
«Mi profesor de Química» Temporada I
& Capítulo 11 &
& Bill &
Suaves sonidos llegaban hasta mis oídos, oyéndose cada vez un poco más intensos. Mis párpados pesaban de tal manera que deseaba continuar durmiendo. Me concentré en el horrible sabor que emanaba de mi boca, murmuré intentando captar atención; pero al parecer no había nadie más que yo. El dolor de mi garganta, ahora era tenue y la sensación a ardor se había esfumado. Abrí lentamente los ojos, la claridad proveniente de la ventana me cegó. Con dificultad, me reincorporé en la cama; y bostecé sintiendo mis labios sumamente secos.
Cogí la libreta que estaba a mi lado, casi por instinto y comencé a hojear las páginas. Mi corazón terminó de despertarse al reconocer la caligrafía escrita con color azul.
— Te amo con mi corazón. Tom. — suspiré con una sonrisa que abarcaba todo mi rostro — Y yo a ti. Ni te imaginas cuanto.
Abracé la libreta, como si sus brazos estuviesen rodeándome en ese mismo instante. Y entonces recordé su beso, el contacto de nuestros labios tan tibios y tan húmedos. Cerré los ojos, comenzaba a extrañarle, a desearle…
— Permiso hijo — oí de repente, y mi castillo de amor se esfumó momentáneamente— tu madre se ha ido a casa, y me pidió que hable contigo.
Cogí rápidamente la libreta, y escribí.
«Dime papá, qué sucede :D?”
— Tu madre me ha dicho que estás enamorado — de repente, el miedo se trepó por mi cuerpo. ¿Mamá me había descubierto? Cogí rápidamente el bolígrafo, pero papá habló primero — Me ha dicho que es de un hombre, que es mayor y que siempre está cerca de ti. Creo adivinar quién es.
«¿Y si lo sabes para qué me preguntas?» — Mi corazón estaba atemorizado, casi como yo. Me rasqué el cuello y leyó atentamente. Se rió sonoramente en mi propia cara, pero la seriedad le volvió automáticamente.
— Porque quiero que tú mismo me digas quién es — él lo sabía. Si mamá lo sabía, papá también. Cada vez que uno descubría algo, no tardaba nada en correr con el chisme al otro — Vamos hijo.
«Mi profesor de química» — tragó saliva. Pude notar el movimiento de su nuez, bajar y subir. Asintió y cogió una silla sentándose a mi lado, me miró sin saber muy bien qué decir. Una lágrima rodó por mi mejilla — «Ya sé que no lo aceptarán».
— Tu madre lo ha aceptado, incluso ha hablado con ese hombre — dijo tomando mi mano — pero ese no es futuro hijo. Él ya es todo un hombre, tú apenas eres un niño.
«Yo creo en la teoría de que para el amor no hay edad» — volvió a reír, qué ganas de darle un golpe en medio de la cara. ¡Qué ganas de gritarle!
— Hijo, ahora a tu edad todos son ilusiones. Creerás, afirmarás que lo amas, que eso que dices sentir es amor — comenzó a decir sin dejar de sonreír — pero luego madurarás, crecerás, te casarás, formarás tu familia y verás que sólo era simple confusión. Tú no eres gay.
«Si amar a Tom ♥ me define como homosexual…entonces lo seré con orgullo» — Jamás creí que yo podría llegar a decir algo semejante, sobre todo a mi propio padre. A Gordon ‘el correcto’. Al terminar de leer, se tomó la cabeza. Esta vez sin risas, más bien una expresión algo furiosa.
— A ver. Yo tuve un hijo varón, no una niña ¿comprendes eso? — asentí, su voz comenzaba a sonar más dura y fuerte. El tono estaba casi al borde del grito — He aceptado que no jugaras al fútbol, he aceptado que te dejaras largo el cabello, también que usaras esa clase de ropa y hasta he aceptado que uses… ¡Ese puto maquillaje hasta para dormir! Pero no permitiré que la gente me mire extraño y me diga: Allí va el padre del marica. ¡No lo permitiré!
