
«No te olvides de mi» (Fic de lyra)
Capítulo 1
Cuando volvió a abrir los ojos se asustó al ver donde estaba. Tumbado sobre una cama sentía que le dolía todo el cuerpo. Estaba solo en una habitación blanca sin decoración alguna, quitando una butaca negra que había a su derecha. Arrugó la frente al ver una cazadora de piel colgada de su respaldo.
Antes de que pudiera pensar en nada más vio como la puerta que había enfrente se abría y entraba por ella la misma “chica” morena que vio en la discográfica.
—Bill—susurró en voz baja.
— ¿Te acuerdas de mí?—preguntó sonriendo el tal Bill.
—Lo siento—se disculpó.
— ¿Por qué?—preguntó Bill acercándose a la cama.
—En la discográfica….te confundí con una chica—confesó suspirando.
—Suele pasar—murmuró Bill poniéndose a un lado su larga melena— ¿Y tú cómo te llamas?
Esperó una respuesta del chico, pero solo le vio suspirar y negar con la cabeza.
—Ya…los médicos dicen que tienes amnesia—explicó Bill bajando la voz—Les he oído hablar en el pasillo con la policía.
— ¿La policía?—repitió el chico poniéndose tenso.
—Sí, tuvieron que llamarles por tu herida—dijo Bill señalando su costado—Sangraba mucho pero por suerte era superficial, nada grave.
El chico bajó la mirada y solo pudo ver una gasa blanca pegada a su costado. Sentía que la herida le ardía, no recordaba como se la había hecho.
—No te preocupes, verás cómo pronto lo recuerdas todo—dijo Bill con entusiasmo—Escuché decir a la policía que lo mejor es que te quedes en el hospital y ellos investigarán a partir de tus huellas. Si alguien te hizo daño, darán con el culpable.
—No puedo quedarme aquí—dijo el chico moviéndose.
Al momento salió de la cama y paseó por la habitación donde estaba sin importarle estar solo en bóxers y que Bill le mirara. Descubrió un armario a su derecha y lo abrió viendo en el doblada la ropa que había llevado. Se la volvió a poner mientras pensaba que hacer a continuación.
—Pero los médicos han dicho que necesitas descansar—explicó Bill a su espalda.
—Alguien ha tratado de matarme, no pienso quedarme sin hacer nada hasta averiguarlo—dijo el chico con firmeza—Yo…le siento muy cerca de mí, espiando cada uno de mis movimientos…
—Déjalo en manos de la policía—insistió Bill.
—No me fío de ellos—susurró el chico sin saber porque lo decía.
—No puedo dejarte solo, necesitas mi ayuda—dijo Bill de repente—Además, si no recuerdas nada ¿cómo es que estás tan seguro de que han tratado de matarte? ¿De que no puedes confiar en nadie?
El chico se giró al tiempo que terminaba de abrocharse los pantalones y se lo quedó mirando. Tenía oportunidad de estudiarle más a fondo, era un chico de unos 19 o 20 años, llevaba el pelo largo e iba maquillado, razón de más para que la gente le confundiera con algo que no era.
Pero no podía negar que Bill era muy guapo, con esa sombra negra enmarcando sus ojos castaños, esos labios jugosos pintados de rosa claro y ese pelo largo con rastas blancas entre mezcladas. Se quedó mirándolas, de repente tuvo la sensación de que él mismo había llevado alguna vez rastas y no esas trenzas negras con las que se peinaba…
—Yo…no sabría explicarlo—murmuró el chico carraspeando—Es una sensación que tengo, estoy seguro que alguien ha intentado asesinarme y por eso no me puedo quedar aquí.
—Te puedes quedar conmigo, en mi casa—ofreció Bill de repente.
—No sabes nada de mí, ¿y pretendes que me vaya contigo? ¿Qué te hace creer que soy bueno?—preguntó el chico.
— ¿Y por qué deberías ser malo?—preguntó Bill a su vez.
— ¡Mírame!—exclamó el chico—Aparezco un buen día lleno de sangre y sin memoria y tú me abres la puerta de tu casa.
—Tus ojos me lo dicen—dijo Bill con firmeza—Puedo ver en ellos que eres bueno y nunca me harías daño.
El chico se le quedó mirando sin saber qué decir. Por un lado no veía normal que Bill, un chico que le acababa de conocer, le ofreciera su propia casa confiando solo en lo que veía en sus ojos. Y por otro lado…no tenía a nadie. Bill le caía muy bien, se le veía un buen chico y que estaba dispuesto a hacer todo lo que estuviera en su mano para ayudarlo.
Suspiró y asintió con la cabeza para felicidad de Bill.
—Ya verás como pronto recuperas la memoria—dijo Bill muy animado.
— ¿Y qué hay de quien me persigue?—preguntó el chico de pronto—No quisiera ponerte en peligro.
—Estaremos bien protegidos—contestó Bill.
— ¿Por la policía?—inquirió el chico.
—Tranquilo que no—aseguró Bill—Tengo un guardaespaldas de confianza.
