
«Mi profesor de Química» Temporada I
& Capítulo 16 &
& Tom &
El canto de los pajarillos por la mañana consiguió despertarme, era el modo de despertar más maravilloso que he conocido.
Sentí un débil peso sobre mi pecho y parte de mi brazo adormecido, apenas mi mente se reactivó. Abrí los ojos y vi a Bill relamiéndose los labios entre sueños. Acaricié su rostro, delineándolo con un dedo paseándome desde su frente a sus labios. Luego de hacer el amor por segunda vez, nos acostamos sobre el sofá cubriendo nuestros cuerpos desnudos con una manta vieja que estaba junto al hogar. Estiré un poco mi brazo, y cogí mi móvil que vibraba insistentemente en la pequeña mesa de madera. Le abrí la tapa: Tienes 3 mensajes nuevos.
«Otra noche que no vienes, un día me dará algo» «No he dormido nada Tom, espero verte en la preparatoria hoy» «¿¡Con quién demonios estas que no me respondes!?”. Jessica. Observé la hora: 5.30 am. Teníamos una hora y media.
Tengo que dejarla, mierda. Algo me detiene a hacerlo. No sé el qué, pero debo hacerlo, no quiero dejar pasar el tiempo y cuando reaccioné sea demasiado tarde. No quiero perder a Bill. Si lo pierdo, muero.
— Hm. — gruñó mi pequeño alejándome de esos malos pensamientos — Ughs.
Se removió ocultando su rostro en mi cuello, rodeándome el pecho con su delgado brazo y entrelazando una de sus piernas entre las mías. No Bill, no hagas eso aún es temprano.
— ¿Tom? — su voz sonó grave, diferente a su tono de siempre. Hasta me resultó seductor — ¿Quién era?
— La alarma — mentí. Después de tan mágico momento, mencionar el nombre de esa mujer sería como pinchar el globo feliz. Acaricié su espalda desnuda y dejé descansar mi mentón sobre su cabeza. — ¿Cómo te sientes?
— En las nubes, en un sueño — mi corazón comenzó a latir con más fuerza ante su respuesta — ¿Es real cierto? ¿Eres tú, soy yo? ¿Estamos aquí amaneciendo juntos?
— Es real — sonreí, una perfecta realidad que deseaba que jamás terminase — Es real que anoche hicimos el amor, es real que te he repetido hasta el cansancio que te amo.
— Eres un héroe — dijo de repente y reí ante la ocurrencia — Me has alimentado, me has dado calor, me has protegido… bueno nunca vi a un héroe que acabe abusando de la persona que rescata.
— No he abusado — nos miramos. Qué bello era cuando apenas despertaba, tomé su mano y entrelacé fuertemente nuestros dedos — ¿Sabes? Ha sido mi primera vez.
— No bromees — me interrumpió frunciendo el ceño. Nos sentamos rápidamente, y me contuve de no reírme al notar como sus cabellos estaban hechos un desastre — Realmente, ha sido mi primera Tom. No juego con eso.
— Pequeño, me has mal interpretado — besé su cuello suavemente — Ha sido mi primera vez, la primera que he sentido muchas cosas al mismo tiempo. Muchos sentimientos, y es gracias a ti.
— Oh… — suspiró sonrojándose un poco — Te amo, ¿lo sabes?
— Me gusta que lo repitas. Y me agrada tu cabello así. — le abracé con fuerza y una brillante idea comenzó a dar vueltas por mi cabeza. Hoy no daba clases, no. Hoy no. Era mi día libre. — Pequeño. ¿Qué quieres hacer hoy?
&
— Quiero llegar pronto — Bill había repetido esa frase unas trescientas veces durante el camino. El reloj de la radio de mi vehículo, marcaba las siete y media de la mañana. Los primeros rayos de sol, se dejaban ver e impactaban contra los cristales cegándome — ¡No cierres los ojos Tom, vamos a matarnos!
— Mi amor, no hay nadie en la carretera — Un silencio fúnebre se formó entre los dos y claramente oí como respiraba en un intento de no llorar — ¿Bill? ¿Amor? ¿Qué te sucede?