«Te importa más la forma de pensar de los demás, que la de tu propio hijo» — Ahora no era una lágrima la que humedecía mi mejilla, sino varias que recorrían mi tibio rostro.
— Sí — aceptó, con una seguridad que me rompió el corazón — esta vez sí. Porque he comenzado a creer que no he educado a mi hijo como corresponde, que jamás asistiré a su deseada boda con su princesa… ¡Que jamás me dará un puto nieto! Me has decepcionado.
Tras decir esto, se puso de pie y salió dejándome con la palabra en la boca. Bueno en realidad, con la palabra en el papel.
¿Dónde estás Tom? Te necesito aquí conmigo.
Los días de mi rehabilitación, transcurrían mucho más lento de lo que podía imaginar. Fueron diez días en el hospital en total y cinco más en casa. Para resumirlo fue algo así.
Día uno: La comida apestaba. El puré o sopa — porque de lo líquido que estaba era vomitivo— era un verdadero asco. Andreas, me había contado la conversación con mi Tom sin perder detalle y yo no dejaba de sonreír todo el tiempo extrañándole aún más. Papá, no mencionó más nada sobre mi relación o sobre lo que sentíamos el profesor y yo, su sonrisa natural se pintó en su rostro borrando toda huella de enojo, casi como si nada hubiese ocurrido. Mamá, en cambio, no dejaba de repetir que le caía muy simpático, que era precioso y sólo lograba que me ruborizara aún más.
Día dos: Había despertado muy temprano, sabría que era día de visita de Tom. La libreta estaba garabateada por doquier con su nombre, y cada vez que lo mencionaba era inevitable cerrar los ojos y recordar lo grandioso que fue sentir sus labios moviéndose sobre los míos, había logrado que mi estómago sintiera cosquillas y mi corazón galopara con velocidad. Cuando llegó, se lanzó sonriente a mis labios y yo, nuevamente, me sentí en el cielo. Hablamos largamente, y mencionó algo sobre problemas con Jessica, pero ante mi incomodidad abandonó el tema y no dejó de besarme ni siquiera por ir en busca de aire. Antes de marcharse le escribí: “Es increíble cómo ha cambiado mi vida desde que te he conocido, no exagero si te digo que te amo más que a cualquier otra cosa en este mundo.”
Día tres: Para este entonces, el dolor prácticamente era una simple molestia. Estaba completamente seguro, que si en ese momento emitía palabra alguna no sería la gran cosa. El médico ahora me caía más simpático, debido a que no me tocaba los huevos varias veces al día. La tarde de aquel día, muchos regalos llegaron hasta mi habitación. Ropas, colgantes, flores. Recuerdo que regresaba a la cama, luego de un largo y agotador viaje hasta el baño cuando la enfermera me dijo—: Ha llegado este enorme obsequio para ti. Una enorme caja, cubierta por un papel brilloso y color azul atado con cintas rojas y un enorme moño en la tapa. Sonreí al leer la etiqueta: “Con amor, para mi alumno preferido”. Lo abrí emocionado y mordí mi labio inferior.
Un enorme perro de peluche color blanco, peludo y con ojos café. Tenía su perfume…
Día cuatro: Esa mañana me despertó la visita de Tom. Tras agradecerle el regalo, y llenarle el rostro de besos me dio una mala noticia. Él, muy amablemente, se había encargado de recoger las tareas en las que me estaba atrasando de cada área del colegio. Fingí un puchero, pero fue imposible no corresponderle cuando acercó su rostro al mío buscando mis labios, otra vez…
Día cinco: Ya estaba como nuevo físicamente, pero continuaba sin poder hablar. Andreas confesó que sentía atracción por otra de las muchachas de la clase, y que no iba a parar hasta tirársela porque creía que los anónimos que recibía eran de ella. ¿Me pregunto quién le mandaría anónimos de propuestas sexuales a un chico en la escuela?
