Muñeco 12 (P.2)
Fic TWC de Sarae
Capitulo 12 (P.2)

Estaba colgado de Tom, por completo. Se me iba la cabeza por él y ahora…

Empecé a llorar con más fuerza al comprender que Tom no me convenía para nada. Era más que obvio que él y yo no duraríamos ni una semana y todo eso, sin tener en cuenta que éramos hermanos, para rematar la jugada y, aún así, por mucho que la razón me dijera que me apartara de él, me veía incapaz de hacerlo. Él sólo pensarlo me empezaba a volver loco.

—¿Bill? — alcé la cabeza lentamente, escuchando esa voz penetrante y grave recorrer el baño. — ¿Bill? Ya han terminado las clases, tío. ¿Qué te pasa? — suspiré al reconocer la voz de Georg al otro lado de la puerta y me levanté del suelo, limpiándome los ojos con las manos. El maquillaje ya estaba más que corrido, así que por un poco más… mierda, como escocía.

—Ya salgo. — mi voz era horrible. Ronca a más no poder. Carraspeé un poco, intentando volver a mi tono de voz y suspiré, intentando mentalizarme, ordenar mis ideas y llegar a una conclusión.

—Ah, así que tenían razón. Joder, ¿Tan mareado estabas que no has salido de ahí en toda la mañana? — me aparté un poco el pelo liso de la cara y salí del cubículo, sin mirar a Georg, yendo directo hacía el lavamanos, abriéndolo y echándome agua en la cara para hacer desaparecer todo rastro de maquillaje de los ojos. — Eh, eh, ¿Has estado llorando, mocoso? — sacudí la cabeza. Joder, que fría estaba el agua.

—Obviamente, no Georg, ¿Por qué iba a estar llorando? — ¿Por qué mi novio era un aspirante a psicópata? Si, era una buena respuesta, si no fuera porque se suponía que para Georg, esa relación era un puro fraude y no era cuestión soltarle a la cara que no sólo estaba colgado de mi propio hermano y que manteníamos una relación incestuosa, sino que encima nos habíamos acostado juntos más veces de lo que lo había hecho en mi vida con ningún otra persona.

—Me han dicho que se te ha ido la cabeza a primera hora y que creían que te habías ido, pero como todos seguimos aquí y Tom te está esperando fuera… — se me erizó la piel.

—¿Tom me está esperando?

—Desde hace diez minutos. ¿Sabes? Creo que Tom y Gustav no se llevan muy bien. Los he dejado peleándose para salir a buscarte…

—¿¡Qué!? — le grité, girándome de inmediato hacía él con la boca abierta.

—Joder, Bill. Me has empapado. La próxima vez, sécate antes la cara tío. — Georg se limpió con cara de asco las gotitas de agua que le habían caído en la cara, como si le hubiera escupido. Oh, joder. Gustav y Tom peleándose. No quería ni pensar en lo que sería capaz de hacer el loco de Tom si se cabreaba con él, con el buenazo de Gus. ¿Se atrevería a…? No quería ni pensarlo así que, sin decir nada, salí corriendo del baño hacía la salida de la universidad. — ¡Bill! — Georg me gritó y yo empecé a abrirme paso a empujones por entre la muchedumbre. A la hora de la salida, todo estaba abarrotado y, aún así, me dediqué a apartar a empujones a la gente, corriendo hacía la puerta, desesperado.

—¡Eh! — oí un montón de quejidos que ignoré. Hasta un “Joder, puto maricón” del que pasé olímpicamente y salí de la universidad, corriendo hacía los aparcamientos como si mi vida dependiera de ello. ¿Dónde coño estaban? Joder, que no se lo hubiera cargado, por favor, que no se lo hubiera cargado y… ¡Ahí estaban!

Tom tenía cara de mala hostia, con el entrecejo fruncido y Gustav parecía decirle algo no muy divertido, con la misma cara que me había puesto a mí esa misma mañana. Tom dijo algo con una mueca despectiva y alzó el brazo, con el puño cerrado.

—¡No, no le pegues! ¡Tom! — los dos giraron la cara hacía mí con mueca de sorpresa, pero mi hermano no bajó el brazo ni parecía tener intención de hacerlo. Salté por encima del capó de dos coches de manera imposible y… — ¡Tom, no!

De repente, el suelo estaba a tres centímetros de mi boca y sentí como mi cabeza rebotaba literalmente contra el asfalto, como si fuera una colchoneta hinchable.

—¡Hostia!

—¡Bill!

—¡Madre mía que hostión!

—¡Se ha matado!

—¡Ese tío es un puto suicida! — no sabría decir cuantas voces sonaron en mi cabeza a la vez, sólo sé que intenté levantarme y el mundo cambió radicalmente para mí, de único, a doble y luego, a triple. Me quedé sentado en el suelo, con los ojos como platos. Si me levantaba, potaba seguro. Casi podía decir que sentía como se me agrietaba el cráneo poco a poco y algo caliente y pringoso se me escurría por la nariz de manera desagradable.

