
«Mi profesor de Química» Temporada I
& Capítulo 13 &
& Bill &
— Entonces lo hablaremos en casa — fue todo lo que dijo Jessica antes de dejarnos solos nuevamente, luego de azotar violentamente la puerta y soltar entre dientes algo de ‘Jodido marica’. Pero la realidad, es que han pasado unos días y Tom no me ha dicho que han terminado, no la ha mencionado a ella. En el fondo no me preocupa, él se escapa cada noche hasta mi ventana claro que ahora con más cautela. En clases, nos echamos una que otra mirada y en los horarios extras en los que me ayuda con matemáticas — sí, aún sí porque soy muy bruto — nos matamos a besos dejando las ecuaciones para después.
La noche anterior, me sentía dispuesto a decirle que dejaría que él mismo me quitara la vergüenza, que me hiciera suyo, que no dejara de besarme y tocarme porque quería y deseaba que me hiciera el amor pero no tuve el valor, no con mis padres a escasos metros.
Ahora estoy en otra de mis clases favoritas, la clase de arte. En estos días, el tiempo ha estado fatal, vientos y lluvia pero nada grave, al menos por ahora. Y en las noches con Tom, mirábamos la lluvia caer y dar contra los cristales, abrazados sin dejar de decirnos lo que uno siente por el otro.
Unté con el pincel, un poco más de azul y coloreé imperfectamente un cielo en mi pizarra. La música que la profesora nos colocaba para relajarnos me lo recordaba a él, romántica y lenta al mismo tiempo; me bastaba con cerrar los ojos para verlo en mi mente besándome cada centímetro consiguiendo que me estremeciera hasta en la realidad.
— Permiso — reconocí automáticamente esa voz y miré por encima de mi pizarra — Disculpa que interrumpa tu clase, pero ¿podrías entregarles estos exámenes? Los quiero mañana firmados.
— Sí profesor — dijeron todos en tono cansado al mismo tiempo. Me quedé arrobado mirándole. Tom buscó algo entre los exámenes y se giró buscando algo en toda el aula. Al verme sonrió ampliamente y caminó rápidamente hasta situarse a mi lado. Sentí mis mejillas arder cuando depositó su mano sobre mi cabeza y acarició mis cabellos, como el primer día.
— Escúcheme Trümper — comenzó a decirme en voz baja — Revise los errores, son insignificantes.
— Errores tontos de un tonto distraído — suspiré con el corazón acelerado — trataré de que no vuelva a suceder.
— Eso espero, cualquiera diría que usted anda en amores — sonrió, mordí mi labio inferior y el calor se acumuló en mi rostro — Lo veo luego señor Trümper.
Asentí y fue imposible no mirarlo con atención al retirarse. ¡Ay Tom, me vuelves loco!
La sonrisa que tenía pintada, era imposible de borrar. Continué pintando mi paisaje ignorando a mi alrededor hasta que una esponja rebotó contra mi pintura… arruinándola. Una mancha color negro en el medio de mi cielo, tanto esfuerzo para nada. Miré uno a uno a mis compañeros, buscando al idiota que lo había causado pero todos parecían muy concentrados en su tarea. Resoplé intentando arreglar con un poco de azul claro ese desastre, pero otra esponja —esta vez naranja— rebotó causando una mancha paralela.
— Eh, aquí — oí a mis espaldas. Me giré furioso ¿Y con qué me encontré? Con la sonrisa maliciosa de Mateo. ¿Y éste? Me hablaba cuando quería — ¿Cómo has estado?
— ¿Eres o te lo haces? — sonreí. No había sido él, su pintura era de grises — ¿Por qué no me hablaste antes?
Se acercó hasta mí con su banqueta mirando mi pintura. La profesora anunció que nos quedáramos tranquilos unos minutos y pronto regresaría. Miré a Mateo. Es cierto, llevábamos mucho tiempo sin hablar y jamás he comprendido el porqué.
— Me he alejado para no herirme — me quedé de piedra, y no quise saber más. De todos modos, no íbamos a conversar más, esta vez una paleta llena de acuarelas impactó contra mi espalda.
— ¡Eh, gilipollas maricón! — Intenté ver los colores en mi camisa. Genial, mamá me mataba — ¡Aquí imbécil!
— ¿¡Qué quieres Yuki!? — gritó Mateo y toda la clase se paralizó — ¿¡Qué mierda buscas tú fastidiando a Bill!?
— Oh miren muchachos — rió el japonés, a las carcajadas con sus amigos — ¡Se ha formado una pareja!
Me quedé de a cuadros. ¿Una qué? ¿Mateo y quién? ¿Yo? No, gracias.
— No digas estupideces — me atreví a decir — ¿Qué quieres? ¿Pelea?
Tomé el bote de pintura amarilla, me acerqué hasta él sonriendo y se lo lancé sobre la cabeza. El acrílico viajó por su cabello hasta llegar a su cuello. Mateo y yo comenzamos a descojonarnos de la risa.
— Ahora eres un auténtico chino — sonreí ampliamente pero de repente un empujón de su parte me arrojó contra la pared. Mi espalda se impactó con fuerza y me quejé. Abrí los ojos adolorido y lo vi sobre mí, entre mis piernas. Me tomó de las muñecas y acercó extremadamente su rostro al mío.
— No te pases preciosura — susurró con un tono que no supe descifrar — ¡No me toques los huevos!
— ¡Tú me los tocaste primero! — y con mis pocas fuerzas, encogí mis piernas y le pateé quitándomelo de encima.
— Pelea, pelea, pelea — comenzaron a corear todos al mismo tiempo. Mateo tomó a Yuki de los brazos y por detrás asintiéndome. Cogí otro bote de pintura, y le desabroché el cinturón.