— Nada, una tontería — respondió rápidamente, borrando rastro de una lágrima traicionera que escapó de sus ojos. Al llegar a un semáforo, disminuí la velocidad y me detuve. Le miré fijamente, rogándole con la mirada que me dijera el motivo de su repentino cambio — Sigamos, déjalo así.
— Bill… — insistí. Le tomé del mentón y noté como sus ojos vidriosos me miraban avergonzados. Uní nuestros labios y cuando quise darme cuenta el beso tomaba otro ritmo, más apasionado. Me separé suavemente, una mano sujetaba el volante y la otra su rostro — Dime.
— Nada, es sólo que se siente muy bien cuando me llamas ‘amor’ — me quedé de a cuadros y comencé a reír — ¡No te rías! ¿Qué? ¡Es la verdad!
— Te comería si pudiera — añadí sonriente — Juro que te comería, pero la luz está por cambiar.
— No te animas — desafió, y comencé a besarle con fuerza, con saña mordiendo sus labios. Gimió dentro del beso, y una bocina nos obligó a separarnos por aire.
— ¡Eh! ¡Muévete marica! — gritó un tío, sacando la cabeza por la ventanilla con el ceño fruncido observándonos atentamente. Resoplé y cogí el volante.
— ¡Marica tu padre, imbécil! — le gritó Bill, y comenzamos a descojonarnos de la risa.
— ¡Y tu tío, gordo idiota! — agregué yo mientras seguíamos al vehículo por la carretera.
— ¡Y tu perro, y tu hijo, y tu vecino! — No podía parar de reír — ¡Y el tío con el que conduces, tu abuelo y tú mismo!
— Ya… — reí, bajando del todo las ventanillas. Necesitaba aire. — ya basta Bill.
— Ya — repitió respirando agitado, abrochándose el cinturón de seguridad — Oye Tom, tengo una duda.
— Diga pequeño — casi llegábamos a destino.
— ¿Ha estado bien, cierto? — Le miré entrecerrando los ojos — ¿Cómo grito?
— Depende a qué te refieres — me miró sin comprender — Si a lo que acaba de suceder, o lo que ha sucedido anoche. Luego de la operación, tienes un gran potencial. Oh, sí. ¡Cómo gritas!
— Eres un idiota — y nuevamente rompimos a reír. ¡Pequeño, me traes loco! Esto, sí esto es felicidad.
& Bill &
Tengo la suerte de tener dos padres trabajadores. Ahora la casa está sola y dispuesta para nosotros dos. Andreas no regresaría hasta el mediodía, mamá probablemente llegara temprano, pero al menos Gordon no nos pillaría desprevenidos.
— Por la puta… — no podía parar de llorar — ¿Sabes por qué ha pasado eso? Él no la ha dejado tiempo a su esposa para estar con el chico. En cambio el muchacho de azul le esperaba siempre.
— Sí…— suspiró — por eso lo ha perdido para siempre. Es un jodido, un verdadero gilipollas.
— Oh, joder — me abracé contra él mientras los créditos de la película comenzaban a pasarse — Abrázame.
— Pequeño — su mano se depositó sobre mi cabeza y correspondió el abrazo — No llores, se me rompe el corazón cuando lloras.
— ¿Tú no me harás eso, verdad? — Sollocé contra su pecho — ¿Dejarás a Jessica a tiempo, cierto?
— No te preocupes, no pienses en eso ahora. Sólo importamos tú y yo — comenzó a darme masajes en los hombros y cerré los ojos — ¿Por qué no tomas una ducha? Te relajas… te arreglas, y continuamos nuestro día juntos.
— Sólo si te duchas conmigo — busqué sus labios, desesperado, y nos pusimos de pie sin romper el beso — El baño, es la segunda puerta del pasillo. Prepara todo, iré a mi habitación por ropa limpia para mí.
— De acuerdo — asintió — Pequeño… ¿Caliente o fría?
— Caliente — respondí con picardía y sonrió, mojando con su lengua ese adorno metálico que me enloquecía.
&
— ¿Almendras, rosas? ¿Será de la madre? — oí antes de ingresar al baño. O lo que quedaba de él — ¿Pequeño?
