
«Nadie me conoce» Fic de Earisu
Capítulo 21
Bill estaba de rodillas en el poyete acolchado que había pegado a la ventana. No estaba sentado por razones obvias…Tenía la mirada perdida en el exterior y la cara descompuesta, pálida.
Estaba totalmente serio y para lo único que desviaba la atención de la calle era para lanzar una mirada hundida a la palma de su mano, donde reposaban los restos de su anillo.
Por estúpido que parezca, cuando lo encontró totalmente destrozado se le terminó de caer el mundo encima. Para él no era sólo un anillo. Era mucho más. Además de el valor emocional por tratarse del primer regalo que le había hecho Zack, tenía un significado mucho más simbólico.
Era como un amuleto que le daba fuerzas en los momentos clave. Había adquirido la costumbre de juguetear con él, toqueteándolo con sus dedos cuando estaba nervioso o se intentaba animar a hacer algo que de algún modo fuera difícil para él. Al final conseguía hacer ese algo y desde que lo tenía, le había ido bien.
Ahora que no lo tenía puesto, sentía no su mano, sino todo su cuerpo, desnudo y totalmente desprotegido. Como un caballero medieval sin su escudo ni su coraza.
Apretó el puño aprisionando el metal contra su piel.
Llamaron a la puerta estrepitosamente.
Bill se levantó como un zombi más que como otra cosa y abrió sin molestarse siquiera en comprobar de quién se trataba, dejando la puerta entreabierta y regresando a su posición inicial.
-¡¡¡BILL!!! ¡¡¡BILL!!! – Su hermano entró como un torbellino hablando ilusionado y gesticulando de un modo algo exagerado.
El menor de los dos le miró sin cambiar un ápice la expresión que tenía cuando estaba solo. Pero Tom estaba tan excitado que no reparó en el detalle.
-¡Bill! ¡Ayer!… ¡Ayer volvió David! ¿Le has visto? ¡DIOS! Nos trajo regalos a todos… ¡Y adivina! ¡¡¡ADIVINA!!!
Su hermano sólo alzó una ceja. Por lo demás, ningún cambio más en su cara.
-¡UN CADILLAC! ¡¡¡Me ha regalado un puto Cadillac!!! – Entonces Tom comenzó a agitar unas llaves de coche entre sus dedos. – ¡AGH! Si alguien se presentara aquí con un medidor de felicidad, ¡yo haría explotar el aparato! ¡Jajajajajaja…! – Al de las rastas le dio un ataque de risa histérico. – Tío, te dejo que hace…Dios, dos minutos que no le saco brillo… ¡HASTA LUEGO! ¡¡¡Verás cuando te lo enseñe!!! ¡¡¡UN PUTO CADILLAC!!! – Ésto ya lo dijo saliendo de la habitación, en medio del pasillo prácticamente. Parecía que se le había ido la cabeza.
Bill siguió mirando por la ventana, dando golpecitos con el extremo de la cuerda de la cortina metálica (que acababa en un rombo de plástico morado) al cristal. Lo soltaba, y volvía a agarrarlo para volverlo a lanzar contra la ventana, sin fuerza, pero haciendo ruido… Unos constantes »Pum, pum, pum».
Tenía ganas de llorar, pero lo había hecho tanto ya que no le quedaban fuerzas. Tenía agujetas en las entrañas.
-…¿Bill? ¿Puedo pasar? La puerta estaba abierta. – Ni siquiera la voz de Zack consiguió sacarle de su estado semi catatónico. Pero logró asentir tras lanzarle una mirada desganada por pura cortesía.
Zack pasó y cerró la puerta, de momento sin sospechar nada.
-¿Qué le pasa a tu hermano que está tan contento? Me lo he encontrado por los pasillos y ha venido para mi ¡y me ha dado un beso en la mejilla!- Comentó Zack atónito. – Me he quedado muerto, jajajaja…
Bill no contestó y siguió mirando por la ventana.
-…¿Enano?… – Zack le observó ladeando la cabeza, extrañado.
»Pum, pum»…
Zack abrió mucho los ojos y se sentó frente a Bill.
-…¿Estás bien?… – Le preguntó. Fue a cogerle de la mano, pero Bill la apartó antes de que pudiera tocarle siquiera.
Y esto ya encendió todas las alarmas de Zack, que arrugó la frente mientras se preguntaba qué mosca le había picado.
Entonces y sólo entonces Bill cerró los ojos, suspiró y se decidió a contestarle para no asustarle más.
-No…Me estoy poniendo malo… – Su voz sonó ronca y rasposa. La excusa colaba totalmente. Claro que en realidad, estaba así por que se había hecho polvo la garganta la noche anterior. – …De la garganta.
-Ostia, sí que tiene mala pinta, sí… – Zack fue a tomarle la temperatura, pero de nuevo, Bill impediría que le llegara a tocar, girando la cara.
Zack se volvió a quedar planchado, mirándole con las cejas en alto y sin comprender.
Bill le echó una ojeada de un par de milésimas antes de volverse a centrar en el horizonte, pero fueron suficientes como para darse cuenta de que estaba metiendo la pata.
Habló de nuevo sin mirarle.
-…Perdona…Es que no tengo ganas de nada, Zack. No me encuentro bien…¿Vale?
Zack quedó conforme.
-Vale…Vale… Yo sólo venía a saludarte antes de irme a currar. Pero bueno, ya te dejo que descanses…
»Pum…»
-Si necesitas cualquier cosa…Ya sabes… – Siguió mientras se ponía en pie.
-Mmmm.
»Pum…».
Bill no le había mirado a los ojos ni una vez desde que había entrado a la habitación.
Ahora estaba preocupado, por que sí que debía encontrarse mal…
-…Bueno, ¿me dejas que por lo menos te dé un miserable beso? – Pidió Zack.
