MPDQ 19

«Mi profesor de Química» Temporada I

& Capítulo 19 &

& Tom &

Cuando crees que ya nadie se preocupa por ti, cuando sientes que caminas sin suelo, que respiras sin aire, que vives en medio de la nada pensando que tú no entras en el todo es allí cuando aparece la persona correcta y aleja esas teorías para demostrarte que detrás de la neblina, está la versión del mundo feliz. Cuando crees que todo está perdido y la rutina te ha atrapado, se realiza un quiebre en tus esquemas que demuestran lo contrario, que te enseñan un día a día completamente diferente. Cuando sientes que la vida, es sólo un pasaje sin diversión, sin alegría, sin motivos allí aparece el animador que te roba sonrisas verdaderas. Cuando afirmas que el amor es tan sólo un invento para diferenciarnos de otros seres, allí te roban el corazón y te devuelven la vida. Y por fin, esos sueños rotos que has creído imposibles de alcanzar, lo tienes a un sólo paso y sólo debes avanzar y caer. Dejarte atrapar por la felicidad, dejarte cobijar por un corazón lleno de amor para dar. Simplemente debes sonreír, dar y recibir.

— ¿Por qué los peces no van a la escuela? — Bill y Andreas, competían. Sí, con chistes. Los miraba atentamente, notando que mi pequeño aún era demasiado inocente, su sonrisa y sus ojos se iluminaban de tal manera, cuando le pones una paleta a un bebé. Y sencillamente, eso me enamoraba aún más. El reloj de pared marcaba las tres de la madrugada pero ninguno de los tres caía en sueños; cogí el móvil. Ni rastro. Suspiré.

— Porque debajo del mar no hay escuelas, idiota — rió el rubio, y Bill entornó los ojos. Se inclinó suavemente, depositando su cabeza sobre mi cuello y negó sonriente — Entonces no lo sé. ¿Por qué no van?

— Porque se les mojan los cuadernos — silencio. ¿Y la risa? Mi pequeño comenzó a descojonarse de tal manera que la ciudad entera se hubiese despertado de no ser porque junto a Andreas, comenzamos a darle almohadazos por todas partes.

— ¡Eso no es gracioso! — rió Andreas al mismo tiempo que arrojé a Bill contra el suelo — Eres un niñito, Billy.

— Tampoco, tampoco van… — tartamudeaba, y a mí su sonrisa me hacía tan feliz — no irán porque no tienen un profesor como el que tengo yo.

Un cálido silencio se formó en la sala, y fue inevitable: Él acostado sobre el suelo, yo mirándole hipnotizado desde arriba muriendo por besarle ahí mismo.

— Hm — gruñó su primo intentando captar nuestra atención — Creo que me ha pintando un enorme sueño de repente, así como así. Ni modo, me iré a la cama.

No dejamos de mirarnos, mi pequeño atrapó su labio inferior con los dientes y suspiré — Creo que sí, definitivamente. Em, buenas noches tortolitos.

Le tendí la mano, y nos recostamos sobre el sofá-cama. Apagamos la televisión, y lentamente su cabeza se dejó descansar sobre mi pecho. Le abracé lentamente y fue casi imposible no recordar todo. La primer mirada, los primeros desafíos, el primer acercamiento, la caída a la piscina, las clases de apoyo, la operación, el primer beso… Mi mente y mi corazón, se complementaban al recordarlo. Mi mente seleccionaba de mi memoria los momentos más dulces y mi corazón latía exageradamente al compás de cada recuerdo. ¿Qué sucedería si lo arrebataran de mi lado? Moriría… Sin lugar a dudas.

— Buen día — no estaba del todo despierto, entre sueños podía sentir un cálido aliento sobre mi rostro que me arrebató una sonrisa — ¿Cómo está el profesor más guapo de todo el planeta?

— Perfectamente — añadí apegándole más a mí — Un poco adolorido, pero genial. Dormir contigo, sin necesidad de tener relaciones es… mágico.

