MPDQ 4

«Mi profesor de Química» Temporada I

& Capítulo 4 &

& Bill &

Un motivo…un motivo, no tengo un motivo. — Ring ring. ¿Qué es ese sonido? ¿Una campana? — Yo no tengo un motivo. No soy homosexual ¿cierto? — Ring, Ring. ¿De dónde mierda proviene esa música? — Disculpe ¿Me decía? Oh sí, no soy homosexual profesor…pero usted me gusta mucho y a usted lo deseo — Ring, Ring, ring, ring.

— ¡Pero me cago en la puta! ¡Qué alguien apague el maldito despertador! — Qué sueño tan extraño, si no fuera por esa melodía tan molesta ¡menuda íntima situación! ¿Qué hora es? ¿Qué día es hoy?

Cogí mi móvil, y con los ojos entrecerrados por la encandilante luz, intenté divisar la fecha y hora — miércoles, siete y media de la mañana.

— Oh pero que temprano es, aún estamos en vacaciones — me desplomé sobre la cama tosiendo extrañamente, tal vez vaya a resfriarme; y cerré los ojos. ¡Un momento! ¿Siete y media de la mañana? ¡Voy a llegar tarde! ¡Voy a llegar tarde! — ¡Andreaaaaaaaaaaaas!

Grité con todo lo que dieron mis pulmones, pero nadie en la casa me respondió. Demonios, todos se habían marchado sin siquiera despertarme. ¡Idiotas desconsiderados! De inmediato pateé las sábanas lejos y con toda la desesperación del mundo comencé a preparar mis útiles escolares. Mamá tiene razón ¿Por qué no los ordeno por la noche? Siempre todo a último momento ¡Rayos! Una toalla, una toalla… ¿¡Por qué mamá tiene que tocarlo todo!? Aquí, aquí está. Ohh no… cielos. El uniforme, verdaderamente apesta. Pantalones grises, camisa blanca, corbata azul y un pequeño saco azul y botones dorados. ¡Me siento un muñeco de torta!

Me miré al espejo por quinta vez, me sentía tan ridículo. Mi cabello al natural, hacia abajo, sencillo nada de volumen, nada extraño. ¡Nada! ¿Maquillaje? Apenas, o me terminarían regañando. Apenas algo en los ojos y un poco de base clara.

Cogí mis cosas y eché a correr por la calle, no tenía tiempo.

Anoche estuve pensando mucho en lo que ha sucedido. Ayer no he visto al profesor de Química en todo el día ¿me pregunto si los martes asistirá? Lo estuve buscando con la mirada en ambos recreos e incluso en la hora del almuerzo pero fue inútil. Jessica, que al parecer la veré hasta en la sopa, no fue muy amable conmigo y temo que intuya algo. Para mi gran suerte, hoy es mi clase de Literatura por lo que tendré que tolerarla la primera hora de clases.

Extraño al profesor Kaulitz, extraño mirarlo. Hoy me tomará el examen, por la tarde. He estudiado, no me gusta nada la materia e incluso la odio, pero él me gusta mucho. ¡Nadie lo sabe, ni lo sabrá! Pero me gusta mucho, me gustan sus ojos, me gustan sus labios ¡Hasta me gusta la bolita metálica que los adornan!.. Me gusta como habla, me gusta como camina. ¿Cómo es posible que alguien me guste tanto con tan poco de verlo? ¿Será eso el amor a primera vista?

Corrí con todo lo que mis piernas me permitieron el último tramo y toqué el timbre. Doris, la portera nunca llegó a abrirme.

— ¿Con que llegas tarde Trümper? — me habló una delicada voz a mis espaldas. Me giré sonriente — Me pasa a diario.

— Buenos días Mateo — le saludé amablemente — creo que nos hemos quedado fuera.

— No tonto — ¿Quién le dio permiso para decirme así? Bueno, no me molesta del todo — ven, te enseñaré la otra entrada.

Cuando reaccioné, me había cogido de la mano y corríamos alrededor de la escuela. Mateo era extraño. No tanto como el profesor, pero su mirada y su sonrisa sí que eran especiales. Miré la unión de nuestras manos, tenía la piel suave y pálida. Casi casi como la mía. Cómo me gustaría que Tom me cogiera de la mano… otra vez el profesor.

