
“My Boss” Fic de tomoeandikr
1. EL CHICO DEL CAFÉ
Bien, aquí vamos, capítulo 1, donde Bill es como un empleado cualquiera con mala suerte…
Trabajar en una empresa de moda era lo mejor que me había pasado, me encantaba poder estar en el medio, poder estar más cerca de diseñar algo y de poder algún día tener un diseño propio, y aunque la marca no era algo muy grande podía decir que estaba avanzando.
En realidad la marca era una de esas que vendía ropa por millones, no vendía diseños, vendía popularidad, yo en lo personal creo que lo mejor es la exclusividad pero ellos quieren ganas dinero así que ahí estaba yo, en área de ventas de una compañía de moda.
Tenía horario de empleado así que no había problema, entraba a las 9 y salía a las 5 de la tarde, un horario lo que muchos dirían perfecto, me levantaba a las ocho y podía darme el lujo de ir con calma, el trabajo me quedaba cerca por lo que no había problema. Bueno, generalmente no, aún así la puntualidad no era lo mío, la verdad.
Así que como todas las mañanas me encontraba esquivando gente y tratando de llegar integro y con tiempo al trabajo. La gente usualmente iba saliendo de las cafeterías con su café en mano, muy tranquilos, era la peor hora porque siempre encontraba difícil el pasar esa calle y llegar a tiempo. En esta ocasión no fue la diferencia, quería comprar un café antes de llegar a la oficina pero como iban las cosas preferí pasar de largo con prisa viendo mi reloj.
Cinco para las nueve.
Me lleva la que me trajo! Nunca podía llegar a tiempo, nunca, pensé que quizás si me levantaba más temprano podía llegar a tiempo, pero mis horas de sueño eran sagradas.
Intente pasar el semáforo antes de que se pusiera en verde cuando una mano me jalo de la cintura hacía atrás.
Caí encima de la persona que me había jalado totalmente confundido.
— ¿Qué tienes en la cabeza? ¿helio? ¿Qué no ves que está en verde? — preguntó el hombre que tenía detrás. ¿Quién se creía para hablarme así?
— Hubiera pasado si no me hubieras jalado — dije enfadado. Me levanté y vi el café derramado en su camisa blanca.
— Y encima me tiras el café — dijo el hombre poniéndose de pie enfadado — ¿Por qué no abres los malditos ojos y ves por dónde vas o cuando cruzas la calle?
— ¿y porque no te metes por donde no te llaman? Nunca te pedí ayuda — dije totalmente enfadado.
— Una buena acción y eso es lo que obtengo — dijo poniendo los ojos en blanco — vas a pagar mi camisa.
— Ese si es un buen chiste — dije totalmente furioso — ¡yo no te pedí tu ayuda! ¿Qué tienes complejo de héroe o qué? ¿por qué no te quitas de mi camino y me dejas en paz?
— Pinche marica de mierda, eso me pasa por creer que hacia un bien, para el próximo dejo que te atropellen — dijo el hombre con un tono lleno de superioridad.
Si no hubiera sonado el reloj dando las nueve hubiera podido responderle, pero estaba ya retrasado. Maldije en voz alta ignorando a mi inútil salvador y sin hacer caso de las palabrotas que estaba soltando salí corriendo hacía el edificio donde trabajaba.
Cheque de entrada a las 9 con diez minutos. Si hubiera cruzado la calle quizás hubiera llegado, pero no, el tarado del café tenía que hacerse el héroe y detenerme ¿Cuántas veces cree que he cruzado así la calle?, así es como la mayoría de las veces llego a mi hora. Hoy hubiera sido uno de esos días si…
— hey Bill — escuché como me llamaba Andreas sonriendo — casi llegas temprano ¿eh?
— Un idiota se me cruzo — dije dejando mis cosas en mi diminuto cubículo.
— Lástima — dijo mi amigo alzando los hombros — ¿ya supiste las buenas nuevas?
— ¿Qué? — pregunté mientras encendía mi computadora.
— Hoy llega el nuevo jefe — dijo sonriendo.
— ¿hoy? Vaya, no sabía — dije sinceramente sorprendido. ¿Qué nadie tenía la delicadeza de platicarme estas cosas?
