
«Nadie me conoce» Fic de Earisu
Capítulo 25
-¿Cómo que no lo sabes?
Zack se había levantado de la cama. Estaba en pantalones de chándal grises y camiseta de tirantes blanca. Pensó que no iba a ponerse a cambiarse a esas horas y en medio de, suponía, una urgencia.
Así que se puso unas zapatillas sin más mientras seguía con la oreja pegada al teléfono.
-…Yo…No sé… En qué calle estoy… – Bill volvía a hablar con dificultad, ahora por que estaba helado, tratando de ahogar el llanto y por que además tenía mucho miedo.
-…¿Te has perdido?
-…Snif…
-Vale, está bien… Bill, tienes que fijarte a ver si hay una placa de esas con el nombre de la calle en algún sitio. O algo para que yo me oriente… – Zack no se peinó siquiera, se pasó los dedos un poco por encima, cogió su plumas y salió de la habitación sin perder tiempo.
Bill, por su parte, hizo lo que le acababan de decir, y buscó con los ojos la ansiada placa.
La tenía prácticamente en frente.
Le dio el nombre a Zack. Y una descripción orientativa.
-…Estoy en… Un callejón… Donde… Hay unas escaleras… Grandes metálicas que dan a un edificio… Y hay pintadas en las paredes… Y una farola rota… Y…No veo nada más…llueve mucho… Y está… Oscuro…
Zack estaba atravesando el hall del hotel aligerando el paso.
-Vale, pues cojo el coche y en un momento estoy ahí…
-…No me cuelgues…Por favor. Aunque no…me quieras hablar… No me cuelgues…
Por alguna razón, la petición de Bill le encogió el corazón.
Le hizo caso. Puso el manos libres y dejó el móvil con la llamada abierta mientras se acomodaba en su coche.
En ese momento, Bill oyó un ruido extraño muy cerca de él, y casi se le separan sus huesos del resto del cuerpo del susto. Resultó ser un gato que había saltado cayendo sobre las escaleras metálicas, y sus uñas habían rechinado.
Aún así el respingo no se lo quitó nadie. Ni la especie de graznido que escapó de su garganta.
Zack sólo oyó un ruidito que no supo identificar, pero no le dio más importancia. De cualquier modo habían muchas interferencias.
-…No tardes…Por favor… – Pidió el chico agarrándose el pecho cuando descubrió lo que había provocado el ruido.
Entonces Zack reparó en una cosa.
-Puedo consultar el GPS del móvil y tardaré menos. Pero te tendría que colgar.
Bill se quedó callado unos segundos, sopesándolo.
-…Vale. ¿Pero luego me llamas?
Zack puso los ojos en blanco. No dejaba de estar enfadado con él.
-…Bueno. Cuelgo.
&
Mientras Zack daba vueltas, peleándose con el mapita, se cruzó un par de veces con el mismo coche. El único que vio a esas horas por la calle.
Pensó que debían ser los únicos idiotas que andaban fuera para arriba y para abajo en una noche como esa.
Ni se le pasaba por la cabeza que, además, estaban buscando a la misma persona.
&
Bill seguía sentado en el suelo y abrazado a sus rodillas. El suelo estaba encharcado pero lo mismo daba, por que él ya estaba chorreando. Y de todos modos el agua le caía encima quisiera o no.
El gato se había quedado a su lado y no paraba de maullar de una manera que a él se le antojaba escalofriante. Eran maullidos largos y casi furiosos. Como si el animal estuviera recriminándole por algo.
-Miaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaau.
Bill miró hacia su izquierda. A la altura de su cara estaba el escalón donde se apoyaba el gato.
Sólo vio dos ojos brillantes.
Le aceleraron el pulso más aún.
El gato parecía un espía. El aliado del enemigo que le delataría en el momento decisivo ante el Monstruo.
Se abrazó más fuerte aún a sus piernas. Volvía a tener paranoias.
Sólo era un estúpido gato. Un estúpido gato…
Seguro que era tan tonto como Kasimir. El bueno de Kas muchas veces se quedaba durmiendo sentado en el brazo de el sofá. Y cuando ésto ocurría, empezaba a dar cabezadas de atrás a adelante, hasta que perdía el equilibrio y se caía de lado.
