño estas?’

Resoplé. Me apresuré en eliminar todos sus mensajes para apagar nuevamente el móvil, no vaya a ser cosa de recibir un llamado inoportuno.

Do you wanna fuck? Yes I wanna do…” — esa melodía tan familiar ¿de dónde proviene? — “I wanna put my dick in you…”

Miré la pantalla. Una llamada entrante. Sí ¿Quién más? Jessica. ¡Oh el sonido! Todos me miraban con los ojos muy abiertos. Gordon intentaba reprimir una risa, y Simone estaba petrificada. Andreas sonrió ampliamente con complicidad, me avergoncé enormemente. ¿Puedo desaparecer? Ignoré la llamada, pero casi instantáneamente, volvió a sonar. No tenía más opciones.

— ¿Qué quieres? — Hola amor ¿Cómo qué que quiero Tom? Estoy preocupada por ti ¿Dónde mierda te has… — Estoy bien, no creo que vaya esta noche a casa.

Me alejé un poco de los familiares de mi pequeño, no me agradaría que oyeran algo improvisado. Noté como Andreas iba detrás de mí, intentado oír la conversación.

— ¿Te vas de putas cierto? Por eso hace semanas que no me tocas — Me cansas cuando te pones de víctima, no me voy de putas. Estoy en el hospital — ¿¡En el hospital!? ¿En cuál? Dime cual ¡Y ya salgo para allá! — ¿Puedes parar? No estoy en el hospital por mí. Estoy aquí por Bill… por Trümper. — ¡Oh! ¿Y qué tienes que hacer tú ahí? — Compañía.

De repente se hizo un enorme silencio. Sólo podía oír su exaltada respiración del otro lado. Yo tampoco sabía muy bien qué decir. Andreas se detuvo delante de mí y cruzó una mirada apenada conmigo.

— ¿Te has vuelto compañía de maricas? — No le llames marica — Eso es lo que ese niño es — No es cierto. — ¿Qué sucede Tom? ¿Eres su abogado defensor? — ¡No le faltes el respeto! Y déjame en paz. Ya hablaremos tú y yo. Adiós y descansa esta noche.

Quería gritar, quería golpear el puño fuertemente contra la pared, quería dejarla. ¡Eso deseaba! ¡Dejarla, deshacerme de ella y su maldita presencia!

— ¿Era ella? — me senté sobre el suelo, al final del pasillo. Asentí con la cabeza, y Andreas se deslizó sentándose a mi lado — ¿La quieres?

— No — contesté con sinceridad, en medio de un suspiro — Pero no sé como terminar con ella. Es ponerme a muchas personas en contra. No es fácil.

— Sí lo es — me miró con seriedad y luego bajó la mirada — uno por amor hace tantas cosas. Sobre todo cuando es tu primer amor verdadero.

— Bill lo es para mí — admití, y un ligero calor invadió mis mejillas — Pero con Jessica lo tengo todo, con Bill no tendría nada. Y cuando digo nada es nada, ni siquiera la casa en la que vivo. Mis padres me lo quitarían todo.

— Sí tendrías algo, mucho más valioso que eso — era inevitable. Mi corazón usaba de escudo el amor, y todos los sentimientos que Bill había activado en mí. Pero mi cabeza se defendía con las comodidades y el dinero. ¿Qué era lo correcto? — El amor que mi primo puede darte vale mucho más de todo lo que tienes.

— El amor de Bill no tiene precio — sonreímos. Tal vez, gracias a mi pequeño lograría la completa independencia. Tal vez… — No voy a negarte, que apenas he comenzado esto y ya tengo ganas de vivirlo todo junto a él. Pero no quiero fallarle tampoco.

— No le fallarás — su seguridad me hizo sentir fuerte — no le fallarás, si quien te ordena a ti es tu corazón.

&

Simone ya se había devorado todas las uñas de los puros nervios, y Gordon ha ingresado y salido de la clínica unas quinientas veces para fumar. Andreas y yo recorríamos los pasillos para matar el tiempo hablando de la vida. Hasta que la puta puerta se abrió de una vez por todas.

— ¿Familiares de Bill Trümper? — llamó el médico echando un vistazo a la sala.

— ¡Sí! — Gritamos todos al mismo tiempo, poniéndonos de pie velozmente — ¿Cómo está? ¿Cómo está? ¿¡Cómo está!?

— Bajen al voz por favor — nos miramos entre todos, acusándonos con la mirada. Hasta que Simone cálidamente le pidió que hablara, y el médico asintió.

— Su niño está perfectamente señora — Y mi alma volvió a mi cuerpo, mi corazón comenzó a latir con fuerza nuevamente. — Ha respondido muy bien, y ahora sólo debemos esperar a que despierte.

— Gracias al cielo — sonrió mi suegri.

— No deberá hablar por unos días, y en lo posible que se quede en su casa — Mierda. Esa era la parte negativa de todo esto.

— Oh disculpe — me animé a preguntar — ¿Cuántos días se ausentará a la escuela?

— Entre una o dos semanas — Una verdadera mierda. ¿Cómo sobreviviría a tanto tiempo? — el tiempo que sea necesario. ¿Alguno de ustedes desea pasar a verlo?

