Muñeco 18 (P.1)

Muñeco 18 (P.1)
Fic TWC de Sarae
Capitulo 18 (P.1)

—No quería ir pero me ha provocado. “En toda relación homo siempre hay alguien que domina y el otro el que lleva la correa” ¡Buag! — había empezado a fumar otra vez, aunque con menos ansia que antes. Dos o tres cigarros al día a lo sumo, como mucho cinco y casi siempre, después del buen sexo con la fregona con patas de Tom, como en ese momento. Estaba quejándome boca abajo sobre el sofá, desnudo y con el cigarrillo en la boca. Tom disfrutaba de la comodidad del nuevo sillón de mi madre, de los que se abren y te dejan tumbado como si fuera una cama más. Tom fumaba algo más que yo, más o menos diez al día, pero de ahí no pasaba. Estaba medio amorronado, con los ojos medio cerrados sobre el sofá y casi desnudo, sólo con los boxers blancos verdosos puestos, como siempre que no andaba mamá cerca.

—En eso tiene razón la putita.

—¿Qué? — soltó el humo del cigarro por la nariz, de lo más tranquilo.

—Quien domina es quien da, quien tiene la correa, quien recibe. Así que aquí domino yo. — me quedé con la boca abierta por la indignación. — Y tú eres el perro que lleva la correa. — se rió.

—Tom… ¿Sabes una cosa? Me das asco.

—Eso me ha dolido, nene.

—¡Guau, guau! — giré la cara ante los ladridos. Scotty me miraba fijamente en el umbral de la puerta, con la lengua fuera, moviendo la cola de aquí para allí.

—¡Scotty! — le grité con tono meloso y corrió hasta mí, pegando un salto enorme y subiéndose a mis piernas, lamiéndome toda la cara, revolviéndose como un loco con su cuerpo peludo acariciándome el pecho. — ¡Scotty, no me lamas, que asco, no, guarro! ¡Jajaja! — aún era un cachorrito de no más de 35 centímetro. Dentro de cinco meses mediría más de un metro.

Jugueteé con él, tapándole el hocico con la mano. Él sacudía la cabeza, gruñendo y me mordía o lo intentaba, sin hacerme el menor daño con sus pequeños dientecillos. Tom me miraba juguetear con su regalo con una medio sonrisa de las que ahora acostumbraba a soltar. De las tiernas, de las que dejaban ver algo más que malicia o rabia.

—Ya está Scotty, ya. Mira la pelotita, ¿Quieres la pelotita? ¡Ve a por ella! — arrojé fuera del salón la pelota enana de Scotty, la que utilizaba de mordedor por las noches y él salió escopeteado de mi regazo, corriendo a por ella con tanta velocidad, que derrapó en la esquina y chocó contra la puerta, haciéndola temblar. — ¡Scotty! — el perro se sacudió y salió de nuevo como un loco a buscar la pelotita.

—Eso de que los perros se parecen a los dueños es verdad. Mira que torpe el condenado chucho.

—Ja-ja-ja… — solté con ironía. Apagué el cigarrillo sobre el cenicero que escondía en uno de los cajones de mi habitación junto con el tabaco y el mechero. Si mamá se enteraba de que fumaba, pondría el grito en el cielo. Me apoyé sobre el posabrazos del sofá y medio salté al sillón sobre el que estaba Tom, sentándome a horcajadas sobre su duro abdomen. Tom tosió y se encogió un poco por lo burro de mi aterrizaje. Le puse un dedo en el pecho, presionando, impidiendo que se levantara. — Esta noche vas a ser bueno. — hablé, con un tono de voz que pretendía ser amenazante, pero sin embargo, él se rió.

—¿Bueno yo? ¿En una fiesta de pijos creídos? ¿Con una tía que no soporto rondando a mi Muñeco? Vas a tener que poner en práctica tus mejores técnicas de persuasión para convencerme de ello. — me incliné sobre él, rozando mi nariz con la suya.

—Lo harás. Vas a llegar y vas a estar conmigo, beberemos algo, intentaremos pasarlo bien y luego, nos iremos, como sino hubiéramos estado allí.