Cuando se caía en el lado del sofá, no pasaba nada, pero cuando no… El sostrazo era de impresión.
Él y Tom se reían hasta que le salían agujetas.
-Miaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaau…
Bill alzó la cabecita y una vez más el corazón se le pararía de la impresión cuando comprobó que alguien estaba frente a él, al otro lado de la escalera, agachado y mirándole con la cabeza echada de lado.
-…¿Bill?…
Pero cuando oyó esa voz, volvió a latir. El doble de rápido, pero volvió a latir.
-…
-…Anda, sal de ahí… – Zack observó cómo Bill apoyaba sus manos en el suelo encharcado para hacerlo, y cómo aún así le resultaba difícil levantarse.
Los músculos de Kaulitz estaban cargados y doloridos por la »carrera» anterior, su cuerpo entero entumecido por el frío, exhausto y de bajón.
Zack no pudo evitar sentir lástima… Así que suspiró y fue a ayudarle. Le agarró de una muñeca y después de la otra y Bill pudo al fin ponerse en pie.
Sus rostros quedaron a escasos centímetros unos segundos y se miraron a los ojos.
Zack vio en ellos algo que no le gustó un pelo. Por que era algo que ya había visto en otras muchas ocasiones.
Sin embargo, se negó a pensar en eso. Haría lo que tenía que hacer y punto. No iba encima a llevarse un mal rato.
-…Vamos…He dejado el coche por aquí cerca. Te llevaré al hotel.
Zack no le soltó de la muñeca, y Bill iba andando un paso por detrás de él. Los dos ya igual de empapados por la incesante lluvia.
Entonces Kaulitz asimiló lo que le acababan de decir y reaccionó compulsivamente.
-¡¡¡NO!!! ¡¡¡NO!!! ¡¡¡AL HOTEL NO!!! – Bill tiró de Zack, que no le soltó y ahora le miraba con los ojos muy abiertos. – ¡¡¡EL MONSTRUO ME ENCONTRARÁ!!!
El monstruo. De nuevo. Bill ya había hablado de ‘el monstruo’ la primera vez que le vio. Y ese día, Bill estaba ciego de coca.
Las sospechas anteriores se le terminaron de confirmar.
Bill se había vuelto a drogar. Si es que alguna vez lo había dejado, claro está.
Le dieron ganas de matarle.
Pero en su defecto trató contar hasta diez, expulsando una gran cantidad de aire por la nariz.
-…Tranquilízate, Bill.
-¡¡¡NO!!! ¡Al hotel no, Zack!… ¡Quiero irme a mi casa!…El monstruo… – Suplicó Bill. Recordaba a un crío con una rabieta.
Zack sabía muy bien (y muy a su pesar) que un efecto típico de la cocaína era la manía persecutoria, o lo que es lo mismo, tener alucinaciones en las que crees que alguien va detrás de ti para hacerte daño o matarte.
-…Vale…Está bien. Nada de hotel. Venga, vámonos de aquí. – Pero Zack sólo le estaba dando la razón como a los locos.
-Al hotel, no…
-No, al hotel, no…Vamos. – Y Zack siguió con la táctica. Quería irse de ahí de verdad. Estaban los dos como una sopa y en un barrio que no inspiraba demasiada confianza. Zack se temía regresar adonde había aparcado el coche y no encontrarse ni las yantas.
Bill comenzó a caminar de nuevo, ya algo más tranquilo, dirigido por Zack.
&
Su coche estaba sano y salvo y a Zack le dieron ganas de darle gracias a Dios.
Abrió la puerta del copiloto y ayudó a que Bill se sentara.
Después rodeó la carrocería y se metió él también, poniéndose al volante.
El viaje comenzó en silencio, y de hecho, así transcurrió hasta el final…
Ninguno dijo nada más.
Zack en alguna ocasión lanzaría una mirada fugaz a su derecha… Hacia ese Bill manchado de barro, que tiritaba y que miraba hacia el exterior casi sin atreverse por que ya se estaba temiendo que vería algo malo seguro.
Zack volvió a centrarse en la carretera negando con la cabeza.
