
—¡Tom!
—¿Hum? — Tom estaba medio atontado viendo el baloncesto desde la cocina. Su actitud pasota me cabreaba, pero más lo hacía la de mi madre y Gordon, ocupando el sofá, mirándose como si en el mundo no existiera más que el otro, abrazados.
Joder, que cursilada y me daba más rabia aún tener que reconocer que en el fondo les tenía cierta envidia. Natalie y yo una vez fuimos así, casi me daba vergüenza recordar lo horriblemente meloso y cursi que era pero… estaba enamorado, ¿Qué se le iba ha hacer?
—¿Cómo se supone que tengo que sacar esto del horno sin quemarme? — miré a Tom, abriendo el horno y mirando el pastel de frutas de mi madre con mala cara, sin saber que hacer con él.
—Utiliza las manoplas.
—¿Manoplas?
—¿No sabes lo que son manoplas? — Tom miró de un lado a otro y agarró el delantal que mi madre había llevado puesto mientras hacía la cena. Me lo mostró con gesto interrogante. — No, eso no son manoplas. Es un delantal, burro. — alzó una ceja. — ¿Nunca has cocinado nada en tu vida?
—¡Claro que sí! Salchichas de lata, en el microondas.
Dios, ¿Cómo había pasado de Natalie a esto? Un… un…
—Quita anda. — me puse las manoplas y yo mismo saqué el pastel con extremo cuidado. Lo solté sobre la mesa de la cocina y sonreí con superioridad. — Así se hace.
—No me digas. ¿Te crees mejor que yo por saber sacar un pastel del horno?
—Tengo más experiencia culinaria que tú, sólo digo eso. — Tom se carcajeó mientras me quitaba las manoplas y sacaba los cubiertos. No le veía la gracia.
—Eres una jodida maricona.
—¡¿Qué?! — se cruzó de brazos, dirigiéndome una mirada de autosuficiencia y chulería irritable y se sentó sobre la mesa de un salto.
—Te gusta que te folle, ¿No? Que te de por culo un tío. Creo que es obvio.
—¡Una mierda! ¿Y tú qué? ¡Que te gusta tirarte el culo de tu hermano, pedazo de mamón! ¡Que no te cortaste un pelo en ir a por mí aún sabiendo que…!
—¡A mí no me amenaces con tenedores eh! — miré la mano que le alzaba, con los cubiertos agarrados fuertemente y los dejé sobre la mesa con lentitud.
—Tenía novia, hasta que tu llegaste todo era normal.
—¡Ja! Abría que ver a tu ex. — sería hijo de… le di la espalda, dispuesto ha hacerle tragar sus palabras y cogí el móvil, rebuscando por la galería de imágenes. Ju, aún tenía la foto que Natalie y yo nos hicimos en la playa en verano, cuando cogimos el bus y nos escapamos el fin de semana a la casa de veraneo de sus padres. Estábamos abrazados y en bañador en la orilla. Estaba guapísima y con la cabeza bien alta, se la puse en las narices a mi hermano.
—Esa es Natalie, mi ex. — sonreí al ver como la boca le llegaba al suelo al verla.
—¿Tu… ex? — asentí. Estaba orgulloso de ella, para que negarlo. — ¡Joder, que tetas! — me quitó el móvil de un manotazo — ¡Madre mía, como está la rubia!
—¡Tom, dame eso!
—¡Pero mira que piernas!
—¡Tom! — revoloteé a su alrededor, intentando quitarle el móvil, recibiendo empujones bruscos por su parte. — ¡Dámelo!
—¡Y tú te la tiraste! ¡No me lo puedo creer!
—¡AAhhh! ¡Idiota!
—¡Oh, no! ¡He borrado la foto! — me tiré literalmente a por él al oírle, arrancándole el móvil, mirando horrorizado como la foto de Natalie y mía había desaparecido.
—¡¿Qué has hecho?!
—No salías favorecido, Muñeco, créeme. Mejor así.