—¿Y para eso me vas a sacar de aquí? Que coñazo. — sus labios viajaron por mi cuello, acariciándolo con la lengua, abarcándolo con su boca. Me estiré sobre él, cerrando los ojos y dejándome hacer con gusto. — ¿Prefieres ir a esa estúpida fiesta con esa estúpida anfitriona y con esos estúpidos invitados a quedarte conmigo, disfrutando?

—Hum… — suspiré.

—Tu madre no viene hoy a casa, podríamos aprovecharlo bien.

—El problema es que quiero ir, de verdad. — me cogió la mano, estrechándola con fuerza entre nuestros torsos. Se revolvió bruscamente sobre mi cuello, mordiéndome el hombro y me miró a la cara con seriedad.

—Aún estás loco por esa pequeña putita animadora, ¿Verdad? — me entraron ganas de reírme por ese tono tan posesivo que usaba a veces conmigo.

—Natalie… — sonreí. — No.

—Mentiroso. — hacía lo imposible por aparentar que no le importaba, pero se le notaban los ojos chispear al oírme hablar de Natalie y eso me volvía loco, me hacía sentir cosas que me dejaban sin habla. Oh, mierda, como le quería, mucho más de lo que nunca había querido a Natalie.

—No lo estoy. Ya no estoy pillado por ella. — llevé uno de mis dedos a sus labios, haciéndole callar. — Ya no… — era mi forma de decirle claramente que ahora estaba totalmente pillado por él. No, pillado no. Enamorado quizás… hasta lo inimaginable.

Quería, deseaba que lo descubriera por sí mismo, atravesándome con la mirada como lo hacía en ese momento, examinando mi alma, mis pensamientos. Quería que lo descubriera pero en lugar de eso, sus labios se cerraron sobre los mío entreabiertos y empezamos a moverlos sobre los contrarios como dos desesperados. Como lo que éramos.

Me pregunté, mientras me devoraba los labios y su lengua se entretenía con la mía, cuando empecé a sentir esto, no, más bien cuando empecé a ser consciente plenamente de que me había enamorado de mi hermano gemelo.

—En Navidad… — murmuré, apretando su mano con la mía aún más mientras él repartía besos por mi mejilla y la comisura de mis labios.

—¿En Navidad? — sentía su única mano libre hacer dibujitos distraídamente sobre mi espalda con la yema de los dedos.

—En Navidad… sólo me estaba acordando de lo que hicimos la noche de Navidad. — alzó una ceja.

—Lo mismo que todos los días ¿No? — su insensibilidad hacía algo que para mí había significado tanto me hubiera dolido de no ser por lo acostumbrado que estaba a semejantes respuestas sin sentimiento.

—A mí me pareció especial. — Tom volvió a recostar la cabeza sobre el sillón, con aire despreocupado, jugando con mi mano, entrelazando y desenlazando nuestros dedos.

—¿Qué hice de especial que no hubiera hecho antes? — me quedé pensativo, con la sonrisa en la boca.

—A ver… estaba temblando y me llevaste a rastras hasta la habitación, abrazándome.

—No es la primera vez que te abrazo ni será la última. — solté un suspiró. El corazón se me había acelerado con esa afirmación tan espontánea.

—Me arrancaste la sudadera que me habías dejado, me empotraste contra la pared, desnudo y me miraste durante casi un minuto con una sonrisa de lobo hambriento. — volvió a sonreír.

—Te miro todos los días de esa manera, todos. Eso no tubo nada de especial.

—Me agarraste del culo y yo me enganché a tu cuello y a tu cintura. Me tiraste encima de la cama como un bestia…

—Soy un bestia.

—¿Me vas ha dejar terminar? — nos reímos en boca del otro, sin dejar de jugar con nuestras manos. — Me la chupaste. — asentí con seguridad, con pose digna y Tom abrió los ojos como platos.

—Mentira.

—Sí, lo hiciste. — estaba seguro de que si no fuera porque estaba encima suya, hubiera saltado y hubiera salido corriendo, escandalizado.

—No puede ser verdad. — asentí con la cabeza frenéticamente. — ¡No, eso es imposible, no lo hice! ¡Me estás mintiendo! ¡No me la metí en la boca! — me quedé pensativo unos segundos, paseando la mirada por el salón hasta que lo recordé con más detalle y me reí por su reacción exagerada. Él también intentaba contener la sonrisa a pesar de que lo que le estaba diciendo no le hacía mucha gracia.

—La punta.