— Nosotros— respondió Andreas de inmediato — ¿Podemos tíos?

Gordon asintió amablemente y ambos partimos hasta la habitación a la cual lo trasladaron luego de la operación.

— Pasa — me ordenó con un gesto — pasa tú a solas primero.

Sonreí. Definitivamente era el muchacho más amable que pudiera haber conocido. Le abracé a modo de gracias y entré a la habitación.

Mi pequeño dormía — aún — bajo el efecto de la anestesia. Su pecho subía y bajaba lentamente. Me senté junto a él acariciándole el rostro con suavidad, la imagen de nuestro primer beso venía a mi cabeza una y otra vez; y, simultáneamente mi corazón respondía latiendo desesperado. Busqué sus labios, presionándolos con cuidado contra los míos, sintiendo su textura y su tibieza. ¿Qué haría sin ti? ¿Qué haría si jamás hubieses estado tan cerca? Y sí, no sería feliz. No sería nadie, no tendría tanta felicidad creciendo en mi pecho.

Mis labios subieron hasta su frente, dejándole un suave y corto beso sobre su piel. Me separé de él y busqué en la pequeña mesa su libreta. La cogí y comencé a escribir:

“Lo felicito alumno, ha obtenido un sobresaliente. Luego hablaremos de lo que ha sucedido, y de lo que haré. Vendré a visitarte día por medio, cualquier cosa tienes mi móvil. Te amo con mi corazón. Tom”

La cerré dejándola en su sitio, y volví a sus labios. Arrebatándole otro beso antes de marcharme, mojé sus labios y sonreí. Si supieras todo lo que daría por ti. Confundido o no, yo te amo pequeño y eso nada podrá cambiarlo. Ni ahora, ni nunca.

&

— ¿Ya te marchas? — Simone se puso de pie al verme. Andreas ya no estaba, y Gordon dormía en uno de los largos bancos de madera.

— Sí, es muy tarde y debo levantarme en unas horas para trabajar — contesté buscando las llaves de mi vehículo en mi bolsillo.

— Te acompaño — añadió con un tono que me sorprendió. Caminamos en silencio yo inquieto, ella tensa. —¿Eres tú cierto?

— Disculpe… — titubeé — ¿A qué se refiere?

— Mi niño está enamorado — de repente, el pánico me azotó entero y me detuve — Ha escrito por todas partes una letra ‘T’ y un corazón. No deja de hablar de las benditas clases de química y su adorado profesor.

— Sí — suspiré ruborizado — es cierto.

— No le cree ilusiones — me advirtió, pero tuvo más aires de amenaza que de advertencia — Bill es un soñador, él vuela muy alto y no me gustaría que impacte sorpresivamente contra el suelo.

— Yo lo amo — me atreví a confesar — por eso estoy aquí.

— ¿Cuántos años tiene usted? — Me miró fijamente, podía sentir su mirada clavada sobre mí — Bill es un niño.

— Veinticuatro. No soy un pedófilo o un degenerado — me defendí sintiendo un nudo en mi garganta por su tono acusador.

— Oh no, no he dicho eso — llegamos al estacionamiento — Simplemente un amor como el que mi niño siente no es normal.

— No será común — interrumpí — pero eso no significa que seamos anormales. Yo a su hijo lo amo de tal forma que ni yo termino de creérmela, es impresionante lo mucho que ha penetrado en mi corazón y no deseo perderlo, ni crearle ilusiones. Sólo permítame enseñarle, educarle y demostrarle la felicidad. Eso es todo. No pido más.

— No es poco — sonrió amablemente — créame que no es poco.

— Es todo lo que tengo para darle, tal vez necesitemos de tiempo para decirlo — admití — pero como estamos, se siente muy bien.

— Eres… ¿homosexual? — Esa pregunta me descolocó. Sé que amar a Bill podría darme esa rótula, ese título. Pero claro que no lo era.

— No. Su hijo tampoco — se acercó un poco a mí — pero no me importa que mi pequeño sea un niño, un hombre. Estoy enamorado por lo que es.

— Tiene suerte — y me abrazó. Sorprendido llevé mis manos a su espalda — Sé que cuidarás de él. ¿Cierto?

— Deja a su hijo en buenas manos — sonreímos — suegrita.

Y ambos rompimos en sonoras carcajadas. Esa familia era pequeña, pero sin duda la ideal.

— Hasta pronto señora Trümper — saludé dándole marcha al motor.

— Hasta pronto profesor — respondió.

Lección del día: los padres de tu pareja no siempre son los malos de la película. A veces te das cuenta, que son personas maravillosas y que darías mucho por tener una familia así. Los Trümper serían mi nueva familia. Muy pronto.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

Un comentario en «MPDQ 10»
  1. Aaawww, ¿no les parecieron lindas las confesiones? Yo todavía suspiro. En serio este fic es un clásico dentro del fandom, así que hay que agradecer a Ignacio por haberlo escrito y terminado.
    Gracias a todos por la visita. Beshoshs y que tengan un bello día.

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