
«My bad boy» Fic Toll de Nathaly Kaulitz
Capítulo 7
By: Bill
Me desperté por la alarma de mi despertador, que me había regalado mi hermano por mi cumpleaños el año pasado, eran las nueve de la mañana, y hoy iría a ver un trabajo en una pizzería, de regreso de la casa de Tom ví el anuncio en la entrada, pedí información y me dijeron que hoy a las once seria mi entrevista.
Me levanté de mi cama y me dirigí al baño para darme un baño, tenía que apurarme siempre tardaba una hora en alistarme y no quería llegar tarde y dar una mala impresión.
Salí del baño ya vestido y con el cabello seco, me coloque frente al espejo para maquillarme no muy llamativo, al terminar observé mi reflejo no me veía mal, llevaba una plallera blanca con un estampado roquero, unos pantalones negros con pequeñas rasgadas en mis rodillas, mi chaqueta de cuero blanca, y unas zapatillas Vans negras con cuadros blancos.
Ya que había terminado de alistarme salí de mi habitación para dirigirme a la cocina por algo de desayunar, tome una tostada con mermelada de fresa cuando mi hermano aprecio de repente.
–Buenos días enano.- Dijo Andreas, yendo en dirección a la cafetera.
–Buenos días.- Dije con la boca llena.
El dio vuelta con una tasa de café, y su teléfono en la otra mano que tenía libre, note que habría la boca para decir algo, pero de inmediato la cerro al ver mi rostro, coloco su móvil en la mesa junto con la tasa de café y se cruzó de brazos.
–¡Que putas madres te paso en la cara Bill!.- Grito como loco, yo frunci el ceño sin entender.
–¿Qué? ¿Qué tengo?.- Pregunté, tomando su móvil para verme por el reflejo de la pantalla, y caí en la cuenta al mirar los golpes de mi ojo y nariz.
–¡Ahora mismo me vas a explicar que te paso Bill!.- Dijo con tono enojado.
–Andreas cálmate, y deja de gritar, fue en una riña que tuve en la carrera a la que fui.- Trate de calmarlo.
–¡Es un chiste Bill! ¡Pensé que ibas a cambiar luego de lo de mamá!.- Grito, y yo apreté los puños, no tenia por qué hablar de mamá.
–¡Lamento no ser tan perfecto como tú!.- Ahora yo grite.
-¡Solo trato de protegerte por qué no lo entiendes Bill!.- Grito desesperado.
–Yo no necesito tu protección ni la de nadie.- Dije serio, sabía que el solo quería lo mejor para mí y podía entenderlo, pero ya no era un niño para que me cuidara.
–Le prometí a mamá que cuidaría de ti, entiende que eres lo único que me queda Bill.
–Puedo entenderlo Andreas, pero eso no significa que te tengas que meter en mi vida.
–Si es por tu bien a mi no me importaba meterme, o si te molesta o no, yo haré lo necesario por ti – Soltó, y yo perdí la paciencia.
-¡Cuando vas a entender que ya no tengo cinco años, Andreas!.- Grite, estaba cansado del mismo discurso de siempre.
-¡Pues déjate de comportar como un crío, y piensa que mierdas vas hacer con tu jodida vida.- Grito furioso.
–¡Yo no soy tu, a mí me cuesta cambiar Okey!.- Dije arto.
–¡¿Hasta cuando vas a seguir, hasta que te metan a la cárcel o mueras por tus estúpidas carreras?!.
–No tiene sentido seguir discutiendo contigo.- Conteste, levantándome de la cilla, para tomar las llaves de mi moto y salir de casa.
–Billy.- Dijo despacio, y frene en la puerta, Billy era un apodo que mama siempre me decía de cariño.
–¿Qué quieres?.- Pregunté sin voltear.
–Perdóname, solo no quiero que termines como el Billy – Contesto, yo apreté mis puños hasta que los nudillos se volvieron blancos.
–Lo se.- Fue lo único que pude decir, tenía un nudo en mi garganta, no dijo nada más yo camine a mi moto y me fui a toda velocidad.
No quería pensar en esa persona que nos destrozo la vida, odiaba cuando me comparaban con el, yo no era un monstruo como el, para mí el estaba muerto.
Sin darme cuenta ya me encontraba afuera de la pizzería, estacione mi moto y me dirigi a la entrada de esta, al estar dentro camine a la registradora, pero no había nadie detrás del mostrador, toque la campanilla y un chico salió de una de las puertas, pude distinguir esa cabellera rubia y ese cuerpo robusto.
–Hermanito, que te trae por aquí.- Dijo Gustav feliz.
–Vine por el trabajo, anoche pase y ví el cartel que necesitaban gente.- Respondí estirando mi mano para darnos un choque de puños.
-¡Wow Enserio! Entonces déjame decirte que estás dentro.- Dijo feliz.
–¿Tu crees?.- Pregunté no muy convencido.
