
«Nadie me conoce» Fic de Earisu
Capítulo 26
-…¿Y qué quieres que te regale?
-…Unas alas para volar a un sitio muy, muy lejano… Pero eso no es posible, ¿no?…
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A Tom le despertó su móvil. Ésto no era ninguna novedad. Solía usarlo como despertador…
Pero creyó recordar en medio de su todavía estado »ni dormido, ni despierto» que no había puesto la alarma la noche anterior. Había estado desfasando hasta tarde para olvidar sus penas y…
Bill. Bill le había llamado a las tantas, pero él había tenido el móvil apagado. Cuando lo volvió a encender y vio el aviso se asustó y no tardó un minuto en devolverle la llamada.
Entonces le había mandado el mensaje de que estaba bien…Y ya…Fue a dormir.
El móvil seguía sonando.
-Coño, ¡que es una llamada! – Por fin, el de la rastas se dio cuenta de que no era la melodía que tenía por alarma.
Dio un bote en la cama, y estiró un brazo con los ojos medio cerrados, como si la luz le abrasara.
-…¿Diga? – Ni se detuvo a comprobar quién le estaba llamando.
-…¿Tom?…Hola. Soy Zack.
Tom alzó una ceja extrañado. Y se tumbó en la cama de nuevo con el aparato pegado a la oreja.
Volvió a cerrar los ojos…
-…¿Zack?…Hola, tío…¿Qué pasa? – Le parecía realmente raro que el ex de su hermano le llamara después de un mes.
-…Te llamaba por que…tengo que…Avisarte…O informarte…Sobre algo.
-…¿Ah?…
-Tom…Me he…Llevado a tu hermano.
Tom abrió un solo ojo, arrugando la frente.
-…¿Cómo?
-…Lo que has oído.
Kaulitz abrió ahora los dos asimilando la información como podía, resacoso y recién despierto.
-…Pero…Que te lo has llevado…¿Adónde?…
-… Eso da igual. La cosa es que me lo he llevado. Lejos. Pero no te preocupes… Yo estoy con él, y no le voy a hacer nada malo ni a dejar que…
-A ver, a ver, a ver… – Tom se quedó sentado en la cama, ahora perfectamente despierto y alarmado… – Pero, ¿qué me estás contando, tío?… ¡Tú no puedes…No puedes… Llevarte a mi hermano…!
-¿Que no?…Pues esta mañana hemos cogido ya el avión.
Tom abrió la boca. Ningún sonido salió de ella, aparte de un gemido ahogado. Tardó algo en recuperarse y preguntar…
-…Pero él… ¿Él ha querido irse…?
-…Bueno, pues si te soy sincero, él no se ha enterado todavía. Ha amanecido con fiebre, por que anoche cogió frío…Y no está tan consciente como para…
El de las rastas se levantó de la cama, y empezó a dar vueltas por la habitación, con el pulso acelerado en sus venas y resoplando atónito.
-…Joder, ¿pero qué coño…?… Lo que me estás diciendo es que… ¡Has secuestrado a mi hermano!
-…Bueno, si quieres llamarlo así… Pues vale. He »secuestrado» a tu hermano.
-¡Y lo dices tan pancho! ¡Pero hijo de puta! ¡Que tú no te lo puedes llevar por que te salga a ti de la polla…! Que es mi hermano…Y además… Que tiene una puta agenda…Que como David se entere de que le has hecho desaparecer , nos la corta a todos… Eso si no le da un infarto antes…
-…¿David es vuestro manager?…
-¡Pues claro! ¡Nuestro puto manager!… Tú no puedes…No puedes…
-Tom…Tu hermano no está bien. Tú lo sabes, ¿verdad?…
Kaulitz se quedó mudo de golpe. Se sentó en su cama, más bien desplomándose en ella, tapándose la boca y negando con la cabeza mientras pensaba en lo surrealista de la situación.
Pasaron unos segundos.
-…Tom…Yo quiero a tu hermano…Le quiero…Y anoche…Tomé una decisión.
-…
-…Yo no sé qué es lo que le…Atormenta…¿Sabes? No tengo ni puta idea… Le doy vueltas y vueltas y no logro…Averiguar qué es…
-… – »Bienvenido al club». Pensó Tom.
-Lo único que sé… Es que sea lo que sea…No le deja ser feliz…Lo único que sé… Es que tiene que salir…de lo que sea que es…Por que se está destruyendo él solo como respuesta. ¿Me entiendes?
-… – A estas alturas, a Tom se le estaba formando una lágrima en un ojo.
-…Yo sólo quiero ayudarle… Por que anoche… Me di cuenta… De que siempre ha necesitado ayuda…Pero él no sabe pedirla. O no se atreve a pedirla… Por lo que sea… O no le dejan. Y por eso me lo llevo, Tom. Me lo llevo por que no sé qué es lo que se lo impide…Por eso, le alejo de todo. De su trabajo, de sus amigos, de…
-…De mi. – Su lágrima rodaba ya por su mejilla, mientras se mordía el labio.
-…Lo siento…Tom, tiene que desconectarse de TODO. Y de todos. No estoy diciendo que tú seas el causante de lo que le pasa… Pero tampoco lo sé. De todos modos, pienso descubrirlo. Me da igual que él patalee y me acabe odiando, o que yo patalee y le acabe odiando a él también. Por mis huevos que voy a descubrirlo. Intentar que salga del pozo. Y cuando lo haga, entonces, volveremos.