—Bill, de las hostias que te has dado en tu vida, creo que esta ha sido la más memorable de todas. — oí a Georg, agachándose a mi lado y agarrándome un brazo, tirando de mí para levantarme.

—¿Y la vez que se cayó del columpio y se dio en la cabeza? ¡Era de hierro puro!

—Si y supongo que ahí nació el problema. — me quedé de pie frente a Tom y lo miré, intentando recordar que hacía allí.

—Ah… No… No le pegues a… — otra vez veía el suelo acercarse a mí antes de que los brazos de Tom me agarraran y me alzaran aun con mis piernas totalmente flojas. Me agarró de la cintura y me mantuvo firmemente pegado a él. Hundí la cabeza en su hombro, momentáneamente atontado.

—Empiezo a preguntarme como mierda has podido sobrevivir sin mí hasta ahora. — hum… que modesto.

—El problema eres precisamente tú. — murmuré en su oído. — Si intentas pegarle a mis amigos, ¡Rompo contigo!

—¡No iba a pelearme con nadie! — Oí carraspear a Gustav, que miraba a Tom con descarado desdén. Si, era obvio que estos dos no se llevaban bien.

—Cuidado con tu hermano, Tom. Ya ves que es tan delicado como un muñeco de porcelana. — soltó, con clara ironía recalcada en la palabra Muñeco.

—No te preocupes Gus. — por el tono con el que pronunció su nombre era digno de recibir una hostia, pero teniendo en cuenta que si me separaba lo más mínimo de él, iba a ser yo quien se llevara la hostia contra el suelo, cerré la boca y me quedé quieto. — Algo había notado y como ahora estoy yo cuidando de él, no hace falta que sigas dándole vueltas a eso de, estar en constante peligro.

—¿Constante peligro? — murmuré. Noté como los brazos de Tom se hacían más fuertes aferrándome a él. Sentí su pene rozarme la ingle bajo la ropa. No estaba duro… todavía.

—Y yo confío en que nuestro Bill no se romperá una pierna estando contigo. Te lo confío. Aunque sigue pareciéndome la hostia de raro lo de… novios. Bill, si necesitabas a alguien de confianza, ¡Me tenías delante! — Georg parecía no enterarse de nada aún, ni lo sospechaba. Se reía, tomándoselo a broma cuando ninguno de los tres le veía la gracia. Bueno, igual Tom, sí.

—Anda, gorila. Tira para el coche. — Gus casi empezó a empujarlo lejos de nosotros, como si no le gustara la idea de mezclar a Georg en el asunto, y lo entendía. A mí tampoco me gustaría ver al grandullón enzarzado en una pelea contra el bestia de Tom por mi culpa. — Bill, ten más… cuidado. — no le miré. Sabía a lo que se refería sin necesidad de mirarle a la cara. Cuídate de Tom, mucho. Y, como si quisiera llevarle la contraria, me abracé con fuerza a mi novio/hermano/psicópata.

—Adiós, Gus. — una buena opción hubiera sido salir corriendo detrás de ellos y soltar todo lo que tenía que soltar. Gustav lo creería, si se lo decía a Georg, también. Podríamos arreglárnoslas para quitarnos de encima a Tom, lo sabía.

Pero era lo último que quería.

—Tu amigo rubio me toca la moral, Muñeco. — aparté la cabeza de su hombro y le miré, su sonrisa perfecta estaba intacta. — Cree que soy una especie de psicópata que quiere hacerte daño. — fruncí el ceño.

—¿Y no lo eres?

—Bueno… — Tom ladeó la cabeza, pensativo. — Lo de psicópata, igual tiene su parte de razón, pero lo de hacerte daño, no. — no sabía si se lo tomaba a broma o lo decía en serio, pero creo que dijera lo que dijera, como si decía que tenía pensado descuartizarme allí mismo, no me hubiera hecho separarme de él.

—Tom… ¿Nos mira mucha gente? — mi novio giró la cabeza de izquierda a derecha, consternado.

—Todo el mundo, ¿Por qué? — me mordí el labio inferior, evitando una risa estúpida e histérica y preferí no mirar de un lado a otro para ver quien nos observaba. — ¿Qué pasa? — se rió — Pareces nervio… — le puse un dedo sobre los labios, haciendo que callara de golpe. Lo que pensaba hacer me resultaba de lo más vergonzoso y seguro que se reía porque estaba rojo como un farolillo de Navidad.

