MPDQ 3

«Mi profesor de Química» Temporada I

& Capítulo 3 &

& Bill &

La luz de la farola me encandilaba y, en cualquier momento cogería la primera roca a mano para romper el puto foco. Era la tercera vez que tocaba el timbre y nadie me respondía. ¡Iba a perder la maldita paciencia!

La casa del profesor por fuera era bonita, sencilla, algo grande para él solo. Las paredes eran un color claro y amarillento, poco moderno para mi gusto y con aspecto antigua. Me recordaba vagamente a mi viejo y extrañable hogar, excepto que la casa de Thomas tiene poco jardín. Una de las rosas, devorada por los bichos, era una de las pocas plantas que adornaban el lugar.

Insistí nuevamente, hasta que oí como un vehículo se frenaba a mis espaldas. Con una enorme sonrisa y la esperanza volando como globo aerostático me giré rápidamente. Entrelacé mis propios dedos y mi respiración comenzó a acelerarse tan notoriamente, que cualquier imbécil diría “Billy estas enamorado”. Tal vez, tal vez.

Pero mi globo se pinchó cuando vi, que Tom no usaba tacones altos, ni pollera corta, ni mucho menos tenía la cara, el cuerpo y la sonrisa de la profesora de Literatura.

— Hola, tú… ¿eres Bill cierto? — ¡No! ¿Qué crees? ¡Adivina! ¡Sii! , soy Santa Claus y no encontré la chimenea. ¿Qué demonios hacía esa…prostituta en casa de mi profesor? — pasa cielo, mi novio llegará en cualquier momento.

Já, pasa cielo. Cielo, pero tú no eres mi nube. ¡Un momento! ¿Vive con ella?

Pasó por mi lado, y metió la llave en la cerradura. La miré de arriba abajo con disimulo. Hasta iba como una puta. Dio un paso, encendió una de las luces y se giró hasta mí. Sonrió haciéndome un gesto con la mano, invitándome a pasar.

Tímidamente ingresé y miré. Qué bonita era la sala. Tan cuidada, tan fina. Con adornos por aquí y estantes por allá. Mi profesora adorada de literatura encendió la computadora y me volvió a sonreír, creo que de tanto hacerlo se le iba a marcar en la cara — siéntate Billy, Thomas no demorará en llegar. Veré si tiene lo tuyo en la habitación.

Dejé descansar mi cuerpo sobre el sofá. La muy golfa se creía mi madre llamándome Billy. Me desperecé, no podía creerlo. ¡Estaba en la casa de mi profesor! ¡Del profesor más guapo de la preparatoria! ¡En su casa! ¡En su, su su casa! Me reincorporé — aún con la emoción recorriéndome de pie a cabeza— y me deshice de mi mochila.

— No — susurré involuntariamente al ver retratos sobre una mesita de madera. No quería verlos, el corazón comenzó a acelerarse dentro de mí con mucha fuerza. Corrí mi vista hacia otra parte, pero sólo me encontré con más fotografías. Un calor se trepó hasta mi cara e invadió mi piel hasta las orejas. Mi pecho comenzó a subir y bajar desesperadamente, mis ojos…. Mis ojos ardían ¡No! ¡No tienes ganas de llorar! ¡Bill tú no vas a llorar! Me puse de pie y caminé hasta las fotos.

Qué bonito eres… eres el primer hombre ¿sabes? El primero. Eres la primera persona en captar mi atención, eres el primero en desesperarme de este modo, eres… un hombre mayor. ¿Me duele sabes? La tienes sujetada de la cintura, estás en bañador, mirándole su delgado y perfecto cuerpo. Le sonríes, la besas, la corres.

Miré otra de las fotografías, besándose. Sólo a ella la besas, seguramente sólo a ella le acaricias, seguramente no lo diré pero seguramente no piensas, ni pensarás en mí cuando lo hagas. ¿Te das una idea de cómo me gustaría probar tus labios? Al menos un momento, o tan sólo un roce. Un momento. ¿¡Qué demonios estoy diciendo!? ¿¡Qué estoy haciendo aquí?! ¿¡Por qué algo mojado cae por mis mejillas!?

Miré otra. Dolió aún más. Él estaba colocándole un anillo de plata, con un gesto muy feliz, una mirada muy enamorada. Estaban comprometiéndose. ¡Qué estúpido me siento! Debo irme, tengo que salir corriendo. Ellos…ellos eran una pareja, ellos van a casarse, ellos son felices. ¿Ves Bill? ¿¡Ves!? Míralos, míralos. Son felices, tú eres un cero a la izquierda, tú…

— Bill, creo que esto te ha dejado Tom para ti — habló a mis espaldas. Se me estaba comenzando a formar un nudo en la garganta. Ella estaba detrás de mí — dice tercer año, química… ¿Bill? ¿Estás bien?— Agaché la cabeza conteniendo las lágrimas, ellos eran felices, ellos estaban enamorados, ellos probablemente formarían una familia. ¿Y yo qué? ¡Yo no era más que un estúpido alumno enamorado de su profesor! ¡¿Quién eres Bill?! No eres nadie…

— ¿Estás bien? — sentí como su mano descansaba sobre mi hombro. Me alejé con cuidado y la retiró atemorizada— No sé que te sucede, pero si quieres sal y respira no lo sé.

