Muñeco 11 (P.2)
Fic TWC de Sarae
Capitulo 11 (P.2)

Me agarré a Tom con fuerza cuando vi mi clase a escasos metros. Casi estaba a punto de rogarle como si fuera un niño de parvulario que se quedara conmigo en clase porque los otros niños me decían cosas feas cuando vi como, literalmente, toda la clase se asomaba fuera de ella, mirándonos con la boca abierta y el morbo que les daba el asunto de verme con mi novio plasmado en la cara. Joder, joder, la que se iba a librar…

—Joder, no…

—¿Qué pasa? ¿Tienes miedo de que la gente te llame maricón o busquen guerra?

—Hum… — se rió.

—No lo aran. — Miré de reojo a los demás de mi clase, sobretodo al grupo de medio subnormales de los que formaban parte los tíos. Me sentía un poco intimidado, sin saber que me dirían o que clase de bromas intentarían gastarme y, restregándome las manos y dando suaves pataditas al suelo, suspiré y me acerqué a él, agarrándome a su sudadera y estrujándola con nerviosismo.

—Quiero… quiero irme a casa. No me siento bien.

—Cagado. — ¡Claro, como a él no le cuesta nada ponerse a romper piernas y dislocar brazos si le dicen lo más mínimo!

—¡Escucha, eres mi novio! ¿¡No!? ¡Pues protégeme y sácame de aquí!

—¿Por ser tu novio tengo que protegerte? ¿Quién dice eso?

—¡Yo! Te lo dije. Si eres mi novio, lo eres de verdad. — alzó una ceja, no muy conforme por esa cláusula.

—Georg y Gustav te han mimado mucho en este tema ¿no? Aprende a defenderte tú solo.

—¡Pues ya no eres mi novio! ¡Rompo contigo! — Tom bufó, haciendo rodar los ojos para volver a mirarme con una mueca en la boca.

—¿Qué pretendes hacerme hacer siendo tu novio?

—Pues… — muy astuto. Y si se lo decía, igual era él quien cortaba conmigo pero, en fin. — Protegerme cuando yo te lo pida, no avergonzarme ni humillarme delante de nadie…

—En privado si, ¿verdad? — hum… sentía el cuerpo arder de sólo imaginarlo y me puse a mirar el suelo, dando pataditas otra vez, sintiéndome estúpido.

—En privado, si… pero respetando los límites.

—¿Cuáles?

—… No lo sé… Además, quiero que esta semana me lleves al centro.

—¿Para qué? — le di un tirón de las rastas suave, sonriente.

—¡Tom, despierta! ¡Dentro de nada es Navidad! Obviamente, vamos de compras navideñas.

—¿Compras navideñas? Es la primera vez que lo oigo.

—¿Qué dices? ¿Es que tú no regalas nada por Navidad a tu familia o qué? ¡Que racano! — Tom se encogió de hombros, metiendo las manos en los bolsillos de su sudadera sin darle mucha importancia.

—Nunca he celebrado la Navidad.

—¿¡Que!? — eso fue tremendo. ¿Cómo que no celebraba la Navidad? Es decir… ¿Y los regalos? ¿Y la cena de Noche Buena y Noche Vieja? ¿Y la familia? ¿Y el árbol de Navidad? Y… y… bueno, todo lo que era la Navidad. ¿No lo celebraba? ¿Nunca? — ¿Eres budista o qué? ¿¡Quien en su sano juicio no celebra la Navidad!? — y se reí el loco.

—Yo no. Nunca lo he hecho.

—Pero… pero… ¿Qué haces en Navidad entonces? — Tom se encogió de hombros.

—Nada. Ver la tele. Suelen echar un especial porno en el canal 23, si, suelo verlo. — me quedé con la boca abierta.

—¿Te pones a ver porno en Navidad?