Día seis: Tom jamás llegó ese día. Estuve preocupado, así que apenas llegó mi madre le pedí mi móvil y le envié un mensaje. ¿Estás bien mi amor?” Un largo rato más tarde me contestó: Sí, he discutido con Jessica y se me ha roto el auto.
No supe que contestar, y una pequeña luz de tristeza se encendió en mi interior, gracias al miedo que se deslizaba por mi sistema.
Días siguientes: Lo cierto es que jamás volví a ver a Tom. Ni en el hospital, ni cuando me trasladaron a casa. Mañana es hora de volver a la escuela y sólo espero que no se haya arrepentido de lo que ha sucedido entre nosotros.
— Bill, cariño ¿Estás bien? — Preguntó mamá del otro lado de la puerta. Al fin en mi habitación, al fin en mi cama — Junto a tu velador están las pastillas y el vaso de agua que debes tomar por precaución antes de dormir.
— Lo sé mamá — respondí con un suspiro — que descanses.
— Hasta mañana cielo — agregó y sentí como sus pasos desaparecían por el pasillo. Me metí en la cama, y me cubrí hasta el pecho. Mis pensamientos vagaron una vez más a las palabras de mi padre días atrás. Al cerrar los ojos sentí como las plantas de mi ventana crujían. Un gato quizás…
— ¡Pero me cago…! — ¡Un ladrón! Pegué un bote en la cama apagando las luces, cuando noté una cabeza llena de trenzas intentar espiar.
— ¿Tom? — me acerqué y abrí las ventanas. — ¡Hey! ¿Qué haces tú trepando en mi casa? ¡¿Estás loco?! ¡Podrías matarte!
— Veo que ha regresado el potencial de tu voz — dijo con esfuerzo — Bill demonios ayúdame a subir.
Le cogí de una mano, con las dos mías y comencé a jalar con fuerza, hasta que ambos caímos en el interior de mi habitación, él sobre mí contra el suelo.
— Te he extrañado — suspiré respirando con dificultad, y cruzamos una mirada — mucho.
— Y yo a ti. Casi me da un infarto, no lograba adivinar qué ventana daba a tu cuarto así que me trepé al azar a la del costado ¿Y adivina qué? Tu padre estaba metido en la cama, casi me da un infarto — reímos suavemente. Pero ninguno de los dos se movió un milímetro — Voy a dejarla.
— ¿A Jessica? — Asintió con la cabeza comenzando a acariciarme el rostro — ¿Por mí?
— Por supuesto, quiero estar contigo — susurró contra mis labios y sonreí con los ojos cerrados — siento que es injusto convivir con una persona, amando a otra.
— Mientras no le mires, no le beses, no le toques — hundí mi rostro en su cuello, aspirando ese delicioso perfume — mientras no le digas que le amas, yo seré feliz contigo.
— No podría hacerlo, teniéndote a ti en mi mente todo el tiempo — estaba derritiéndome. Tom se reacomodó sobre mi cuerpo, sobre mí — ¿Qué estabas haciendo?
— Me acaba de meter a la cama — gruñí — pero en realidad, no podía conciliar el sueño. He pensado que en parte nuestro amor es prohibido.
— Sí…yo también he estado pensando sobre eso — su respiración me estaba enloqueciendo — Y creo que lo prohibido es tentador. Y tú eres…
— Soy un niño enamorado de su profesor — susurré mientras me retiraba el cabello del rostro, y yo le acariciaba el pecho por sobre su camiseta — Ahora dime. ¿A qué has venido?
— A amarte — y me besó con tanta intensidad, que creí que iba a devorarme…Y no me equivocaba. En ese momento, mil sensaciones comenzaron a activarse, una fuerte oleada de calor me invadió y sólo fui capaz de estremecerme completamente debajo de su cuerpo, abrazándolo con fuerza. Estaba sofocándome… lección del día: El amor y el deseo pueden caminar juntos, pero cuando lo hagan no te resistas porque de ese modo nace la pasión.
Continúa…
En esta parte acontecen cosas increíbles y bellísimas, así que no pierdan más tiempo y corran a leer. Y no olviden comentar al final. Beshoshs