Muñeco 13 (P.1)

Muñeco 13 (P.1)
Fic TWC de Sarae
Capitulo 13 (P.1)

Una de las cosas que habían cambiado rotundamente desde que apareció Tom, fue el sexo. Antes, era un descarado, si, para que negarlo. No tenía ningún problema a la hora de decir follar y hablar de ello a fondo. No era alguien que estuviera todo el día sacando el tema, pero cuando el tema salía, salía y yo, lo moldeaba. La verdad es que siempre he sido un puto descarado, pocas cosas me provocaban vergüenza en el mundo… hasta que apareció Tom.

—Es la primera vez… hum… que haces esto, ¿verdad? — antes, nunca hubiera imaginado que un día me metería un pene en la boca, pero ahora, estaba de rodillas en el suelo, frente a la cama, entre las piernas de Tom con su grueso miembro entre mis manos, saboreando la punta con la lengua.

—Claro que no lo he hecho nunca, imbécil. — le repliqué. Sentía como palpitaba en mi mano y como el mío reaccionaba igual, poniéndose duro y tieso, deseando que me quitara los boxer y lo dejara salir. Sentí como la mano de Tom me agarraba el pelo con fuerza, empujándome la cabeza contra él, ansioso y, sin esperar más, cerré los ojos y me la metí en la boca.

—¡Oh! — Tom echó la cabeza hacía atrás, con la boca entreabierta, apoyando el brazo en la cama y apretando mi pelo entre sus manos. No era asqueroso ni vomitivo como había imaginado, era… uff, sentía la boca llena de algo duro y húmedo que acariciaba con la lengua y de sólo pensar que era la polla de Tom lo que me llenaba, me temblaba el pene de pura excitación, de puras ganas de estallar. Empecé a sacarla y a meterla en mi boca con rapidez, recorriéndola con mi lengua e impregnándola con mi saliva mientras me acariciaba el pecho desnudo con una mano, descendiendo hasta mis boxer y metiendo la mano dentro, me la agarré y empecé a masturbarme, subiendo y bajando, sacando la punta del interior de mis boxer, acariciándomela con el pulgar. Mis gemidos se mezclaron con el sonido húmedo de mi saliva sobre su pene, sentía como se me escurría entre los labios hasta la barbilla mientras la tragaba y jugaba con la punta con mi lengua, rozándola con el piercing. — Eso es… así… — Tom medio gruñía medio gemía y notaba como se me tensaban los músculos con cada ruido que hacía, como me temblaba el cuerpo y me encorvaba hacía delante, tragándola con más ganas. — Entera, Bill… entera… — dejé de tocarme y le acaricié con la otra mano los testículos. Tom se tensó y me apretó con fuerza el pelo, empujando mi cabeza hacía delante, hasta hacer que mi boca acaparara toda la carne dura que pudiera. Casi sentí la punta rozar mi garganta cuando me dejó la libertad suficiente como para apartarme, pero no lo hice. Volví a tragármela como un perro hambriento.

—Serás perra… argg… — Tom me tiró del pelo bruscamente, haciendo que alzara la cabeza y le mirara. Me apartó varios mechones de pelo de la cara, acariciándome la barbilla y manteniéndola bien erguida, limpiándome la saliva con el dedo. — Quiero ver como me la comes bien, Muñeco. — sentí las mejillas arder mientras le miraba y él me observaba con esa sonrisa repleta de malicia pura, llena de perversos pensamientos. Me la saqué de la boca y empecé a lamer la punta mientras se la acariciaba con la mano, mirándole. Él me miraba a mí, sin ni siquiera parpadear con una mueca de placer. Encogí las piernas, intentando no correrme ahí mismo delante suya y cerré los ojos, volviendo a metérmela en la boca con un ritmo desenfrenado.