— Si, es el hijo de uno de los accionistas mayoritarios de la empresa — dijo Andreas. — dicen que es economista, que un tipo ricachón, ya sabes.
— Viejo — intente adivinar.
— No, recién egresado — dijo Andreas tecleando algo en su computadora.
— Mm
No sabría que decir, la verdad es que a la mayoría le caería como bomba tener un jefe joven, la gente de mi área era gente casada, con experiencia, los únicos jóvenes éramos Andreas y yo, la gente joven estaba en diseño, donde alguna vez estaría yo si todo salía bien. Pero a la gente de ventas no le agradaría tener a un joven jefe, encima engreído por que esos que venían de sus universidades caras siempre se creían la gran mierda y pisoteaban a todos, seguro.
— ya llega tarde el nuevo jefe — dijo Maxi, una mujer con su cabello alborotado con secadora, muy a la antigua y su traje sastre de los Lunes.
— Mala señal — dijo Alex, un hombre con canas a pesar de tener a penas 45 años.
— Creo que voy por café — dije para hacer algo. — ¿quieren algo?
— Café americano Bill, gracias — dijo Alex tan serio como siempre.
— Un té — dijo Maxi sonriendo — gracias cielo.
— Americano — me dijo Andreas cuando yo ya iba de salida,
Vaya a saber como sería nuestro nuevo jefe, esperaba que fuera alguien accesible, podría demostrarle que tenía capacidad para estar en el área de diseño en lugar de esas cabezas huecas que copiaban modelos de otras marcas. Yo podría ser seguro, y si el jefe me daba una oportunidad podría demostrarlo.
Eso si tenía suerte.
Es decir, era un hombre, joven, y en la compañía había un montón de chicas de aparador. Con buen cuerpo, melenas perfectas, vestidas al último grito de la moda y tan engreídas como ellas solas. Un manjar para tipos jóvenes como él. Mala señal, como decía Alex. Chicas jóvenes, bellas y dispuestas a todo para subir de puesto eran mala combinación.
Maldita mi suerte.
Llegue a la cafetería e hice mi pedido mientras veía a la calle, quizás era mi destino quedarme en el área de ventas el resto de mis días.
Sería como Alex, sabría de todo a todo, no importaba que me pidieran sabría hacerlo, sabría las mejores técnicas de venta y odiaría todo al mismo tiempo. En resumen un amargado.
Pagué y me dirigí a la oficina con la charola de cafés en la mano.
Fue complicado llegar al piso sin derramar nada, y aún así lo hice. Salí del elevador aliviado de ver mi piso.
Entré sin ver nada más que mi diminuto escritorio, deje las bebidas y suspire.
— gracias por acompañarnos — dijo una voz grave delante de mi. Alce la vista y … Oh madre, pero si era el tipo de la calle.
¿Qué hacía aquí el héroe fracasado?, estaba en la oficina, los demás estaban de pie, viéndole atentos, iba de traje, estaba serio y…
La información me cayó como balde de agua fría. Le había tirado el café a mi jefe en la mañana, le había dicho que me dejara en paz y bueno… que vergüenza.
MI nuevo jefe se me quedo viendo arrogante, cruzando los brazos, me había reconocido, claro que me había reconocido, si llevaba la camisa manchada por mi culpa.
— así que tu eres….
— Bill Trumper, señor — dije nervioso. ¿de repente hacía mas calor en la oficina? Que raro.
— ¿acostumbra llegar a esta hora? — preguntó serio.
— No, señor — dije serio.
— Eso espero Trumper — dijo el muy engreído como si él no hubiera llegado tarde. — Bien, me puedo terminar de presentar, mi nombre es Tom Kaulitz, licenciado en Economía, estaremos trabajando juntos a partir d ahora y habrá algunos cambios en la estructura, nada serio, ningún despido, solo uno que otro movimiento, apreciaría su cooperación para que este equipo de trabajo cumpla con las metas deseadas.
Bien, tenía que reconocer que tenía bien ensayado su discurso, su voz era grave y de alguna manera te obligaba a verle y ponerle atención, claro que su físico tenía algo que ver, alto, en buena forma, con su tez bronceada, su cabello negro en trenzas… que si lo viera en la calle no creería que es ejecutivo. De hecho era un bombón.
