3: El roce de tus labios

3: El roce de tus labios

Notas: Traté de mejorar a ver como quedó…

Fic TWC de VaneK

Capítulo 3: El roce de tus labios

Escondiendo su cara en la almohada, mientras la tristeza lo invadía, lloró, aunque había prometido no volver a llorar por él, él no se lo merecía.

—¿Se daría cuenta de lo que esconde mi corazón?,—se preguntaba el cantante mientras apretaba fuerte los ojos.

Trata de calmarse un poco, y con mucho esfuerzo se levanta de la cama, camina hacia la ventana de su cuarto, desde ahí puede ver el cielo y las estrellas brillar, la luz de la luna acaricia su rostro, suspira y recuerda las bromas que le hacía su hermano.

Eso hace que se ponga más triste.

.

Después de un par de horas sentado frente aquella puerta, ya que había decidido torturarse un poco, para ver si con eso podía sentirse mejor.

Pero no, no se sentía mejor, se sentía peor que nunca, podía ver la luz que salía de las ranuras de la puerta, eso quería decir que Bill estaba despierto.

Decidió irse de ahí, terminar con la tortura que se había impuesto, estaba claro que Bill no saldría hasta la mañana, arrastrando los pies se fue para su habitación.

Bill no podía dormir, seguía pensando en las duras palabras que emanaron de la boca de su hermano, cuando de repente sus pensamientos fueron violados por un extraño ruido en el pasillo.

Se acerco a la puerta con cuidado para que la persona, sea quien sea que estuviera afuera no le escuchara, abrió lentamente la puerta, y vio la espalda de su gemelo.

— ¿Tom? – Preguntó, mientras secaba sus lágrimas para que éste no las viera.

Tom sintió una punzada en el hígado al escuchar la voz de su gemelo, si bien es cierto que él estaba esperando que su gemelo saliera de su habitación, nunca pensó que podría suceder.

— Pensé que ya estabas dormido. – le dice él mayor tratando de escabullirse —. Solo bajé a tomar un poco de agua, por que sentía seca mi garganta –se excusa—.

Quería Huir de su hermano, pero su corazón no lo permitió, se acerco a Bill, le tomo la mano donde estaba el dedo lastimado.

Observó que ahora había una bandita retorcida, acerco sus labios a la herida y los posó en ella, le dejo un tierno y tibio beso, —esto hizo que el pelinegro se estremeciera—.

— Lo siento Bill, — le dice sincerándose— No quise insultarte, sé que me he estado comportando de mala manera contigo, quiero que sepas que tú no tienes la culpa de nada,

Se queda en silencio un momento— . Solo yo la tengo por amarte con todo mi corazón y querer ignorar este amor — Pensó Tom amargamente—.

Tengo problemas, no me preguntes por ellos, por que no te los diré, ¡todavía no!, solo te pido paciencia para conmigo.

Jaló tiernamente el brazo del pelinegro hasta que lo tuvo muy cerca de él, lo rodeo con sus manos, acariciando su pelo y espalda, quería demostrarle su amor, pero no quería asustarlo, el pelinegro también lo abrazó.

Un momento excitante para Bill, su hermano le abrazaba y le acariciaba, después de tanto tiempo.

— ¡Duerme conmigo Tom! – le susurró al oído—; como cuando éramos niños.

La piel del mayor se erizó al sentir el cálido aliento de Bill rozarle sus orejas, sentir el cuerpo de su hermano tan cerca, hacia que le invadiera un deseo de besarlo, de acariciarlo, de sentirlo piel con piel, de que fuera solamente suyo, de ser uno solo por unos minutos.

El menor se sentía en las nubes, llevaba mucho tiempo de que Tom no lo abrazaba así, ya fuera por miedo o por pena, pero allí no había nadie que los mirara solo ellos dos, y la oscuridad de la noche que los abrazaba.

— ¿Duermes conmigo Tomi? –le repite—, ya que éste no le respondía.

Tom se alejo poco a poco de la calidez de su hermano

— Ya no somos unos niños – Le dice dándole un beso en la frente en señal de despedida—. Pasa buenas noches Bill.

Lo había hecho otra vez, se había escabullido de su hermano, emprendió el camino a su habitación, con pesadez.

Estando ya en su habitación, contuvo su respiración, estaba muy nervioso, al sentir el aliento de Bill rozarle su cara, y como sus manos le abrazaban tan fuerte.

Estos pensamientos hicieron que su entrepierna despertara, sabía lo que tenía que hacer, darse amor propio no era prohibido.

Así que entro al baño, abrió el grifo de agua caliente, y fría para anivelar la temperatura. Dejó que le cayeran algunas gotas de agua, imaginando con cada gota los labios de su hermano rozando su cuerpo.