—Hum… — empecé a tocarme otra vez, desesperándome. Necesitaba que me tocara, ¡Necesitaba que me follara! Sentí una gran humedad extenderse por mi boca y el preesemen bajar por mi garganta. Su polla palpitó y Tom gimió. Me tiró del pelo hacía atrás con bestialidad, sacándomela de la boca y sentí como se escurría por mi cuerpo su semen, impregnándome el pecho, descendiendo por él como si fueran gotitas de agua. Me cayó en la mejilla cerca de los labios y cerré los ojos hasta que su mano decidió soltarme. Un par de gotitas me cayeron en los labios. Me pasé la lengua por ellos, recogiéndolas y saboreándolas en mi boca.

—Ahora… si que he marcado mi territorio. — se burló él, riéndose entre dientes, observándome. Abrí los ojos y le dirigí una mirada escéptica.

—Eres un puto asqueroso.

—¿Qué? — apoyó ambos brazos en la cama, con las piernas abiertas frente a mí, mirándome sin pudor, ni siquiera un ligero rubor. — Al menos no me he corrido en tu boca ¿no? Aunque de todas formas no hay mucha diferencia. No soy yo el que va tragándose por ahí los fluidos de una polla — Esa forma de hablar tan basta que tenía de hablar y actuar me ponía todavía más. Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo que me puso el vello de punta. Aún hacía frío a pesar de estar en casa con la calefacción a tope y más, estando desnudo. Apoyé las manos en la cama, a ambos lados de su cintura y me levanté, pegando el cuerpo al suyo, restregándome por completo desde mi clavícula hasta mi entrepierna contra su polla. — Muñeco… — se dejó caer hacía atrás, tirando de mis boxer hacía abajo, intentando quitármelos. — ¡Quítate eso! — me dio un tirón que me los dejó por las rodillas y me los quité de un manotazo, dejándole ver toda mi desnudez, todo mi pene tieso y duro frente a él. Tom sonrió mientras apoyaba las manos en su fuerte pecho, sentándome a horcajadas sobre su estómago.

—Quiero que me folles ahora, Tom. — solté en su boca. — Quiero que me folles como sólo tú sabes hacer. — hacía tiempo no hubiera dicho algo así ni de coña, y menos a un tío. Me parecía humillante, pero Tom simplemente era… diferente. No me daba vergüenza o me sentía humillado por él cuando me ponía a cuatro patas y dejaba que me montara como una perra. No me sentía mal, ni golpeado en el orgullo ni nada, al menos, ya no. Me sentía… Hombre, aunque resulte paradójico. Su hombre.

Tom sólo sonrió. Alzó la mano abierta hasta mi cara y me acarició los labios con los dedos. Me los metí en la boca, tres de ellos, empezando a lamerlos lascivamente, uno a uno.

—Duele mucho una penetración por detrás ¿no? — le mordí un dedo con cuidado. Con su otra mano, volvió a apartarme el pelo de la cara, acariciándome levemente la mejilla y descendiendo por mi cuerpo.

—Hum… — ronroneé. Me temblaba el pene de puro deseo cuando notaba su mano fría acariciarme insistentemente un pezón con fuerza hasta erizarme la piel y ponerse duro entre sus dedos. Apartó la mano de mi boca, cubierta de saliva y la llevó hasta mi trasero. — ¡Ah, Tom! — me encorvé hacía delante, sintiendo la cara arder en cuanto me pegó el guantazo en el culo. Se rió suavemente.

—Te encanta que te trate como una perra.

—Eres un maldito gilipollas — Me quedé mirando su boca embelesado, con su aliento rozando mi cara y le di un lametón al piercing de su labio, jugueteando con su comisura. Abrió la boca e intentó pillar la mía entre risas, pero me apartaba en el momento justo para que no me alcanzara, sonriente, empujándolo sobre la cama, dándole pequeños manotazos sobre el pecho cada vez que se precipitaba a por mí. Me quedé quieto, inmóvil, cuando sentí la presión de uno de sus dedos sobre mi agujero, penetrándolo con brusquedad mientras me estrujaba con la otra mano la nalga izquierda. Mi pene vibró y sentí la punta empezando a humedecerse, empezando a chorrear de puro gozo sobre su abdomen.

