
«Nadie me conoce» Fic de Earisu
Capítulo 6
Primero, todos fueron a una discoteca.
No ocurrió nada verdaderamente destacable. Lo de siempre.
La gente se divertía, Bill no.
En la discoteca algunos ligaron… De sus conocidos, Tom y Georg. Así que ellos dos abandonaron la ‘fiesta oficial’ algún tiempo después para comenzar una privada.
Para regocijo de Bill, ese día Gustav se sentó con él, por lo que David dejó de merodear a su alrededor.
El bueno de Gustav había intentado entrarle a una chica, pero ésta le había rechazado. Por lo que, ya con media cogorza, estaba desahogándose con Bill, lanzando afirmaciones tales como »Todas las tíashhh son unas…Zooooorrash. ¡Todashh!»
Bill aguantó el chaparrón encantado. No era lo peor que le podía pasar en una noche. Incluso intentó animarle.
Pero ya a las tantas, y tras un pequeño conflicto en la entrada, la gente empezó a dispersarse.
Algunos trabajadores propusieron seguir con la fiesta por su cuenta. Así, quedaron en comprar bebidas en algún veinticuatro horas y bebérselas en la parada donde estaban sus camiones, como en plan comuna. Subirían el volumen de alguna radio, y disfrutarían al aire libre.
Bill agarró del brazo a Gustav y se unió al plan escabulléndose entre el grupo. Ese día tenía una protección, una vía de escape y una excusa… Tenía que aprovecharse.
&
Los trabajadores sacaron unas cuantas sillas plegables no se sabe de dónde, y las pusieron en mitad de la calle.
Los únicos que las utilizarían serían Gustav y Bill.
Todos siguieron bebiendo y hablando ahora con mejor ambiente que en la discoteca.
Hasta Bill se cogió una cuba de cerveza que se iba bebiendo a sorbitos cortos.
(Nota de la A: Es que me pone mucho esta IMAGEN … No lo puedo evitar…)
Gustav se quedó durmiendo de muy mala manera, con la cabeza para arriba, en la silla. Tenía la boca abierta. La imagen era para verla…Parecía que se había caído de un rascacielos y que se había desplomado justo en ese asiento.
A Bill se le acabó la distracción, claro.
Cruzó sus piernas bajo su trasero y siguió bebiendo, ausente ahora.
Fue entristeciéndose conforme su cabeza empezaba a llenarse de flashes y recuerdos desagradables.
Zack, que había estado dentro de un grupito conversando, por casualidad miró hacia allá y le vio.
Se dio cuenta de que la única compañía de Bill estaba ahora fuera de combate y a él se le veía apagado.
Le dio lástima de que todos estuvieran pasándolo bien y que él estuviera echado a un lado, así que cogió su bebida y se acercó a él.
-Ambientazo, ¿eh? – Dijo sarcástico cuando estuvo a su lado y señalando con la cabeza a Gustav. Cogió una silla y se sentó junto a él.
Bill salió de su burbuja al instante…
-Jeje, sí…Miedo me da… Me veo llevándole a rastras al hotel. – Consiguió articular el chico, aunque ahora estaba muy nervioso.
Zack dio un sorbo a su bebida y Bill le imitó.
El rostro de Bill volvía a ser nostalgia pura.
-Ya veo…No es un fin ideal de fiesta, no… – Comentó el mayor de los dos.
-…Bueno…Tampoco es que me gusten demasiado las fiestas. – Contestó Bill en un arranque de sinceridad.
-…¿No?…Pues tengo entendido que vas a muchas.
-…Ya…Pero…Para mi no son fiestas. Son como… Parte del trabajo, también.
-Um…Así que si has venido a esta fiesta ha sido un poco por obligación.
-…Pues…Sí… – Bill se ruborizó aunque no sabría decir cuál era la verdadera razón, si por su respuesta…O por él.
Silencio de unos segundos.
-Si pudieras elegir…¿Dónde estarías ahora? – Preguntó Zack.
Bill le miró alzando las cejas. No estaba acostumbrado a que le hicieran ese tipo de preguntas. Preguntas en las que se viera un cierto interés por lo que ÉL quería hacer.
-…Pues… – Bill sonrió con honestidad y limpiamente, soñador, mientras estudiaba las posibles opciones. – Iría a uno de esos puestos de comida rápida que no cierran nunca…Compraría una porción de pizza recién hecha…Y me la comería sentado en algún banco de algún parque.
