Muñeco 6 (P.2)
Fic TWC de Sarae
Capitulo 6 (P.2)
—Te la diré esta noche.

¿Por la noche? Exactamente, ¿Qué quería decir por la noche? Le miré y lo pensé detenidamente. Lo que había querido decir con eso sólo se podía interpretar de una forma.

—Mamá está en… — no me dio tiempo la terminar la frase. Tom ya estaba aparcando justamente frente a casa. Eran las 3 y media. A esas horas, mi madre no estaba en casa, seguro y eso me puso nervioso de inmediato.

Tom y yo estábamos a solas en casa… otra vez.

—Tu madre ¿No está? — preguntó con tono sugerente en cuanto metí la llave en la cerradura y abrí la puerta de casa, entrando con paso apurado, incapaz de aguantar los nervios.

—Ha estas horas nunca está.

—¿Cuándo suele venir? — Tom entró como si llevara toda la vida viviendo allí y fue derecho al salón, tirándose sobre el sofá, despreocupado, cerrando los ojos.

—No lo sé. Su horario es muy variable. Quizás para cenar… — dejé las llaves sobre la mesa y me quedé observándole de pie, frente a él, esperando que se apartara y se sentara o al menos, me dejara un hueco.

—¿Eso quiere decir que estamos solos hasta la hora de cenar? — me miró con los ojos brillantes y con total descaro, se pasó la lengua sensualmente por los labios. Era obvio lo que estaba pensando, lo que quería hacerme y de solo imaginarlo, me ruborizaba y sentí el cuerpo arder pero, obstinado como yo sólo, me crucé de brazos y giré la cabeza con indignación. Empezaba a creer que mi hermano era una jodida máquina de meter y sacar y yo aún me sentía húmedo e incluso sucio por lo ocurrido hacía una escasa hora.

Me gustaba, no podía negarlo. Tom me encantaba, como me besaba, como me tocaba, como me masturbaba, como me mordía, me lamía, como me penetraba y me embestía… incluso como me golpeaba. Ahí estaba el problema. Tom era mi hermano y, por lo tanto, lo que hacíamos era incesto puro y duro y no solo eso. Empezaba a confundirme, empezaba a no tener claras mis tendencias sexuales porque, aunque me acostara con él, nunca en la vida ni ahora ni antes me habían gustado los hombres, nunca… pero con él era otra cosa, no. Es que sólo me gustaba hacerlo con él.

Eso no era normal.

—¿Qué se te pasa por esa cabecita? — me preguntó, alzando un poco la cabeza desde su posición. Yo ya no sabía ni como mirarle para no volver a caer en sus trucos de seducción.

—¿Qué pasa? ¿Quieres hacerlo de nuevo? — Tom alzó las cejas sin apartar los ojos de mí. — ¿Siempre eres tan insaciable o qué? ¡Acabamos de hacerlo!

—Hace cincuenta y tres minutos.

—¿Has calculado el tiempo?… Bueno, ¿Y qué? No ha pasado ni una hora.

—¿Es que acaso necesitas más? — no lo entendía. Yo por lo menos estaba agotado y él, tan fresco como una rosa. De repente se sentó, me agarró la mano y tiró de mí hacía él, casi tirándome encima. Quedé a cuatro patas sobre sus piernas y nuestros rostros muy cerca, casi pegados. Abrí mucho los ojos, sorprendido. — ¿Cuál es el maldito problema? ¿No te gusto lo suficiente? — bromeó, con esa risa de burla plasmada en su cara.

—No. No es eso… es que… — me besó los labios y yo sacudí la cabeza. — Es que esto es muy raro… — sus manos se posaron sobre mi mejilla y su pulgar me acarició los labios húmedos toscamente. — Yo no… no… — ladeó la cabeza y me apartó el pelo alborotado tras mi oreja. Su boca se cerró sobre mi cuello. — Ah… — sentí como me lamía la piel, como la succionaba con su boca y me hacía estremecer y temblar entre sus brazos. Eché mi cabeza hacía un lado, incapaz de contenerme para dejarle libre acceso a mi cuello, empezando a excitarme de nuevo, deseando que siguiera tocándome así, que succionara cada centímetro de mi piel.

Con una mano me tocaba el lateral del cuello y me acariciaba los labios. Con la otra, me subió la camiseta y empezó a rozarme el tatuaje de mi estrella con sus dedos bruscos. Sus labios descendieron hasta mi hombro, tirando de mi camiseta para dejar mi piel totalmente expuesta a él. Me mordió suavemente el hombro y dejé escapar un jadeo, con las mejillas encendidas. Le lamí el dedo que tenía posado sobre mis labios y lo atrapé entre mis dientes cuando separó su boca de mí.