—¿Te vas a correr encima de mí, pedazo de guarra…? — Su risa mezclada con sus suspiros me ponía la piel de gallina y me hacía sonreír como un idiota enamorado mientras su boca se amoldaba a la mía otra vez, mientras su lengua y la mía se mezclaban, se lamían lejos de la prisión de nuestros labios mientras me penetraba suavemente con dos dedos más. Dejaba que mis gemidos se ahogaran en su boca y me aparté, con la respiración entrecortada y los labios empapados de su saliva, echando la cabeza hacía atrás, extasiado simplemente por como me penetraba con los dedos. Estaba sudando a chorros.

—¡Oh, sí, así! — berreé, poniéndome más duro si cabía. Apoyé las manos sobre su torso empapado de mi presemen y le aparté la mano que me penetraba de un guantazo. Empezaba a ponerme burro y vi como Tom encogía la cara cuando le arañé con las uñas los músculos del abdomen. Me agarró el culo con ambas manos y me separó las nalgas. Noté como me rozaba la punta de su polla, otra vez dura y restregué mi entrada contra ella, notándola al cien por cien firme y caliente. Los músculos de Tom empapados y su cara brillante, llena de gotitas de sudor. Me observaba mordiéndose el labio inferior con fuerza.

—Vamos… — jadeó, apretándome con más fuerza el trasero. Sonreí, relamiéndome los labios en su cara. Entrecerró los ojos, medio ido mientras me restregaba contra su cuerpo. — Te mueves como una jodida puta… ¡Ahh! — le pegué un manotazo en el pecho que se lo dejó completamente rojo. Le di tan fuerte que sentí un ligero picor en la mano.

—Cierra la puta boca, Tom. ¡Quien te monta ahora soy yo! — joder, me estaba portando como una guarra. Veía la cara de mi novio desesperándose cada vez que me restregaba contra él, con más fuerza. — ¿Quieres que… me la meta? — dejé la punta de su hombría dentro, sintiendo su lascivo calor. Tom cerró los ojos con fuerza, apretando los dientes. — ¡Tom! — le grité, sacudiendo su cuerpo contra la cama con brusquedad.

—¡Si, si, joder! ¡Métetela ya! ¡Ahora! — eché el cuerpo hacía atrás y dejé que su gruesa polla entrara en mí de golpe, dándole el gusto de sentir mi presión y yo, su fuerza, como palpitaba en mi estrechez.

—¡Aahh! — grité de gusto. Nunca me iba a cansar de sentirla tan dentro, tan profunda… Tom arqueó la espalda y gruñó como un auténtico perro, aferrando las manos a mi cintura con firmeza. Me miró con sus penetrantes ojos oscuros, esperando que me moviera, pero me quedé quieto, con la respiración acelerada, mirándolo por una vez, desde arriba.

—Muñeco… muévete…

—¿Y si… no quiero? — suspiré. Tom entrecerró los ojos levemente, sin perderse detalle de mis movimientos, de cómo me acaricié la punta de la polla con los dedos y gemí quedamente, de cómo me toqué el cuerpo empapado en sudor y con restos de su semen, recorriéndolo con mi mano, deteniéndola en mis labios. Lo lamí, metiendo un dedo en mi boca, sin apartar la mirada de él.

Una sonrisa lasciva se formó en sus labios. Se enderezó de golpe sobre la cama, tirando de mí hacía delante con fuerza, haciendo que me moviera y su potente erección presionara justo en el sitio indicado, haciéndome gritar por el brusco e inesperado movimiento, sentándose y quedando frente a mí, con todo el cuerpo sudoroso bien pegado al mío, con sus manos fuertemente aferradas a mi cintura. Sus labios rozaron mi clavícula con el frío piercing, ascendiendo hasta mí oído. Me lo mordisqueó con saña, hasta hacerme daño.

