
Fic Toll de Nathaly Kaulitz
Capítulo 10
Simone.
Esperaba a que sus padres volvieran a la casa, no estudiaba o trabaja porque desde muy pequeña estaba débil, tenía que venir un maestro particular para que le diera clases, sus clases habían finalizado.
Sus padres la sobreprotegían demasiado y no la dejaban salir, siempre encerrada en su casa además de ser hija única, estaba gordita y su piel era tan blanca que era pálida, su cabello negro oscuro y corto, le molestaba que estuviera largo así que siempre lo tenía corto, sus ojos avellana tan llamativos.
Los días pasaban y el único amigo que tenía era su maestro particular, cuando terminaban las clases la chica platicaba con su maestro, hablaban sobre el día que había tenido el mayor, la chica no hablaba mucho de su día porque siempre se la pasaba encerrada, sus padres tenían dinero y siempre estaba cuidada, cuando no la cuidaban era cuando llegaba el maestro a darle sus clases.
A la edad de dieciocho años, estaba enamorada de su maestro pero ella no le decía nada, ella pensaba que no era tan bonita como otras chicas que ella veía en televisión.
Sus ojos eran oscuros tan hermosos, era alto y su cuerpo se veía trabajado pero no para exagerar, solo para estar en forma, su cabello era oscuro y siempre lo tenía hacia atrás, cuando ella le pedía que le explicara algo, el maestro se acercaba y algunos mechones caían en su frente, cuando terminaba de explicarle, se volvía a acomodar su cabello en su lugar.
Para la chica, su maestro era muy atractivo, pero prefería guardarse esos sentimientos hacia el mayor, a veces se imaginaba cuando se le declararía o si estuvieran juntos, pero los separarían, debía regresar a la realidad y no pensar esas cosas.
Llego el día en que su maestro le daba clases de álgebra todo el día, era la materia que más le gustaba, su maestro le explicaba las formulas y sustituciones, pero el maestro estaba más cerca de la chica, se sentía más nerviosa, antes podía ocultar sus sentimientos y nerviosismo pero ahora tenerlo tan cerca, sus rodillas se tocaban, la chica estaba nerviosa y su rostro sonrojado.
Cuando menos se lo espero, el maestro lo tenía muy cerca, ella volteo y por error lo beso, ella se levantó de inmediato, estaba muy avergonzada
— L-l-lo si-s-sien-to.— Tartamudeaba con nerviosismo.
— Está bien.— Se levantó de su lugar acercándose a la chica, que lo veía, ella quería correr y desaparecer de ahí pero sus piernas no le respondías.
— N-no… Hmm… — El maestro la había besado.
— Me gustas… — Confeso después del beso, susurrandole en sus labios, él la sostenía de la cintura.
— N-no d-de-debemos — Decía con nerviosismo.
— He visto como me miras.— Ignoro lo que dijo, la sostuvo de la barbilla. — Yo también te veo igual.
— S-si… Mis padres nos ven…— Trataba de ser firme pero su cara estaba pálida, más de lo normal.
— No pasara nada. — Trataba de tranquilizarla.
Pasaron los días donde el maestro venía a la casa de la joven a darle sus clases y cuando terminaban antes, se daban su amor a escondidas, nadie sabía del romance entre el maestro y su estudiante.
Ella completamente enamorada de su maestro al igual que él, que daría todo por la chica, tenían su amor pero a escondidas hasta que una sirvienta los vio, iba a entregarle su merienda a la joven.
Encontrándolos en el mero acto del sexo, la mujer tiro las cosas y salió corriendo de ahí, los jóvenes se acomodaban sus ropas pero alguien más de los sirvientes estaban en la casa, su padre abrió la puerta que estaba entreabierta, viendo el desastre que había hecho la sirvienta.
Su padre pregunto qué había pasado, la sirvienta regreso, no debió haber tirado las cosas, su padre no estaba de humor así que le grito a la pobre chica que estaba en suelo.
— Papá ella no tuvo la culpa.— Trato la chica de defenderla.
— No te metas en esto Simone. — Le reprendió su padre. — Tu, toma tus cosas y vete de mi casa.— La despidió y la pobre sirvienta rompió en llanto.
— ¡No papá!.— Alzo la voz, nunca lo había hecho pero por su culpa estaba despidiendo a la chica, su padre abrió los ojos por que la chica le grito. — Yo tuve la culpa… M—me vio con el maestro. — Desvió la mirada.— Estábamos haciéndolo..— Susurró.
— ¿Pero qué estás diciendo Simone?.— Le pregunto sorprendido y tan furioso.
— Lo que escucho señor. — Intervino el maestro, sujeto a la chica de la cintura. — Tengo una relación con su hija.
— ¡Tu! ¡Maldito mal nacido! ¡Que le has hecho a mi única hija!. — Grito molesto y estaba rojo de la rabia. — ¡Violaste a mi hija!
— Claro que no, nos amamos.— contestó pero ese hombre no razonaba.
— ¡Hare que te encierres, para que nunca salgas!
— ¡No papá!. — Grito su hija desesperada. — ¡Tu no harás nada! ¡Si le haces algo escapare de casa!
— ¡Tu no iras a ninguna parte!.— Grito y tomo a la chica con brusquedad acercándola a él. — ¡Largo de mi casa! ¡Llamare a la policía para que los encierren! ¡Largo!.— El hombre iba a protestar, no dejaría a su amada pero la chica le hizo señas con la mirada que se fuera, el con desgano acepto.