Y no era yo el único en notarlo podía ver a todas las golfas de la oficina pensando ya en como atraparle y poder obtener un ascenso. Claro, si no eran tontas.
— vaya oso ¿eh? — dijo Andreas cuando todos volvían a su lugar.
— Ese fue quien me tiro en la calle — dije mientras me dejaba caer en mi silla.
— ¿el idiota? — preguntó Andreas sorprendido.
— El mismo
— Vaya, eso creo que pone las cosas a otro nivel — dijo mi amigo silbando.
— Ya
La verdad no tenía humor para los comentarios de Andreas, allá iba mi oportunidad de ascenso, ni cambio a diseño, y todo lo demás. ¿Por qué no pude haber chocado contra alguien más? ¡Quien fuera!, pero no, yo y mi mala suerte se tenían que topar con el nuevo jefe. Vaya suerte de mierda.
Trágame tierra pensé mientras fingía buscar algo en mi ordenador, mientras menos llamara la atención…
— Bill — dijo una voz femenina delante de mi cubículo — el jefe te llama.
Levante la vista para ver como Natalie se alejaba.
Natalie era una de esas que tenían posibilidades de subir, era rubia, con cuerpo, extranjera, de hecho, un sentido perfecto de la moda y unas ganas de subir de puesto que seguro lo conseguía. Pero ese no era el punto, por el momento el punto era que el jefe, me llamaba.
Me levanté sintiendo las piernas temblar, suspire y las sacudí para evitar que se me viera el temblor. Bien, me había llegado la hora, quizás podría guardar un poco de dignidad y sacar mis cosas cuando nadie más me viera.
En el corto trayecto hacia su oficina pensé en maneras de pedir mi trabajo, un café no era para tanto ¿cierto? Eso esperaba por que tenía la impresión que estaba dirigiéndome al matadero.
Natalie estaba con la vista fija en su ordenador cuando me vio recelosa. Tal vez estuviera pensando que yo tenía una suerte de puta madre por que el jefe me llamaba, pero si realmente supiera…
Entré a la oficina que pocas veces había visto y cerré la puerta tras de mi.
Me volteé nervioso, ahí en medio de la oficina viendo alrededor estaba mi nuevo jefe, Tom. Al verme sentí como si me clavaran en mi lugar, creo que esto sería más complicado de lo normal.
— así que te gusta el café ¿no? — preguntó mientras tomaba sus cosas y las arreglaba hasta dejarlas en una torre perfecta. — hay una junta en quince minutos, vas a llevar café a todos los accionistas de la junta y cuidado derrames algo ¿entendido?
— ¿café? Pero señor, yo soy de ventas, el café generalmente lo lleva Natalie, ya sabe con su ropa linda y todo, a los accionistas les gusta ver algo agradable cuando…
— Si te digo que tu vas a llevar el café lo llevas, aunque estés en el departamento de limpieza, o lo que sea, vas a llevar el café — sentenció serio.
— Si señor — dije molesto. Así que así iban a ser las cosas. Perfecto.
— Puedes retirarte — dijo ya sin verme.
Salí de la oficina, furioso, me había metido a la universidad para llevar cafés, si claro. Si las zorras de la oficina estaban contentas así bien por ellas, yo quería sobre salir por mis diseños, no por lo bien que servía café. Miré a Natalie la cual tenía una mueca algo rara, quizás estaba enfadada.
¿Quería quedarse con su papel de mesera? ¡Perfecto! Yo no quería estar ahí, pero había cierto bruto que nos estaba haciendo la vida imposible.
— Natalie — le llamé serio — ¿Dónde están las tazas?
Ni siquiera tuvo la decencia de responderme, simplemente me señalo el mueble donde estaba la cafetera y debajo otro mueble. Me dirigí y saqué las tazas inmaculadas y vi la cafetera, vacía, bien la junta era en quince minutos, eso me daba tiempo para hacer algo de café. Así que puse las cosas en la cafetera para hacer el café, y me recargué en la mesa mientras esperaba por el café.
Podía sentir la mirada envidiosa de Natalie y de otra de las chicas, les sonreí como si fuera el bastardo con mas suerte aunque por dentro estuviera furioso.