—Si. No tengo otra cosa mejor que hacer. Todos se encierran en casa con sus familias a celebrarlo y no hay nadie a quien tirarse o a quien meter una paliza. A veces también aprovecho y salgo ha hacer graffitis y cosas de esas. Navidad es muy aburrida. — y hablaba con total normalidad, como si eso fuera lo más normal del mundo, quedarse sólo en casa, viendo la tele, en vez de salir o disfrutar con la familia la época más feliz del año. Tragué saliva.

—¿Y tu padre?… Nuestro padre.

—Oh, antes salía por ahí ha emborracharse y aparecía al cabo de los días, pero desde que superó eso del alcohol y se puso a trabajar, nunca está. — tragué saliva. ¿Qué mierda me estaba contando? Nuestro padre lo dejaba sólo en Navidad, no, sólo los 365 días del año, pero entonces, ¿Quién cuidaba de él? ¿Quién le hacía la cena, quien le lavaba la ropa, quien le había enseñado ha hacer las cosas de la casa, quien le reñía cuando hacía algo que no estaba bien, quien le cuidaba cuando se ponía enfermo, quien le llevaba al médico o al hospital si en una pelea, se rompía algo? ¿Y si se caía por las escaleras y se rompía una pierna? ¿Y si le daba un ataque de apendicitis o algo parecido? ¿Y si se caía torpemente en la ducha y se quedaba inconsciente?

¿Quién demonios le había enseñado a ser humano?

—Bueno, ¿Entras en clase o te llevo a rastras? — en aquel momento, al saber de golpe que Tom se había criado completamente sólo, sin un punto de apoyo familiar, su sonrisa me pareció la más extraña del mundo…

Pero también la más resplandeciente en mi mundo.

—Buenos días, Gustav. — me giré al oír el saludo de Tom con semejante tonito de superioridad. Gustav estaba lejos, al lado de las taquillas, mirándonos con cara de, no me acerco hasta que ese tío no se las pire, refiriéndose a Tom claramente. En ese momento recordé que le debía una buena explicación a él también y de las gordas. Gustav no era como Georg, Gustav era astuto y sabía leerme la mirada y yo también a él. Por ejemplo, era más que obvio que odiaba a Tom y lo veía peligroso para mí, cosa en la que había dado en el clavo.

—Tom… — mi hermano/maniaco/novio me miró con desconfianza.

—¿Quieres que me vaya y te deje a solas con él? — ala, otra persona que sabía leerme la mente, ¿Tan obvio era?

—Si. Hazme el favor de pirarte.

—¿Y sino quiero?

—Lárgate a clase, Tom. Por tu culpa tengo que inventarme otra excusa para el numerito de las taquillas.

—Pensaba que Georg ya le contó la excusa con los suficientes detalles. Los gemelos están enrollados para dar celos a Natalie y que Bill pueda volver con ella. — le miré con los ojos muy abiertos. ¿Cómo mierda sabía eso? ¿Cuándo lo había oído? — Oh, por lo visto a Georg le cuesta un poco alcanzar el sueño por las noches y tiene la manía de ponerse ha hablar con su sombra en casos extremos y como tú te escaqueaste a dormir al cuarto de invitados, yo tuve que tragarme su charla. — abrí la boca para hablar, pero la cerré enseguida.

El viernes, cuando perdí las llaves y me caí por la ventana, dejando la puerta cerrada, después de un largo camino con Tom poniéndose chulo pidiéndome que fuera su novio, llegamos a casa de Georg.

—Cuando pensaba que ya no había forma de que te mataras pegándote un planchazo con la plancha para el pelo, que no te ahogarías en el cubo de la fregona o que no te mataría la armario empotrado cuando la abrieras, apareces en mi casa, pidiéndome que te deje dormir aquí junto con tu hermano porque te caíste por la ventana de tu cuarto. Hum… eso es nuevo. ¿Qué voy ha hacer contigo, Bill?

Esas fueron sus palabras en cuanto le conté lo ocurrido. Dormimos allí. Le dije a Georg que como no había sitio suficiente, podía emperchar a Tom en la caseta del perro, pero Georg es tan buena persona que dijo…

—Vosotros sois hermanos gemelos, ¿No? Dormid en mi habitación, tiene cama de matrimonio. Yo dormiré en la de invitados.