—No…

—Sí. Me la besaste… — cerré los ojos unos momentos, suspirando. Me estaba excitando mucho hablarle de lo guarro que había sido esa noche, recordándolo todo. Empezaba a ponerme duro otra vez y por la expresión de repente embobada de Tom, medio extasiada, juraría que él también. Me incliné más sobre él, haciendo que las puntas de mi pelo rozaran sus hombros y mi pene casi tieso en su totalidad se rozó contra su abdomen. — Me abriste las piernas y dijiste, tienes un duro y tieso problema entre manos, Muñeco. Habrá que arreglarlo… y te la metiste en la boca. — Tom parpadeó unos segundos, con una sonrisa incrédula. Mi mano libre empezó a acariciarle el pecho con la punta de los dedos, hacía abajo. — … Entera… te la metiste entera. Incluso sentí como la punta chocaba contra tu garganta.

—Men-ti-ra… — susurró contra mis labios. Ya estaba más que excitado, él y yo. Notaba sus boxers abultados hasta el extremo y restregué mi culo de arriba abajo contra ellos, a conciencia. Tom jadeó, estirándose bajo mi cuerpo, echando la cabeza hacía atrás con la boca entreabierta. Me mordí el labio inferior, con su mano aplastando la mía con una fuerza tremenda, pero sin llegar ha hacerme daño.

—Me la agarraste mientras me la chupabas… y empezaste a sacudírmela, muy rápido… — posé la palma abierta de mi mano sobre su pecho, restregando el sudor por su pezón, sintiendo el latido de su corazón tronar bajo mi tacto. — Fue… fantástico… — Tom cogió una bocanada de aire, con los labios entreabiertos y la mirada perdida en algún punto del techo. Sonrió.

—¿Eso es lo que hizo esa noche especial? ¿Qué me atreviera a metérmela en la boca? — negué con la cabeza lentamente. Llevé la mano que apretaba fuertemente la mía hasta mi pecho, haciendo que me tocara, que me acariciara y su sudor se mezclara con el mío, que me sintiera plenamente entre sus dedos.

—No… — alcé los brazos hasta posar las manos detrás de mi cabeza mientras Tom me moldeaba el cuerpo con los dedos. Me veía estremecerme con sus manos acariciándome desde la cintura hasta mis pectorales sin forma. —¿De tetas, curvas y dos agujeros… a mí? — murmuré. Tom ladeó la cabeza y se detuvo, mirándome fijamente a los ojos con intensidad. Soltó un resoplido divertido y me dio un pequeño y suave azote en el trasero que me hizo revolverme bruscamente.

—No te hagas el gracioso o te azotaré.

—Esa fue una de las cosas que no hiciste en Navidad…

—¿No? — sus manos se cerraron en mi cintura, tirando de mí hacía arriba. — Quítamelos… — miré sus boxers abultados debajo de mi trasero y aparté sus manos suavemente de mí, echándome hacía delante hasta que nuestras frentes se juntaron y pude colar la lengua entre sus labios y rozarla con la suya. Me agarró de los brazos para que no me moviera, a cuatro patas sobre él, estirando el cuello para mantener nuestros labios unidos cada vez que intentaba separarme de su cuerpo. Me reí entre suspiros y besos. El murmullo de nuestros labios al unirse y separarse de forma humedad era lo único que se escuchaba alrededor de nuestra burbuja.

—Si no me sueltas… no voy a quitarte nada… y sino te quito nada, no acabaremos… si no acabamos… no podremos ir a la fiesta. — le solté, evitando a su peligrosa boca encontrar la mía, peleándome con sus manos para que no acabara aprisionándome entre ellas. Tom parecía divertirse de lo lindo con ese constante jugueteo que ya habíamos hecho nuestro.

—Lo sé. ¿No es genial? — maldito idiota orgulloso.

Empecé a recorrer el contorno de sus labios con los míos, llenándolos de besos húmedos que él intentaba seguir, restregando mi mano por todo su musculoso cuerpo hasta llegar a sus boxers, toqueteándolos por encima. Sentí la punta dura entre mis dedos, debajo de la tela. Su risa me dejó absorto, centrándome sólo en la punta de mi mano, en la yema de mis dedos, restregándola por toda su forma dura… oh sí, que dura la tenía…

—Casi… casi me dejaste correrme en tu boca… — le susurré en el oído, mordisqueándoselo y restregando mi mejilla sudorosa contra la suya de forma mimosa.