— Mira lo que te hace el marica — susurré, y el contenido violeta se deslizó por su entrepierna. Se removió intentando soltarse mientras la clase se burlaba de él. ¡Vamos Bill! ¡A ti te respetan!
— ¿¡Qué se supone que es este desastre!? — gritó la profesora. Bill estás en el puto horno. Mateo automáticamente soltó al chino amarillo y yo dejé caer el bote al suelo — Trümper y Dos Santos ¡Ya! ¡Ahora! ¡En este instante a la dirección!
— Pero si Yuki fue quien… — comencé a decir pero ella me calló. Claro y el grandísimo imbécil quedaba como el corderito maltratado.
— ¿¡Qué!? ¿Toda la noche? — cuestioné cruzándome de brazos — ¡Eso es injusto! Ni que hubiese matado a alguien…
— Toda la noche Trümper — rió con ternura David, el director — Mateo limpiarás el gimnasio, cuando acabes cierras con llave y le entregas las llaves a Doris. Tú pasarás toda la noche limpiando la biblioteca, libro por libro. Lamentablemente, Marie la bibliotecaria a las siete de la tarde se marcha así que tendrás que atender a quienes deseen leer o simplemente quedarse allí.
— ¿Se supone que debo dormir ahí? — solo, solito. En la oscuridad. ¡Arg me cago en la puta! — ¿Solo?
— Sí. Con los libros — sonrió, y me quejé. Genial una noche lejos de mi Tom, todo por el puto chino y encima con lluvia. — Bueno, no olviden avisarle a sus padres.
— Gracias — añadí con ironía al salir. Caminé por el pasillo rumbo al baño, a quitarme la pintura del rostro y los brazos cuando sentí pasos corriendo detrás de mí — Mateo, será mejor que me dejes solo. Estoy realmente cabreado.
— Lo siento Bill — rió — no buscaba esto, yo pensé que nos castigarían juntos.
— Da igual, me han castigado con o sin ti — me quejé, sentí un tirón en el brazo. Me acercó a él y me quedé estático. ¿Qué se creía que hacía? — ¿Q-qué…que haces?
— ¿No lo ves? ¿No ves que estoy loco por ti? ¿No ves que he armado todo este circo con Yuki para que nos castiguen juntos? — ¿eh? Tragué saliva atemorizado — ¿No lo ves? No te he hablado porque mi corazón se rompía cada vez que estaba cerca de ti.
Intenté alejarme de él, y vi a Tom parado contra una columna, con su taza de café en las manos mirando con atención la situación. Mis ojos comenzaron a acumular lágrimas, espero… ¡Ruego! Que no piense algo que no es.
— Te amo Bill — me susurró buscando mis labios, pero lo alejé de un empujón.
— ¿¡Qué crees que haces!? — comencé a desesperarme. Genial, Tom se había ido. — Déjame solo. Por favor.
— No quiero perder tu amistad…— el mismo cuento de siempre. Cerré los puños con fuerza — Bill…
— ¡Déjame solo! ¡Lárgate! — agachó la cabeza y negó débilmente — No quiero herirte, pero mi corazón tiene dueño, y no está en mis planes herirle, serle infiel ni nada de esas cosas. Lo siento.
& Tom &
Ya me lo veía venir. Siempre supe que la forma en la que miraba a mi niño era particular. Regresé hasta donde Bill estaba, mi pequeño no era capaz de jugarme sucio hasta que claramente oí: — mi corazón tiene dueño, y no está en mis planes herirle, serle infiel ni nada de esas cosas. Lo siento.
Vi pasar al muchacho ese algo derrotado con lágrimas corriendo por sus mejillas, y rápidamente me acerqué hasta Bill. Era imposible no sentirme furioso, desatado. ¿Celos? Pues de ser así, puedo asegurar que jamás he sentido nada semejante. Es como si quisiera tomarlo entre mis brazos y gritarle a todos que me pertenece, que es mío y de nadie más.
— Tom — suspiró con lágrimas en los ojos — no es lo que tú crees.
— Ya lo sé, lo he oído todo — murmuré mirando a mi alrededor — sígueme.
Caminábamos en silencio, él me miraba atemorizado de vez en cuando, con una expresión triste.
— ¿Baño de profesores? — cuestionó apenas cerré la puerta y eché el cerrojo — Tom… no, aquí… me da miedo estar aquí.
— Cállate — y le arrinconé contra el lavabo apoderándome de sus labios — No sabes, lo feliz que me ha hecho escuchar eso de ti.
Sonrió y me desesperé. Presioné su cuerpo con el mío, sujetándole de la cintura mientras nuestros labios se fundían en un húmedo y apasionado beso. Abrí los ojos levemente, y vi sus mejillas rosadas y sus ojos cerrados. Un ángel. Me separé abruptamente con la respiración entre cortada.
— ¿Qué te pasó? — señalé las manchas de pintura que llevaba por todo su cuerpo — pareces en un arco iris.
— Eh, no te burles — sonrió aún con sus manos en mis hombros — se ha armado una pelea, y me han castigado por eso. Tengo que pasar la noche en la biblioteca limpiando los putos libros.
— Oh que pena… — suspiré— Bueno, iré un poco más tarde a tu casa.
— Tengo que dormir aquí — su carita de pena me hizo estremecer — pasaré la noche sin tu calor. Es una verdadera mierda.
— Una porquería — asentí. Pero claro que no pasaría la noche solo. — ¿Sin compañía alguna?
— Sin nadie — perfecto. Daba igual si era el lugar, pero sin duda este era el momento para demostrarle cuanto le amaba. Por fin, estaríamos completamente solos.
Lección del día: Vive el segundo, aprovecha cada momento cuando menos lo esperas alcanzas el cielo y puedes ser feliz.
Continúa…