Le enfurecía cada vez que veía una escena así. Claro, con Bill no era una excepción. Pero sobre todo, se daba cuenta de que por encima de eso, se sentía más dolido que otra cosa. Le dolía ver a Bill así.
Al fin y al cabo, y después de todo…Después de todo lo que le había hecho…
No dejaba de ser un niño de dieciocho años.
&
Zack llegó al hotel, aparcó y salió del coche. Bill se había quedado adormilado y no fue consciente de nada de ésto.
El español abrió la puerta del copiloto.
Había dejado de llover.
-…Bill… – Le llamó dándole unos toquecitos en el brazo.
-…Mmmmm… – Kaulitz abrió los ojos y cuando descubrió donde estaba se puso a la defensiva de nuevo…
-¡ZACK! ¡Me dijiste que no me llevarías al hotel! ¡Me has mentido!… – Bill se agarró a el asiento del coche… De ahí no le moverían… Le tendrían que sacar a rastras.
-…Vamos, Bill. Tienes que cambiarte esa ropa, que te va a dar una pulmonía, y dormir en tu cama.
-…¡Tú me dijiste…!
-Bill…Yo no puedo llevarte a tu casa, ¿entiendes? Tu casa está en Alemania. No puedo llevarte en coche… Vas a volver al hotel, te pondrás ropa seca, dormirás, y mañana por la mañana cuando estés descansado, si quieres, pues te coges un avión y te vas… Pero ahora tienes que quedarte ahí. ¿O te quieres quedar lo que queda de noche en la calle?…
Bill empezó a llorar de nuevo. Zack miró al cielo, respiró hondo y se agachó para mirar de frente a Bill y tratar de tranquilizarle.
-Me has mentido…Snif…Me has mentido…¿No lo entiendes? Si vuelvo a mi habitación solo, mañana no podré irme a mi casa ni a ningún sitio…Snif…El Monstruo no me dejará escapar otra vez…
Zack hizo rodar sus pupilas y después se mordió el labio.
Quería acabar con ésto de una vez. Estaba siendo demasiado para él.
Le cogió de la mano.
-Vamos, Bill. No digas tonterías. Te acompaño.
-¡¡¡NOO!!! – Pero Kaulitz seguía resistiéndose.
Zack se incorporó, echó hacia atrás su pelo mientras, agobiado, dio un par de vueltas cortas de allá para acá…Y regresó a su posición inicial, de cuclillas frente a Bill.
-…Está bien. ¿Y si duermes en mi habitación? En mi habitación no hay ningún monstruo.
-… – Bill se lo planteó unos segundos.
-Además, yo estaré ahí… – »Qué remedio». Pensó.
-… – El cantante siguió pensándoselo.
-…Venga, Bill. No me hagas tener que cogerte en brazos o algo así. Levanta.
-…¿Me estás mintiendo otra vez…?
-…Que no…Vamos. – Zack ofreció su mano a Bill, que la cogió un poco desconfiado.
Salió del coche. Zack cerró bien y juntos fueron hacia la entrada del edificio, Bill sin soltarse de la mano del otro bajo ningún concepto.
Miraba hacia todos los lados, cerciorándose de que no había »peligro», y al final acabaron entrando sin sobresaltos.
Un encargado miró a la pareja con mala cara. Los dos estaban chorreando, y Bill muy sucio por haber estado tirado en el suelo.
Pero sabía que eran clientes, así que no pudo hacer nada.
Zack llamó al ascensor mientras se fijaba en Bill, que seguía mirando en todas direcciones.
Volvió a negar con la cabeza.
Los dos entraron al ascensor y Zack pulsó el botón.
&
Entraron a la habitación. Zack cerró la puerta tras de si…
-…Ahí está el cuarto de baño. Te daré algo de ropa. – Fue cuando Zack se zafó del agarre de Bill.
Rebuscó en una maleta bajo la atenta y ahora tranquila mirada de Bill.
Le tendió una sudadera blanca y unos pantalones de chándal negros.
A Bill le estarían grandes, pero al menos, estaba seca.
Cuando la tuvo, Bill se dirigió tímidamente a el cuarto de baño.
Zack comenzaría entonces a buscar algo para él.
