
«Nadie me conoce» Fic de Earisu
Capítulo 8
Bill secó su cara y se puso el anillo. Lo miró unos instantes y después acarició las alas de la mariposa, como esperando que ese gesto le diera el valor necesario. Puede que funcionara, por que tras esto, aunque un poco titubeante, se decidió a abandonar su habitación.
Unos minutos después estaba delante de la puerta de Zack. Llamó a la puerta usando sus nudillos.
Un pequeño sentimiento de culpa le empezó a invadir. Era muy tarde… La fiesta por su cumpleaños terminó a las tantas. Pero…Necesitaba verle.
De repente oyó unos pasos y al segundo la puerta se abrió.
Zack estaba descalzo, con unos pantalones de chándal grises y camiseta de tirantes negra. Pero tenía el pelo revuelto. Posiblemente ya estaba acostado.
-Perdona, ¿te he despertado?… – Se disculpó Bill, mordiéndose el labio.
-Nah, estaba desparramado en el sofá, desvelado, viendo Teletienda. Pasa…
Bill obedeció. Zack iba a dirigirse de nuevo al sofá, pero Bill se quedó atrás, clavado en un sitio determinado.
El mayor de los dos le miró.
-…¿Bill?…
-…Zack… – Los ojos se le volvieron a vidriar pero trató no sucumbir al impulso ahora. – …¿Me puedes…Dar un abrazo? Sé-que-suena-raro-pero-es-que… – Empezó a soltar cosas de carrerilla, demasiado rápido como para que fueran del todo comprensibles.
Zack se acercó a él con las cejas en alto, pero no dudó. Le cogió de las muñecas, le atrajo hacia él y mientras que Bill le rodeaba por la cintura, él lo haría por los hombros, y acariciaría su espalda tranquilizador.
Kaulitz enterró su rostro en el cuello de él y las lágrimas escaparon al final, recorriendo sus mejillas silenciosamente.
En ningún momento Zack le pidió que dejara de llorar. Le dejó que se desahogara todo lo que quisiera.
Ésto también era algo inédito en Bill. Hacía muchísimo tiempo que no se permitía llorar delante de alguien. Siempre esperaba a quedarse solo.
Pero ahora más que nunca necesitaba que le reconfortaran. Y él fue en la primera persona que pensó para ello.
Zack, tras un buen rato, se separó con mucha delicadeza de Bill, le acarició una mejilla, le cogió de las manos, y se lo llevó a el sofá. Los dos se sentaron y él volvió a alzar un brazo para que Bill se acurrucara en su regazo. Bill lo hizo sin rechistar. Su cara y una de sus manos cerrada en un puño, sobre el pecho de Zack.
-¿De verdad crees eso de mi? – Preguntó al fin, refiriéndose a la nota.
-…Bill…Como te he dicho…Eso da igual. Da igual que yo crea o deje de creer en ti. El primero que tiene que hacerlo eres tú. Si no lo haces tú, no sirve de nada lo que crean los demás.
-…Mmm…
-¿Vas a intentarlo?…
-¿Intentar…?
-Intentar cambiar esas cosas que no te gustan.
-… – Bill le miró con los ojos anegados en agua. – …Es que no es tan fácil…
-Nos ha jodido…Nadie dice que lo sea. Pero quedarse en una esquina lamentando tu mala suerte tampoco es una solución.
Kaulitz volvió a enterrar su cara en su pecho, pensativo.
-¿Lo intentarás? – Repitió Zack después de unos minutos.
Bill no reaccionó al momento, pero tras unos instantes, asintió con la cabeza levemente.
Zack sonrió radiantemente y frotó la espalda de Bill alegre.
-¡Bien! ¿Ves? Eso ya es un comienzo.
Kaulitz le lanzó otra mirada y esbozó una media sonrisa melancólica.
-…Supongo…
-Supones, no…¡ES un comienzo!
-…Vale… – Ahora sonrió tapándose la boca y volvió a acomodarse en su pecho. Jugueteó reflexivo con la mariposa en su dedo anular.
-…Te está un poco grande, ¿no? – Observó Zack.
-…Un poco.
-…Te lo puedo cambiar, ¿eh?
-…¡No! Quiero este.
-Lo puedes perder…
-…No. Te aseguro que no. Tendré mucho cuidado.
-Bueno, bueno…- El joven acarició de nuevo su espalda, sonriendo.
-Zack…
-¿Qué?…
-Es que…Cuando estás a mi lado me siento capaz de cualquier cosa. Pero luego, cuando no…
Zack no le dejó terminar.
-Entonces no hay problema… Yo estoy contigo, no me voy a ir a ninguna parte.
-…
Bill se abrazó incluso más estrechamente a él. Zack siguió masajeando su espalda, la parte de atrás de su cuello, su pelo…Ambos en silencio. Lo único que se oía en la habitación era la televisión de fondo.
