MPDQ 26

«Mi profesor de Química» Temporada I

& Capítulo 26 &

& Bill &

Cuando eres niño, no comprendes el límite de ciertas cosas, no tienes la capacidad de distinguir completamente el bien y el mal, no sabes el verdadero significado de los problemas. Pero aún así, si le quitas a un niño algo que quiere, como su juguete preferido, probablemente rompa a llorar y no dejará de hacerlo hasta que le devuelvas lo que es suyo. Y presta atención, no vayas con otro parecido porque será niño pero eso no significa que sea un imbécil. ¿Qué quiero decir? Que aunque sea pequeño, aunque no conozca el verdadero valor puede comprender lo que es sentir afecto, amor, cariño. Sabe que con decir: ‘te quiero’, está demostrándolo.

Prácticamente no había salido en un mes y medio. El dolor que me produce recordar a mamá llamándome para la cena o papá regañándome por llegar tarde, es tan grande y profundo que a cada hora me carcome un gramo más de felicidad. Andreas ha estado tan metido con su novia y su futuro hijo que casi no me ha oído; pero lo cierto es que nadie podrá comprender cuan mal me he sentido las últimas semanas, por el simple hecho que nadie ha tenido unos padres tan maravillosos como los míos. Poseído y perdido.

Era la primera vez que visitaba aquel pacífico y silencioso lugar. Había decidido ir solo, Tom también estaba ocupado, sobre todo los últimos días. Según él, ha sido uno de los encargados de la fiesta de graduación que se llevará a cabo en un mes y un par de días. Cómo ha pasado el año, cuántas cosas he vivido. Ni yo aún me lo creo. Me he mudado, he comenzado una escuela nueva, he puesto los ojos en un profesor, este profesor luego de unas largas semanas se ha fijado en mí, hemos estado juntos mucho tiempo, he dado mi primer beso, he tenido mi primera vez. Pero como no todo es color de rosa, he llorado hasta el cansancio casi la misma cantidad de veces que he reído. A diferencia, ahora las lágrimas forman parte de mi rostro; no se necesita un gran esfuerzo. Mi vida ha sido un mar de emociones este año, mareas bajas, mareas altas. Pero sigo siendo yo, como diría papá: si eres tú mismo, eso es lo que cuenta.

Caminé lentamente, el viento inquieto de la tarde jugueteaba con mis cabellos y aquellas penosas y saladas lágrimas me impedían hallar lo que desesperado buscaba en aquel fúnebre lugar. Los pétalos de las flores adornadas en un ramillete —que portaba en mis manos— comenzaban a caer, el sudor de mis temblorosas manos iban matándolas lentamente. Cuando observo una flor marchita me pregunto si mi corazón se verá así por dentro. Suspiré y me dejé caer de rodillas al llegar al lugar que deseaba. Un sollozó murió en mi garganta y me cubrí el rostro con las manos preguntando: ¿Por qué?

Podrían pasar mil años, pero jamás descubriría por qué las cosas han cambiado, por qué siento que poco a poco voy perdiendo lo único que tengo. Ya no comprendo filosofía alguna. Sólo me queda el amor de mi vida, sólo Tom.

Dividí el ramillete en dos partes. Las flores rojas para mamá, las flores blancas para papá.

— Gordon Trümper 1965—2006 Querido marido, padre y hermano en nuestros corazones siempre. ‘Ríe hasta cuando debas llorar, sólo así la tristeza no vendrá’ — leí en voz alta, secando mis lágrimas con el puño. Acaricié el pasto, como si fueran sus cabellos rogándole un consejo más, un último consejo. — Te amo papá.

— Simone Reiter 1966—2006 Amada esposa, madre e hija en nuestros corazones siempre. ‘Aprende a amar, y será como ver a través de la oscuridad’ — Cuanta razón tienes mamá, el amor es tan grande y mágico. Irreemplazable. — Mi madre, mi heroína, mi consejera. ¿Y mira en que te has convertido ahora? En nada más ni nada menos que mi ángel. —Suspiré, me puse de pie y miré a mi alrededor. ¿Existirá un lugar más silencioso que el mismo silencio?

Lo siento mi amor. Estaré ocupado estos días, prometo avisarte si llegaré esta noche. Te amo, jamás lo olvides — Hace ya casi un mes, que Tom sólo le da atención a la puta fiesta de graduación, a los preparativos, a la ornamentación, al traje que se pondrá dejándome en segundo plano. ¡Qué digo segundo! Tercero, cuarto y hasta quinto. Cuando más necesitaba de sus palabras, de sus besos y sus brazos, él no estaba.