— ¿Por qué? ¿Eres famoso?—preguntó el chico alzando una ceja.
—Mi grupo lo es—contestó Bill sonriendo—Soy su vocalista y David me consiente todo.
— ¿David?—repitió el chico.
—Fue el hombre con el que estaba cuando nos conocimos—explicó Bill—Es el productor del grupo y fue mi tutor legal hasta que cumplí los 18 años.
— ¿No tienes padres?—preguntó el chico, pensando que tocaba un tema delicado.
—Sí, pero con tanto viajes David se hace cargo de mi en su ausencia—contestó Bill—Gracias a él no descuidé mis estudios y mis padres así pudieron dejarme seguir con el grupo. Fuimos descubiertos por David hace ya 6 años y desde entonces cuida de mí.
—Y…y ahora de mi—murmuró Tom carraspeando.
—Saki lo hará—dijo Bill—Es mi guardaespaldas personal, ahora mismo se encuentra en la puerta y no dejará entrar a nadie.
Como si hubieran sido oídas sus palabras, la puerta se abrió de repente y apareció el mencionado David.
— ¿Vas a alguna parte?—preguntó David al ver al chico levantado.
—Se viene conmigo a casa—contestó Bill por él.
— ¿Cómo?—gritó sin querer David.
—No quiere estar aquí mientras no recuerde quien es—explicó Bill.
— ¿Y tú como sabes lo de su amnesia?—preguntó David mirándole fijamente.
Bill se encogió en el sitio, se suponía que había sido una conversación privada entre el médico que atendía al chico y David, pero él se las había apañado para estar bien cerca y poder escucharlo todo.
—No debiste habérselo contado—gruñó David resoplando.
— ¿Y por qué no?—intervino el chico.
—Para no asustarte—contestó David mirándole—No debe ser muy agradable saber que aparte de estar herido no recuerdas nada, ni quién eres ni lo que ha pasado.
—No, muy agradable no es—afirmó el chico—Pero aquí metido no recordaré nada.
—Y ahí entro yo—dijo Bill metiéndose las manos en los bolsillos—Se viene a mi casa y con mi ayuda pronto empezará a recordar.
David se le quedó mirando alzando una ceja, pensando en la manera en la que estaba pensando Bill en ayudar al chico.
—Es mejor dejar que la policía se haga cargo—insistió David.
—No confía en ella—insistió Bill a su vez—No se hable más, se viene conmigo y con Saki no podemos estar en mejores manos.
Viendo que no había nada más que hacer ni decir, David se dio por vencido y esperó a que el chico se hubiera vestido del todo. Entonces salieron de la habitación donde había sido ingresado y David se encargó de arreglar los papeles del alta mientras que el chico no dejaba de observar al matón que tenía delante.
—Él es Saki—presentó Bill—Con él estaremos a salvo si alguien trata algo.
El chico asintió con la cabeza y esperó junto a Bill hasta que David les dijo que se podían ir ya. Se dirigieron al ascensor y bajaron hasta el parking. En el les esperaba un coche con los cristales tintados que el chico miró indeciso.
—Siento mucho que nunca hayas oído hablar de mí y de mi grupo, o que lo hayas hecho y olvidado, pero mucho me temo que vaya donde vaya soy perseguido por una jauría de fans—bromeó Bill entre risas—En este coche no seremos vistos y podremos ir a mi casa con mayor comodidad.
El chico asintió y esperó hasta que Saki hubo abierto la puerta, solo entonces subió al coche acomodándose en los asientos traseros seguido de Bill, mientras que Saki ocupaba el asiento del conductor y David a su lado. El coche arrancó y entonces Bill pudo suspirar aliviado.
—A veces odio ser famoso—dijo Bill de repente—No tener nada de privacidad, tener a miles de personas mirándome vaya donde vaya…
—También tendrá alguna ventaja—comentó el chico.
—No creas que no lo agradezco, gracias al grupo hice mi sueño realidad y no me quejo—apuntó Bill—Pero algún día me gustaría que nadie supiera quién soy ni lo que hago…
Se calló de golpe al darse cuenta de lo que estaba diciendo, eso justamente era lo que le pasaba al chico en esos momentos. No sabía quién era, si a él le pasara lo mismo estaría muerto de miedo.
—Lo siento—susurró carraspeando.
—No pasa nada, tranquilo—dijo el chico esbozando una sonrisa con esfuerzo.
—Es que a veces me siento tan agobiado que no sé ni lo que digo—suspiró Bill.
—Míralo por el lado bueno—dijo el chico girándose en el asiento—No tendrás ningún problema para ligar, miles de chicas caerán rendidas a tus pies.
—Yo….soy gay—murmuró Bill carraspeando.
El chico le miró realmente sorprendido, jamás se lo hubiera esperado… ¿o sí? ¿Con esa forma de peinar, maquillar y vestir? Pero… ¡qué más daba! No podía negar que desde el primer momento que fijó en él la mirada sintiera que el estómago le daba un vuelco, como si de repente se hubiera acordado que él tenía a alguien de quien se creía muy enamorado….
Continúa…