
«Mi profesor de Química» Temporada I
& Capítulo 5 &
& Bill &
La hora del almuerzo apesta. El área del bufete apesta. La cocinera apesta. La entrega de la comida apesta. Las bandejas apestan. Las amplias mesas con esas bestias apestan. El colegio apesta. Las matemáticas apestan. Jessica apesta.
Pero nada de eso puede arruinar el momento de hoy. Sentir los brazos del profesor de química sobre mí, el perfume en su ropa, el olor a limpio, la sensación suave en sus manos. No se compara siquiera a la hamburguesa que tengo delante de mí, cómo me hubiese gustado congelar el tiempo para siempre. Después de todo no apesta tanto, me ayudará con matemáticas y…podría hacer el que no entiendo absolutamente nada para pasar más tiempo con él.
— ¿Puedo sentarme aquí? — Milton ¿qué se traía este? Asentí rápidamente dejándole un sitio a mi lado — ¿Tu primo?
— Fue por un vaso de leche y galletas — respondí dándole el primer mordisco a mi hamburguesa.
— Era cierto que es un gatito entonces — no supe distinguir si su tono sonaba amistoso o estaba burlándose. Alcé un hombro y sentí como su brazo me rodeaba por los hombros — Yuki quiere hablar contigo esta noche.
— ¿Q-quién? ¿Q-qué? ¿Para qué? — Me alejé rápidamente y para mi suerte vi como Andreas se encaminaba hacia nosotros — ¿Yu-yuki?
— Sí, Yu-yuki — se estaba riendo de mí, el gran imbécil — quiere arreglar contigo algunas cosas.
— Yo no lo conozco, no he hablado con él y mucho menos es mi amigo — me puse de pie atemorizado pero me sentó de un solo manotazo.
— Estás advertido — me susurró. Me estremecí por completo, no comprendo porque todos le temían pero de seguro tenía sus táctmira maricona, eres la primer nenaza en llegar a este colegio y Yuki va a enseñarte a ser macho. Si tú no vas, te iremos a buscar.
Me dejó un beso en la mejilla y entre risas se juntó en un rincón con sus amigos. Frank y él se mostraron enojados.
— ¡¿Qué traes?! — Gritó una voz a mis espaldas, y casi pierdo el corazón por la boca — ¿Eh, qué va? ¿Por qué te asustas? Ni que fuera tan feo.
— Te me apareciste de la nada — Andreas se sentó junto a mí notando mi nerviosismo. Tenía que sacar algún tema de conversación antes de que yo mismo me hundiera solito — ¿Qué tal vas con el par de tetas?
Abrió los ojos como platos y se atascó con una galleta — ¿Con el qué?
— Con la muchacha esa, la de los senos grandes— solté como si fuera lo más natural y unas niñas más pequeñas que pasaron por nuestro lado se rieron entre ellas.
— Annie Hünicken — añadió seriamente y giré los ojos resoplando — somos amigos.
— Eso, es más fácil decirle par de tetas que nombrar el apellido — nos reímos sonoramente — ¡¿Qué?! ¡Es verdad!.
— Oye Bill… — su rostro se puso serio de inmediato y comencé a asustarme, al ver como Milton y su pandilla miraban insistentemente secreteándose.
— ¿Quép? — dejé de mirarlos, los japoneses tenían los ojos puestos en mí.
— ¿Quieres ir esta noche a una discoteca? — Alcé los hombros bebiendo un poco de Coca-cola — va la pandilla de Yuki.
Pero el gas se fue por el lado equivocado y me ahogué — ¿Bill? ¡Mierda! — Andreas comenzó a golpearme la espalda insistentemente, pero creo que ya estaba hasta violeta — ¡Alza los hombros bestia!
— Ya, ya — alcancé a decir tomándome el pecho — ¡No iré una mierda!
— Cálmate eh, de acuerdo — cada uno volvió a su lugar — pero necesito que me cubras.
— No le mentiré a mis padres porque tú quieras salir de parranda — en realidad, lo hacía por temor. No quería que mi primo terminara siendo amigote de esos extraños — además saldrás con gente que ni conoces.
— Justamente — sonrió el muy idiota — para conocerlos mejor.
— Para que te vean mejor, para que te escuchen mejor, para que te coman mejor — comenzaba a enfurecerme — ellos son peor que el lobo Andy.
— Puf claro, son la mafia — otra vez en el día se burlaban de mí — se cuidarme solo primito.
— Has lo que se te venga en gana. — genial. Mal humor, pero no duraría mucho. Giré la cabeza y mi mirada se fijó en el ser más bello de la Tierra. Estaba de espaldas, sus trenzas oscuras cayendo por su espalda. ¿Qué habría debajo de esa ropa tan grande? Me sonrojé ante mi propio pensamiento, el corazón me bombeaba con mucha fuerza, mi cara sentía mucho calor y me ardían hasta las orejas.
Hasta que ella ya tuvo que aparecer y captar su atención. Comenzó a hablarle, su rostro reflejaba algo parecido al enojo, a la furia. Creo que estaba exigiéndole algo, él siguió caminando un poco sin darle demasiada importancia.