Un buen rato después, Zack notó que la respiración de Bill se iba haciendo cada vez más profunda.
-…¿Bill?…¿Te estás durmiendo?…
-…Um. – Fue más un quejido que una palabra.
-¿Cómo puedes pensar en dormirte en un momento como este?
-…¿Um? – Bill le miró con carita de sueño pero alarmado.
-¡Chuck Norris está anunciando el Abdominator!
Bill empezó a reírse con ganas.
-Venga, a la cama… Que mañana te va a doler todo.
Ninguno de los dos preguntó nada. Bill no iba a dormir en su habitación aquella noche.
Se metieron en la cama y Bill tenía clarísimo que no iba a dejar de abrazarle hasta que él le echara a empujones por pesado.
Pero Zack no hizo nada de eso.
&
Al día siguiente, por la tarde, Bill estaba arreglándose en su habitación para el concierto. Se estaba cepillando el pelo delante del reflejo del cristal de su ventana cuando llamaron a la puerta.
-¡Está abierta!
Alguien entró. Bill pudo ver por el mismo reflejo que se trataba de Tom.
-…Bill, me mandan a preguntarte cuánto te queda. Están ya abajo esperando.
-Ya casi estoy.
-…Bien…
Tom iba a irse, pero Bill le llamó.
-¡Tom!…- El aludido se giró otra vez. Bill ahora le estaba mirando. Cogió aire mientras toqueteaba su nuevo anillo.
-¿Qué?…
-…¿Por qué…Por qué hemos acabado así?…
Bill en verdad estaba dispuesto a arreglar esas cosas que no le gustaban. Lo había casi prometido. Decidió empezar por lo en apariencia más fácil…Ir dando pasos …Poco a poco.
Y el distanciamiento con su hermano le pareció un primer punto más o menos asequible.
Tom no se hizo el loco ni el sorprendido. Soltó una risita carente de humor y se dispuso a contestar sin paños calientes.
-¿Que por qué hemos acabado así? ¿Y tú me lo preguntas?…
-…Sí…
-Hay que joderse…Pues mira, quizá si estamos así puede que sea, no sé…¿POR TU CULPA?
-… – Bill tuvo que callarse.
-…Sí, sí… Por tu culpa. Por tu puta culpa. ¿Crees que soy gilipollas? ¿Que no me doy cuenta de las cosas? ¿Que no sé cuando me mientes?… Eres mi hermano…¿Crees que te veo la puta cara y no veo que estás mal? ¿Y crees que soy un hijo de puta y que me da igual?… Pues no, Bill. Me duele, cojones…Me duele como no tienes ni puta idea. ¿Pero sabes lo peor?…Lo peor es que te preguntaba y me mentías…Es lo peor por que veo que ya no confías en mi… Por que me doy cuenta de que ya no tenemos seis años, y tú ya no vienes a mi a cogerme de la mano, a llamarme »Tomi» y pedirme que te ayude a alcanzar el tarro de las galletas. Te veo así…Y yo no puedo hacer ni una maldita cosa. ¿Cómo te crees que me sienta eso? Y no importaba cuanto lo intentara, no era capaz de que me contaras qué te pasa. Y seguía viéndote hecho una mierda. No podía, ¿me entiendes?… Prefería no verte ni en pintura a verte así y no poder hacer nada por ti…Ya sea por que tú no quieres o por que…Yo no soy capaz…
A Tom se le escapó una lágrima. A Bill también.
-Pero Tom…No es…Eso no es…
-¿Me lo vas a contar? ¿Me lo vas a contar ahora?… No, ¿verdad?
Bill tuvo que volver a callarse.
No…Todavía no podía. Era demasiado pronto.
Todavía no.
-¿Ves?…Ni se te ocurra, Bill… Ni se te ocurra volverme a preguntar por qué estamos así, para hacerme sentir como una mierda. Por que si estamos así, no es por mi.
Ambos se quedaron en medio de un duelo de miradas, ambas empañadas.
No se dieron cuenta de que la puerta se había vuelto a abrir.
Jost se encontró con aquella inquietante estampa que, por supuesto, no le gustó un pelo.
-¿Qué coño hacéis, chicos? – Preguntó. Los dos por fin recayeron en su presencia. – De la frase »Daos prisa, que os estamos esperando», ¿qué no entendéis, el sujeto o el predicado?…
-Lo siento, David…Yo ya estoy. – Y Tom salió de la habitación dejando a su gemelo solo con el manager.
-Tú y yo luego vamos a tener una pequeña conversación. – Le dijo al chico con un deje de amenaza en su tono.
Jost se fue y Bill se tapó la boca, ahogando un sollozo.
Había empezado por lo que se suponía, era lo fácil…Y no había conseguido nada. No, no… Mucho peor. Lo que había hecho era empeorar aún más si cabía la situación.
Continúa…
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