
«Mi profesor de Química» Temporada I
& Capítulo 18 &
& Bill &
— Me esperaba que este niño fuese un marica, ¿pero tú Tom? — cerró la puerta y al darme cuenta que comenzaba a incomodarme, busqué mi ropa. Ella tenía sus ojos oscuros puestos en mí, y yo no me atrevía a mirarle ni muchos menos a formar parte de la discusión. Tal vez, sí todavía era un niño. Tal vez, me faltaba experiencia.
— Eres homosexual — afirmó, y su mirada viajó hasta el rostro de Tom, desafiándole, provocándole sin perder sensualidad — Hubiese sido menos doloroso, que los cuernos me los pusieras con una mujer. En realidad, menos decepcionante. Para mí y para tu orgullo de macho ¿No crees?
— No soy homosexual — cogí mi mochila y calcé mis zapatos rápidamente. ¡Qué situación tan incómoda! Me pregunto si la incomodidad se debe a que sea mi profesora de Literatura o la ex pareja de mi novio. Ambas tal vez.
— Bien — susurró ella sonriendo sarcásticamente — no eres homosexual, pero te gusta darle por el culo a un hombre.
— ¡No seas grosera! — Tom comenzaba a exaltarse, podía notar como los nervios se trepaban a su cuerpo y cerraba los puños con fuerza — Eso no me hace homosexual.
— Ah ¿No? — Rió y se acercó hasta mí — Mira Tom. El acto que tú estas cometiendo con este niño es homosexual. Es un tío ¿De acuerdo? Si les gusta darse por culo es porque… son mariconas. ¿Y eso qué quiere decir? Que yo iba a casarme con un…intento de hombre.
— No te equivoques — interrumpí calmadamente. No quería elevar el tono ni echar más leña al fuego. No estaba en mis planes terminar de los pelos con la zorra. — Que un hombre se enamore de otro, no le hace menos hombre que un aquel que se enamora de una mujer. La orientación sexual no tiene nada que ver. Puede ser que existan hombres masculinos, y otros un tanto más delicados —como mi caso y el de Tom— pero eso no quiere decir que no sean hombres. Lo son, porque así como se acuestan con un tío como tú dices, tienen el valor de afrontarlo. Y eso, es un verdadero hombre.
— Los maricones siempre terminan siendo violadores, enfermos y… pedófilos — me interrumpió haciendo énfasis en ese último término. Y yo, ante el silencio de Tom volví a defenderle.
— Te equivocas. ¿Violadores? ¿Cuántos heterosexuales abusan de mujeres, de niñas? Sin motivo alguno, más que la búsqueda del placer propio. ¿Enfermos? ¿Cuántos heterosexuales se pescan el sida por acostarse con prostitutas? Y el caso del pedófilo, debes analizarlo. Existen vínculos de un adulto y un menor en el que realmente hay amor, y de no ser así, los homosexuales no son los únicos. — Tom me miró con atención, y suspiré — Infórmate, ¿quieres?
— Tienes razón, me he equivocado — Jessica se acercó aún más a mí — ¿Tom cuántos hombres te gustan o te atraen?
— Bill — contestó automáticamente y sonreí ampliamente, ante su respuesta — Sólo él. Nadie más.
— Entonces eres heterosexual, he fallado — fruncí el ceño. Y tomó entre sus femeninas manos mi cabello, aspirando su perfume — Este niño no es más que una mujercita.
Me quedé de a cuadros. ¿¡Qué me estaba diciendo!? Me alejé con la boca abierta, esperando a que Tom me defendiera, la pusiera en su lugar como yo estaba haciéndolo. Pero se quedó en silencio. Y no lo hizo…
— La apariencia de Bill te confunde, ¿cierto? — le miré con los ojos llenos de lágrimas. Y asintió. Asintió… Él también, él también, ¡Él también!
Caminé rápidamente hasta la puerta y lo fulminé con la mirada antes de salir.
— No…Bill, espera — negó rápidamente pero no le di tiempo. El portazo resonó con fuerza y yo eché correr calle abajo sin rumbo. ¡Arg, idiota te odio! Y a ella… no puedo con ella.
— ¡Tú! ¡Preciosura! — Me quedé de pie, abriendo los ojos. Había echado a correr con fuerza y ahora notaba que estaba perdido. Miré a mi alrededor con el corazón latiendo desesperadamente — Sí a ti nenaza.
— ¿Eh? — Me giré y noté la oscuridad de las calles donde estaba — ¿Qué quiere?
— A ti — mierda…un borracho.