—No… ni hablar… no te corriste en mi boca… — dejé de comerle la oreja, de acariciarla con mi lengua y le mordí la barbilla con suavidad, impregnándola de mi saliva. Empecé a restregársela con más fuerza entre mis dedos hasta que lo noté. Noté como se le empezaban a humedecer los boxers. Estaba a punto, a punto…

—Iba ha hacerlo… lo hubiera hecho… me hubiera corrido en tu boca si no me hubieras apartado para… para… — Tom entreabrió los labios frente a los míos, en el momento cúspide. Verle la cara empapada en sudor cuando se corría me encantaba. Con tan sólo verle muriéndose de placer, yo mismo empezaba a alcanzar la cima hasta chorrear sobre su abdomen. — … hacérmelo… — me agarró la mano con la que le tocaba de repente, exaltado, apretándome la muñeca con fuerza.

—Mierda… — me apartó la mano de su hombría, me empujó hacía un lado casi haciéndome caer del sillón y se arrancó los boxers, tirándolos justo encima del montón de ropa que nos habíamos quitado una hora antes como dos desesperados. Se la miré con descaro, con un montón de cosquilleos revoltosos corriendo por mi estómago como si fuera una maratón. Tuve que desviar la mirada en cuanto volvió a empujarme tirándome del brazo, atrayéndome hacía él. Se relamió los labios. — Te gusta… te gusta mi polla… te gusta así, toda dura por ti… — apoyé una mano sobre su hombro, entrecerrando los ojos con su mano cerniéndose sobre mi pene, más que excitado, más que húmedo. — Mírate… apenas te he tocado y ya estás a punto de correrte. Estás empapado… — paseó la lengua por mi cuello hasta el lóbulo de mi oreja. Me encogí, con los labios apretados para no chillar cuando frotó el pulgar por la punta de mi polla húmeda, mojada. Me empezaba a temblar el cuerpo.

—Tom… que me corro… para…

—Ya lo sé… — me la soltó y me agarró de los brazos, empujándome hacía abajo, hasta caer los dos sobre el sillón, de lado, frente a frente, con el cuerpo totalmente pegado al suyo, con el torso sudoroso aplastando el mío. Me agarró del muslo y me hizo levantar la pierna, rodeándole la cintura con ella, colocándose entre ellas. Suspiré con expresión de fingida sorpresa y pura excitación. Le rodeé el cuello con los brazos, afirmándolo con firmeza contra mi cuerpo. Noté mi miembro entre mi estómago y su abdomen, sintiendo tanta presión con el cuerpo caliente de Tom que volvía a chorrear, a humedecerse aún más. No iba a durar ni dos minutos así…

—Aguanta… quiero que sientas bien mi polla… toda para ti…

—Sí… la quiero, Tom… — Dejó ver una media sonrisa, apretando mi pierna con una mano y la otra manteniéndose sobre mi espalda, pegándome aún más a él si era posible. Noté la punta de su pene rozarme las nalgas. Su mano descendió rápidamente por mi pierna hasta separarlas con rudeza, estrujándome el trasero con los dedos. Acarició mi entrada bruscamente, haciendo que me revolviera con un ligero temblor recorriéndome el cuerpo. — Ya vale… métemela ya…

—Siempre tan ansioso… — suspiró frente a mi boca entre abierta.

—Por tu culpa, Tom… es tu culpa… — encogí el cuello, aferrando fuertemente mis dedos a su nuca sintiendo como la punta húmeda de su pene empezaba a penetrarme lentamente. — Me vuelves loco, Tom… me estás volviendo tan loco como tú, joder…

—Ya no lo aguanto más… — me empujó hacía atrás hasta que mi cuerpo quedó completamente tumbado sobre el sillón y me echó hacía el lado, hasta dejarme tumbado de costado con su cuerpo a mi espalda y sus manos estrujando mis nalgas. Me agarró el muslo, pasando toda su mano por mi entrepierna desde atrás, presionando sobre mi entrada con el dedo mientras se colocaba, descendiendo el cuerpo, restregando su pecho por mi espalda y alzándome la pierna. Se la noté, dura, abriéndose paso por entre mis nalgas, abriéndomelas mientras me las estrujaba con una mano y situaba su pene entre ellas, entrando, entrando… Me jodió vivo, de golpe.