Por supuesto, me negué y me encerré en la de invitados. Sabía que Tom intentaría follarme en la casa de mi mejor amigo porque así de guay era él. Así que yo dormí en la de invitados y Tom (Después de casi tirar mi puerta abajo a base de gritos y ver que no pensaba abrirle) cedió y se fue a dormir con Georg. Al día siguiente, se quedó dormido sobre el plato de cereales y pensé que se ahogaría entre leche y trocitos de pasas de chocolate de Nesquit. Sobrevivió. El jodido tenía aguante.

Ahora entiendo porque se durmió sobre los cereales.

—Tom, vuela.

—Creo que no.

—¡Pues corto contigo! — Tom gruñó. Gustav y él cruzaron una mirada rápida y mi hermano sonrió con claro desdén, con falsa dulzura.

—Vengo a por ti luego. — esas palabras me hicieron reír como un idiota.

—Te espero. — su sonrisa se ensanchó más frente a Gus y se inclinó sobre mí, besándome en los labios, quedando el intento de profundizar en un solo pico cuando lo empujé para que se apartara. No más exhibicionismo y menos, delante de mis amigos. — Tom… ¡Desaparece! — le grité, rojo, chasqueando los dedos y mi malicioso hermano me dio la espalda empezando a alejarse, con una sonrisa en la boca.

—¡Si me echas mucho de menos dame un silbidito y vendré volando, Muñeco! — giré la cabeza a todos lados, escuchando pequeñas risitas retumbar en mis oídos. ¿Qué pasa, la gente no tiene nada mejor que hacer o qué?

—Bill… — arrugué la nariz al ver la expresión disgustada de Gus frente a mí. Mierda, estaba preocupado por mí. Le debía algo más que una explicación al bueno de Gus.

—¡Buenaaaas!

—¿Buenas? Llevo llamándote todo el fin de semana y no me lo coges, voy a tu casa y finges no estar y ¿Apareces ahora morreándote con tu hermano otra vez y lo único que se te ocurre decirme es buenas? — vaya, estaba muy enfadado conmigo y tenía razones para estarlo.

—Lo siento. — Gustav resopló. — Pensaba que Georg te lo había dicho. Tom y yo estamos haciendo el paripé para…

—¡Corta el royo, Bill! ¡Igual Georg se cree esa mierda de los celos para con Natalie, pero estaba seguro de que sabías que esa gilipollez no iba a funcionar conmigo, así que escúpelo de una vez! ¿¡Que coño estás haciendo con ese tío!? — encogí la cara, tragando saliva. Gustav nunca me había gritado y menos había perdido los papeles delante de tanta gente. Estaba furioso y no pensaba discutir con él allí en medio del jolgorio, dónde ya se empezaban a oír murmullos sobre rumores de que Gustav estaba celoso o no se qué tonterías.

—Espera, vamos al baño. Todo el mundo nos mira.

—¡Ah, ahora no te gusta que te miren! ¡Pues el otro día parecías disfrutar de lo lindo que Tom te exhibiera! — me quedé callado, dirigiéndole una mirada furibunda, esperando que se tranquilizara y dejara de gritar. Le hubiera roto la boca sino fuera porque le conocía, sabía que no lo hacía con mala intención, que sólo estaba preocupado por mí y que el fin de semana había estado tan desesperado que ahora, teniéndome delante, había explotado. Sabía también que no hacía falta darle para hacerle reaccionar cuando su cara se relajó y el color cambió de rojo de furia y una intensa palidez. — ¿Qué estás haciendo, Bill? — soltó, más calmado, pero tremendamente alterado.

—Gustav, tengo que entrar a clase ahora y tú también. Luego te lo cuento.

