MPDQ 21

«Mi profesor de Química» Temporada I

& Capítulo 21 &

& Bill &

Tras ver a Yuki en el baño luego del beso con Tom, él no ha dicho palabra alguna. Una extraña expresión se dibujó en su rostro y se marchó del baño en silencio. Mi adorado profesor y yo nos miramos, alzamos los hombros, le echamos el cerrojo a la puerta y nos devoramos a besos mientras todos votaban por el ganador del musical. ¿Y quién iba a ganar sino el muchacho más guapo de toda la preparatoria? ¡Claro! Yo.

“Tendremos una cita oficial, iras esta noche a esta dirección allí te daré tu obsequio pequeño” — fue todo lo que dijo Tom al enterarnos que había sido el ganador. Lo cierto, es que no tenía la mínima idea de cuál era ese sitio y qué haríamos en ese lugar.

— Cariño — Andreas entró en mi habitación imitando la voz de mi madre. Solté una risita y continué maquillándome frente al espejo — Eh tú, ¿por qué te pones tan guapo?

— Tom me ha citado en un lugar — sonreí arrobado — Y quiero ir bien bonito.

— Joder, qué enamorado estás — se situó a mi lado, observando detenidamente cada uno de mis movimientos — Suerte tienes de no necesitar condones.

— Una ventaja — agregué tomando apenas un poco de gloss — Menudo bailecito, el tuyo y el de la chica de las tetas grandes.

— ¡Qué dices! ¡Todo pura y exclusivamente profesional! — me gritó dándome una palmada en mi brazo que el pomo de gloss terminó dándome con un diente.

— ¡Eh, qué bruto eres! — Me quejé arreglando el desastre — ¡Idiota, casi me lo haces tragar!

— Lo siento — suspiró y su mirada se apagó de repente. ¿Ese era mi primo? Qué extraño, jamás, desde que había terminado con su novia antes de mudarnos a aquí le había visto en ese estado — Es que…creo que estoy en problemas.

— No me asustes — me giré hasta él, tomé mi mochila y me la colgué de los hombros. Me veía genial, Bill qué bello te ves — ¿Qué te sucede?

— ¿Tienes tiempo para oírme? — Miré el reloj despertador. Sí, apenas un poco. No quería llegar tarde, no me agrada la impuntualidad. Asentí sentándome a su lado — Pues… sí, es verdad que tengo algo con Annie Hünicken.

— ¡Te felicito! — Sonreí feliz lanzándome encima de él — ¡Lo sabía! ¡Sabía que encontrarías a una chica ideal para ti! Oye, eso es genial ¿cierto?

— Pues sí… pero… — algo escondía. Sus inquietas manos no dejaban de frotarse entre ellas, y su voz sonaba culpable. ¿Culpable? — Es que… creo que hemos ido muy rápido.

— Hm. No estás seguro de lo que sientes y ya has follado con ella. ¿Es eso? — Me miró con los ojos muy abiertos y un rojo intenso inundó su pálido rostro — ¿Qué? No me mires así eh, que tengo tu edad.

— No es eso — agregó muy seguro de sí mismo. Pero luego, soltó otro suspiro — O sí, no lo sé. Lo único que sé es que hemos follado y se me ha roto el condón dos veces.

Me quedé de a cuadros. ¿¡Qué!? ¡Dos veces! Silencio. Imagina Bill, Andreas mece en sus brazos a un niño, Andreas cambia pañales, Andreas no duerme, Andreas le da su biberón, Andreas le hace dormir. ¡Joder!

— ¡¿Qué me estás contando?! — Me puse de pie a la velocidad de la luz y bajó la mirada — Eh, mírame cobarde. ¿Has…follado…? Pe-pero… ¡Me cago en la puta Andreas! ¿Sabes lo que eso significa? ¡Qué puedes ser padre! A esta edad… ¡Padre!

— La puta. Bill — se quejó, asomando la cabeza por el pasillo — No grites.

— ¡Padre! — Grité nuevamente — Fíjate cómo le haces para solucionar esto. Tú lo has hecho, tú le arreglas. Son unos niños.

— Bueno, ha hablado el adulto — resopló sarcásticamente — Oye si no quieres ayudarme no lo hagas. No es mi culpa que tú y Tom no puedan tener niños.

