
«Mi profesor de Química» Temporada I
& Capítulo 8 &
& Tom &
Ni un mensaje. Ni una llamada. Primera clase del día con ese curso, ni mi alumno ni su primo aún llegaban. Tal vez todo estaba bien y era yo quien me metía malas ideas en mi cabeza, aunque desde que había despertado estuve déle y déle pensando que pasaría si a Bill le sucedía algo malo.
Anoche al llegar a casa dormí en el sofá. Jessica prácticamente no me dirigió la palabra, y aunque suene egoísta se siente mejor así. No dormí mucho, miraba el móvil cada dos segundos y me maldije mil veces por no pedirle primero su número. Lo cierto es que nunca antes me había sentido tan preocupado o atemorizado quizás, como si presintiera algo.
También medité mucho sobre el amor, ¿Qué es el amor? ¿Cómo se siente el amor? ¿De dónde nace el amor? Y hasta… ¿Qué es hacer el amor? Y lo más extraño de todo es que la única respuesta fue… “Tom estás jodidamente enamorado de la persona equivocada”. ¿Equivocada por qué? Pues en primer lugar, tú eres mayor de edad, él es un niño. Además ambos son hombres, es decir hay dos penes en una misma relación. Y en tercero porque o estás con el niño y te quedas sin trabajo, o sigues disfrutando de dar clases y te olvidas de él. Pero… ¿Por qué pensar en Bill haga que todo me importe una mierda? ¿O me dan ganas de correr, besarle, abrazarle pasándome por el culo los comentarios de los demás? Y debo asumir algo: jamás antes creí que iba a decirlo, no me considero homosexual, ni bisexual siquiera. Bill es la excepción, y si todos quieren dudar de mi orientación por eso ¡Me vale!
El lado negativo de la situación tiene nombre, sí Jessica. Y no porque algo me esté ligando a ella sino porque me ganaría más de un enemigo por dejarla. Aunque si Bill estuviese conmigo…podría tener a todo el ejército en contra con tal de que me ame. ¿Ves Tom? Aquí vas con Bill de nuevo.
Mamá me mataría, David Jost me mataría, mis amigos me matarían, Jessica me mataría. ¿Pero tarde cierto? Porque Bill ya te ha matado Tom. Bill te ha matado de amor.
— ¡Silencio! — Grité repentinamente — Bien alumnos… saquen sus tareas.
— Ha faltado Trümper — oí decir al tan agradable, bonito y dulce alumno (nótese la ironía) de Dos Santos — ¿Alguien sabe el por qué de la ausencia de Bill?
— Está enfermo — me apresuré a contestar, y al descubrir casi treinta miradas sobre mí, tras decir esto algo…celoso, creo que me ruboricé hasta las orejas — emmm… proseguiré a copiar algo en la pizarra.
Pude sentir la mirada de ese Mateo, dar justo en mi nuca. Si no fuera profesor probablemente me le enfrentaría y le daría una hostia por perseguir tanto a MI alumno. Mío.
— Permiso — esa voz. No. ¡No! ¡Dios, llévatela! — ¿Tom podemos hablar un momento?
— Luego — respondí sin mirarla — estoy ocupado.
— Pero es importante…— insistió. Mi paciencia comenzaba a correr como arena, en reloj.
— Luego — mi tono de voz comenzó a transformarse.
— Mira David me ha informado que — y menos paciencia.
— Luego — menos…
— Las reuniones serán — ya casi.
— Luego. Luego, luego, luego. ¿Después, posteriormente? — Volteé la mirada hasta ella — ¿¡Qué parte de luego no has entendido!?
La campana del recreo sonó en el momento menos indicado. Todos los alumnos nos miraban fijamente algo asustados por mi reacción.
— Salgan al receso — suspiré, dirigiéndome hasta la puerta yo también, aún muy alterado dejando que Jessica le explicara el mensaje a la pared. Pero al llegar a la puerta noté que olvidaba mi bolso. Me volví y los muchachos se rieron. Fue imposible contener una carcajada. Tomé mis cosas y salí.
Por los quince minutos que duraba el receso, quería aislarme. Estar solo y pensar. Pensar…toda mi vida me la pasé atrapado haciendo lo que mis padres y mi novia me determinaran. Hoy deseo liberarme, revelarme. Mi cabeza tiene miedo, pero mi corazón dice quiero. ¿Qué haría con mi alumno? ¿Qué haría con mi corazón?
& Andreas &
La angustia por parte de los padres de Bill, era más abrumador que el estado de mi primo. Yo llevaba el uniforme escolar, ya que luego del parte médico asistiría a clases. Los tres estábamos sentados junto a la camilla dónde Bill estaba sentado de brazos cruzados, ya que le habían prohibido hablar debido a un quiste en su garganta.
— Buenos días —saludó el médico, ingresando en la habitación y como tres cohetes salimos disparados poniéndonos de pie. Gordon y el doctor estrecharon sus manos. — Bueno, hemos hablado entre nosotros y hemos determinado una operación lo más rápido posible.
