
Fic TOLL de Nathaly Kaulitz
Capítulo 12
By: Bill
— Aun no es el momento.
— Lo lamento pero es mi obligación.
— No, no es su obligación destruirle la vida.
— Lo siento pero tengo que hacerlo.
— No usted no…
— Cariño ay que hacerlo.
Sollozos son los que escucho, sollozos de mamá.
— Tenemos que hacerlo nosotros, solo nosotros.
Fue eso lo ultimo que escuche. Volví a caer en el letargo oscuro de mi sueño. Lo sentí como meses, años, que pasaron antes de que volviera a despertar. Lo primero que sentí no fue la maldita garganta seca sino el dolor, un dolor que martillaba mi cabeza y cuerpo.
— ¿Bill? ¿Hijo?.— La imagen borrosa de mi madre tomo forma de una mujer de cabellos desaliñados y mirada preocupada. — Hijo volviste.
— Volví. — Fue lo unico que conseguí susurrar.
&
2 horas mas tarde
— Afortunadamente no sufriste daños severos ni tampoco alguna contusión fuerte en el cráneo. — El doctor me sonrió mientras a su costado una enfermera anotaba todo lo que salia de su boca.— Vas a necesitar unas cuantas sesiones de fisoterapia para tu brazo y algunos chequeos unas semanas hasta que sepamos que estas verdaderamente fuera de peligro.
— Esta bien. — Sonrei apenas. — Creo que puedo superar esos chequeos.
El doctor me sonrió apenas y entonces observo a mis padre, fue una mirada complice, y después de asentir el se fue junto con la enfermera dejandonos a los tres solos.
— ¿Que sucede?.
— Yo … yo no puedo.— Mamá nego con la cabeza y se fue llorando dejándonos solo a papá y a mi.
— ¿Papá que sucede?. — Lo mire asustado pero el solo estaba quieto y solemne . — Papá.
— Lo siento mucho cariño.— Se acercó y tomo mis manos llorando apenas.
—Papá dime qué está pasando.— El miedo volvió al observarlo llorar y me preparé para una de las mas devastadoras noticias que iba a recibir.
— Bill tu… Estabas embarazado de dos semanas.
— ¿E-staba..— Mi voz comenzó a a temblar.
— Tuviste un aborto minutos después de que recibiste el impacto.— Dejo de mirarme a los ojos y agacho la cabeza negando mientras soltaba sus palabras manchadas de lagrimas. — Trataron de hacer todo lo posible, pero tú cuerpo no lo soporto, tuvieron que hacer una cirugía de emergencia, el doctor quito dos fetos en desarrollo de tu utero, tu cuerpo no recibió heridas graves pero si el pequeño utero que poses.— Lo mire sin entender lo que me quería decir con eso último y con gran fuerza de voluntad mi padre trago duro.— Hijo, el doctor dijo que muy posiblemente no puedas volver a quedar embarazado, ahi esperanzas pero son muy pocas, lo siento cariño.
Me quede callado sin decir nada. Cerre mis ojos y me permití sufrir en silencio.
Me lo quitaste todo Tom.
Nunca creí que el amor podría ser tan cruel, nunca creí que una persona podrías crear tanta desgracias en tu vida sin siquiera mover un dedo. Me sentía solo, culpable y … roto.
Lo perdí casi todo aquel día, perdí mi vida, mi corazón y a mis pequeños bebés. perdí a dos hermosos seres que nunca llegue a sentir ni tampoco a escuchar, perdí a mis hijos.
Perdí a mis hijos. Perdí a mi hijos. Perdí a mi hijos. Perdí a mi hijos. Perdí a mi hijos. Perdí a mi hijos. Perdí a mi hijos.
No supe en que momento comencé a gritar ni tampoco cuando comencé a golpearme. Lo unico que sabía es que al fin estaba cayendo en la realidad, en la maldita realidad, y aquellas palabras comenzaban a pesar en mi alma y a clavarse en mi mente.
Perdí a mi hijos.
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By: Tom
— Tom Kaulitz se le condena a cadena perpetua sin permiso de libertad condicional por el asesinato y tortura del joven Domian Fox y por el intentó de homicidio de Nathaly Maddox, caso cerrado.— El martillo del juez termino por caer haciendo orden su decisión.
— ESPERO QUE SUFRAS Y TE PUDRAS EN PRISIÓN MALDITO HIJO DE PERRA.— Grito el padre del chico muerto, con su rostro bañado en lagrimas.
— No sufriré tanto como lo hizo su niño de mierda.— Dije antes de reírme abiertamente.
— TE MATARE, TE MATARE.
El puño del hombre voló hacia mi rostro tirando me al piso, llevo sus zapatos lustrados a mi rostro pegandome en el pómulo derecho.