Con los dedos acaricia su miembro, solo toca por encima para sentir los escalofríos que le recorrían desde la base hasta el glande, abrazó con su mano su pene y empezó a agitarlo con rapidez.

La imagen de Bill invadió sus pensamientos, esto hacía más excitante su labor, veía su cuerpo desnudo, acariciando su espalda y su entrada, sentía que iba a explotar ante esta última alucinación

Un gemido que casi fue como un grito salió de su boca, un líquido blanquecino salía de su entrepierna, el éxtasis desbordaba en aquella bañera.

Solo se echo un poco más de agua, no quería que su cuerpo se resintiera con él, como le pasó días atrás. Salió de la ducha tomo una toalla y se envolvió en ella.

Se puso su pijama, como él le llamaba por que solo era una camisa de su taya, y unos bóxer, lo hacia por pudor, por respeto a su Madre, ya que habían veces que entraba a su habitación sin llamar, y no quería que lo viera durmiendo como Dios lo trajo al mundo.

Antes de dormir volvió a escribir en su “diario”, las emociones vividas esa noche.

.

Un frío se apoderó de su cuerpo cuando su hermano lo dejo en medio de aquel oscuro pasillo, como lo había alejado de la calidez, donde se encontraba tan bien, se sentía querido por su hermano, sintió el amor que le negaba cuando estaban cerca.

No había remedio así es su vida, entro en su habitación, mas triste que cuando salió, lo único que quería en ese momento era dormir, dejarse llevar por los sueños, ahí donde todo puede pasar, hasta la cosa mas absurda como es el estar abrazado con su hermano y dándole muchos besos, dándole ese amor que en la vida real no se podían dar, por que esta prohibido…

Un destello de sol que se colaba por su ventana entre las cortinas, le roza su piel, esto hace que le pique la cara y poco a poco se va despertando, abre sus ojos con pesadez, ve la luz afuera, es la señal de que un nuevo día ha comenzado.

Mira el reloj que esta en la mesita de noche, y ve que es muy temprano — siete de la mañana dice—, por lo general se levanta pasada la tarde, pero ese día iba a ser diferente, el optimismo llenaba su cuerpo.

— Hoy no van haber tristezas – se dijo a sí mismo—, mientras entra al baño, para asearse.

Se había puesto las mejores ropas que tenia, y con mucho entusiasmo bajó las escaleras, se sorprende al ver a Bill, echo un ovillo sobre el mueble, viendo la tele.

Ya se había bañado y a juzgar por como se miraba andaba bien guapo al igual que él, así les pasaba siempre, era como ponerse de acuerdo un día antes.

—¡Buenos días hermanito!, — le dice su gemelo casi bostezando —, ¿por que tan temprano?

— ¡Buenos días Tomi!, — Le dice con una Sonrisa que iluminaba toda la sala —, Mamá y Gordon salieron muy temprano.

— ¿A dónde han ido?

— Tal parece que Albert está en la cárcel por escándalo público, ¿lo recuerdas?, el hermano loco que tiene Gordón, y Mamá se ofreció a acompañarlo, no regresaran hasta mañana.

— ¡Que bien! – Dice casi gritando—; así podremos pasarla bien en la fiesta sin estar pensando que tenemos que venir temprano, o que Mamá nos gritara si venimos cayéndonos al suelo por lo ebrios que estamos.

Él y Bill rompen a reír, recordando la última fiesta a la que asistieron, donde ellos bebieron más de la cuenta, y se equivocaron de casa, queriendo abrir la casa del vecino, éste pensó que eran delincuentes y llamo a la policía, su Madre casi les mata.

—Mamá no está, pero yo quede encargado de la casa, así que pórtate bien Tomi, si no, te daré algunas nalgadas – le dice con sorna—.

— ¿Tú y cuantos mas Bill Kaulitz? –dice burlándose—.

— ¡Solo yo!, — dice mientras le pega una nalgada —.

Corre para alejarse de su hermano, sabe que éste lo seguirá hasta encontrarlo y le hará pagar lo que hizo.

— ¡Ahora si te mueres Bill!— sale corriendo tras de él—

El cantante se tumbo en su cama, y de la prisa había olvidado cerrar la puerta de su cuarto, oye los pasos veloces de su hermano, y su respiración entrecortada por la carrera.

— ¡aquí estas!, — le dice mientras empuña la mano—, ahora ya veras quien tiene el mando en la casa.

— ¡No Tomi! Juro que dejare que se te reviente el hígado de tanto tomar.

Bill no se movió de la cama, no importa lo que pase – se decía a sí mismo. Tom se acercaba amenazadoramente, el cantante lo miraba coquetamente.

Sentía los nervios a flor de piel, el ambiente se llenó de tensión, Tom se acostó cerca de Bill, éste lo miró fijamente.