— Hey Bill — Andy me ahuyentó los pensamientos y lo miré rápidamente — ¿estás excitado?
— ¿¡Qué!? ¿Qué mierda estás diciendo? — Me sonrojé todo lo que fuera posible, sentí que me quemaba el cuerpo — deja de decir estupideces, ¡No estaba mirando a nadie!
— Yo no dije que miraras a nadie — susurró con complicidad y miró en dirección al profesor — ¿Mirabas a la mamasita de la profesora de Literatura?
— Yo no sé si te haces, te dedicas o ya naciste así — me puse de pie y dejé que hablara solo. ¡Mi primo siempre me saca de quicio con sus estupideces! Claro justo yo mirando a esa golfa.
Caminé y caminé hasta dar con las escaleras del patio. Arrojé al cesto de basura la servilleta sucia que traía en la mano, que por cierto estaba hecha una bola debido a mi enojo; y me senté respirando un poco de aire puro.
Otra vez, comencé a toser. La garganta me picaba, me dolía. Qué extraño…
— ¿Qué haces aquí solo? — nuevamente. Mateo — ¿Por qué no almuerzas en el comedor?
— No tenía con quien estar — no le miré, en ese momento solo deseaba una cosa. Que la tarde cayera y él me esperaba para darme las clases de matemáticas.
& Tom &
Este niño se está demorando mucho, me pondré a corregir los exámenes de esta tarde. Veamos, busquemos la evaluación de este muchacho… ¡Trümper! Qué bonita letra tiene, se asemeja mucho a la de las típicas maestras jardineras. Sin ofender, claro.
Todo está relativamente bien… ¿Un diez? ¡Es imposible! A ver, a ver…“Los átomos que son isótopos entre sí son los que tienen igual número másico (número de protones en el núcleo) pero diferente número atómico (suma del número de neutrones y el de protones en el núcleo”
Él solito se contradijo, puso cualquier cosa. Un…
— ¿Cuánto me saqué? ¿¡Cuánto me saqué!? — Las hojas volaron por el aire, mi corazón se aceleró para todas partes dentro de mi pecho — Lo asusté, lo siento.
Comencé a recoger los exámenes — casi me matas de un infarto.
— Lo siento — agachó la cabeza avergonzado y sonreí — ¿Cuánto me saqué?
Esa carita inocente… como me… ¡nada! — Un nueve, estaba por ponerte la nota.
— ¿Un nueve? — es sordo esta criatura ¿o me parece? — ni siquiera pensé que aprobaría.
— Ha sido la calificación más alta hasta el momento — sonrió ampliamente y se sentó a mi lado, justo en el borde de la piscina — ¿vienes a natación?
— No se me da bien el deporte — contestó nervioso — pero mi madre ha insistido y va a inscribirme.
— A mí tampoco se me da bien el deporte — me sonrió y me quedé mirándole fijamente. Su rostro era diferente a cualquier otro, jamás había conocido en mi vida a una persona así. Él y todo lo que irradiaba era especial, bonito, único. Seré profesor de Química y he estudiado demasiado, pero nunca antes supe lo que era la química entre las personas. Nunca antes hasta que este alumno apareció en mi vida.
— Bien comencemos — suspiré sin despegarle la mirada de todo su cuerpo.
& Bill &
Llevábamos casi una hora solos, dentro del gimnasio, solos, estudiando, solos, explicándome cada detalle matemático. ¡Solos!
Dejé de mirar la hoja cuadriculada y mientras me hablaba miré sus ojos, su nariz…sus labios. ¡Sus labios, sus labios!
Bill saca la mirada de la boca del profesor. ¡Mi corazón! Se me está acelerando demasiado rápido. Cuando habla, esa bolita de metal… estoy comenzando a sudar de los nervios, si no reacciono voy a besarlo… ¡No! ¡Quieto Bill! ¡Quieto!
— ¿Trümper está bien? — no. ¿Usted que cree?
— Estoy muriéndome — sí, muriéndome de amor por usted.
— ¿Qué? ¡Bill! ¿Qué te sucede? — me cargó en sus brazos, poniéndome de pie. Sujetó mi cara entre sus manos— ¿tienes fiebre? ¡Mierda, Bill!
Cerré los ojos hasta que sentí que volaba. ¡Claro! Tom me hace volar, sentir el cielo y tocar las nubes con las manos. Hasta que caí en algo helado. Abrí los ojos y me vi en la mitad de la piscina.
— ¿Bill? — Preguntó el profesor desde el borde de la piscina — ¿Cómo te sientes?
— ¡Mojado! — Grité con todas mis fuerzas— ¡¿Quién te crees que eres tú para lanzarme al agua imbécil?!
Y tras ese grito, nos miramos desafiantes. Probablemente un día lo mataría… a besos tal vez.
Continúa…
¡Qué historia tan genial! ¿no creen? Yo la amé desde el primer capítulo. Y no se quedarán con las ganas, así que sigan disfrutando del fic que Ignacio gentilmente me ha dejado publicar aquí. Beshoshs para él y también para todos ustedes. Y ya saben qué hacer, dejar su amor en los comentarios.
Jajajajaaj Bill es un mate de risa 😂😂😂😂