— SEPARENLOS AHORA.
Mientras el caos comenzaba a formarse en el tribunal yo reía como un desquiciado, como disfrutada del odio de aquel viejo decrépito y roto, como disfrutaba ver a aquella familia romperse ante mis ojos.
Ellos se lo merecían, se merecían eso y mucho mas porque nada se comparaba con haber perdido a Bill. Me lo habían arrebatado cuando al fin era mío, mío , solo mío.
Cuando al fin había descubierto el infinito placer de estar adentro de el, cuando me volvi un adicto a su sabor, a su tacto, a sus infinitas piernas, a su forma de reír, o la manera en la que me mira. Me lo arrebataron cuando me había vuelto tan adicto a el, como puede llegar a ser cualquier hombre por la coca.
Rei como un loco escupiendo sangre mientras miraba como aquél patético hombre intentaba atravesar a los guardias para llegar hasta mi, mire divertido a la gente que me observaba horrorizada hasta que mi mirada chocó con aquel chico de intensos ojos almendra.
— Bill.— Susurre emocionado. Sin embargo el solo me miro con aquellos ojos que portaban los mismos colores de siempre pero ahora tenia una mirada diferente. Ya no brillaban como antes, no ya no, ahora solo eran dos cuencas vacías que carecían de emoción y fue eso lo que tanto me atemorizo.
— ¿Bill?. — Las esposas en mí manos fueron ajustadas y comenzaron a arrastrarme. — Bill , nene, dime que sucede, dime y lo solucionare.— Me arrastraban pero yo trataba de resistirme. Alguien lo había lastimado tanto que lo rompió, alguien lo había rotó, a el, a mi pequeño niño de ojos brillantes. — BILL, BILL, BILL.— Lo llame a gritos sin embargo el no me miraba mientras se levantaba y se iba, vestido todo de negro y con pasos temblorosos. — TE AMO, TE AMO BILL CON TODA MI ALMA, TE AM…..
No termine de decir aquellas palabras, las puertas fueron cerradas en mi rostro impidiendome volver a verlo y por primera vez me asusté como nunca. Fue en ese momento que la condena comenzó a pesarme, comprendí que ya no volvería a verlo, que jamás volvería a besarlo, ni tampoco a sentirlo, ni acariciarlo, ni a sentir el acogedor calor de su interior.
Ya jamás lo volvería a tener. Y la última imagen que obtuve de el fue la de un chico… roto.
Mis ropas anchas y oscuras fueron cambiadas por un mono color naranja y adornadas con esposas en mi cuello, manos y pies. Mi espaciosa habitación cambió por un minúsculo módulo de 3×4, mi ostentoso baño con bañera desapareció y se convirtió en un tubo de ducha fría que se compartia con mas de diez hombres. Mi hermosa mansión de extensos y frondosos jardines cambiaron a una prisión de patio con cemento y mi familia rota e incompleta cambio a una familia numerosa compuesta de miles de criminales que cometieron atrocidades peores.
El tiempo pasaba y mas complicado se volvía todo. Lo necesitaba conmigo a mi lado, la desesperación se comenzaba a adueñarse de mi, impulsandome a pelear repetitivas veces con los carceleros, el atractivo rostro que alguna vez tuve estaba tan roto por cualquier lado que le mirase. Un labio inflamado, el otro roto, un ojo morado y una pequeña herida de cinco puntos en el pómulo izquierdo. Pero lo necesitaba tanto como también necesitaba respirar, solo eso podía mitigar un poco el dolor de mi cuerpo.
Dolor que cualquier adicto tendría en abstinencia, abstinencia de Bill Trumprer, mi Bill….
— Kaulitz tienes visitas.— Hablo el oficial mientras abría la reja con pereza.— Ven.
Me colocó las esposas en el cuello, manos y pies y después me sacó de mi pequeño cubículo, mientras caminábamos los gritos de los demas se escuchaban, en una sola sintonía de insultos mezclados con palabras obscenas.
Llegamos a la sección de visitas donde me esperaba un vidrio templado y un teléfono al costado. No me fije quien era solo me senté y alce el teléfono manteniendo la vista fija en el piso.
— Hola. — Susurre apenas sin ganas, sin emoción, talvez era mi padre o la patética de mi madre llorando como siempre.
— Hola Tom. — Me contestó el con voz suave y tranquila.
Apenas escuché su dulce voz mi corazón se aceleró y una corriente eléctrica se desató en mi cuerpo haciéndome estremecer. Rápidamente levanté la vista y ahi esta el, Bill, mi Bill.
— Bill. — Susurré conmocionado apunto de llorar. — Viniste, yo … yo creí que jamás volvería a verte, creí… yo creí.