—No, necesito saberlo ahora. ¿Es que no lo entiendes? El día de antes de que tu hermano apareciera, vi a mi mejor amigo salir de un pub agarrado de la mano de un desconocido y no supe nada de él hasta tres horas después. Luego, me entero de que el desconocido era su hermano gemelo y, ahora, os veo a los dos morreándoos por los pasillos de la universidad, ¡Esto es una locura, Bill! ¿Qué mierda pasa? Joder, ¡Dime que no estás haciendo ninguna locura!

—¡No! Es sólo que…

—Bill, lo conoces en persona desde hace unas semanas y te está cambiando radicalmente.

—Eso no es cierto, Gus. Soy el mismo de siempre.

—El Bill de siempre nunca ha guardado secretos a sus amigos y nunca dejaría que un tío le utilizara para… ¡A saber qué! — suspiré.

—Tom no me está utilizando, es… otra cosa…

—¿El que, Bill? ¿Qué es, según tú? — entorné los ojos, abriendo la boca para contestarle pero, consternado, ni una palabra salió de mi boca.

Muchas cosas pasaron por mi cabeza y otras miles me llenaron el estómago de fuego y me hicieron encoger el corazón y entonces lo supe, totalmente desconcertado.

—Yo… no lo sé.

No tenía ni idea de qué estaba haciendo ni porqué, pero lo hacía. Hacía cosas que antes nunca hubiera hecho. Mantenía relaciones con mi propio hermano y me veía incapaz de parar ahora. Tom arrasaba con mi cuerpo, con cada célula de mí. Era demasiado grande lo que sentía como para encerrarlo en un espacio pequeño de mí cuerpo y no dejarlo salir, eran… demasiadas cosas.

Gustav negó con la cabeza en señal de desaprobación.

—Bill, ¿No te das cuenta de cómo te mira? Es… monstruoso. Como si fueras de su propiedad, como si fueras manipulable, como si pudiera hacer contigo lo que quisiera, como si fueras… un Muñeco.

Un Muñeco…

—Si ha pasado algo, si estás metido en un lío, dilo. Somos amigos desde primaria, te conozco desde siempre, no voy a juzgarte, Bill. Sabes que puedes confiar en mí. — alcé la mirada y me encontré con sus ojos sinceros. Ese era mi momento, el momento de decirlo, el momento de soltarlo todo…

El momento en el que todo acabaría.

—No. — mis labios se movieron solos, negando rotundamente, con una determinación que desconocía en mí. — No pasa nada grave. Somos normales, nuestra relación es… difícil de sobrellevar, pero no es nada más allá. No tienes de que preocuparte, Gus. De verdad. — Gustav entornó los ojos, aún con la sombra de la sospecha en la cara.

—¿De verdad? — asentí con la cabeza lentamente.

—De verdad. ¿Por qué iba a mentirte? — los segundos en los que Gustav se mantuvo en silencio se me hicieron eternos. No sabía si creerme o no, pero algo vio en mis ojos que finalmente, le hizo asentir con la cabeza lentamente, confiado.

—Lo siento, Bill. Mira que dudar de ti… estoy hecho polvo con tanto estrés. — me encogí de hombros, esforzándome por mostrarle mi más sincera sonrisa.

—No te preocupes.

Quería pedirle perdón yo mismo por hacerle creer que no ocurría nada, porque lo cierto era que sí ocurría y, si empezaba a sentir por Tom algo más de lo que creía que sentía… tendría un grave problema.

Bill, eres un estúpido paranoico. ¿Cómo puede pasársete por la cabeza una gilipollez tan grande como que puede que estés empezando a enamorarte de Tom? Es tan absurdo, que no tiene sentido.

Me despedí de Gustav y agité la cabeza, dando la vuelta para encontrarme frente a mi clase. Todos habían entrado ya y la puerta estaba cerrada, por lo que imaginé que la profesora ya había llegado y yo, llegaba tarde.

Bueno, Bill. Ánimo. Un peligroso rastafari te espera después de clase, ¿No es razón suficiente como para sentirte motivado?

Y no. Deja de darle vueltas. Definitivamente, Bill, no te estás enamorando de él.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por Sarae

Escritora de Muñeco

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