—Calla y no te rías. — me acerqué a su boca con los labios entreabiertos, muy despacio. Tom se quedó quieto y su sonrisa desapareció, mirándome a los ojos fijamente. Pestañeé unas cuantas veces, pero cada vez que me acercaba unos milímetros más, acababa deteniéndome ese presentimiento que me decía que aquello no estaba bien, que me estaba metiendo en un lío. Cerré los ojos con fuerza, deteniéndome por unos instantes. Sentí como Tom, sin decir nada, me acariciaba la cintura por encima de la ropa, esperando. Apreté los puños tras su espalda.

¡Joder, que le den por culo a mi conciencia!

Me tiré a por su boca con todo el descaro del mundo, delante de cientos de personas mirando. Le rodeé el cuello con los brazos y lo apreté más contra mí para que no se escapara. Como si quisiera escaparse de mí. Me agarró del trasero con descaro, estrujándolo entre sus manos y yo empecé a restregar mi hombría contra la suya, con fuerza. Ladeé la cabeza, abriendo más mi boca y nuestras lenguas tomaron pleno contacto con cada movimiento. Notaba su saliva escurrirse por mi lengua y como sus manos me agarraban con tanta fuerza el culo que sentí mi polla palpitar, tiesa. Posé una mano en su nuca para que me penetrara más profundo con su lengua, sabía que podía hacerlo mejor, más rápido, más fuerte, más húmedo, como cuando me embestía y su pelvis chocaba contra mi culo.

—¡Tom…! — nos separamos unos momentos, haciendo un sonido húmedo con la boca. Tomé una bocanada de aire y sus manos soltaron mi trasero para aferrarse a mi cintura. Notaba su pecho chocar contra el mío, subiendo y bajando, acelerado, mientras pasaba sus labios por los míos, besándome, despacio. — Vámonos. — le corté, antes de que me besara otra vez. — Vámonos ahora, ¡Ya! — me aparté de él de un empujón y tiré de la puerta del coche con tanta fuerza, que por un momento temí habérmela cargado. Entré en el coche y me senté rápidamente, encogiéndome en el asiento mientras observaba a toda la gente que tenía delante, toda la gente que nos había visto.

—¿A que viene tanta prisa? — Tom se sentó a mi lado en menos de cinco segundos, con una sonrisita resplandeciente.

—¿Qué? No estoy para que la gente me mire como si fuera un mono de circo. ¡Si no les gusta verme besarme con mi novio, que miren para otro lado, nadie les obliga a mirar!

—¡Ah! Para ti lo de ser novios es algo bastante serio ¿no? — alcé la cabeza.

—Por supuesto. ¿Para ti no? — Tom introdujo la llave en el contacto y arrancó. Metió la marcha y piso el acelerador. Casi se me sale el corazón cuando de repente, el coche se lanzó hacía delante, haciendo que el mogollón de personas gritaran y se apartaran, algunas casi cayendo al suelo por la sorpresa y el intento de apartarse de la trayectoria del coche. Tom hizo una maniobra rápida con el volante, haciendo rugir el motor y salimos de los aparcamientos a setenta de golpe. — ¿¡Estás loco!? ¿¡Nos quieres matar!? ¡Casi los atropellas!

—Si, una pena que se hayan apartado.

—¡Tom! — salimos escopeteados hacía la autovía a una velocidad que sobrepasaba con creces la permitida. Me agarré al asiento, sintiendo las piernas temblorosas y un cosquilleo subirme por el estómago. — ¡Frena, frena!

—¿En plena autovía? — aceleró. Cerré los ojos con fuerza.

—¿¡Dónde coño te han dado el puto carné de conducir, grandísimo gilipollas!? — grité. Tom se reía por lo bajo. — ¿¡Que mierda tienes que hacer con tanta urgencia para poner en peligro mi vida!? — por un momento, apartó la mirada de la carretera y me miró con tranquilidad, viéndome histérico perdido. Noté como la velocidad iba reduciendo poco a poco, hasta pasar de 130 a 80.

—¡Voy a follarte. A eso voy!

Lo miré largamente, con los ojos como platos y el cuerpo temblando como gelatina hasta que mis pulmones volvieron a funcionar y pude respirar.

Tom estaba loco, de eso ya no me cabía la menor duda, un aspirante a psicópata. Y por lo visto, me lo estaba pegando, a mí, quien se supone que debería ayudarle como un aspirante a psicólogo… Guay.

Me abroché el cinturón de seguridad.

—Acelera. — Tom se rió.

—Después de comerte el suelo y un par de farolas, veo que te gusta llevarte a la boca cosas duras. Tienes suerte… — me mordí el labio y eché la cabeza hacía atrás, cerrando los ojos. Metí la mano debajo de mis pantalones, empezando a acariciarme delante de él. — Tengo una cosa dura para ti que te va ha encantar.

¡Oh, sí! Me estaba volviendo loco. ¡Loco por el puto psicópata de mi hermano!

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por Sarae

Escritora de Muñeco

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!