—¡Uaaahh! ¡Joder, Tom…! — no me había dolido apenas. Ya no… la puta costumbre y los restos de semen de hacía una escasa media hora. Eché la cabeza hacía atrás, sintiendo las profundas embestidas que no tardó en propinarme, sin soltarme la pierna, manteniéndolas bien abiertas. Con la otra mano rodeándome el cuerpo, acariciándome con la palma abierta el torso de arriba abajo, pellizcándome un pezón con fuerza hasta hacerme arquear la espalda de pura excitación. Mi nuca dio con su hombro y su boca mordió el mío con lascivia. — ¡Tom… ahh!

Tom se detuvo de pronto, paseando sus labios húmedos por todo mi cuello, haciéndome tiritar. Notaba su pelvis temblando contra mi trasero, chorreando por él mientras yo me revolvía bajo su cuerpo, sudando como si estuviera a cincuenta grados en un desierto, jadeando. Giré la cabeza, buscándole con la mirada nublosa y Tom se me quedó mirando con la misma expresión extasiada que la mía. Agarré el brazo que me rodeaba el cuerpo y me acariciaba el pecho, notando sus músculos tensos y como me devoraba con la mirada, con el pecho subiendo y bajando, con el corazón latiendo desbocado retumbando contra mi espalda.

—Ohh… — jadeó, soltando todo el aire que almacenaban sus pulmones sobre mi boca. — Olvídate de esa puta fiesta y deja que te folle vivo toda la noche, Muñeco. — no pude hacer más que soltar una risita cansada y medio ahogada en mis propios jadeos.

—Cuanto antes termines… — suspiré, agarrándome a su nuca para que no girara la cabeza y dejara de mirarme, de respirar sobre mis labios entreabiertos. — … antes volveremos y antes podremos follar como perros en celo.

—¿Ah, sí? — movió su pelvis contra mí, restregándose. Sentí su sudor y los restos de semen escurrirse por mi trasero y como me la clavaba más hondo, un poco más… perfecto. ¡Perfecto!

—Sigue, sigue… no aguantaré mucho más… — me metió la lengua en la boca, frotándola con la mía sin juntar nuestros labios. Empezó a moverse. Sentí como su miembro empezaba a deslizarse dentro de mí con velocidad, entrando y saliendo a la vez que sentía el restriegue de su pelvis en mi trasero cada vez que me la metía hasta el fondo, como a mí me gustaba. Acabé aferrándome con fuerza al brazo que me mantenía pegado a su pecho, arañándoselo salvajemente, con mi polla apunto de explotar con el roce de su mano al agarrármela con fuerza, sacudiéndomela de forma voraz.

Separó su lengua de la mía unos segundos, mirándome con la sonrisa en la boca mi cara de éxtasis total.

—¿Sabes que pareces… con esa cara? — sonreí, sabiendo perfectamente la respuesta. Sentí como se me escurría la saliva por los labios hasta la mejilla con tantos gemidos y su mano se movió ferozmente sobre mi pene. No podía… no podía más…

—Tom… no puedo más… — me miró fijamente con los ojos resplandecientes. Se movió con más fuerza, clavándomela más profunda si cabía, embistiéndome sin piedad desde atrás, apretándome con fuerza la pierna y estrujándome la punta de la polla con el pulgar.

Abrí la boca de par en par, sin ser capaz de decir nada, con la vista nublada. Joder, joder… veía las putas estrellas… ¡Joder!

—¡Ah!… ¡Ooohh, Tom!… — me corrí en cuanto me la clavó una última vez, hasta el fondo. Sentí mi trasero rebotar contra su pelvis y noté claramente la forma de sus testículos rozarme las nalgas mientras tiraba de mi pierna con más fuerza hacía arriba, dejándome más que expuesto a la penetración, con el trasero abierto para él, para que pudiera penetrarme bien, tan profundo como fuera posible.

Sentía todo mi cuerpo húmedo… deliciosamente húmedo.