Dolió. Le miré sintiendo como un nudo se atoraba en mi garganta.

— No quise decir eso… — susurró y agachó la cabeza — Perdón.

— Te has ido al demonio con tu comentario — murmuré entre dientes — pídele consejos a otro.

Bajé las escaleras rápidamente y dejé un beso en la mejilla de mamá — ya me voy mami, tal vez duerma en casa de Tom — dije algo triste.

— ¿Estás bien? — me tomó del mentón, obligándome a mirarle. Asentí débilmente y señalé las escaleras con la mirada. Ella me comprendió al instante — Andreas… déjalo, se le pasará. No olvides llamarme cielo, mira a ambos lados cuando cruzas y no hables con extraños.

— Lo sé maaá — me quejé sonrojándome y salí. Fue inevitable no torturar a mi mente con esa puta frase dicha por mi primo.

Un hijo. Ser padre. El viento movía mis cabellos y la soledad de la noche era torturarte. Un nuevo tema se había adueñado de mis pensamientos, un tema que dolía e ilusionaba al mismo tiempo. ¿Qué es ser padre? A mis diecisiete años, para ciertos temas como este hacen falta un grado de madurez que —aún— no poseo, pero sí puedo tener mis propias opiniones al respecto. ¿Ser padre es meter la polla y que un espermatozoide se una a un óvulo, pasen nueve meses y ya? El niño sale de la fábrica y punto. ¿O acaso ser padre es poder brindarle amor a ese niño, acunarlo, desvelarse si llora, alimentarlo, cuidarle si está enfermo, leerle un cuento por las noches, llevarle al colegio, verle crecer y educarle? ¿Cuál de las dos opciones es la más cercana a la definición de padre? Si pudiera modificar la naturaleza sin lugar a dudas me encantaría tener un niño con Tom, pero como la realidad es así… creo que ambos podríamos ser buenos padres. ¿Cuál es el punto? Creo que la paternidad y la concepción biológica… no siempre tienen que estar relacionadas. Hay tantos niños —que muchas veces están solos por inconcientes que follan y los dejan como basuras— esperando un poco de amor. ¿Quién es el padre en ese caso? ¿El que dará su corazón por hacerle feliz, por cuidarle, por estar junto a él? ¿O el que le ha dejado? Quién sabe…

— ¡Eh, Bill! — me murmuró una voz a mis espaldas y me giré de inmediato. No había notado cuánto había caminado — ¿Qué haces solo a estas horas?

— Yuki… — susurré para mí mismo. Lucía diferente. Muy diferente. Incluso más extravagante y original que cuando asistía a clases. Entre sus dedos llevaba un cigarro y al mirarme expulsó el humo de una manera. Hm, ¿provocativa? — ¿Qué haces tú por aquí?

— Aquí vivo — sonrió y señaló una pequeña pero bonita casita — No me has respondido que haces aquí.

— Eh, voy a una cita — contesté recordando que me había visto con Tom — con…el profesor.

— Ah — fue lo único que dijo. Tiró la colilla del cigarro lejos y me miró fijamente — hay alguien que te quiere. Tienes un admirador secreto.

— No jodas — reí, pero su expresión me atemorizó. Miré la hora en mi móvil y tras esconderlo en mi bolsillo añadí: — llego tarde Yuki, luego hablaremos.

— Como quieras. Suerte — sonrió. ¿Y su maldad? ¿Y sus ganas de golpearme, de burlarse, de perseguirme? ¿Acaso este Yuki era una versión diferente al de la preparatoria? ¿Dónde estaba el Yuki que conocía? Mis preguntas fueron acalladas. Besó la comisura de mis labios, casi podía sentir la fragancia a tabaco que desprendía de su cuerpo, y al separarse me dio la espalda y se metió en su casa. ¡Joder! Qué momento tan incómodo y extraño.

Continué mi camino rumbo a mi cita con Tom. Con los pensamientos sobre ‘ser padre’ retornando a mi mente, pero esta vez interrumpidos por la sensación que había vivido por culpa de Yuki.