Tom sollozaba en silencio. Sentía un vacío en su pecho. Uno realmente grande.
Pero lo peor…Es que se dio cuenta… De que quizá fuera verdad.
Quizá fuera eso lo que Bill necesitaba.
Lloraba pensando que…
Había tenido que ser él el que se llevara a Bill. Por que él era su hermano mayor. Era a él a quien le hubiera correspondido ocuparse de el renacuajo.
Sin embargo, él siempre había terminado haciéndole más un mal que bien. Por que no podía ser paciente. Por que perdía los nervios cuando no obtenía las reacciones que él quería.
Por que se desesperaba…Y en lugar de plantarse como acababa de hacer Zack (un tío que ni siquiera era de su sangre), le dejaba al final y se dedicaba a entretenerse entre los brazos (más bien entre las piernas) de la groupie de turno.
Quizá…Si él hubiera hecho eso mismo que Zack acababa de plantear antes… Le hubiera ahorrado a Bill muchísimo sufrimiento.
Pero no…
No había hecho ni una maldita cosa…
Ahora que lo veía, se sentía un mierda.
Aunque también se daba cuenta de que lamentarse tampoco solucionaba nada.
-…¿Tom…? ¿Sigues ahí?…
-… – Kaulitz sorbió sus mocos. – Está bien, cabronazo. Pero por lo menos espero que me llames contándome hasta cuando vaya a mear.
-…Claro, eso está hecho.
-…Joder… – Tom se secó las lágrimas con el dorso de una mano.
-…Tú no tienes la culpa, Tom.
-…Ya… – Nuevo sorbo de mocos. Aunque él no lo creía así. Algo de culpa, seguro que tenía.
-…Oye…Tengo que colgar. Yo te llamo. El teléfono de Bill se lo he »confiscado». Así que no te asustes si le llamas y está apagado.
-…Bien…
-Hasta pronto, Tom.
-…Dile a Bill de mi parte que yo…
-…Pssst…Cállate la puta boca…Ya se lo dirás tú cuando vuelva.
Tom sonrió mientras se limpiaba la cara.
-No me gustas como cuñado. Tienes demasiadas leyes. – Escupió Tom. Aunque no lo decía en serio.
-… – Ahora hubo un largo silencio al otro lado de la línea. – …Bueno. De todos modos, yo ya no soy tu cuñado…
-Ya…Claro…Y yo me voy a meter a cura.
-… Ahhhh… – Suspiró Zack. – Adiós, idiota.
Los chicos se despidieron…
Cuando Tom hubo colgado se tiró en plancha a su cama de nuevo, mirando al techo.
Sus ojos se volvieron a inundar.
-…Joder…Joder…Joder… ¿Ahora cómo coño le cuento ésto yo a David…? – Farfulló para la habitación vacía.
Zack no había dejado de contemplar a Bill mientras hablaba por teléfono.
El chico estaba acomodado en uno de los asientos de espera de el aeropuerto.
Habían llegado a España hacía unos minutos ya. Pero Zack no quiso esperar mucho más para hacer la llamada.
El cantante estaba encogidito queriendo aprovechar al máximo el calor de un plumas de Zack. Llevaba gafas de sol y el pelo suelto, y en ese momento estaba como en una burbuja, ajeno a todo lo que había en el exterior. Estaba enfermo. Tenía fiebre…Y todo le daba vueltas.
Todo era como un incesante murmullo que él no podía ni quería entender. Estaba demasiado desganado y cansado para eso. Hecho polvo.
Zack se acercó a él.
-…Ya…Vamos. – Fue lo único que le dijo.
Bill se levantó y ambos se pusieron en marcha.
Lo único que sabía Bill es que estaba con Zack.
Para él…Era suficiente. Sabía que mientras eso fuera así, todo iría bien.
Ahora que las paranoias habían quedado atrás… Zack podía decirle ‘ven’, y Bill iría adonde fuera, con los ojos cerrados.
Un taxi les estaba esperando, y tras un silencioso trayecto de una media hora, llegaron a su destino.
Zack pagó al taxista, se encargó del poco equipaje que llevaban, y no tuvo que decir nada, por que Bill le seguiría sin más.
Llegaron a la puerta de entrada de un bloque y Zack rebuscó unas llaves.
Abrió y dejó que el chico pasara primero.
Ya dentro, comenzaron a atravesar el portal, que era enorme y laberíntico.
Eran como hileras, con escaleras arriba y abajo, de apartamentos.
-…¿Dónde estamos? – Preguntó al fin Bill. Su voz sonó ausente aún así.
-…En Tenerife. En mi piso.
Cogieron el ascensor.
Bill se quedó algo atónito ahora que empezaba a salir del estado febril.
Unos segundos después las puertas del ascensor se abrieron otra vez.
Salieron…
-…¿Por qué me has…Traído a tu casa?… – Preguntó Bill, realmente perplejo.
-…Ah. Te acabo de secuestrar. – Contestó Zack como si tal cosa, mientras giraba la llave en la cerradura para abrir la puerta de su apartamento.
Zack empujó la puerta, e hizo una señal invitando a Bill a entrar. Las cejas de el cantante llegaban al cielo.
Pero entró sin rechistar siquiera.
Seguía siendo Zack. Y Bill seguía fiándose de él.
A él no podía tenerle ningún miedo.
Continúa…
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