No sólo no venía, no llamaba, no me daba ni un puto toque. Desde que fallecieron mis padres, no he vuelto a la preparatoria así que algunas materias que reprobaré probablemente las compense luego. ¿Qué quiere decir eso? Que había dejado de frecuentar con Tom, hace semanas que no hacíamos el amor, me visita cada tres, cuatro o incluso cinco días y ni siquiera pasa la noche conmigo. ¿Estaré haciendo algo mal? ¿No le funcionaré para algo? ¿O acaso el amor se estará esfumando? Tengo miedo.

Paso el día prácticamente solo, y así lo estaré hasta que la tía Megan venga el mes que viene a hacerse responsable de mí.

Al ingresar a casa, el silencio sepulcral me estremeció uno a uno los sentidos. Me petrificó — ¿Andreas? ¿Estás en casa? — grité, pero el silencio me respondió que nuevamente estaba solo. Me desplomé sobre el sofá y suspiré.

El móvil vibró desde mi bolsillo una vez más. Tom. Le di leer, no. No era él.

— Marica, ¿cómo has estado? — Yuki. Sonreí de medio lado mientras continuaba leyendo — ¿Quieres otra visita? Puedo ir a hacerte compañía un rato. Sólo dame un toque y cuando menos lo esperes, estoy desafiándote a la puta play station. Te quiero puto.

— La verdad es que me siento un poco solo. Estoy aburrido y algo deprimido, necesito un buen consejo — escribí en un suspiro. No iba a decirle: extraño a Tom tanto que llega a doler — Nadie excepto tú en los últimos tres días me ha hecho una visita, nadie se encarga de hacerme sonreír. Me haría bien tu compañía, necesito conversar y despejarme.

Lo envié, y me dispuse a preparar un buen zumo de jugos naturales. Conecté los videos juegos y busqué entre la colección de Andreas los mejores juegos sobre carreras de autos, peleas y guerra —cosas de hombres—. Me debatí si volverme a duchar y arreglarme un poco — en este estado sólo puedo provocar lástima— cuando el móvil volvió a vibrar.

— Tranquilo, en media hora estaré allí — fue todo su mensaje. Pero a los pocos segundos, llegó otro — Iré con compañía 😉 espero que no te importe, alguien quiere conocerte.

Me quedé de a cuadros. ¿Con compañía? Sólo espero que no sea el imbécil de Mateo, que sólo me ha hablado para seducirme, follar y listo. Yuki me ha dicho que sólo utiliza a los muchachos y muchachas para eso, luego les deja. A propósito, Yuki se ha peleado con su manada, ellos se han enterado que me ha estado visitando y pues se han enfurecido llamándole marica a él también. Sólo pido una cosa: que Tom no se entere.

Caminé pesadamente hasta la habitación y escogí la ropa adecuada. Nada exagerado, pero atractivo. ¿Qué haces Bill?… Viene con un desconocido. ¿Y? Tú amas a Tom. Ya lo sé, pero no por eso voy a verme mal.

Me dejo de chorradas y me iré a preparar.

Ring, ring

Timbre, joder. Me mire al espejo una vez más. Pantalones ajustado a estreno, listo. Camiseta roja, bien. Botas cortas, correcto. Maquillaje suave, perfecto. Bill hasta deprimido eres una jodida estrella.

Me dirigí a la puerta y escuché dos voces. Una de ellas me resultó irreconocible. ¿Era un hombre? Respiré profundo, y con mi mejor sonrisa abrí la puerta.

— Buenas noches marica — me sonrió el puto chino abrazándome. Cerré los ojos, sintiéndome contenido y le devolví el abrazo. — He traído a un primo lejano.

— ¿Un qué? — reí, y ahí fue cuando lo vi. Bajó de aquel auto oscuro, con gafas de sol. Su cabello lacio y castaño se movía suavemente gracias al viento nocturno. Caminó con un andar tan…especial. Y al verme sonrió ampliamente. Automáticamente me di cuenta de una cosa: es el tipo más guay y sexy que he visto en mi vida. Me quedé petrificado, era sumamente perfecto.

— Mucho gusto, Yuki me ha hablado de ti — me extendió la mano y como un idiota, se la cogí — Nick.

— Mucho gusto — repetí, y se quitó las gafas oscuras. Parpadeé algo nervioso, apreciando el brillo de su mirada, y cada rasgo de su rostro. Era bellísimo. — Pero soy Bill.

— Sí, si lo sé — Yuki nos miraba ambos demasiado sonriente — Yo soy Nick.

— Ah — ¡No! ¡Qué imbécil! Bill, qué niño. — Pasen…

Me hice a un lado, mientras se adentraban en mi sala. Fue inevitable mirar a ese Nick de arriba abajo. Era notable que sea algo mayor, un par de años más que Tom quizás.

— ¿Quieren algo de t-tomar? — Comenzaba a tartamudear, es que al tipo este no se le borra la sonrisa ni un segundo — pónganse cómodos, siéntense en el sofá.