Zack sonrió.
-¿Pizza a las dos de la mañana?
-Tengo el horario un poco cambiado… – Bill se rascó el cogote.
-Mmmm…Vale…¿Vamos?
Bill abrió los ojos desorbitadamente.
-¿Vamos, adónde?
-Algún puesto de esos debe de haber por aquí cerca.
Bill sonrió de nuevo sin darse cuenta ni de que lo estaba haciendo.
-Pero…¿Y Gustav?
-…No te preocupes por él…Ya se encargarán éstos.
Kaulitz le lanzó una última mirada a su amigo.
Hasta que notó que Zack le cogía de la muñeca.
-¡Vamos!…
Bill se levantó, soltó su vaso, y se dejó llevar. Zack le soltó en cuanto empezaron a caminar… Aún así, Bill seguiría pensando en ese pequeño roce hasta mucho después.
&
-Dos, por favor. Y…¿Qué quieres para beber? – Zack se dirigió al chico mientras rebuscaba en su bolsillo trasero.
-Una Pepsi…
Zack confirmó el pedido e hizo que se cobraran de un billete que acababa de entregar.
-No hace falta que me invites…Llevo dinero… – Susurró Bill, un poco avergonzado.
-Me pagáis una miseria, pero todavía me da para comprar un par de porciones de pizza, ¿eh?
Kaulitz no pudo evitar reírse ante el comentario. Fugazmente pensó que hacía mucho que no se reía de verdad.
Zack tendió una porción de humeante pizza a Bill. Éste la cogió con cuidado, por que estaba blanda y podía partirse.
Sus dedos se rozaron. Los de Bill estaban fríos.
Kaulitz intentó actuar con naturalidad y dio un bocado a su pizza, con doble de mozarella.
-A ver fónde nof podemof sentar… – Zack se las ingeniaba para sostener su trozo de pizza y las dos latas de refresco. El billete que le habían dado de cambio lo tenía sujeto entre sus labios, por eso hablaba con dificultad…
-Jajaja, ay espera, que te ayudo. – Y Bill cogió una única lata de refresco; La suya.
-Ah, grafias, ¿eh? Ahora, mufcho mejor… – Escupió Zack achinando la mirada. Seguía teniendo las manos y la boca ocupadas, claro.
A Bill le dio un ataque de risa.
-Jajajajaja…- Y cogió también la otra lata. Zack por fin pudo guardarse el billete y ya recuperar su refresco mucho más suelto.
-Te hace mucha gracia, ¿no?…
-…Sí. – Bill dio otro bocado a su pizza. – Mmmm…Jajaja… – Rió con la boca llena.
Dando la vuelta a la manzana visualizaron una alameda, y se dirigieron hacia allí.
Se sentaron en un banco de piedra, cerca de una fuente.
Comieron un rato en silencio…Hasta que Bill lo rompió.
-No eres tan serio como parecías. – Soltó.
-¿Parezco serio?…
-Sí…Serio y misteriooooso. – Respondió el chaval, exagerando mucho esa última palabra.
-Um…Bueno, cuando estoy trabajando, estoy trabajando, no voy a estar contando chistes.
-Jeje…
-Y misterioso…Pues…Eso sí que no…Yo soy un tío normal y corriente.
-Mmmm… – Bill bebió un poco de su Pepsi. – No sé…
-¿Por qué te parezco misterioso? – A Zack esto le hizo gracia.
Bill se encogió de hombros, tímido.
Ahora fue Zack el que bebió un sorbo de su lata.
-Eso es por que todavía no hemos sacado nuestros trapos sucios. – Empezó Zack.
-¿Trapos sucios?…
-Sí…A ver, pregúntame algo…Algo que quieras saber de verdad, que te intrigue sobre mi… – Zack se sentó a modo de indio en el banco, esperando la pregunta.
Bill esbozó una sonrisa tapándose la boca y después miró al cielo.
-Uuum…¿De dónde eres? – Bill no se atrevía a preguntarle nada más personal aún.
Zack resopló.
-¿De dónde soy? – Repitió decepcionado.
-¿Qué pasa? No sé de dónde eres, tengo curiosidad. – Soltó el otro en un susurro.
-…De España. Nací en Tenerife.