Tom alzó la cabeza y me miró con una sonrisita de diversión.

—¿Siempre eres tan fácil de conseguir? — noté mi cara arder. ¡Me estaba tomando el pelo! Le mordí fuertemente el dedo y Tom gruñó — ¡Oye!

—¿Y tú? ¿Siempre estás tan salido? — me quejé, soltándole el dedo y empujándole sobre el sofá, dejándolo totalmente recostado sobre él. Intenté levantarme, mosqueado, pero Tom me rodeó la espalda con los brazos y me apretujó contra su cuerpo. Empecé a removerme, inquieto, intentando soltarme de su espachurrador abrazo y Tom empezó a reír, apretándome con más fuerza hasta que oí crujir mis huesos. — ¡Oh! ¡Me vas a aplastar!

—Si, lo estoy.

—¿Qué? — seguí debatiéndome sin mucha resultado.

—Siempre estoy tan salido. En Stuttgart, era mi pasatiempo favorito. — me quedé quieto y lo miré. Me lo había soltado en toda la cara como si nada, como si fuera lo más normal del mundo y yo arrugué la nariz, sin saber como tomármelo.

—¿A menudo?

—Varias veces al día.

—Eso es imposible.

—Pues digamos que una vez al día si te parece más creíble. — tragué saliva.

—¿Con tíos? — Tom se rió.

—Nunca, jamás, ni se me pasaba por la cabeza. Los tíos me daban… asco.

—Entonces, ¿Nunca con otro tío? — negó con la cabeza. — ¿Y yo qué? ¿Yo no te doy asco?

—Tú, no.

—¿Por qué no? Soy tan tío como cualquier otro. — La expresión de Tom cambió a una que no supe clasificar. — ¿A que viene esa cara? ¿Me crees más tía que los demás? — Tom se quedó callado durante unos segundos, mirándome fijamente.

—Nuo. Nooooo, claro que no.

—Gilipollas. Lo crees.

—No he dicho eso. — ahora si que estaba cabreado. Volví a intentar hacer que me soltara, volví a moverme bruscamente y al ver que no podía, empecé a golpearle el pecho con los puños. — ¿Y tú cuantas veces?

—¿Yo? — paré unos instantes. — No quiero decírtelo.

—¡Oh, venga, yo te lo he dicho! — por unos momentos me lo planteé, pero deshice la idea enseguida. Noté como su mano aferrada a mi espalda descendía poco a poco. — ¿Por delante…

—¡Ah! — pegué un bote y todo mi cuerpo se restregó contra el suyo. Su mano se adentró bajo mis pantalones y empezó a presionar bruscamente contra mi entrada.

—¿O por detrás? — no me resistí, ya era imposible hacerlo con semejantes roces que me conducían a la locura. Era imposible decir no cuando la excitación domina cada célula de tu cuerpo y eso era lo que a mí me pasaba cuando Tom me tocaba. ¿Cómo podía haber cambiado tanto? ¿Haberme convertido en… un muñeco? ¿Su muñeco? — Eh, muñeco… — noté como muy, muy lentamente, uno de sus dedos me iba penetrando, desesperándome. Me mordí el labio inferior y apoyé las manos temblorosas sobre su duro pecho. — ¿Alguna vez por detrás? — cerré los ojos con fuerza, tembloroso. Las rodillas con las que me mantenía sobre el sofá me temblaban como flanes. Sentí como me penetraba con mucha más velocidad y brusquedad con dos dedos más, hasta el fondo, casi con saña.

—¡Ooh, joder! — abrí los ojos. Le vi lamerse los labios con su mirada maliciosa fija en mí y bajé la cabeza, apoyándola en su pecho, encogiendo las piernas para acercarme más a él.

—No has contestado a la pregunta. — habló con tono serio y demandante. Sus dedos seguían jugueteando dentro de mí haciendo que mi cuerpo se tensara hasta que volví a sentirlo. Mi miembro empezaba a endurecerse otra vez.

—Sólo tú… — murmuré.

—¿Sólo yo qué? — alcé la cabeza con las mejillas encendidas. Él me miraba serio, pero aún así, con cierta malicia.

—¡Que solo tú me has dado por detrás!— y volvió a sonreír, satisfecho por la respuesta. Sus dedos se revolvieron dentro de mí y acabaron por salir, haciéndome jadear. — Tom… — lo llamé al verle levantarse de debajo de mí. ¿Se iba? ¿Me dejaba así, otra vez duro y ansioso? Pero no. En cuanto cerré los ojos y volví a abrirlos, me encontré debajo, tumbado y con él entre mis piernas.