Unas luces se reflejaron sobre la pared. El sonido de un motor se apagó, un vehículo se detuvo. Él había llegado. Jessica corrió hasta la puerta casi entre saltitos. Observé la situación de reojo mientras me secaba las lágrimas arrastrando consigo, todo el resto del maquillaje.

— Ya va cariño — gritó, y esa palabra de afecto y amor rebotó en mis oídos. Me apresuré en ir hasta el sofá para coger mi mochila y largarme de allí. Pero en ese preciso momento, entró Tom arrojando lejos el bolso de su trabajo y se quedó insólito al verme allí.

— Ya me iba — me defendí al instante — sólo…sólo vine por, a buscar. Vine a…

— ¿Amor, le has dado la carpeta? — ¡No le digas así! ¡No delante de mí!

— Estaba en eso hasta que… — no le cuentes. No abras tu sucia bocota. ¿Vas a decirle algo que ni tú misma sabes? Claro.

— ¿Qué? — Nos miró a ambos, otra vez el calor trepándose hasta mi rostro — ¿Qué pasó aquí?

— Hasta que me emocioné viendo las fotografías — interrumpí — te quedaba jodidamente bien las rastas y el cabello sucio y rubio. En fin me retiro, gracias por los resúmenes, la bola esa. Me servirán y… nos vemos mañana.

— ¿No quieres cenar con nosotros? — ¡Sí! No. ¿Quiero? Sí, bueno sí quiero. Pero no debo. Al menos…si ella no estuviera aquí presente, te tendría solo para mí — Serías el primer alumno en quedarse — eres un dulce, Dios. Deseo comerte a besos ¡Quiero quiero!

— Y el último — advirtió amenazante. ¡Ay tú no debes odiar! Pero la detesto, cara de perra… Barbie fallada. Por primera vez, me siento inocente. Sé que contra ella no podré. Jamás podré.

— No — titubeé. Me colgué la mochila, le arranqué — literalmente— la carpeta de las manos y me dispuse a salir — Adiós, gracias.

No me atreví a voltear la mirada y atravesé rápidamente la entrada. Al poner un pie en la vereda eché a correr. ¿Qué crees Bill? ¿Ah? ¡Adivina pequeño inocente! No sólo te enamoras a primera vista como tanto has soñado y deseado. Sino, que además, lo haces de una persona que ya ha conformado y construido un proyecto de vida ¿Lo ves? ¡Mírate! En un día, te has sentido de mil maneras diferentes. En las nubes, con mariposas en el estómago. Y para finalizar: tienes el corazón roto.

& Tom &

Vuelvo a la teoría de que los jóvenes de hoy en día están cada día peor. ¿Qué bicho le ha picado? Cerré la puerta y de inmediato mi preciosa se prendió de mi cintura.

— ¿Qué tal el primer día? — me preguntó caminando pegada a mí hasta el sofá. Suspiré, no había sido tan malo después de todo. — Yo ya he renegado demasiado, ya me estresé por todo el año.

— Yo, sabes cómo soy con esos niños — reí — me pueden, pero les castigaré por ser dulces en el examen.

— Óyeme — su tono cambió de inmediato — no traigas más alumnos aquí. Además ese muchacho es tanto extraño ¿Sabes? hasta creí que era una muchacha.

— Déjalo ahí, no pretendas ofenderlo — interrumpí ¿Molesto? — pero si no quieres que lo traiga más aquí, ten por seguro que lo haré.

— Así me gusta — sonrió acercándose hasta mis labios — un futuro marido que se adapte a mis reglas.

— ¿Ahh sí? — La besé sensualmente alzándola entre mis brazos — quiero que me enseñes tus reglas.

— Hmmm, las reglas están para romperlas — comenzamos a subir por las escaleras, deshaciéndonos de las molestas prendas — ¿Desea romperlas profesor Kaulitz?

— Suena interesante — murmuré en los últimos escalones — ¿Me deja romperlas?

— Rómpelas — ordenó entre risas caminando hasta la habitación — con cuidado.

— Siempre lo hago con cuidado — añadí arrojándola a la cama. Siempre que llegamos a esta instancia, me pregunto si sé diferenciar el amor y la atracción. Cuando conocí a Jessica, lo primero que me atrajo de ella fueron sus preciosas piernas. Para ser sincero, no tolero su personalidad, siempre discutimos por su forma de pensar, no me gusta como es con los demás. ¿Eso es estar enamorado? Sólo me gusta pasarla bien con ella, disfrutar del buen sexo, poseer alguien que me espere con la comida lista, que me escuche mientras me aburro. Pero si me dices ¿Qué piensas de tu pareja? Pues que es bonita y sabe cómo hacerlo.

Cuando reaccioné que la mirada de mi alumno reflejaba algo que jamás antes había visto, perdí mi erección y salí del cuerpo de mi novia.

— Lo siento — me disculpé avergonzado, me cubrí de la cintura hacia abajo y corrí hasta el baño. Abrí el grifo de la ducha y nuevamente, dejé que mis pensamientos me invadieran. No comprendía totalmente la tristeza de Bill. Porque sé perfectamente que lo que le desbordaba era tristeza, dolor. Angustia tal vez. Ese chico sí que es raro, apuesto a que esconde demasiadas cosas. Me dará gracia verle mañana con el uniforme y su pelo hacia abajo, apuesto a que dejará de confundir al resto con una mujer. En verdad, él no tiene que envidiarle nada a una mujer, es muy bello.

En fin, espero conocerlo mañana. Más a fondo. Eso deseo, ¿O no?

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!