Noté como el testarudo de mi primo comenzaba a negar con la cabeza desesperado, arrodillándose sobre la camilla — Que dice mi primo que sí, urgente — mentí.
Volteamos hacia él. Su expresión era furiosa. Cogió una pequeña libreta y comenzó a escribir.
“No me operaré una mierda. Tengo miedo”— escribió. Y un puchero se dibujó en su rostro. ¡El muy gilipollas provocaba ternura!
— Cielo, no debes tener miedo. Es un rato, luego estarás bien y todo volverá a la normalidad — insistió Simone. Yo asentí dándole la razón.
— Luego podrás regresar a clases… —comencé a decir con complicidad — y podrás asistir al taller de química y quién te dice.
Sus mejillas se encendieron y comenzó a escribir nuevamente.
“Andreas deja de chantajearme, no lo haré”
— ¿De qué me perdí? — preguntó seriamente Gordon.
“¡NADA!” — escribió rápidamente él, asesinándome con la mirada.
— Que tu hijo adora las clases de química — escondió su rostro, avergonzado detrás de la libreta. Simone y el médico se rieron.
— ¿Y bien qué haremos contigo pequeño? — añadió el doctor.
— Déjelo en mis manos — agregué — como que me llamo Andreas que les traeré la solución.
Bill y yo cruzamos una mirada cómplice. Nervioso se mordió el labio inferior, mientras cogí mi mochila y me despedía de mis tíos.
La operación de Bill no sólo estaba en manos de los médicos, no. También dependía del bendito profesor de Química.
& Tom &
No había logrado concentrarme, no alcancé siquiera a corregir la mitad de los deberes, de repente una necesidad me azotaba por completo. Mil emociones: miedo, preocupación, amor, susto, deseo, amor, confusión, amor. ¿Amor? Eso pasaba. ¿Podía enamorarme? Más bien… ¿cómo pude enamorarme?
Necesitaba el consejo, un consejo… y no lo tenía. ¡Te volverás loco Thomas! Jamás creí que necesitaría oír un te amo, jamás creí que dependería de una simple asistencia. Jamás…pensé que extrañaría hasta el límite de dolerme. Mucho menos, pensé que el amor traería consigo miles de sentimientos más, desconocidos para mi persona.
Entré nuevamente a esa aula, por segunda vez en el día. Y pensar que hubiese pasado mucho tiempo cerca suyo… y no vino.
— ¡Andreas! ¡Andreas! — oí un bullicio imparable dentro del aula, y al ingresar noté que nadie me prestaba atención. Todos los alumnos rodeaban a alguien en el fondo.
— ¡Paren! ¡Paren! ¡Les diré como está Bill! — ¿Bill? ¿¡Mi Bill!?
— ¡Cállense! — Por un momento el docente se esfumó, y de mí nació ese hombre desesperado y enamorado — Andreas acércate.
Y de inmediato se puso de pie y corrió hasta mi escritorio, entre sonriente y apresurado. Salimos fuera del aula, no sé por qué. Cerré la puerta y mi corazón bombeó muy fuerte.
— ¿Qué le ha sucedido a Bill? ¿Cómo está? ¿Dónde está? ¿Por qué no ha venido?… — me quedé en silencio repentinamente al darme cuenta de lo precipitado que estaba.
— Está internado — soltó como si nada y me quedé de a cuadros. ¿Pero qué me estaba diciendo? — Tiene un quiste en la garganta… según dicen hay que operarlo urgente, pero él no quiere.
— ¿Internado? ¿Un quiste? — un nudo se formó en mi garganta, más doliente que cualquier tumor maligno — ¿Pe-pe…
— No quiere operarse, no hay nadie que lo convenza. Por eso vine — no comprendí, un miedo espantoso se trepó por todo mi cuerpo, adueñándose de mi sistema — sólo tú podrás convencerlo.
— ¿Yo? — Reí nervioso — ¿Yo por qué?
— Él haría todo lo que tú le dijeras — sonrió ampliamente, y en ese momento pensé en cosas sucias.
— No comprendo.
— ¡Eres o te haces! ¿No has notado que mi primo se muere por ti? — silencio. Me derretía, ¿estaba entendiendo bien?
— No… sé de que hablas.
— Bill te ama, con locura. Te ama y por eso mismo lo que tú ordenarás él lo haría. ¡Por eso quiero que lo convenzas de la operación! — Bill… ¿me ama? ¿Cuándo le pedí que me amara? ¿Cuándo leyó mis pensamientos?
— Bill ¿me ama?
— Mi primo por primera vez se ha enamorado, y ha sido de ti — sonreí. Ahora sí, podría decir que era el hombre más feliz del planeta.
A alguien en todo este planeta en este mismo momento puede estar esperándote y hasta incluso amándote…en silencio.
Eres tú pequeño, tú eres la persona. Tú eres el amor que tanto quiero, a ti te quiero. A ti te amo.
Continúa…