Me pregunto… ¿Kaulitz pretende pasarse todos los segundos de mi existencia en mi mente? ¡Si hasta ni puedo descansar sin pensarlo!

Cuando caí en la realidad nuevamente, vi como pasábamos por las taquillas y la profesora de matemáticas hablaba amistosamente con Jessica. Teresa, mi enseñadora de cálculos y esas mierdas, es una señora americana algo mayor. Bueno, no tanto, probablemente tenga la edad de mamá. Pero lo más curioso, es que tuvo una relación con un tal Gustav en otras épocas, eso me han dicho Cassie y Johana, dos niñas que se han acercado a hablarme mientras comía ayer.

— Buenas noches — saludó con ironía y de inmediato miró nuestras manos. Me separé de Mateo automáticamente y sentí mis mejillas arder — bonitas horas de llegar Trümper.

— Permiso ¿Ha comenzado alguna explicación nueva? — Me dirigí a Teresa, dándole la espalda a la muñeca plástica e idiota — porque la clase de matemáticas me interesa y mucho.

Oí claramente como resopló y comenzó a caminar por el pasillo, con un caminar felino que sus tacones resonaban con fuerza — niño inmaduro.

¡La oí! Vieja tonta.

— Bill — la voz de Mateo alejó mis malos pensamientos — entra a la clase.

Me quedé pensando si realmente estoy actuando como un niño inmaduro. Sé que no soy un niño, bueno a los diecisiete tampoco debería sentirme adulto — El límite de una función es un concepto fundamental del cálculo diferencial matemático — pero si realmente estoy comportándome como un inmaduro, no creo que le llame al menos un poquito la atención al profesor — el límite es un concepto que describe la tendencia de una sucesión o una función… — tal vez sí, tal vez debería cambiar un poco, debido a que él es todo un hombre. Tal vez deba hablar como un hombre mayor, caminar y comportarme como un hombre mayor. Me estoy mostrando como un típico celoso. Ya. Jessica no tiene la culpa de haber aparecido antes en la vida de Thomas, y yo no tengo la culpa de haber ingresado a esta preparatoria y mucho menos de enamorarme así como así — a medida que los parámetros de esa sucesión o función se acercan a determinado valor. — Es decir, la culpa la tiene mi padre por quererse mudar, y a su vez el jefe de mi padre por cambiarle la residencia del empleo, y a su vez el jefe del jefe de mi padre porque…

— ¡Trümper! — Oh no… la profesora me mira furiosa, ¿qué son esas cosas dibujadas en la pizarra? ¡Pero me cago en la puta! No he prestado ni cinco de atención… — Trümper ¿Cuándo se dice que una función es L?

— Hemm… — titubeé. Deseaba enormemente que alguien respondiera por mí.

— Cuando equis — comenzó a decir un muchacho y suspiré, pero Teresa lo fulminó con la mirada y tuvo que cerrar la boca.

— No lo sé — estaba perdido, estaba comenzando mal — no lo entiendo.

— Sal de la clase Trümper — me ordenó. Me puse de pie automáticamente, no iba a replicarle si lo cierto era que no podía ir al corriente, ya que no entendía ni jota. Menos iba a entender con el maldito profesor merodeando por mi cabeza. ¡Y déle y déle otra vez con él!

— ¡La maricona de ese Trümper anda pensando en guarradas y no pone atención! — oí una de tantas burlas y resoplé. No me estaba adaptando en lo más mínimo. Siempre ha pasado, y es típico que haya un grupo en el aula que atente contra ti, que busque fastidiarte, que se burle y que te declare la guerra solo porque sí. Pues bien, ya tengo mis propios enemigos. Son cinco grandulones estúpidos. Miltón, con aires de líderes ya tiene barba, bigote y nietos pero él aún asiste a clases. ¡Es una exageración! Tiene diecinueve años, su cabello es oscuro. A simple vista es un chico común pero de seguro algo esconde para dominar a quién quiera de ese modo. Luego, está Chris así le llaman todos. Por lo que sé, es el más apegado a Miltón; algo así como carne y uña. Chris es el típico niño de clase, impecable… no parece mala persona, es amigo de Mateo también. También, está Frank. Según dicen sus padres son franceses, y es uno de los niños con mejores promedios. Lástima que por andar de amigotes con Miltón, el resto le mira mal.