El café estuvo listo cinco minutos antes de la junta, así que llevé la azúcar a la sala de juntas y regresé por las tazas, bien, generalmente hacía un carrito…
¡En la esquina! Estaba arrumbado y algo polvoso así que lo limpie mientras veía como los accionistas iban llegando, en la madre si no me daba prisa el nuevo jefe me mataba.
Puse las tazas en el carrito y llené una cafetera con café. No sé si tendría que quedarme, pero por lo menos llevaba ya el café.
Al entrar los jefes me vieron de reojo y yo sentí deseos de salir de la habitación sin demora alguna.
Comencé a repartir el café mientras la junta comenzaba, no era nada del otro mundo pero notaba las miradas en mi y decidí que mientras más rápido terminara mejor para mi.
En cuanto terminó me dirigí a la salida pero vio a Tom señalándole una silla en la esquina.
Ya era demasiado lindo para ser verdad. ¿Tendría que apuntar? No era una maldita secretaria…
Después de una hora estaba aburrido, no, quizás medio muerto de aburrición era la palabra correcta. Todos estaban presentándose, diciendo un resumen del año pasado hasta el presente para Tom, que era el nuevo jefe, era imprescindible que supiera todo esto para poder comenzar sus actividades, o eso había entendido.
Llegando ya las dos horas vi que al parecer la junta terminaba, di gracias al cielo por que no tuviera que aguantar otra hora ahí sentado y me puse de pie.
— el café estuvo bien — dijo Tom al alcanzarle en la puerta — traspasa todo lo de la grabación a un oficio y me lo pasas.
— Pero…
— Lo espero mañana, en la mañana, y para la próxima trae un cuaderno, al menos no estarás babeando tu traje tomando notas importantes — dijo Tom serio. Yo le vi incrédulo.
Tom salió del salón de juntas y vi la grabadora como si fuera un objeto extraterrestre, ¿Cómo es que me había convertido en una secretaria? ¿acaso le había escuchado decir “la próxima vez”? Quizás había sido un decir, Natalie era la secretaria, no yo, no podía ser cierto, no podía convertirme en el secretario del jefe.
Tome la grabadora y me dirigí a mi lugar convenciéndome de que era cosa de una sola vez, así tenía que ser ¿cierto?
— ¿y que como te fue? — preguntó Andy curioso.
— Mal, tengo que pasar la maldita junta a un oficio — dije serio. — ni crea que voy a actuar como su maldita secretaria.
— Con razón Natalie te esta asesinando con la mirada — dijo Andreas viendo a la rubia.
— Si ya…
Para la hora de comida me di cuenta que el pasar una grabación no era asunto sencillo, apenas llevaba la mitad o menos, para la próxima le daría mas crédito a Natalie por realizar dichos reportes. Seguro, antes muerto que decirle un cumplido a esa arpía.
Consulté mi reloj de pulsera, si me daba prisa quizás podría terminar, pero tendría que saltarme mi hora de comida. Bien, el jefe lo quería y no iba a quejarme, por que seguro eso era lo que el esperaba, y se podía quedar sentado esperando. No me iba a quejar.
— voy a comer — dijo Andreas. — ¿no vienes?
— Tengo que terminar esto — dije enfrascado en la computadora.
— Bien…
Para las cinco de la tarde terminé el reporte satisfecho. Lo vi orgulloso, en su folder morado, me asome a la oficina del jefe. Todavía estaba.
Así que me levanté y lo llevé a la oficina.
Al verme en la puerta, el jefe asintió dejándome pasar. Le deje el reporte en su escritorio.
— el reporte de la junta — le dije orgulloso. El jefe lo hojeo y después me volteo a ver.
— Me impresionas Trumper, en un día — dijo sonriendo. — aunque para la próxima no dejes de comer, no soy un ogro.
“Según usted” pensé pero me callé.
— puedes retirarte — dijo mi jefe. — buen trabajo Trumper.
No supe si sentirme orgulloso o enfadarme. Al final mi estómago tuvo la prioridad, después podría enfadarme o alegrarme, de lo que si estaba seguro era que el nuevo jefe no sería aburrido. Seguro.
Continuará…
My Boss, una historia hermosa, triste pero hermosa.
Será todo un placer volver a leerla. 😉😀