
«Mi profesor de Química» Temporada I
& Capítulo 2 &
& Bill &
Suspiré cuando noté que se alejaba hasta su escritorio y con mis dedos algo inquietos abrí mi carpeta en la sección elegida para esa materia. ¿Por qué rayos mi madre aún me compraba esas hojas con ositos en los márgenes?
Él se colocó de espaldas y levanté la vista para ver qué hacía. Me pregunto… ¿cuántas veces a la semana lo tendré? No parece tan malo…bueno en realidad con esas pintas de callejero ¿quién podría sospecharlo?
— Bueno, hagamos un repaso del año pasado — perfecto. Quedé en blanco ¿qué vi el año pasado en química? No mierda, ¡Andy auxilio!. Me giré para preguntarle.
— Andy… — le susurré. El muy idiota tenía la mirada fija en los senos de la muchacha que estaba a su lado — ¡Andy!
— Bueno, parece que tendremos inconvenientes — no esa voz, otra vez no. ¿Por quéee? ¡Mamaaaaá! — Son dos veces que la encuentro de esta manera.
Profesor de la gran puta solo quería preguntarle algo de…Un momento ¿LA? ¿¡Qué!?
— Soy un chico — murmuré entre avergonzado y furioso. Él se quedó estático — mi nombre es Bill.
— Oh lo siento — me giré porque su tono había sonado sincero y solo agaché la cabeza. Una carcajada grupal me hizo sonrojar. ¡Qué manera de ser bienvenido! Mis ojos quisieron aguarse pero mi conciencia lo impidió y solo agaché más mi mirada fijándola en mis zapatos. Hasta que una mano se apoyó sobre mi cabeza, acariciando mis cabellos y mi corazón se detuvo. Fui incapaz de mirar hacia arriba — Aprovechemos para conocer a los nuevos, levanten las manos y dígannos cómo se llaman y dónde vienen.
— Jennifer Frosch — habló una chica cercana a mí. Su mano continuaba allí…dios, mi corazón iba a salirse — vengo de la preparatoria ‘Andrés Bërg’ pero me han cambiado aquí para que mi último año tenga mucho de Ciencias, sobre todo por el taller diario de Laboratorio.
¿Queeeeeee? No, díganme que es broma. ¿Quiero salir corriendo? ¿Puedo, puedo, puedo? Oh…no mi estómago.
— Bien — pude sentir como sonreía aún sin quitar la mano de allí ¿Me tomaba el pelo o me usaba de apoyo cómodo? Imbécil… — ¿Y tú?
— Yo soy Annie Hünicken — otra muchacha, si no me equivoco la que Andy le miraba los senos — vengo de Hamburgo, me he mudado aquí por cuestiones personales.
¡Wow, qué misteriosa!
— Yo soy Mateo Dos Santos — claro, tú eres el santo de la clase y yo el idiota — soy el chico del intercambio cultural del año pasado, pero ahora residiré en Alemania y pues a mis padres se han fascinado con esta Prepa. Y también soy el nuevo líder del centro de estudiantes.
Giré con cuidado mi cabeza para no alejar su mano de allí, era el mismo muchacho que nos recibió. Inexplicablemente su mirada se fijó en mí y sonreí. Sentí como el profesor quitaba la mano llevándose consigo algo de cabello. Me quejé pero sin dejar de ‘intentar’ caerle simpático. Por lo visto Mateo manejaba perfectamente el alemán, su cabello era castaño, un castaño extraño entre negruzco y marrón. Tenía un corte hecho a navaja con pequeños mechones cayendo sobre su rostro. Su piel era clara y su nariz pequeña con ojos oscuros, más oscuros que los míos.
— Andreas Wilchen — me giré otra vez — venimos de Berlín por trabajo de mi tío.
— ¿Venimos? — preguntó el profesor.
— Sí — me apuré en contestar — Bill Trümper.
Todos se quedaron callados, algo me decía que estaba molesto. ¿Por qué no decía nada?
— Lindo peinado — me miró fijamente reprimiendo una risa y se volteó caminando hasta el pizarrón. Idiota.
— Linda ropa — me animé a decir, sonriendo victorioso.
& Tom &
Mocoso estúpido. ¿Cree que podrá molestarme con darme opiniones de vestuario? Míralo, su ropa ajustada y esos cabellos, si hasta pareciera que al levantarse metió dos dedos en un enchufe. No permitiré que un niño me saque de mis casillas, es un alumno más, contrólate Tom, contrólate.
— Bien, recordemos un poco — definitivamente debía comenzar la clase antes de querer romperle la cara — ¿Cómo se forman los óxidos básicos?
Miré a la clase, tenía que ver alguna mano levantada; porque si no, te decepcionas al pensar que eres mal educador. ¡Sí! El rubio, Andreas levantó la mano — Dígame Wilchen.
— Un metal sumado oxígeno — me contestó y me limité a asentir.
— ¿Y un óxido ácido? — Comencé a caminar entre las distancias de los pupitres — mmm… ¿Weiner?
Weiner era la muchacha más tímida o más bien extraña de todo el colegio. Su nombre era Nancy, no tenía amigos y almorzaba en la terraza. Para los profesores era muy buena alumna, de hecho en mi materia le iba realmente bien pero no hablaba nunca excepto para pedir permiso de ir al baño. Esta vez, el rector entró con el registro de asistencias y ‘escapó’ de responder. Volví hasta el escritorio, tomé el papel y comencé a copiar en el pizarrón mientras Jost nombraba alumno por alumno. Al pronunciar Trümper me giré y vi como le sonreía y casi gritaba un ‘aquí estoy’. Qué extraño es… David se retiró dejándome el bono para el almuerzo. Su madre era la cocinera de la preparatoria y siempre nos cocinaba platillos especiales a nosotros.