Me quedé flácido sobre el sillón, recuperando la respiración mientras Tom terminaba, embistiéndome dos veces más como una animal, tan fuerte que mi cuerpo casi quedó colgado del cabezal del sillón por los fuertes movimientos. Me temblaron las piernas cuando sentí su semen impregnarme, llenándome, deslizándose dentro de mí y apreté las manos. Me gustaba esa sensación tan intensa cada vez que acababa de correrse en mí, como si mi cuerpo reaccionara al suyo, supiera quien era y lo tomara todo, sin rechistar.

—Uhm… — gimoteó, con un jadeo de gusto mientras apartaba su pelvis de mi trasero, mientras la sacaba con tranquilidad, me soltaba la pierna y se desplomaba a mi lado, detrás de mí, rodeándome la cintura con un brazo. Su aliento me acariciaba la nuca dulcemente. Estaba adormilado, como yo. Cerré los ojos…

—¡Guau, guau! — probablemente me hubiera quedado dormido de no haber sido por los estruendorosos ladridos de Scotty a los pies del sillón. Alcé la cabeza, mirándolo desde mi posición con una ceja alzada. Tom se revolvió un poco. — ¡Grrr…! — gruñó y, frente a mi mirada atónita, clavó los dientes en la pierna de Tom.

—¡Ah! ¿¡Que coño…!?

—¡Scotty! — pegué un bote y le di un manotazo en el hocico. El perro se encogió, con el rabo entre las piernas. — ¿Pero que haces, idiota? — y salió disparado fuera del salón, entre gemidos lastimeros. Tom encogió las piernas, rascándose la mordida con el ceño fruncido.

—Menos mal que el condenado no tiene dientes aún. ¿Qué mierda le pasa a ese chucho?

—No es la primera vez que lo hace. — Scotty siempre se enrabietaba en esos momentos tan oportunos, mientras Tom y yo lo hacíamos salvajemente en alguna parte. Solía gruñir mientras miraba fijamente a Tom. Cuanto más gritaba yo, más se le erizaba el pelo del lomo, pero nunca había llegado al extremo de morderle.

Me desperecé sobre el sillón, sin ganas de levantarme para nada mientras Tom le dirigía una mirada asesina a la puerta del salón, esperando que el perro apareciera para gruñirle y que saliera con el rabo entre las piernas de nuevo. Me reí. Me sentía halagado por la actitud defensiva de los dos por el mismo motivo, yo.

—Cree que me estás haciendo daño.

—¿Qué? — le acaricié las rastas desde mi posición, pasando mis dedos por su espalda suavemente, trazando una camino hasta el principio de esta. Tom giró la cabeza, mirándome con una ceja alzada.

—Me oye gritar, me oye revolverme, me oye gemir y cree que me estás matando o pegando o algo así. Intenta defenderme. Es tan mono…

—¿Mono? Yo diría estúpido. — se tumbó a mi lado de nuevo, frente a mí, con los ojos entrecerrados. — Me ha hecho daño.

—A ti nada te hace daño. — me burlé. Él hizo una mueca con la cara, pretendiendo resultar lastimero sin dar resultado, sacándome una sonrisita bobalicona mientras le miraba fijamente.

—Puto Muñeco con complejo de puta.

—¿Qué?

—Era eso lo que parecías cuando estabas a punto de correrte. Mi puto Muñeco con complejo de puta. — Abrí la boca, intentando aguantar la risa y le di un manotazo flojo en el brazo.

—¡Oh, Tom, siempre te cargas el momento feliz!

—¿Yo? — se arrimó más a mí, acariciándome la cintura con una mano. — A ti te gusta que te lo diga.

—¿Quién ha dicho eso? — le acaricié la cabeza con la mano, las rastas espesas de tacto áspero que me hacían cosquillas en el cuerpo cada vez que se movía sobre mí. Tom cerró los ojos, tranquilo, en paz. — Cuando viniste aquí parecías un delincuente en busca y captura, siempre tenso, siempre que salías a la calle mirando hacía todos lados, siempre alerta por si alguien se te tiraba encima de repente con un cuchillo en la mano. Ahora… — pasé el pulgar por su mejilla, con una ternura que nunca en la vida había expresado hacía nadie… quizás a Natalie… y de repente me arrepentía de haber compartido eso con ella. — Ahora eres diferente. — Tom sonrió.

Continúa…

Gracias por la visita. No te vayas sin comentar 😉

por Sarae

Escritora de Muñeco

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