—¡No tiene gracia, Tom! ¡Era la única foto que tenía de ella! — Tom se toqueteó la gorra, pasota como él solo.
—¿Y qué? Es tu ex, ¿no? ¿Qué importa?
—¡Me importa, me importa mucho, eres un gilipollas! ¿¡Por qué has tenido que borrarla!? ¡Era mía!
—¿Tuya? — saltó de la mesa. Su típica expresión de niño malo me puso el vello de punta y al verlo acercarse con pinta de querer echárseme encima, retrocedí, concentrando la mirada en mi madre y Gordon acurrucados en el sofá. Ya era raro que no se hubieran enterado de nada de lo que andábamos gritando como para tentar a la suerte follando en la cocina como animales en celo.
—Tom, mamá está…
—¿Y qué? — abrí los ojos como platos cuando me agarró de las muñecas y me alzó las manos, acercando su cara a la mía. Me eché para atrás, con la vista fija en mi madre. Joder, ¡Que se iba a dar cuenta!
—¡Tom, eres un puto flipado! ¡Suéltame! — por unos momentos pensé que me haría caso al verle desviar la mirada a mamá.
—Y una mierda. — nada más lejos de la realidad. Empezamos a forcejear, empezó a empujarme lejos de la puerta del salón, hacía un rincón poco iluminado de la cocina. Por un momento casi tuve la tentación de ponerme a gritar llamando a mi madre, pero no lo hice. Tom era tan imprevisible y cabrón que era capaz de follarme encima de la mesa con nuestra madre delante.
Desde luego, vaya elemento con el que había llegado a parar.
—Tom… — bajé la voz. Una vez fuera de la vista de mis “padres” me daba miedo que fuera incapaz de parar y, sobretodo, que yo le siguiera el juego. ¡Coño, Tom arrasaba con todo mi jodido autocontrol! — Tom, que nos ven, joder.
—Me da igual. — aproximó su boca a la mía, sin soltarme las muñecas, pegándome por completo a la pared, acorralándome como un perro acorrala a una oveja y, con una fuerza de voluntad tremenda, eché la cara a un lado, esquivando sus labios. Tom se quedó parado unos segundos antes de zarandearme bruscamente.
—¡Oye!
—¡No me da la gana, gilipollas! A ti te da igual, pero a mí no. ¡No puedes ser tan animal como para no ver lo que hay a tu alrededor!
—Soy un animal y estoy cachondo, ¿Te lo explico a ladridos? — volvió a aproximarse a mí con intención de enganchar sus dientes en mi cuello. Alcé la pierna y rocé con la rodilla su erección.
—O te quitas o te la reviento de una patada. — Tom me miró con rabia contenida.
—Hijo de…
—¡Chicos! ¿¡Y la cena!? ¿¡Para cuando pensáis poner la mesa!? — sonreí triunfal al oír a mi madre desde el salón y nada me provocó más placer que ver la cara contraída de rabia de mi hermano.
—Aparta, negado culinario. — pero Tom no se apartó. Me apretó con más fuerza las muñecas hasta hacerme daño y provocar que un quejido saliera de mi garganta.
—Cuidado con hablar mucho de esa tal Natalie delante de mí. Ahora no eres suyo… ahora eres mío. — y me soltó. Me quedé paralizado unos instantes hasta que sentí un espasmo de placer y excitación total cuando su mano se cerró sobre mi entrepierna, apretándola con fuerza casi dolorosa.
—¡Oooh! — apreté los dientes, soltando aquel berrido. Agarré su mano y no sé como fui capaz de contenerme para no restregarme contra ella, quizás por la mirada de satisfacción y poderío con que me miraba Tom, con las mejillas ruborizadas. Me observaba fijamente con una extraña mezcla de enormes ganas de agarrarme, desnudarme y metérmela sin piedad hasta reventarme y una mirada repleta de admiración hacía algo, sorpresa.
Me la estrujó con más fuerza.
—Y sé que te encanta ser mío. — jadeó contra mis labios, mordiéndome levemente el inferior y entonces… me soltó. Precisamente cuando yo no quería que lo hiciera.