— Me gusta — atrapó mis labios y me perdí. Me perdí dentro del beso, en su contacto, en su sabor. Cerré los ojos, aún con los párpados algo pesados y sentí como su cuerpo poco a poco se depositaba sobre el mío. Mis brazos se deslizaron por debajo de la manta azul y le sujetaron las caderas.

— Buenos días — saludó una voz femenina, de manera muy alegre. Simone. Por un momento pensé demasiadas cosas a la vez y un calor se trepó por mi rostro dando señales de timidez. Pero no, ambos estábamos completamente vestidos. — Qué bello fin de semana, ¿Verdad?

Miré a la ventana y aprecié la intensa y cálida luz. Los pajarillos cantaron alegres y una pequeña brisa causaba que las cortinas de la sala danzaran de adelante hacia atrás.

— Gordon ha ido al centro por unas cosas, Andreas no tardará en despertar — comentó mi suegri, mientras nos reincorporábamos, sin muchas ganas de separarnos. — Preparé el desayuno, los espero fuera.

— Sí mamá — murmuró Bill con la mirada fija en el umbral. Apenas su madre desapareció de la vista, comenzó a devorarme los labios y restregarse contra mí. Joder, me comenzaba a encender.

— Pe-pequeño… — tartamudeé, el ritmo era frenético. Su cuerpo, las ropas, mi cuerpo. Separé las piernas y sintió como mi miembro comenzaba a endurecerse, por ello frenó.

— Lo siento Tomi, sólo quería que despertaras — sonrió ampliamente, y se puso de pie.

— Eres un maldito — reí intentando sentarme, pero fue inútil — Hazme un favor.

— Dígame señor profesor — bromeó adivinando mis problemas.

— Dile a tu madre, que usaré su ducha un momento. Tengo que arreglar unos asuntillos — comenzó a reír tomándose del abdomen. Lo mato, en cualquier momento lo mato. Se acercó a mí de repente, y su rodilla presionó ligeramente mi entrepierna.

— Le diré — me dio la espalda, pero presioné mi pecho a su espalda. Gimió — ¿Q-qué?

— Mejor guíame — guiñé un ojo y sonreímos con complicidad. Estamos muy locos. Pero yo, loco por él.

& Jessica &

¿Qué hacer cuando los planes se escapan de tus manos? ¿Cómo continuar cuando la otra parte pone el punto final? ¿Cómo modificar una página —una única página en tu vida— sin tener que retroceder? ¿Cómo atacar un punto débil que no sea el que ya conoces? Simple, buscando a una mano derecha que haga las cosas por ti, que las haga rápido y fácil. Una mano que no sea la tuya, una mano que destruya.

He llegado a cuestionarme, si Tom realmente tiene sentimientos. Y de ser así, ¿Verdaderamente le pertenecen a ese niño? Es que, es muy difícil de procesar. ¿Tom enamorado? ¿Tom amando? ¿Tom sintiendo? No suena difícil, suena imposible. Desde que lo he conocido, sé que es un hombre rutinario dedicado pura y exclusivamente a su trabajo. Tom va a la preparatoria, Tom va a casa, y así repetitivamente. ¿Pero acaso yo he fallado? ¿Mis tácticas de seducción dejaron de ser especiales de un día para el otro? ¿O acaso dentro de ese cuerpo bien formado, se halla un órgano con vida? No. Sigo sin creérmela.

— Calle Walls al mil quinientos — dije de inmediato al taxista. Cerré la puerta del vehículo, acomodé la cartera entre mis piernas y suspiré. El señor, tenía un aspecto particular, sus bigotes sudaban y su mirada se fijó en mi escote. Me coloqué las gafas y cerré los ojos, intentando volver a sumergirme en mis pensamientos.