—Uff… joder, coño Tom…

—Escucha Muñeco… — jadeó en mi oreja. Apoyé las manos en sus brazos tensos. Los músculos con los que me mantenía sujeto estaban tan duros como su propia hombría en mi culo. — Lo que estás montando ahora mismo… es mi polla. ¿La sientes? — tiró de mí hacía abajo, clavándomela con fuerza, hasta el fondo. Casi se me iba la cabeza y la apoyé sobre su hombro, sintiendo mi cuerpo arder. — Voy a reventarte con ella, así que muévete. — alcé mi cuerpo apoyándome en sus brazos. Tom tiró de mí hacía arriba, agarrándome del culo otra vez con una mano, con la otra, tiró de mi pelo hacía atrás, obligándome a alzar la cabeza, exponiendo mi cuello frente a su boca.

Empecé a subir y ha descender, con su boca atrapando mi nuez entre sus dientes, con su grueso miembro entrando y saliendo de mí, regocijándose, restregándose, chorreando otra vez. Aplasté sus rastas entre mis manos, pegando su cabeza a la mía, sintiendo su saliva descender desde el cuello hasta la clavícula, mezclándose con el sudor. Su cuerpo estaba tan pegado al mío que con cada sacudida, me restregaba por completo en él. Me temblaba la polla cada vez que la sacudía contra su musculoso abdomen, empapada y le rodeé el cuello con los brazos, apretándolo contra mí. Su lengua se apoderó de la mía fuera de la boca en un juego sucio y húmedo y sus dedos me manosearon mi entrada mientras su hombría entraba y salía con fuerza de mí, reventándome.

—¡Ahh! ¡Tom, joder, más fuerte, más fuerte, más fuerte! ¡Necesito que me folles con más fuerza! — le grité en la cara, en su boca. Empezó a reír con la respiración entrecortada.

—¡Tú eres quien me monta! ¿¡No!? ¡Suplícame!

—¡Eres un…! — me mordió los labios con fiereza antes de que pudiera terminar de hablar, besándome luego y dejándose caer sobre la cama de nuevo, arrastrándome con él. Nuestros cuerpos chocaron y me envolvió los labios con los suyos, agarrándome de la nuca. Su polla seguía dentro de mi culo, la notaba palpitar, caliente, empezando a humedecerse, a punto de explotar. Me enderecé sobre él sin aguantar más, echando todo mi cuerpo hacía atrás, apoyando todo el peso sobre mis manos, apretando las sábanas entre mis dedos, abriendo más mis piernas frente a su cara. Empecé a montarle, a cabalgarle sin pudor como un bestia, como una maldita puta y… me encantaba. Disfrutaba sintiendo como me penetraba con su dura y gruesa polla, si, para que engañarme, me encantaba. Adoraba ser suyo. Adoraba que Tom me tocara.

—Me… me voy a correr… — Tom me la agarró de improviso, presionándome la punta con los dedos. Sabía que era mi punto, dónde me deshacía de puro placer. Sacudí la cabeza, berreando entre gritos y… — ¡Oh, sí, Tom! — me dio un azote en el trasero. Encorvé la espalda hacía atrás de manera imposible, cerrando los ojos con fuerza y gimiendo, rasgándome la garganta en ello y, simplemente, me corrí. Me corrí sobre él, sobre su duro torso.

Me quedé ido. Me quedé ahogándome en mi propio placer sobre él, gritando hasta quedarme sin aire, con la vista completamente nublada. Me iba… me iba a… sus manos tiraron de mí hacía delante, evitando que cayera fuera de la cama. Otro golpe tonto, lo que me hubiera faltado, pero no me dejó caer para estrellarme contra el suelo. Para cuando tuve la suficiente fuerza de flaqueza para abrir los ojos, mi cabeza estaba apoyada en su hombro y mi cuerpo tumbado sobre el suyo. Suspiré.

—Joder, perdón… — murmuré con voz ronca. Tom se rió. Sus brazos estaban liados alrededor de mis hombros, pegándome a él, sin dejarme moverme. Claro, que tampoco tenía mucha intención de moverme.