Bill se sentía demasiado sucio como para creer que merecía que Zack le besara.
Aún así fue el único momento en que giró la cara para mirarle de verdad.
Asintió una sola vez.
Zack se acercó a él y se agachó para poder rodearlo con sus brazos y darle un pequeño beso en los labios. Después le estrechó un poco en su regazo mientras le daba otro algo más largo en la mejilla.
Bill tenía los ojos abiertos, perdidos en algún punto indefinido.
-Ay, chiquitín…Ponte bien, ¿vale?…Te quiero mucho.
Dio otro beso a su mejilla y se incorporó para irse mientras que a Bill le daba un vuelco el corazón.
Le contempló mientras se dirigía hacia la puerta.
Era la primera vez que le decía que le quería.
Zack se giró mientras agarraba el pomo. Se despidió haciendo un gesto con la mano.
Bill se las apañó para volver a asentir como respuesta.
Cuando se quedó solo, explotó en un amargo llanto. Enormes lágrimas infestaron en seguida su rostro. Le dolía el pecho casi el doble que antes.
-…Yo también…
Pero sólo le oyeron las paredes.
&
Ese día estaba siendo el más largo para Zack. Se había quedado muy inquieto y preocupado.
Ya se había llevado dos regaños hoy. No daba pie con bola. No podía concentrarse en su trabajo. No dejaba de pensar en Bill, en cómo estaría…
Pensó en llamarle muchas veces, pero no sabía exactamente cuál era su agenda del día, y en el caso de que tuviera la tarde libre y pudiera estar durmiendo o lo que fuera, no quería molestarle estando enfermo.
Pero la cosa es que no podía dejar de comerse la cabeza. Aunque lo que tuviera fueran unas simples anginas… Le fastidiaba el no poder estar ahí para llevarle una infusión caliente si se la pedía.
Supuso que ya habría alguien que se encargara de él, aún así no podía evitar sentirse mal.
Cuando vio a Tom merodeando por el recinto donde se estaba montando el escenario, fue corriendo a encontrarse con él.
Si el de las rastas estaba ahí, significaba que Bill estaba trabajando también.
-Oye Tom, ¿y tu hermano?… – Le preguntó.
-…A ido a mear… Tío, ¡¿te he dicho que me han regalado un Cadillac?!
-…¡Ostia, yo que me alegro!… Voy a buscarle, ¡te dejo!… – Zack prácticamente le dejó con la palabra en la boca.
-… – Tom arrugó la frente. Pero se encogió de hombros después y siguió con lo suyo.
&
Zack entró al servicio más cercano, pero allí no había nadie.
Recordó que había uno mucho más lejos de ahí. Como por probar no perdía nada, fue para allá.
Lo mismo había traspuesto hacia ese por que antes el primero podía haber estado lleno, como era lo más lógico…
Por la zona ya sí que es verdad que no había un alma. Claro, nadie iría a el quinto pino teniendo otro tan cerca.
Aún así, ya que estaba, echaría un vistazo y de paso orinaría también.
La puerta no estaba bien cerrada, así que sólo tuvo que empujarla.
Al principio no creyó lo que estaba viendo.
Parpadeó frunciendo el entrecejo.
No podía ser…Tenía que ser un error.
Pero no…Sus ojos no le estaban engañando…Tenía la imagen relativamente cerca, aunque ellos no recayeron en su propia presencia.
Bill estaba de rodillas, haciéndole una felación a un tipo que estaba apoyado en una pared.
Zack cerró la puerta no del todo, como la había encontrado y apoyó su espalda en la pared de en frente, tapándose la boca.
La primera sensación que tuvo fue que le iban a explotar las sienes y que las piernas le iban a fallar y se iba a caer… Experimentó un profundo dolor, como si alguien estuviera en ese momento dándole un hachazo tras otro en el mismo sitio.
Pero con la misma rapidez que había nacido, ese dolor se fue transformando en otra cosa.
Ira. Un odio irracional que empezó a hacerle hervir la sangre.
De repente en lo único que podía pensar era en entrar en ese cuarto de baño y arrancarles la cabeza. A Bill y a ese tío. A los dos.
Pero trató mantenerse en su sitio, contar hasta diez…
Sin embargo… ¿Quién puede mantener la cabeza fría cuando justo en la habitación de en frente la persona que amas te está traicionando de la manera más rastrera?
Siguió inspirando profundamente contra las palmas de sus manos. Le escocían los ojos ahora. No se daría cuenta hasta algo después de que se le estaban llenando de lágrimas.
Él tenía que hacerlo.
Por que Zack era Zack. Y Bill era BILL.
Si a él se le ocurría montarle un escándalo, se quedaría en la puta calle.
No es que le importara eso precisamente ahora. De hecho, já… En ese trabajo no iba a quedarse más de todos modos. Ni de coña…
Pero lo que no podía permitirse es que la gente hablara de él como ‘alguien problemático’ y no volvieran a contratarle…
Por que su trabajo era así…Uno va enlazando empleos, embarcándose en distintas giras, gracias a la fama que tengas de otros curros. Dependiendo de eso, los organizadores te tienen en cuenta y vuelven a llamarte.
Si Zack entraba ahí otra vez, se acabó todo.
Incluso en el estado en el que estaba se daba cuenta de la estupidez, del gran error, que sería el sucumbir a sus ansias de venganza.
Por que por poco que le importara en ese momento, no podía arruinarse la vida por alguien que… Se había estado riendo de él en su cara.
Exhaló un último suspiro y se dispuso a largarse de ahí.
Hablaría con Bill, por supuesto que sí. Más bien, tendría unas palabritas con él.
Pero no ahora.
No ahora…
Continúa…
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