Sí, desde luego, como había acabado siendo Muñeco de un animal como ese era un misterio. Lo más jodido era que tenía razón, me gustaba serlo y que lo afirmara con tanta bestialidad.
Bill, eres un puto masoca enfermo.
—Tom ¿Te gustan los deportes? — mi hermano desvió la mirada del partido de baloncesto que se retransmitía por la tele y miró a mi padrastro, sin mucho interés. Ya estábamos los cuatro sentados a la mesa con un plato de pescado repleto de condimento delante, hecho al horno. Tom estaba a mi lado, con el tenedor en la mano. Era el único que no había probado bocado todavía.
—¿Los deportes? Si, bueno, algo…
—¿Se te dan bien? — Tom se encogió de hombros.
—Si, pero soy vago y jugar en equipo no es lo mío. Una vez jugué un partido de baloncesto oficial y… no, el quipo no es lo mío definitivamente.
—¿Por qué no? ¿No pasabas la pelota? No sabes compartir, hermanito. — le piqué, con cierto rentintín en la última palabra. Tom me sonrió con picardía.
—No me gusta compartir con nadie las cosas de mi propiedad, creo que ya lo sabes, hermanito. — me mordí el labio inferior. Eso iba por mí.
—¿Por qué no es lo tuyo el deporte en equipo? Da la sensación de que tienes buena coordinación. — observé con una mueca en la boca la pésima manera en la que Gordon intentaba ganarse a mí hermano como nuevo padre. A mí, prácticamente me tenía ganado. Me gustaba como padre, quizás porque no recordaba al mío y Gordon era un gran referente paternal para mí, un tío enrrollado y divertido, pero sospechaba que con Tom lo iba a tener un poco más difícil. — ¿Perdisteis el partido en el que participaste?
—Si… porque me echaron a los tres minutos. — miraba el pescado con una mueca de frustración con el tenedor en alto. Me costó varios segundos averiguar que Tom no tenía ni idea de cómo empezar a comer el pez, de cómo abrirlo, apartar las espinas y llevarse trocitos pequeños a la boca. Vaya, cuando hablaba de su negación culinaria no me refería a esto. ¡Si parecía que quería hacerle una autopsia al pez! ¿En que clase de sitio se había criado este hombre para ni siquiera saber coger los cubiertos adecuadamente?
—¿Te echaron a los tres minutos? ¿Por qué?
—Agredí a un jugador del equipo contrario. — entorné los ojos. ¿Por qué no me sorprende?
—¿Lo agrediste? — mi madre se llevo un vaso de agua a la boca, casi atragantándose al oír aquella confesión. Ella, abogada, fanática de la justicia, pobre. No sabía hasta que punto tenía un criminal metido en casa.
—Le rompí la nariz. Se puso en medio cuando iba a tirar a canasta. Me sacaron falta personal y directamente intentaron llevarme al banquillo… intentaron…
—¿Intentaron? — Tom puso los ojos en blanco. Notaba como empezaba a sulfurarse con el pescado.
—También agredí al árbitro cuando me sacó la falta, también al entrenador… y me echaron del recinto porque le prendí fuego a la mascota del equipo contario. — Gordon abrió los ojos como platos y tragó saliva. Contuve la risita y al ver a Tom casi empezar a cabrearse con la comida de pura impotencia ante su pescado, le di un codazo para que me mirara y empecé a abrir el mío, a pelarle la capa salada con el cuchillo y tenedor frente a sus ojos y a trocearlo con cuidado, llevándomelo a la boca. Le sonreí. Tom me devolvió la sonrisa, empezando a imitarme con cuidado.
—Vaya, que… interesante. — mi madre miró con mala cara a Gordon. El pobre hombre se había quedado de piedra.
—Si eso te parece interesante… mamá sabe muchas de mis experiencias en el terreno de la delincuencia. — por fin logró pelar el pescado y pinchó un trozo enorme, llevándoselo a la boca. Ups, lo iba a pasar mal con las espinas.