& Tom &
— ¿Qué has hecho? ¿Qué me has hecho decir? ¿¡Qué has dicho!? — grité desesperado, cayendo en la cuenta de que había ofendido a mi pequeño, que él interpretó mal lo que quise decir. Un gran imbécil, cero puntos para Thomas. — ¡Le he herido por tu culpa! ¡Me cago en la puta! ¿A qué has venido, ah? ¡A joderme la existencia!
— A pedirte que regresemos — lloriqueó — No puedo vivir sin ti Tom. No sabes lo difíciles que se me han hecho los días sin tu calor, sin tu cuerpo. No vienes a la casa, casi ni te veo. Te extraño.
— Pues yo a ti no — suspiré. Pequeño pequeño…nunca peleamos, jamás ¿por qué ahora? Busqué con la mirada las llaves de mi vehículo, tenía que buscarle — No, me siento una basura…Mierda, ¿Qué he dicho? Lárgate.
— ¿Qué? — sonrió. No lo repetiría, mi paciencia se estaba yendo al demonio — Amor, aún no he encontrado un lugar dónde vivir, yo…cielo no me dejes.
— ¿No entiendes que ya te he dejado? ¿No comprendes que no quiero verte? ¿No te das cuenta que no siento nada por ti? ¿No notas, que no me atraes? ¿Qué jamás te he amado? ¡Reacciona Jessica, no quiero nada contigo! ¡Acéptalo de una puta vez! — Le grité sacudiéndola con fuerza, y al reaccionar de mi violenta actitud, la solté resoplando — Cuando regrese no te quiero aquí, ni a tus cosas tampoco. ¿Quieres llevarte mis cosas? ¿La televisión, la cama, la heladera? Llévatelas, no me importa. Pero no te quiero a ti.
— No puedes hacerme eso — negó desquiciadamente con lágrimas en sus mejillas — Si tu madre se entera…
— Mi madre no tiene por qué saberlo. No, hasta que yo mismo se lo diga — Encima, la muy zorra tenía el valor de amenazarme — Si mi madre se entera, sabré que has sido tú y te buscaré hasta el fin del mundo haciéndote tragar tus amenazas. ¿Me has oído?
Asintió en silencio bajando la mirada — ¿¡me has oído!? Bien, felicidades profesora.
Cogí mi abrigo, las llaves y le dejé un beso en la mejilla — lárgate de la casa. Si regreso y te veo aquí, te daré patadas en ese trasero de silicona y ni los gusanos querrán saber de ti.
Cerré la puerta y suspiré. Sé que me había pasado, que hasta había sido cruel. Pero tenía que alejarla de mí, le había herido a mi pequeño y eso, eso es imperdonable.
Cogí el móvil y marqué su número. Nada. Nuevamente y nada. Comenzaba a desesperarme. Insistí, hasta que su dulce voz dijo ‘Hola’ del otro lado.
—¿Bill? ¿Por qué mierda no me cogías el teléfono? — Shh…espera — Pequeño yo no quise lastimarte — No puedo hablar ahora — ¿Estas enojado? No quise decirte lo que crees que te he dicho — Tom, hay un hombre — ¿Qué dices pequeño? — Hay un hombre siguiéndome, creo que quiere metérmela sin permiso — ¿¡Qué!? ¿Dónde estás? — No lo sé — ¿Cómo que no lo sabes? — Bueno, estoy detrás de un supermercado, donde arrojan la mugre, entre los cubos de basura — ¿Puedes decirme qué supermercado? — No lo sé, tiene paredes amarillas y rosas — ¡Ya sé! Quédate dónde estás, cuando estacione tú solo corre hasta el auto ¿De acuerdo? — Tom… — ¿Qué? — Apresúrate, estoy cagado.
Conducía a toda velocidad, ¿cómo era posible que el muy condenado se hubiese atravesado la ciudad en tan pocos minutos? Esas piernas que tanto amo, al parecer van bien para una competencia. Al llegar a la esquina, divisé a un hombre harapiento con una botella de alcohol en la mano, caminando con dificultad. Maldito, ese probablemente buscaba a mi pequeño. Me acerqué sigilosamente y abrí la puerta de mi acompañante. Noté como Bill corría nervioso hasta el auto.
— Cierra, cierra, cierra — bajé el volumen de la radio y le miré — por poco. Qué miedo.
— Pequeño, ¿Te ha hecho algo? — Negó débilmente con la cabeza y noté el maquillaje de su rostro esparcido, sobre todo el oscuro de sus ojos — ¿Has llorado?
— Me has dicho mujer — Su mirada se vio envuelta por pequeñas lágrimas — Lo has insinuado.
— Perdóname — no iba a negarlo, sería un completo inmaduro — No quise decir eso, sé que no lo eres.