—Perdón ¿Por qué? — tomé aire, acomodándome más en su pecho.

—No te he dejado correrte. — volvió a reír con suavidad.

—Me he corrido antes que tú, pedazo de puta. — Aparté la cabeza de su hombro y mirándole cara a cara. Me moví, hacía arriba, restregándome débilmente contra él. Tom hizo una mueca y soltó un quejido mientras me la sacaba con lentitud. Noté entonces su semen escurrirse por mis nalgas, empapándome a mí, a Tom y a las sábanas, descendiendo por mis piernas.

—Antes que yo. — me burlé en su cara.

—Tú no la has metido en un culo tan jodidamente estrecho… — volvió a darme otro guantazo en el culo. Me mordí el labio inferior para no soltar otro grito. Tom disfrutaba viendo mi cara de vicioso reprimido, le gustaban mis gritos, lo sabía, lo notaba. Dejé que se apartara de debajo de mí, quedando yo tumbado boca abajo en la cama, de lo más cómodo, echando la cabeza hacía un lado mientras Tom me apartaba el pelo del cuello y empezaba a tocarme por todos lados como un poseso. — ¿Se puede saber cuantos tatuajes tienes? — preguntó, al ver el de mi nuca.

—Tres… por ahora. Pienso hacerme uno enorme en el costado.

—¿Aquí? — pasó la mano desde mi cintura hasta debajo de la axila. Me estremecí.

—Si. Así de grande…

—Y vas a poner, la putita de Tom. — sonreí.

—Más quisieras. — se recostó sobre mi espalda y pasó las manos por mi pecho, deteniéndose a manosearme los pezones, repartiendo besos húmedos por mi cuello, mi hombro, mi espalda. Entrecerré los ojos, mirando al suelo desde la cama.

—Voy a hacértelo otra vez, zorrita — me llevé la mano al pelo, acariciándomelo, dirigiéndole una mirada de diversión.

—Cuidado, a ver si la zorrita te va a morder. — apresó mis manos contra la almohada, impidiéndome el movimiento de nuevo, dominante.

—Puedes intentarlo. — y empezó a restregar su hombría de nuevo contra mi trasero, poniéndome el vello de punta, mordiéndome el cuello, jugueteando. Intenté soltarme de su agarré entre suspiros, desistiendo enseguida, sin fuerzas. Que me lo hiciera como quisiera, si, me iba a volver loco de cualquier forma. Me dejaría hacer, a gusto, disfrutando de su fuerza, de su forma de imponerse sobre mi cuerpo, de la manera tan burra que tenía de hacerme completamente suyo. Si…

Abrí las piernas un poco, ofreciéndole todo mi cuerpo en bandeja, para que hiciera con él lo que quisiera, entrecerrando los ojos cuando esa cosa llamó mi atención, en el suelo. Fruncí el ceño al ver algo sobresalir de debajo de la cama. Algo que me sonaba por su forma pero que no reconocía como objeto que formara parte de la casa.

—¿Qué es eso? — Tom movió la cabeza hacía la dirección en la que miraba, deteniéndose por completo.

—¿El qué?

—Eso. — Suspiró, de repente, con muestra de resignación y me soltó, dejándome moverme libremente bajo su cuerpo. Me incliné sobre la cama, hacía abajo, agarrando ese objeto de madera que había bajo la cama. Tiré de él hacía arriba y un sonido metálico y chirriante impactó en mis oídos. Lo solté de golpe, sobresaltado y Tom pegó un bote, extendiendo el brazo hasta él. — Cuidado. Está vieja y rota, pero no tengo otra, ¿Sabes? — y lo agarró, sacándolo con cuidado de debajo de la cama, sentándose a mi lado con el objeto en sus brazos. ¿Objeto? ¡Que mierda!

—¿Una guitarra?

Continúa…

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por Sarae

Escritora de Muñeco

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