–Hey, estás hablando con el hijo de la dueña de la Pizzería Schafer.- Dijo haciendo una pose de súper héroe, de la cual yo rei.
–¿Me estás hablando en serio?.- Pregunté con una sonrisa.
–Enserio, enserio, ven te voy a presentar a mi mamá, ella es la dueña de la pizzería.- Dijo asiendo una señal con la mano, yo rodee el mostrador y entramos por la puerta por dónde el había salido anteriormente, entramos a un pasillo no tan largo para terminar en la cosina donde se encontraba una señora preparando al parecer la más para las pizzas.
–Mamá te traje a un amigo.- Dijo Gustav feliz.
–Tu jodido niño, ve a buscar el cajón de verduras antes que pellizque tu trasero.- Dijo su mamá apuntando a mi rubio amigo con un cuchillo.
–Madre mía no me grites, estoy con mi amigo.- Dijo Gustav apenado.
–Y a mi que me importa, tu madre ya está vieja para cargar con los cajones.- Contesto su mamá haciendo una cara de inocente.
–Okey ma ya voy, aquí te dejo a mi amigo no seas tan ruda con el, si.- Dijo dándome una mirada para irse.
–¿Cómo te llamas chico?.- Pregunto su mamá, mirándome fijamente.
–Bill Trümper, señora es un gusto.- Conteste con respeto.
–Mucho gusto Bill, mi nombre es Cecilia pero llámame Doña Ceci ¿De acuerdo? Ahora dime ¿A qué as venido?.- Pregunto con una sonrisa.
–Vine por la vacante, ví el anuncio y queria saber si aún se encontraba disponible.- Conteste.
–Hooo está bien, y dime, tienes algún tipo de experiencia.
–Si de hecho traje mi currículum.- Dije, mientras sacaba el papel de mi bolsillo, se lo extendi y allá lo comenzó a leer, en ese momento Gustav entro con el cajón de verduras.
–Le echare un vistazo, hijo encárgate del horno, que no se quemen las pizzas niño.- Dijo saliendo de la cocina dejándome solo con Gustav.
–Tu mamá me cae bien.- Dije mirando el rubio.
–Está algo loca pero es simpática.
–¿Te echo una mano con eso?.- Pregunté.
–No estaría nada mal.- Contesto, así que lo ayude a cortar la verdura y a preparar las salsa especiales de las pizzas, después de veinte minutos Doña Ceci entro por la puerta.
–Al Parecer as trabajado desde los dieciseis años, en restaurantes de comida rápida y en cafeterías en California.- Dijo, y yo asentí con la cabeza.
–Sip.- Dije orgulloso.
–Okey mucho, me pareces simpático así que te pondré a prueba.- Dijo Doña Ceci sonriente.
–Enserio Doña Ceci.- Dije emocionado.
–A si es, pero soy muy exigente con mis empleados así que mas te vale no fallar.
–No lo are Doña Ceci, se lo prometo.
–De acuerdo, empezarás ahora mismo a si que ve a atender la registradora.- Dijo, y yo no pude aguantar la emoción y me balanceé contra ella en un gran abrazo, alzando la un poco del piso para darle muchos besos en su mejilla.
-¡Gracias Doña Ceci, Gracias!.- Dije aún con ella en brazos.
–Está bien, pero gobiernate muchacho que me vas a tirar.- Grito, la mamá de Gustav.
Yo la baje y salí casi corriendo a mi nuevo puesto de trabajo, me quedé parado esperando a mi primer cliente, y a los dos minutos la puerta se abrio, yo gire a mirar de quién se trataba, y ahí estaba el un hombre imponente, con trenzas azabache, y mirada penetrante, apareciendo en mi campo de vista.
“De todos los seres humanos que habitan este planeta, por qué tuvo que venir este idiota”
–Acaso tú me estás siguiendo.- Soltó Tom al llegar al frente del mostrador.
–Me has atrapado, tengo una larga lista de cosas por hacer en todo el día y tú estás en primer lugar.- Solté con sarcasmo.
–No estoy para chistes estúpidos.- Contesto serio.
–Yo tampoco la verdad, ¿Qué vas a pedir?.- Pregunté.
–Quiero una pizza familiar con extra queso.
–Okey, en un momento.- Llame a la cocina donde se encontraba Gustav y su mamá, les di la orden de Tom, nos quedamos en silencio mientras esperábamos ninguno de los dos dijo nada solo pude sentir su mirada “Discreta” ya que casi me tragaba con los ojos, la verdad ya me estaba perturbado mucho pero cuando le iba a decir algo Gustav salió con la pizza en manos.
–Hasta pronto Princesita.- Dijo antes de tomar la puerta y salir.
–Adiós…. Thomas.- Solté con una sonrisa, no pude ver la expresión de su rostro pero si pude escuchar el portazo que dio antes de salir.
Yo comencé a reír y a seguir con mi trabajo, no se por qué pero me gusta molestarlo..
Continúa…
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No Marika, hasta acá siento como se va formando esa tensión sexual entre esos dos jajaja