& Tom &

El cielo era el ideal para tan hermosa noche. El río estaba calmo, y la luna se reflejaba en él consiguiendo que pequeñas luces iluminaran la oscuridad. El viento, se asemejaba a una brisa otoñal y las estrellas esperaban inquietas como yo la llegada de mi pequeño.

Sentado en el muelle, la piel se me helaba un poco al sentir como el frío intentaba colarse e asechar mi cuerpo. La camisa que llevaba era especial, los cortos pantalones blancos también. Sentí unas finas manos taparme los ojos, impidiéndome mirar y una risa muy cálida y familiar a mis espaldas.

— ¿Pequeño? — sonreí y me liberó. Se sentó junto a mí con los pies colgando, sus botas casi podían tocar el agua — Hola.

— Hola— suspiró, para luego dejar en mis labios un corto y húmedo beso — Qué precioso lugar.

— Tú estás precioso esta noche — dije tomando su mano, entrelazando nuestros dedos sobre aquella vieja madera — ¿Has visto las estrellas?

— El cielo está completamente despejado, y brillan como luciérnagas — su rostro se enfocó en el cielo, y yo hice lo mismo — Quisiera poder tocarlas.

— ¿Tocarlas? Tú eres una de ellas — le miré de reojo notando como se mordía el labio inferior — Tú brillas por ti solo, tú te ves pequeño pero eres enorme.

— Oh Tom, ¿qué dices? — Volvimos a mirarnos — te juro por cada una de esas estrellas que te amaré hasta el último día de mi vida.

— Y yo para siempre — agregué apoderándome de sus labios — jamás voy a dejar de amarte ¿entiendes?

— Comencemos pequeño, ya podemos cenar — la mejor mesa. Mi preferida. Dos velas, colores claros y una vista agradable al muelle y su compañera; la noche perfecta. Noté como Bill miraba los tres tenedores que tenía junto a él.

— Oye Tom, en mi mundo se come sólo con uno — susurró tomando el más pequeño — ¿Debo comer con todos a la vez?

— No, idiota — sonreí — tú imítame y ya. Luego te enseño para qué sirven cada uno.

— Tomi… — su expresión se tornó triste y melancólica — ¿Tú serías padre?

— ¿Padre? — La pregunta me tomó por sorpresa — No lo sé, no lo he pensado.

— Conmigo, es decir ¿adoptarías a un niño? — asentí dubitativo. Jamás me he detenido a pensar acerca de la paternidad — Andreas va a ser padre.

— ¿¡Qué!? — genial. Y el pescado se me atoró. Comencé a toser desesperadamente, atrapando la atención de los que estaban allí hasta que el trozo viajó hasta mi estómago — Caray pequeño, ¿qué me estás diciendo?

— Andreas, ha embarazado a una muchacha. Más bien, hay un trescientos por ciento de probabilidades de que así sea. — negué con la cabeza. Los jóvenes de hoy en día, diablos qué jodido tema — Pues no sé cómo ayudarle.

— Es muy complicado mi amor — y de la nada, se quedó petrificado. Tomó el menú y se ocultó detrás de éste — eh Bill, ¿qué sucede?

— Está David — murmuró, y me quedé de a cuadros. Miré a mi alrededor y allí lo vi. Cogido de la mano con el profesor de educación física. ¿¡Cogido de la mano!? — ¿Qué hace con el señor Haider?

Genial. Se volteó hacia nosotros. Bum, bum, bum. Mi corazón comenzó a latir de sobremanera y en cualquier momento caía de culo al suelo.

— ¡Kaulitz! ¡Oh, Trümper! — gritó como el loco que es acercándose hasta nosotros — pero mira las casualidades de la vida. ¿Qué hacen ustedes aquí?

— Festejando que Bill ha ganado — respondí mientras mi pequeño salía detrás del menú — ¿Ustedes?

— Festejando — dijo en tono seco — Pero no entiendo… ¿son amigos?

— Pareja — solté como si nada, y Bill me pateó por debajo de la mesa. Estábamos nuevamente jodidos.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

Un comentario en «MPDQ 21»
  1. En esta entrega, habrá un avance en el tiempo y muchas complicaciones, que no disminuyen el amor de la pareja, pero que dificulta muchísimo su relación. Gracias a Ignacio por el fic y no olviden comentar.

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