— Disculpa Bill — me llamó con su grave voz, y me estremecí — ¿Puedo poner algo de música?

— Le encanta bailar — añadió Yuki — de hecho es bailarín.

Tragué saliva. Me estaba poniendo jodidamente nervioso, y estaba comenzando a hacer mucho calor. Asentí y salí casi corriendo.

— Sabes Nick — oí decir al puto chino — Bill es bueno cantando, si vieras el espectáculo que ha dado para el musical. Los chavales por muy heteros que sean mueren por él.

— Como para no derretirse con tanta preciosidad — me temblaron las manos. ¿Yuki a quién me has traído? Cogí la bandeja y me dispuse a regresar a la sala.

Dejé los zumos sobre la mesita, y vi a Nick de cuclillas frente al equipo musical. Yuki de repente apagó las luces y el corazón comenzó a latirme con demasiada fuerza. Reí nervioso — ¿Qué hacen? — cuestioné, cuando la música comenzó a sonar.

Nick de espaldas a mí comenzó a moverse de una forma tan sensual. La música era… provocativa. Me quedé estático observándole y al girar avanzó hacia mí. Mierda, no. Bailaba cerca de mí con los ojos cerrados, mi corazón, mi respiración. Divisé entre la oscuridad a Yuki intentando leer con la luz de la noche los video juegos; y otra vez mi mirada se fijó en Nick quién me había cogido de las manos para bailar.

— No — murmuré nervioso — No sé bailar.

— Sólo sígueme — me dijo acercando su rostro peligrosamente cerca. Moví mi cuerpo intentando imitarle y al mismo tiempo ir al ritmo de la música — Eso es…

Su fría nariz, se adhirió a mi cuello y me sentí desfallecer. Lo que Tom me hacía, lo que me volvía loco. ¡Mi puto punto débil! ¿Por qué? ¿Por qué si no es Tom está gustándome?

— To number one — susurró en mi oído y arqueé mi espalda. Joder ¿qué está sucediéndome? Pude sentir sus manos amoldarse a mi cintura, comenzando a moverse totalmente pegado a mi cuerpo, y bajar muy despacio para luego volver a subir.

Abrió la boca y respiró contra mis labios. Su cálido aliento hizo que mi cuerpo se envolviera de calor. No es posible, no. Estaba deseándolo.

Mis manos presionaron con fuerza su camisa y perdiendo la conciencia poco a poco, mi respiración agitada al máximo, mi corazón latiendo tan fuerte como hace tiempo no latía, mi cuerpo rogando atención. Comenzaba a sentirme muy excitado.

— Eres precioso — susurró, y en un abrir y cerrar de ojos se apoderó de mis labios. En ese momento, me olvidé del mundo y me dejé llevar. Sus desesperados labios intentaban acaparar el máximo de los míos, sin dejar de bailar contra mí. — ¿Cuántos años tienes?

— Die…diecisiete — gemí contra sus labios. Bailando sensualmente fue caminando sin despegarse de mí, hasta que mi espalda dio contra una pared. No, la puerta. — ¿Tú?

— Veinticinco — pude notar su sonrisa en la penumbra y volvió a besarme. Cada vez más hambriento. Me tomó por las muñecas, colocando mis brazos por encima de mi cabeza subiendo mi camiseta hasta mis axilas. — Y créeme que hace tiempo quería estar así contigo.

Me quedé de a cuadros y un vago recuerdo penetró en mi mente.

— Aquí vivo — sonrió Yuki y señaló una pequeña pero bonita casita — No me has respondido que haces aquí.

— Eh, voy a una cita — contesté — con el profesor.

— Ah — fue lo único que dijo. Tiró la colilla del cigarro lejos y me miró fijamente — hay alguien que te quiere. Tienes un admirador secreto.

¿Admirador secreto? ¿Alguien que te quiere?

— ¿Con que admirador secreto? — reí estúpidamente, mientras me besaba el torso.

— Así es — susurró contra mi piel, sin dejar de tocar cada rincón de mi cuerpo — Ya no tan secreto ¿no?

— Chicos, me iré por algo para que cenemos — Yuki. Había olvidado su presencia — prometo tardarme un poco. Creo que la noche será larga.

Sentí mis mejillas arder. Por primera vez estaba perdiendo la conciencia. Sentí un leve tirón y caí en la cuenta que me encontraba sobre el sofá, con Nick sobre mí sin dejar de besarme.

— Házmelo — no sé cómo, cuándo, por qué, ni las consecuencias que ello podría traer. No sé porque Tom no estaba en mi mente en ese momento. No sé que tenía este hombre, que me transformaba en un guarro perdido. No sé. Lo único que comprendo es que el jodido deseo, se había adueñado de mí.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

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