— Tom has hecho de mi baño un… ¡Sauna! Casi no se respira, ni te veo de tanto vapor. ¿Qué has hecho? — Dejé las cosas sobre el lavabo y me acerqué hasta él.
— Me has dicho caliente — sonreí. Tom eres un loco. — Dijimos ducha, pero al ver que tenías bañera no pude resistirme. Oye… ¿Estas sales son de tu madre?
— Sí, úsalas. — desprendí la hebilla de mi cinturón. Comenzaba a sudar de tal sofocante calor — No creo que mamá note que le falta un poco.
— Un poco bastante — se acercó a mí deshaciéndose cuidadosamente de mi camiseta — se me ha caído un botellón y se ha vaciado.
— Me importan un comino las sales ahora — Nuestros besos emitían un sonido particular. Entre cómico y sensual. Le sujeté del rostro, mientras sus manos me deslizaban hacia abajo los pantalones, arrastrando consigo la ropa interior, así desnudándome por completo. Caminé hasta la bañera y con mi pie probé la temperatura del agua. Jodidamente perfecta. Metí todo mi cuerpo, intentando ocultar parte de mi desnudez con la espuma. Su boxer se perdió por allí mientras ingresaba frente a mí. Apoyó su cabeza sobre el borde, y sus preciosas trenzas colgaron un poco. Sus fuertes brazos se sumergieron en el agua y sus piernas se rozaban juguetonamente todo el tiempo con las mías, provocándose.
— ¿Te importa si hago ‘algo’ mientras te relajas? — le pregunté tímidamente y asintió en un gruñido. Me arrodillé y casi rompo mi cabeza pero me sostuve rápidamente. Le di la espalda, y me senté sobre sus piernas, acariciando su miembro, que crecía en mis manos. De repente sentí un dedo intruso comenzar a penetrarme, y no me pude contener. — ¡Ah! Sí, sí.
— No hay nadie en tu casa — susurró y mi espalda se arqueó al sentir la zona en la que estaba tocándome — puedes gritar.
Mordí mi labio inferior, y sin pedir permiso me senté sobre su miembro ya erecto sorprendiéndole. Me quedé estático, soportando ese desgarrador, caliente y fulminante dolor. Me fui recostando lentamente sobre su pecho, y sus brazos se pasearon por mi cuerpo hasta dar con mi miembro.
— Me he obsesionado — susurró en mi oído — Hacer el amor contigo, es lo más precioso que pude experimentar en mi vida.
— Soy tuyo, lo sabes — cerré los ojos y sonreí. Me quedaría por siempre así.
&
— Somos la pareja perfecta — dijo Tom mientras almorzábamos — ¿Te has dado cuenta? En tan pocas horas, hemos desayunado, bañado e incluso hecho el amor, visto una película, conversado, ordenado el baño, matado a besos, preparado la tarta.
— ¿Crees que somos la pareja perfecta? — Siempre me dejaba sin palabras, y mi corazón se aceleraba, mi cuerpo se inundaba de calor y mi cabeza no sabía qué decir.
— Claro que sí, somos la pareja perfecta — asintió. Sonreímos y continuamos comiendo, hasta que pegó un bote sobre la mesa y casi me da algo del susto — Lo siento pequeño, el móvil me vibra en el culo.
— ¿Guardas el móvil en el culo? — reí a carcajadas. Qué feliz me haces Tom.
— En el bolsillo del culo, sí. ¿Hola? — Su sonrisa se borró automáticamente, y la mía también. Así funcionábamos Tom y yo con las emociones del otro. — Con Bill…con Trümper, hemos pasado la noche juntos. Siiiii, mi alumno ¿conoces otro?
— ¿Quién es? — susurré atemorizado, ¿quién mierda quería saber de nosotros?
— Jessica — contestó, y mi mundo se dio vuelta bruscamente — ¡¿Qué parte de hemos pasado la noche juntos no entiendes?! ¿¡Necesitas orejas nuevas, cerebro nuevo o qué!? Joder…
Lección del día: No interrumpas a un hombre enamorado en su burbuja de amor, porque si se rompe sus reacciones no serán muy agradables.
Continúa…