— Todos lo hacen, no me extraña. Tal vez deba cortarme el cabello, dejar el maquillaje y ya — Me acerqué a sus labios y los besé — ¿Qué?
— Hagas lo que te hagas, me gustará. — Volví a darle un corto beso — sé tú mismo, te amo de cualquier manera.
Me lancé a sus labios, desesperado, como si mis besos quisieran transmitir un simple perdón. Y sus brazos se aferraron a mi cuello, rindiéndose.
— Y yo a ti — sonrió — te castigaré por haberme tratado así.
— ¿Sabes? Eres más maduro que yo — admití dando paso con el auto, alejándonos de ese lugar — Me has dejado petrificado con tus palabras, tanto que a pesar de que habías huido, corrí a Jessica de la casa para siempre.
— ¿De verdad? — Sonrió mordiéndose el labio, era evidente que se sentía feliz — Pobre.
— Pobre de nosotros, que tenemos que amarnos a escondidas así — agregué aumentando la velocidad — Pero pronto, terminarás la preparatoria y seremos sólo tú y yo.
— Tom… — pegó su nariz a la ventanilla mirando, en la oscura noche, el exterior — ¿Dónde mierda estamos yendo? ¡Vamos en sentido opuesto!
— Dijiste que querías castigarme — sonreí con picardía, y se deslizó hacia abajo simulando derretirse — Pues yo te castigaré a ti, por escaparte así.
—Joder, se ve la ciudad entera desde aquí — sonrió arrobado, notando como las luces de las calles y las casas se veían como pequeños puntos a lo lento. Había dado calle arriba sin parar, subiendo y subiendo. — Parece como un vacío, pero es mágico. Si miras, se parece al cielo.
— Cuando me siento solo, vengo aquí — una fría brisa movió débilmente sus cabellos y le abracé por la espalda — Nunca, volveré a herirte.
— No importa si lo haces, siempre te perdonaré — se giró sonriente, miró mis labios y luego mis ojos. Dejó un suave beso y sonrió — Si quieres otro, deberás atraparme.
Y el muy idiota comenzó a correr alrededor del auto, y yo como un niño entre risas intentando atraparlo. Eran alrededor de las once de la noche y nada me importó.
— No me atrapas, no me atrapas — se burló, y casi pude tomar algunos de sus oscuros cabellos — ¿Qué sucede? ¿Tomi está muy viejo?
— ¿Viejo? — y me lancé sobre él rodando por el suelo montaña abajo, sin soltarle ni dejar de reír. Era como un arriba, abajo, arriba, abajo muy rápido. Al impactar contra la hierba quedó sobre mí, con mi pecho subiendo y bajando rápidamente. — Te atrapé.
— Augh — se quejó sin dejar de reír cuando le apreté contra mi cuerpo — Eso ha sido genial jajajaja, ¿otra vez?
— Tengo una idea mejor — y sin previo aviso, me apoderé de sus labios y mis manos se deslizaron por debajo de su camiseta. Su tibia piel, contrastó con el frío de mis dedos y se estremeció. Nos deshicimos de nuestras ropas e hicimos el amor allí, con el viento envolviéndonos, cubriéndonos, manteniendo nuestro calor en sólo nosotros dos. Con la luna brillando en lo alto y la hierba haciéndonos cosquillas en el cuerpo. Nuestros vahos se mezclaron en el aire, y nuestros gemidos se perdieron en la soledad de la noche.
— Que frío — estábamos en la sala de su casa, y el reloj marcaba alrededor de la una de la madrugada. — Aquí tomaremos calor.
— Qué feliz me haces — susurré cogiendo su mano y entrelazando nuestros dedos — Excesiva y adictivamente feliz.
— Hola Thomas — saludó Gordon, y de no haber estado sentado, me hubiese caído de culo. El padre de Bill vestía un pijama y llevaba un vaso de leche en sus manos.
— H-hola señor — tartamudeé nervioso. A pesar del tiempo, ese hombre parecía no aceptar nuestra relación. Pero me equivocaba.
— ¿Te apetece cenar algo? ¿Quieres quedarte a dormir? Puedo decirle a mi mujer que les prepare el sofá cama — Bill y yo nos miramos sorprendidos, y luego lo miramos incrédulos a él — No me miren así, que no tengo nada en su contra. Si haces feliz a mi hijo, todo estará bien de lo contrario te mataré.
Bill se puso de pie, y corrió hasta él saltándole encima entre gritos de emoción— gracias papi, gracias — Y yo no hice más que sonreír agradecido. Una familia, sí. Pronto tendría una familia.
Continúa…