No termine la frase y solo me dedique a cerrar mis ojos para calmar la conmoción que mi cuerpo adicto estaba sufriendo, una vez que conseguí calmarme volvió a verlo y me percate de cosas que antes no había notado. Su rostro, su pequeño y delicado rostro estaba mas delgado de lo normal haciendo que las que fueron unas mejillas rellenas se hundan formando dos leves huecos, su impresionante cabello oscuro ahora solo era una maraña sin vida contenida en una coleta y por ultimo estaban sus preciosos ojos almendrados, ojos que te mostraban lo bello que era el cielo apagado.
Cuando me refería a apagados no referimos a aquellos ojos vacíos que tienen los muertos, pero el los tenía sin embargo aun estando vivo. Y tuve que comprender que mi Bill estaba muerto en vida.
— ¿Bill?.— Le pregunte cuando en realidad quise decir, ¿eres tu Bill?, pero no podia, me negaba a creerlo.
— Me tomo demasiados dias prepararme para verte, y justo hoy me encontré listo para verte a pocas horas de mi vuelo. — Una pequeña sonrisa triste se despegó de sus labios y luego negó con la cabeza. — Muchos me dijeron que no lo hiciera que tu padre se encargaría pero siento que esta notícia solo debo dártela yo, nadie mas.
— Bill te amo, te amo tanto cariño.— Mis palabras salieron de mi corazón en un intento desesperado por despertar alguna emoción en el pero no lo hizo, jamás dejaron de ser nada mas que dos cuencas vacías.
— Después de que me llevaras al hospital y desaparecieras para asesinar a Domian yo fui sometido a una cirugía. — Dijo aquellas palabras sin temblor alguno como si el asesinato de su ex novio no fuera mas que un simple problema secundario cosa que me alegró pero también me asusto, algo le hicieron pense. — Tuve un aborto espontáneo Tom, estaba embarazado de gemelas, íbamos a ser padres de un par de hermosas gemelas.
Las suaves palabras flotaron en el aire repitiéndose como eco en mi cabeza, una y otra vez, un desconocido dolor me perforó el pecho, un desconocido dolor comenzó a extenderse por todo mi cuerpo. Cerré mis ojos con fuerza y sin comprender lo que me sucedía lleve ambas manos esposadas a mi rostro y rompió a llorar como un pequeño niño con miedo, con terror.
— Créeme yo también reaccione de la misma manera pero lo mío se volvió peor al enterarme que jamás volvería a concebir otro bebé. — Mi llanto se detuvo apenas y lo mire a los ojos sintiendo que aquel dolor se volvía aun mas peor. — Mi matriz era algo pequeña por ser un chico. Pero aun así tenía la fuerza para poder concebir. Ahora a quedado dañada para siempre, nunca voy a poder concebir una vida nitampoco a embarazarme, jamás voy sentir pequeñas pataditas. — Eso lo rompió a el y lágrimas silenciosas comenzaron a bajar por sus delgadas mejillas. — Yo decidí que era mejor decírtelo yo mismo que tu padre, era algo que te merecías no podia irme sin antes decírtelo.
— ¿Irte? ¿Irte a donde?.— Mis manos comenzaron a temblar y el dolor se combinó con el miedo, miedo a que el me dejara para siempre. — ¿Bill adonde vas?.
— La visita termino. — Anunció el guardia mientras se le iba acercando.
— Me voy a un lugar donde quizás pueda a volver a empezar. — Una Guardia mujer le dijo algo, entonces el asintió y volvió a mirarme.— Nunca voy a olvidarte, ni tampoco a nuestros bebés, Te amo con toda mi alma Tom creo que siempre lo aré.
El descolgó el teléfono y se alejó sin siquiera voltear a verme.
Grité de dolor y desesperación. Grité tan fuerte mientras golpeaba el vidrio hasta que mis nudillos sangraron manchando los vidrios.
Gritaba su nombre con agonía. Gritaba de dolor, dolor por mi, dolor por mis pequeñas bebes, dolor por el, por mi Bill. Llore la lágrima viva rompiendo todo a mi paso sin poder ser detenido. Grité su nombre una y otra vez sin embargo el jamás volteo a verme de nuevo.
Y cuando el desapareció de aquella habitación también desapareció mi vida. Y fue eso lo que me rompió por completo y entonces todo cambió, el odio, la furia y el resentimiento se apodero de mi.
Y ellos jamás volvieron a ser lo que una vez fueron. jamás. Bill Trumprer y Tom Kaulitz murieron en aquel accidente junto con sus hijas no nacidas.
Continúa…
Gracias por la visita, ¿te ha gustado?