Puso su mano en el cuello del cantante, mientras la otra estaba encima de su vientre.

— ¿estas listo para lo que viene? – Le pregunta Tom con una sonrisa picara –

El pelinegro devolvió la sonrisa a su hermano, cerró los ojos y entreabrió sus labios.

Tom miró la acción de su hermano, y sacudió su cabeza, ¿su hermano lo estaba tentando para que lo besara?, o solo era imaginación de él, no quiso averiguarlo, empezó a hacerle cosquillas a su hermano.

Éste rompió a reír.

— ¡Ya para por favor Tomi! – estaba colorado de tanto reír—. Me duele el estomago de reír.

— dime que soy el que manda en la casa.

— Tú eres el que manda, pero ya déjame. –le dice con las mejillas rosas—.

.

No sabe como llegó hasta allí, estaba a horcajadas sobre las piernas de su hermano, dejó de hacerle cosquillas.

Sus miradas se cruzaron unos segundos, sin darse cuenta se iban acercando, hasta quedar muy cerca uno de otro, sus alientos rozaban sus rostros.

El mayor tomó la iniciativa, y acerco sus labios a los de su hermano y le besó, éste entreabrió su boca, con timidez, dejando entrar la lengua juguetona de su hermano mayor.

Podía sentir el cosquilleo sus lenguas haciéndose un nudo en su boca, con la mano acarició las rastas de su hermano, le quitó la gorra, y la coleta con que llevaba amarrado su cabello.

Tom por su parte acariciaba el pecho de su gemelo, haciendo que éste gimiera, rozaba su cadera en la de Bill, podía notar que le gustaba esa sensación, y lo hizo más y más rápido.

Sentían que les faltaba el aire, pero preferían morir asfixiados allí besándose, que vivir y separar sus labios.

El gemelo menor, coló sus manos debajo la camisa de su hermano, desabrochó el cinturón que éste llevaba, le acaricio la entrepierna sintiéndola muy despierta al igual que la suya, desabrocha y baja el pantalón hasta que llega a las rodillas, quedando con el bóxer al aire libre.

Sentía que se desmayaba y se separo de su hermano, y como un desencantamiento de película, éste quedó observando la habitación, a su hermano bajo él, veía sus pantalones desabrochados y su bóxer casi debajo de sus nalgas, él y Bill, con sus cuerpos sudorosos.

Si bien es cierto ese momento era excitante para él, su sentido común había regresado, rápidamente se levanto y se alejo dejando a su hermano tumbado en la cama, se subió su bóxer y su pantalón, como pudo se puso su gorra y salió espabilado de la habitación.

Salió de su casa dando un portazo a la puerta, aunque esta no tenia la culpa de lo que le pasaba, caminó y caminó, lo único que quería era alejarse de allí, hasta que vio un pequeño parque y decidió sentarse en algún columpio del lugar.

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Sintió como su gemelo huía de él, ¿Cómo su hermano lo podía elevar a los cielos y allí mismo bajarlo al infierno?, ese era Tom, siempre él, dejándolo en los mejores momentos, pero lo tomaría con calma, ya regresaría, esperando mejores resultados que en el primer intento.

Observaba a los niños jugar alegremente, extrañando esa época en la que jugaba sin ninguna preocupación, ya nada volvería a ser como antes, no con su hermano.

Que estúpido he sido, — se dice a sí mismo con rabia—. Como no me di cuenta de que Bill sentía lo mismo que yo, ¡claro! Lo he ignorado, lo he tratado mal, hasta lo llegue a ofender, todo por no querer aceptar esto que hay entre los dos.

Por que esta claro que Bill me ama, sus ojos me los demostraron y sus besos y caricias me lo confirmaron.

Un largo suspiro sale de su boca; – ¡sus besos!—

Todo estaba claro en su mente, ya no alejaría a su hermano de él, ya no sentiría miedo de expresar sus sentimientos, amaría a su hermano con todo su corazón aunque esto esté prohibido, pero no para ellos.

Con una sonrisa en sus labios y una ilusión en sus ojos, se levanto de aquel columpio, y emprendió el camino de regreso a su felicidad, pensando en que su hermano le había bajado los pantalones, cuando siempre era él el que daba el primer paso.

Se sonrojó al pensar en lo que le iba hacerle a su hermano ahora que llegara a casa, no tendría piedad de él, lo besaría como nunca lo han besado, y lo acariciaría hasta que éste se fundiera con su cuerpo haciéndose uno solo.

Sumido en sus pensamientos, cruza la calle y no se percata que viene un carro a toda marcha, reacciona pero ya es muy tarde para él, escucha el rechinar de unas llantas, y a lo lejos un grito que se pierde poco a poco, como la luz en sus ojos se va apagando, lo último que alcanza a decir es;

— Bill perdóname.

Continúa…

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