En mí, no existía el amor, no existía el dolor, no existía ningún rastro de sentimiento hasta que el niño ese, se interpuso entre Tom y yo. Ambos estábamos tan bien juntos, lo restante era historia. Él era mi mundo, yo era el suyo. Pronto probablemente nos casaríamos, tendríamos hijos… pero el gran imbécil vino a arruinar todo. ¿Todo? No me refiero al dulce hogar de la parejita feliz, los hijitos y vivieron felices por siempre. No. Sino, que perder a Tom es perder, comodidad, vivienda, lujos, tarjetas de crédito, vestuario de firma… y dinero. La herencia de Jörg.

Bien Jess, está en ti montar bien este circo y recuperar lo que sólo a ti te pertenece.

— Hemos llegado señorita — habló el taxista. De inmediato, miré a través de los cristales. La casa de los padres de Tom, es un jodido lujo. De diseño antiguo, pero con las más altas tecnologías. Una entrada de castillo, y un brillo excepcional. La casa de mis sueños, la que toda mujer desea tener. Y como yo soy una mujer —guapísima— y Tom debe ser mi hombre, ésta debe ser mi casa.

— ¿¡Por qué demonios el servicio de esta casa jamás atiende a la puerta!? — oí la voz de Kattie. La madre de Tom, quejándose luego de que yo insistiera el llamado. La gran puerta se abrió y sonreí ampliamente — ¿Jessi?

— ¡Kat! — y me abalancé sobre ella, intentando mostrarme simpática, amable y emocionada por el reencuentro — ¡Mujer, tanto tiempo!

— Mi nuera, como te he extrañado — me tomó por los hombros y me echó un vistazo — Pero mira no más que hermosa te ves… ¡Pasa! ¡Pasa! Mi marido y yo, te hemos echado de menos.

Joder, la elegancia brotaba por las paredes. La fragancia que desprendía esa casa olía a… glamour, fino, dinero… Te llamaba a gritos, rayos.

— Ohh, ¡Jessica, querida! — Jörg. ¿Qué decir sobre él? Si Tom es el hombre perfecto, él lleva en su sangre la perfección misma. Siempre con sus trajes de más de ochocientos euros, sus relojes de oro, y sus cadenas de plata. Si fuera más joven, sin duda… en fin.

— Y dinos, ¿qué te ha traído por aquí? — Habló Kattie, y yo intenté suspirar de manera lastimosa, y fingir algunas lágrimas — ¿Todo marcha bien con Thomas, cierto?

—No… — una primera lágrima, luchó por escapar de mis ojos— Él me ha estado engañando.

— Bueno, pero sabes cómo es él — sonrió Jörg como si estuviese orgulloso — luego regresará a por ti.

— De seguro la zorra con la que ha estado es una cualquiera — quise interrumpirle, contarle absolutamente todo, pero me detuve y dejé que continuara — Tom siempre pasa el rato.

— Hace meses… me engaña — lloriqueé agachando la cabeza, riéndome por dentro — Los he encontrado en la cama. Bueno, en la sala… ya saben.

— ¡Oh por Dios! — Kattie se tomó el pecho horrorizada. Eso porque no conoce la otra parte. ¡Ay, ay par de maricones! Lo que les espera — ¿Fo-fo-follando?

— Dándose por culo — silencio. Ambos permanecieron callados. El único sonido, era el movimiento de las agujas del reloj cucú que colgada de la pared como otro objeto cargado de elegancia — Su hijo me ha engañado con un hombre.

— No es posible — me interrumpió Jörg — ¿Tom? ¿Marica? No, debes estar mal.

— Alumno, diecisiete años. Bill Trümper — añadí — es todo lo que sé.

— Lo tengo — interrumpió, la madre de Tom — tú espera. Dame un tiempo, y como que me llamo Kattie Bartholdy, mi hijo estará contigo cuando menos te lo esperes.

— Confío en ustedes — Jörg asintió seguro de su mujer, y yo sonreí triunfal. ¿Esperar? Con mucho gusto, de todos modos lo bueno siempre se hace esperar.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

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