Y por último los primos Tanaka, son japoneses o algo así. Los veo muy parecidos: Izumi es el chinito de cabello corto. Siempre sonríe, a veces pienso si por eso sus ojos son tan achinados; y Yuki el idiota que se burló de mí. ¡Con un look muy extravagante! Pero no mejor que el mío, claro.

Me giré y observé la clase por la ventana. El japonés me miraba y sonreía de una manera algo…amenazadora. Entorné los ojos y me quité el saco.

No tenía ganas de estar de pie, y la profesora ni siquiera me vigilaba. Comencé a andar por los pasillos hasta los baños de varones, pero me desplomé sobre una banqueta de madera cerca de las escaleras y cerré los ojos. ¡Levantarme temprano no es lo mío!

Aunque todo sea un sacrificio para ver a mi profesor…

& Tom &

Mi hora con esos diablillos finalizó, por lo que prácticamente corrí por los pasillos en busca de un café bien caliente. En mis manos tengo el poder, Oh sí, la muerte de esos niños alborotados. Si reprueban tendré que aplicar mano dura.

Snif…tengo que buscar el modo, de snif aprobar o en casa mamá me matará ¿cómo le hago? — escuché unos sollozos a la vuelta del pasillo y asomé la cabeza para ver de quién provenían… Trümper.

Me giré inmediatamente para regresar por donde había venido, pero otro sollozo me revolvió mi interior: no podía hacerme el desentendido.

— Hey tú — le llamé mientras me acercaba hasta él — ¿Qué te sucede?

— Nada — escondió su cabeza entre sus brazos, los cuales estaban aferrados a sus piernas.

— Nadie llora por nada — susurré sentándome a su lado, y noté como se corría lentamente — y si sigues alejándote de mí, vas a caerte.

Permaneció en silencio y un poco más — te lo dije— reprimí una risa y le extendí la mano. Sus ojos llorosos se fijaron en los míos y mi estómago dolió de una manera fatal. Casi suelto su mano… pero no me atreví, se sentía muy bien.

— Dime que te sucede — insistí y coloqué mi mano sobre su cabeza, como el primer día.

— No entiendo nada — su tono sonó serio y comencé a imaginarme algunas cosas — sobre matemáticas. Jamás me fue mal, siempre tuve buenas calificaciones.

— ¿Y entonces cuál es el problema? — Su labio inferior temblaba, estaba conteniendo el llanto — ¿Algún tema que no comprendas?

— Muchos… — suspiró y otra lágrima cayó sobre su mejilla. Algo me decía que no sólo eran las matemáticas. Sujeté su cabeza y la presioné contra mi pecho intentando consolarle. ¡Algo se me tiene que ocurrir!

— ¿Quieres que te de clases? — Más que una pregunta, sonó a una frase desesperada y hasta rogué por dentro que aceptara — bueno es que… puedo ayudarte.

— ¿De ver-verdad? — tartamudeó, y nuevamente nuestras miradas se encontraron.

— ¡Claro que sí! — Sonreí contagiándole — puedo darte clases de matemáticas, luego del taller en el gimnasio o en la biblioteca. Donde tú quieras. Siempre y cuando no me descuides química por eso, eh.

— En el gimnasio — su sonrisa era demasiado bonita, creo que me quedé viéndole largo rato — gracias profesor, gracias de verdad.

Cuando intenté reaccionar, estaba abrazándome. Sus brazos rodeaban mi cintura y su rostro intentaba ocultarse entre cuello. Me producía cosquillas.

Vi como Jessica aparecía por el pasillo con una taza en la mano y me miraba atentamente. Se cruzó de brazos frunciendo el ceño. Pero hice lo único que me atreví a hacer: deposité mi mano sobre la espalda de Trümper como un guardián, mientras la otra acariciaba sus cabellos. Apoyé mi mentón cerca de su frente mientras mi mujer desaparecía otra vez, echando humos.

— Gracias — repitió esta vez en un susurro. Y por primera vez, sentí una calma enorme. Por primera vez una sonrisa verdadera se asomó por mi rostro. Por primera vez, una persona se instalaba en mi corazón.

Continúa…

por Ignacio Pelozo

Escritor del Fandom

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