—Creo que ese no es un tema adecuado para hablar mientras cenamos.
—¿Por qué no? A mí me interesa. — interrumpí. La verdad es que la manera rebelde y maligna en la que se comportaba mi hermano me interesaba bastante. Me parecía… excitante, para que mentir.
—Claro, siempre puedes usarme de conejillo de indias para… — tragó saliva, con mala cara — tus aspiraciones a loquero. — tosió un poco, llevándose un vaso de agua a la boca. Sabía que lo iba a pasar mal con las espinas. — De hecho, estoy fichado ¿No te lo ha dicho tu madre?
—¿Fichado? ¿En serio? Uou, eres todo un criminal.
—Si. — y se reía. Hacía tres días un tío fichado me hubiera echado para atrás pero a estas alturas, ya no había forma de que algo me sorprendiera viniendo de mi hermano. Ni siquiera me sentía incómodo a su lado, de hecho, todo lo contrario.
—¿Qué hiciste? No habrás matado a alguien, ¿O sí?
—¡Bill!
—No, no he llegado tan lejos, pero poco me ha faltado y no a sido por falta de ganas.
—Guau. ¿Qué has liado entonces? ¿Violación, intento de homicidio, atraco a un banco? — mi madre me iba a asesinar con la mirada y Gordon intentaba comer sin atragantarse, manteniéndose al margen de la conversación, pero me daba igual. Estaba demasiado concentrado en Tom como para pararme a pensar en la reacción de los demás que, ciertamente, poco me importaba.
—Varios robos… — hizo una mueca. Soltó los cubiertos y se llevó una mano a la garganta. Sospeché que se le habían atascado las espinas bien hondo. — Allanamiento de morada, buscapleitos, agresión a varios agentes, grafittis, amenazas… constantes peleas. No recuerdo que más.
—Practicas pirómanas. — murmuró mi madre. Se le notaba no sólo tensa y enfadada, también avergonzada ¿Por qué? ¿Por qué Gordon estaba delante? Estaría pensando, vaya un regalito de niño. Nunca pensé que llegaría el día en que dijera esto pero… me daba igual. Crímenes por todos lados, no, no lo creía.
Tom no era tan malo, al menos no conmigo. Era… era diferente, eso sí, pero no malo. Desde que había llegado a Hamburgo no había hecho aún nada malo… salvo acostarse conmigo y deformarle la cara a Sparky, tampoco era tan grave ¿O sí?
—Pero para eso estás aquí, para moderar tu conducta agresiva y guiarte por el buen camino. Está claro que el lugar en donde te has criado ha influenciado muy negativamente en ti. Aquí estarás mejor. — habló mi madre con seriedad. Tom asintió con la cabeza, con una mueca de asco en la cara.
—Si, claro. Estoy seguro de que mi hermanito logrará quitarme el trauma de encima con su aplastante psicología. ¿Verdad, Bill? — sonreí. Joder, Tom estaba flipado. Se lo tomaba todo a cachondeo y cuando mi madre se ponía seria, más valía ir con cuidado.
—Supongo que el tener una madre también te irá bien. Criarte con un solo padre tan ocupado debió de ser duro y complicado. — tragué saliva, mirando alternativamente a mi madre y a Tom. Gordon hacía lo mismo, preocupado. Mamá se estaba metiendo en terreno pantanoso, un terreno que ni siquiera ella quería tocar y Tom… no sabía como reaccionaría Tom, pero no sería muy agradable si se metía con su padre. Lo entendería si lo defendía con uñas y dientes de las afiladas palabras de mi madre, pero… una vez más la actitud de mi hermano me hizo enmudecer.
—¿Ocupado? Si, claro, cargado de litronas de vino. Cargar con un padre borracho perdido a cuestas es mucho más fácil a como te lo ponen. Le das una botella de tequila y ya te lo quitas de encima, lo demás… es cuestión de aprender a cuidar de ti mismo. Además… sí que he tenido madre. — lo soltó todo de golpe, entre risas, como si hablara de un chiste malo.
Continúa…
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