-…¿De España?… No tienes un nombre muy español…
-…Jaja…¿Quieres saber mi primer trapo sucio?…
-…Vale… – Bill sonrió todavía mirando al cielo.
-En realidad, no me llamo Zack.
Bill le miró alarmado.
-¿No?…
-No…Me llamo…Zacarías… Pero si se te ocurre llamarme así, te mato.
Kaulitz abrió los ojos mucho y empezó a reírse.
-¡¿Zacarías?!… – Zack asintió muy a su pesar.
A Bill le dio otro ataque.
-…Bueno, ¡no suena tan mal…! – Y era verdad. Bill se reía pero más que nada por cómo lo estaba contando Zack.
-No te suena tan mal por que tú eres alemán, pero te aseguro que es horrible. – Zack tuvo que unirse a sus risas. Bill se limpió un par de lágrimas.
-Ogh, Dios…
-Bien, ya sabes el más oscuro de mis secretos. ¿Sabes que ahora yo tengo derecho a preguntarte lo que quiera?
Bill torció la boca.
-Umm…Bueno… – Aunque ésto le daba un poco de miedo.
-…Algún secreto oscuro tendrás…
-…Sí…Pero me temo que no son tan divertidos como los tuyos. – Suspiró Bill.
-Prueba… – Al menos, Bill se sintió aliviado de que no le preguntara nada en concreto aún.
-Mmmmm… Cuando era pequeño, comía papel. – Recordó Bill.
-Yo hormigas.
Nueva explosión de risas por parte de Bill.
-¡¡¡Qué asco!!! – Puso una cara de como si acabara de chupar un limón.
-No es para tanto…Jaja…
-¿Y a qué saben?
-…Pues… No sé…A nada, son demasiado pequeñas.
-¡PUAJ!
-¿Para qué preguntas? Jaja… Bueno, de todos modos, eso no me sirve. Voy a tener que preguntarte yo…
-…Vale…
-¿Por qué sabías mi nombre?
Bill le miró sintiendo un repentino calor en las mejillas.
-…Se lo oí decir a un compañero tuyo…
-Mmmm… – Zack dio el último sorbo a su refresco, reflexivo. Acabó su lata.
-¿A quién te recuerdo? – Era el turno de Bill.
Zack se puso serio al instante.
-…A mi hermano pequeño.
-…¿Tienes hermanos? – Preguntó Bill, sin mirarle de nuevo.
-…Tenía…Murió hace unos años.
-…Ostia, lo siento…
Estuvieron unos segundos sin decirse nada.
-…¿De qué murió?
-…Sobredosis… – A Bill se le hizo un nudo en la garganta, de repente comprendiéndolo todo.
-…Lo…Lo siento mucho…
Más silencio.
-¿Es por eso que…?
-Mi hermano tenía problemas…Problemas muy serios que no te voy a contar por que no te interesarían y no voy a aburrirte…Pero bueno, a lo que iba… Que siendo así, puedo llegar a entender que alguien en su desesperación caiga en ese mundo. Pero cuando veo a gente tan joven que se mete…Eso ya es horrible… Pero lo que me toca la vena sensible de verdad es que muchos lo hacen por desfasar y punto. Por eso, me parecen niñatos. Y lo que hagan ellos con su vida me la pela. Pero es que esa gente tiene familia… Yo le vi, ¿sabes?…Yo entré al piso de mi hermano y le vi muerto en el suelo. A mi propio hermano. A mi hermano pequeño… No le deseo eso a nadie… ¿Entiendes?
Bill asintió, amargado.
Un buen rato después, se atrevió a preguntar.
-¿Por qué creías o crees de mi que soy un niñato?
Zack se rascó la cabeza.
-No sé. No parece que la vida te esté tratando mal a simple vista.
-Ah, ¿no?…
-No…Y no te hagas el sorprendido. Sabes a qué me refiero. – Su grupo subía y subía como la espuma…Estaba ganando dinero…Miles de chicas matarían por estar con él… Era joven y guapo. No parecía tener problemas de salud…No estaba solo, de hecho uno de sus compañeros de grupo era su propio gemelo…
-…Sí…
-…Pues por eso.
-…Tú no me conoces.
-…Lo sé…Lo sé…
Continúa…
Gracias por la visita. Te invitamos a dejar un comentario.