—¿Y por delante? — me alcé sobre las manos para quedar cara a cara a él. Vi como dirigía su mano a mi entrepierna y me la agarraba suavemente por encima de los pantalones.
Mierda Tom, estate quieto, ¡me pones demasiado!

—¿Qué te importa cuantas veces lo halla hecho en mi vida?

—Me importa. — le oí y me miró con cara de frustración. Suspiré.

—Cuatro veces. — Tom alzó una ceja.

—¿Cuatro?

—Si, cuatro. — vi como fruncía el ceño levemente, dándole vueltas a algo. — ¿Qué pasa? ¿Tanto te sorprende?

—Casi… casi te creía virgen. — me sorprendió el tono de decepción en su voz. — ¿Con quien lo hiciste?

—Con mi última novia, Natalie. ¿Por qué?

—Has dicho última, ¿Has tenido muchas?

—¿A que viene tanta pregunta? — Tom se encogió de hombros. Su mano subió desde mi entrepierna hasta el principio de mi camiseta. Empezó a subírmela y acarició la estrella tatuada en mi piel.

—Yo también quiero saber más de ti. — esas palabras me llegaron hondo. Mi corazón dio un vuelco y empezó a latir con descontrol mientras sus manos seguían rozando la piel de mi vientre. — ¿Cuántas han sido? — tragué saliva.

—Seis, siete, quizás más.

—Vaya… no me esperaba tantas.

—Bueno, esas son solo con las que iba en serio. Luego, de rollo de verano o así… unas pocas más.

—Que ligón, muñeco. — nos quedamos callados entonces. Tom parecía absorto observando cada centímetro que iba quedando al descubierto de mi torso mientras me subía la camiseta. Yo me derretía con cada caricia que recibía.

Eché la cabeza hacía atrás cuando se inclinó sobre mí y me besó la estrella. Empezó a subir sin despegar los labios de mi piel y yo mismo, acabé agarrándome la camiseta y me la saqué, dejándola caer al suelo. Me tumbé cómodamente sobre el sofá, estremeciéndome al sentir a Tom lamiéndome desde el ombligo hasta el pezón izquierdo. Me lo mordió suavemente y tiró de él, dándole un par de lametones con su húmeda lengua. No pude contenerme y gemí.

Tiré de su camiseta hacía arriba, ansioso. Tom se apartó un poco, irguiéndose sobre mí y empezó a sacarse la enorme camiseta mientras yo recorría los músculos de su abdomen con la yema de mis dedos. Acerqué mi boca a la parte que acariciaba y, sintiéndome avergonzado por lo que pensaba hacer, ruborizado, abrí mi boca y la cerré sobre uno de los duros músculos de su abdomen, lamiendo y succionando. Noté como la espalda de Tom se deshacía en temblores durante escasos instantes. Creo que era la primera vez que le hacía estremecerse y le mordí, con cuidado, cuando dejé de aprisionar su piel entre mis labios, tornándose esta rojiza. Besé esa parte con suavidad cuando sus manos se aferraron a las mías, separándolas de su cuerpo con lentitud, entrelazando nuestros dedos.

Nos miramos fijamente. Tom inclinó la cabeza, yo cerré los ojos y entreabrí los labios, esperando que tomara mi boca con la suya de forma violenta y dominante.

—¿Y yo? — murmuró, rozándomelos con los suyos, recorriendo el contorno con su lengua.

Abrí los ojos, sin entender que quería decir, buscando más contacto con ansias.

—¿Qué? — jadeé, con la respiración entrecortada y los latidos acelerados.

—Yo soy un rollo de verano o, acaso ¿Quieres algo más, muñeco?

Me quedé mudo, sin saber como tomarme aquella pregunta y de repente, una idea descabellada cruzó mi mente.

Aquello que estábamos haciendo, incesto puro entre hermanos, ¿Qué era? ¿Sexo consentido entre dos gemelos depravados y probablemente esquizofrénicos o, el comienzo de algo más serio?

Creo… que por un momento se me detuvo el corazón.

—Era broma. — sonrió mi monstruoso gemelo — No hay más de lo que puedes ver y tocar ¿no? Sería estúpido y masoca que hubiera algo más, así que no te enamores de mí, eh. — me quedé con la boca abierta al escuchar su advertencia. ¿Qué se creía? ¿Qué me iba a quedar pillado por mi propio hermano? Esto sólo era diversión, placer absoluto, sexo consentido, responsable y adulto, las ganas de probar cosas nuevas, pura perversión y lujuria. Sólo era eso… sexo puro, sin más… sólo eso…

Por que éramos hermanos, así que… era imposible que surgiera nada más, ¿verdad?

Continúa…

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por Sarae

Escritora de Muñeco

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