Kaulitz salió a los dos segundos. Traía dos toallas consigo. Le dejó la más grande a Zack (la puso sobre la cama para que él la viera), y él se quedó con la pequeña, de lavabo.
Después regresó a el cuarto de baño y se encerró.
Los dos comenzaron a secarse y a cambiarse, el uno en el aseo y el otro en la habitación.
&
Un rato después, Bill saldría del aseo limpio…Con esa ropa que le iba, efectivamente, ancha y con el pelo algo húmedo aún.
Zack estaba acomodando las mantas de nuevo, que había dejado al salir de cualquier manera con las prisas.
El silencio pesaba en la habitación.
Bill se abrazaba a sí mismo. Por raro que pareciera, en esa habitación acondicionada, parecía sentir más el frío que se le había metido en el cuerpo. Como si se acentuara en contraste con el calor de la estancia.
Zack le lanzó una mirada.
-… Acuéstate. Si tienes frío puedo pedir otra manta.
Kaulitz obedeció algo titubeante.
Se acurrucó en la esquina derecha de la cama, mirando hacia la ventana, como siempre, y se tapó hasta la nariz.
Las sospechas eran ciertas. En cuanto lo hizo empezó a temblar más todavía.
Zack sólo veía una cabecita con tiriteras.
-…¿La pido?
-…N…No. Está b-bien.
Zack se encogió de hombros, quitó un macuto de encima de un sillón que había pegado a la ventana y se sentó en él…Esa iba a ser su »cama» esa noche. Por que no pensaba dormir con Bill.
Demasiado le afectaba ya el tenerle bajo el mismo techo.
Intentó acomodarse dando mil vueltas.
Bill se dio cuenta y pese a no estar en sus mejores condiciones, le supo mal.
-…Es tu habitación, d-debería dormir yo en el sillón… – Sabía que decirle que no le importaba que durmiera con él no era demasiado recomendable, aunque fuera verdad.
-…Sí, hombre. Ahora que he encontrado yo la postura.
Bill recordó los tiempos en los que Zack solía bromear con él diciendo cosas así. Hubiera sonreído de no ser por que en esta ocasión no era esa la intención de Zack. De hecho, se le notaba molesto.
En su lugar, cerró los ojos hecho un ovillo y trató dormir. Estaba muy cansado.
Eso de que había encontrado la postura era mentira. Zack estaba incomodísimo y tuvo la certeza de que no iba a pegar ojo en lo que quedaba de noche ya. Pero también sabía que aunque estuviera en su cama, tampoco podría de todos modos.
Miró hacia aquella dirección. Seguía viendo un montoncito de pelo tembloroso.
Suspiró y ahora alzó la cabeza para observar el techo y perderse en sus pensamientos.
El maldito corazón le quemaba y no de un modo demasiado agradable o romántico.
Era como sentirlo sangrar.
»Eres patético, Zack. El niñato éste se ríe de ti en tu cara, se dedicaba a ir chupando pollas por ahí mientras estaba contigo…Y ahora te llama y te ha faltado tiempo para ir corriendo. Le dejas tu cama y tú duermes en este puto sillón. Mañana si eso le pones una alfombra roja para que la pise.»
Miró de nuevo hacia la cama.
Seguía temblando.
Otra vez al techo.
»¿Cómo puede parecer una cosa, y luego ser otra?… Una de dos, o es el mejor actor sobre la faz de la Tierra…O…
¿O qué, Zack?…
Estupendo. Ahora vas a empezar a buscar argumentos para excusarle. Para excusar lo que te ha hecho.
Genial. De puta madre.»
Volvió a desviar la mirada.
Ahora Bill no temblaba. Estaba absolutamente quieto. Tanto que no había señales ni de que respirara.
A Zack le entraron los siete males.
Se levantó casi de un salto, se acercó a la cama y con delicadeza apartó un poco la manta para dejar al descubierto el rostro de el chico.
Estaba bien. No pasaba nada. La causa por la que no tiritaba era tan simple como que se había quedado dormido.
Suspiró aliviado ahora.
Le resultaba increíble que aquella personita, que aquel niño que estaba durmiendo en su cama, respirando en silencio pero profundamente por su nariz, con esa carita que había visto tantas veces enrojecerse, encerrara algún tipo de maldad.