— Copien, es para tener un breve repaso — ordené — la próxima clase es la evaluación diagnóstico.
Y ahora se venían todos al mismo tiempo — ¡¿Quéeeee?! ¿Tan pronto? — se los dije. Siempre lo mismo, y el bueno e idiota era yo que con esas caritas de corderos degollados me convencían y terminaba corriéndoles la fecha.
Comencé a preparar los temas, haciéndome un breve de resumen de lo que podría integrar cuando alguien se paró frente a mi escritorio.
— Disculpe — ¿Ahora eres el tímido verdad? El mocoso insolente de Trümper — yo le quería preguntar si…
— Debes pedir permiso para levantarte de tu lugar — le interrumpí molesto.
— Lo siento — agachó la cabeza y se volvió a sentar — ¿Puedo ir a preguntarle algo profesor?
No sé si es estúpido, sumiso o está siendo irónico — Sí, ven— volvió a ponerse de pie y caminó hasta mí. Me di cuenta de las botas que llevaba, ¡Hasta tenían tacones!
— Le quería preguntar cómo hago para estudiar — Es idiota, ¿cómo como haces? Pues aplastas el culo y lees — porque yo en Berlín tenía otras materias, veía otras cosas ¿Vio que allí es diferente?
Vale, tenía razón — mmm…te haré yo un breve resumen por computador ¿de acuerdo? — mira lo que hay que hacer ¡Cielos!
— De acuerdo — sonrió. Que bella dentadura, esos dientes hasta lo hacían más inocente — esta noche si puedes ven a mi casa, te lo imprimiré.
— ¿A… a su casa? — No a la cabaña de caperucita.
— Sí, verá Trümper el examen es pasado mañana ¿Cómo pretende estudiar? — Suspiró y frunció el labio como si pensara y asintió nuevamente sonriéndome — a la salida búscame en la sala de profesores que te daré la dirección.
Regresó hasta su pupitre y noté como sus mejillas se habían encendido ¿Qué se traía?
& Bill &
No únicamente me sentía un idiota, sino que me sentía estúpidamente halagado. Nunca ningún profesor había hecho algo semejante por mí. Iba a alzar la mano para preguntarle algo cuando el rector volvió a entrar. David Jost tenía aspecto de exigente, esos que te castigan hasta por respirar y parecen que van a golpearte. De repente sentí miedo, comenzaba a acercarse hacia mí.
— Muchachos, muchachas vengo a traerles una mala noticia — nos habló a todos, pero me miraba insistentemente — a partir de mañana todos los alumnos deberán llevar el uniforme.
¡Ni loco! ¿Corbata? ¿Camisa? ¡No! Yo no soy un muñeco de torta.
— Pero… ¿No era que los que cursaban los últimos años no estaban obligados? — preguntó algo molesto un chico de cabello largo y lacio.
— Sí Listing, pero ahora me han exigido que sean todos — explicó — y nada de celulares en clase, reproductores de música o algo por el estilo. Las muchachas con el cabello recogido y…
¡Me miró de nuevo! No me bajaré el cabello porque este idiota quiera.
— Tú también — me señaló. ¡Genial! Entorné los ojos y vi como el profesor disfrutaba. ¡Aaaahhhhhhhhh todos contra mí!
Ring, ring, ring.
Qué alivio, la campana, recreo, ¡quiero correeeer!
Ring, ring, ring
No le veré la cara al idiota del profesor por quince minutos.
Ring, ring, ring
Me temo que alguien se quedó pegado al timbre.
Todos comenzaron a ponerse de pie. Andreas… ¿Andreas? ¿Dónde está? Ya sé, se habrá ido detrás de las tetas.
El recreo más aburrido de la historia, lo puedo asegurar. Caminé y caminé y todos me miraban raro. Hasta murmuraban los idiotas. Suspiré y me senté bajo la sombra de un árbol que había en el rincón de un patio. Jugueteé con mis uñas hasta que sonreí. Allí estaba, con una taza de café en las manos. Era tan lindo… ¿¡Eh!? No puedo estar diciendo esto por Dios. Bebió un poco y se relamió los labios…jodidamente sexy.
No podía pensar esto, tengo miedo. ¿Por qué…es tan bonito? Una mujer se acercó a él y le sonrió. ¡Maldita…put.! ¿Quién es? Un rayo de sol me dio directo en la cara y me cegó por completo. Me alejé hasta quedarme de pie en el medio del patio, cerca del mástil de la bandera y noté que ya no había nadie. ¿Me había quedado mirándolo? Qué vergüenza, pero era incapaz de moverme sin saber qué hacían ahí.
La señora de la limpieza, se llamaba Doris. Pasó junto a mí y le dije que necesitaba aire. Me miró extrañada y sin decirme nada se alejó. Cuando volteé la vista no estaban más. Corrí hacia las taquillas y la vi. Le dio un corto beso en los labios. Bajé la cabeza y entré al aula pasando por en medio de los dos.
— Tarde Trümper — me regañó.
— Igual que usted profesor — añadí molesto.
Ahora aprendería una nueva lección, una lección poco agradable y duradera denominada celos.
Continúa…