Así, viéndole en paz, hecho un ovillo entre las mantas, le parecía hasta descabellado.
Fue de nuevo a desparramarse en el sillón.
¿Podía fingir en eso? ¿De verdad se puede…? Cuando se ruborizaba, o cuando le brillaban los ojos…
»Para ya, Zack… Incluso aunque no estuviera actuando…Por que vale, aceptemos que no lo hacía… Aún así… La cosa es que te la jugó. Y bien jugada. No tiene más vuelta de hoja. Puede que le gustaras…Pero no te quería…Si te quisiera, no se le habría ocurrido hacerte lo que te hizo. Si te quisiera, ¿qué razón podría tener para ir por ahí chupando…?»
Una especie de zumbido lejano le sacó de sus cavilaciones.
»¿Qué coño es eso?»
Afinó el oído. Justo cuando empezaba a pensar que habían sido imaginaciones suyas, el zumbido volvió a emitirse.
Se levantó con el ceño fruncido y se fue acercando hacia donde creía que provenía.
Acabó llegando al cuarto de baño.
Encendió la luz y aparte de la ropa de Bill esturreada por el suelo, no había nada más.
Iba a salir cuando el zumbido volvió a hacer acto de presencia.
Descubrió que provenía de el bolsillo de la cazadora de Bill.
»Claro, el móvil…».
Zack fue a recoger la cazadora.
Trasteó por el bolsillo para sacar el teléfono. Cuando lo tuvo en mano todavía vibraba. Hasta le dio tiempo de ver el nombre en la pantalla.
»David…».
Arrugó la frente preguntándose quién narices llamaba a Bill a esas horas y además…
Algo cayó del bolsillo de la cazadora, desconcentrándole de nuevo.
Miró hacia el suelo intrigado.
Resultó ser el anillo que le había regalado a Bill un tiempo atrás.
Zack fue a recogerlo.
Comprobó que bueno. Que lo que quedaba de él. Una ala estaba rota y el anillo en si estaba abollado.
»…¿Bill?…¿Llevabas mi anillo en un bolsillo de tu cazadora?…»
Cuando volvió a prestar atención al móvil, el tal David ya había desistido.
Curioso, comprobó las llamadas perdidas de Bill.
Tenía esa de David, y otra, de hace unos minutos, de Tom.
Concluyó que tanto Tom como el otro tipo debían de estar preocupados por él y preguntándose dónde estaría.
No le pareció demasiado descabellado. Lo mismo Bill se había peleado con su hermano y habían llegado a la situación de que Bill se fuera de malas maneras y después…
En fin, no podía saberlo, pero le parecía razonable.
Decidió mandarle un mensaje a Tom, que a fin de cuentas era a quien él conocía y supuso que ya se encargaría él de informar a los demás.
Tecleó un simple »Estoy bien…Ya te llamo mañana» y se lo envió al de las rastas.
&
Regresó a el sillón apagando el móvil de Bill y con el anillo entre su puño.
Por fin se pudo dedicar a reflexionar sobre el detalle del anillo en concreto.
Estaba descolocado.
‘‘…No lo entiendo. Hay cosas que no logro comprender. No me encajan…No…»
Zack miró por enésima vez a ese Bill con aspecto de ángel, aunque bastante demacrado.
Tenía la sensación de que le faltaban piezas del puzzle.
Empezaba a dolerle la cabeza.
»…¿Por qué , Bill?» …
»Hay cosas en mi vida que no me gustan. Pero no puedo cambiarlas.»
Zack abrió los ojos desorbitadamente. Había oído esa antigua afirmación con tanta claridad en sus oídos, que por un momento pensó que Bill se había despertado y que lo había dicho de viva voz.
Pero no. Él seguía sumido en su sueño.
Zack guardó el anillo y el móvil en su propio bolsillo.
Después llevó sus dedos pulgar e índice a sus párpados cerrados, dando un pequeño masaje.
Siguió reflexionando, desvelado.
Ni él mismo sabía qué quería demostrar.
Pero no dejó de hacerlo.
Y resultó que…
…Al final de la noche…Sacó algo en claro.
Continúa…
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