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Los días pasaban y la chica tenía más seguridad que antes, era cuidaba y cuando iba a dormir tenia guardias en la puerta, la chica llevaba una semana sin ver a su maestro, Jörg.
No tenían contacto con él y para asegurarse que ella no tuviera algún romance, le pusieron una maestra casada de edad avanzada, la mujer era estricta y si se equivocaba la ponía a hacer planas por haberse equivocado. A la chica no le agradaba pero tenía que hacerle caso, le dejaba mucha tarea y se quedaba en las noches despierta hasta acabarla, desde su ventana se veía la luna, la noche estaba despejada y se preguntaba que estará haciendo su amado.
Los días pasaban y ella estaba desesperada, la única salida que tenía era en el patio que era muy grande, cuando la chica iba a dar su paseo de las mañanas, sus guardaespaldas la dejaban sola, había cámaras de seguridad pero había puntos ciegos. La chica se acercó lo suficiente a la pared donde la separaban de la sociedad, suspiro y dijo el nombre de su amado pero escucho que también decían su nombre.
— ¿Jörg?. — Pregunto la chica.
— Si amor… — Respondió, la chica estaba muy feliz que quería gritar de alegría pero se contuvo. — No hables podrían verte, has como si hicieras otra cosas — Dijo, la chica se puso en los arbustos, viendo la flores y tocándolas. — Te sacare de aquí, a la una de la madrugada debes salir por la ventana, te esperare en este mismo lugar.
— Está bien.— Susurró.
— Te amo — Dijo el mayor.
— Yo también te amo.
Esa noche la chica, se fue a su habitación, le traían su comida y ahí ella comía, la noche llego, había estado sola todo el día, la puerta era vigilada por los de seguridad, busco ropa para escapar, era toda completamente oscura, ella siempre usaba vestidos desde muy pequeña.
Abrió la ventana y sintió lo helado que era la noche, un árbol estaba cerca de su ventana, ella trataba de estirarse para agarrar la rama pero no alcanzaba, hizo lo que ha visto en televisión, tomo sabanas, atándolas y la lanzo hacia el árbol pensó que podría resistir su peso, cuando se dio ánimos para aventarse, lo hizo pero cayo.
‘Cuidado»
Escucho una voz, volteo a todas partes pensando que la habían visto, pero no vio a nadie, había caído en los arbustos pero el dolor nunca llego, solo estaba llena de hojas de los arbustos y ramas.
La chica como pudo salió de esos arbustos y se sacudió un poco, camino a oscuras pero ella sabía de memoria ese lugar, camino hasta llegar al lugar de encuentro. Hizo sonidos para que supieran que ella estaba ahí, su novio se dio cuenta y le arrojo una soga pero ella era débil y no podría.
El maestro tuvo que brincarse el mural y cuando la vio, la abrazo y le ayudó a brincarse la barda, la chica hacia lo posible, cuando estuvo arriba, veía la ciudad, se veía tan hermosa con todas las luces de los edificios encendidas, tan llamativas pero regreso a la realidad cuando las alarmas de la casa empezaron a sonar. Un tipo que no conocía la apuraba y que él la ayudaría, la chica asintió y cerró los ojos, se aventó y el tipo la atrapo.
Después vio cómo su novio también la brincaba, tomaron sus manos y corrieron.
&
El tiempo pasó y en los noticieros preguntaban por el paradero de la hija del empresario, pero los meses pasaron y sin una respuesta, pero ellos no se daban por vencido.
Tuvieron que esconderse por un tiempo, no les importaba estar ocultos, mientras estuvieran juntos nada importaba.
El hombre iba a su trabajo y ella se quedaba en su hogar, el mayor tuvo que actuar cuando fueron a buscarlo, le preguntaron si la había visto y Jörg se alteró, diciéndole a su padre que como había perdido a su hija.
Con la actitud que había tenido, los oficiales le creyeron pensando que él no sabía dónde estaba la chica. La chica empezaba a tener antojos pero cuando los comía, se levantaba de su lugar y corría al baño a regresar la comida, no le decía a Jörg que había pasado, cuando comían juntos le daban ganas de vomitar pero se contenía y trataba de relajar su cuerpo.
Pensaba que tal vez era normal, cuando se subió a la máquina para pesarse, vio que había subido de peso pero pensó que era por comer mucho.
Su pancita crecía, con el paso del tiempo se sentía más débil, ya no podía caminar sin tambalearse, siempre supo que estaba enferma, no podía hacer las mismas cosas que los demás pero ella lo intentaba y más que nada, quería amar.
«Tienes que ir al médico»
— Ya te dije que no… Quien quiera que seas… — Dijo viendo por todas partes, siempre escuchaba esa voz, a veces veía sombras pero no se asustaba.
«Por tu bien, debes ir»
Insistió pero la chica decía que estaba bien, hasta que un día sí que se sintió mal, a escondidas de su novio se fue al hospital, tomo un taxi y llego, le hicieron pruebas y le dijeron que tendría que venir en unos días para que le dieran sus análisis, los días pasaron y ella fue de nuevo pero cuando su novio se dio cuenta que ella no estaba en casa, se puso como loco a buscarla, la chica contesto su celular y le dijo dónde estaba, el mayor llego y tenían que esperar unas horas para los análisis.
El doctor les hablo y ambos se levantaron para ver qué pasaba, el medico los felicito porque serian padre, el bebé tenía dos meses y el doctor le dijo que debía tomar las vitaminas, Simone estaba feliz pero Jörg no.
Él sabía que su novia no estaba bien de su cuerpo, cuando llegaron a casa, él le dijo que tenía que abortar a ese bebé, ella se sorprendió cuando escucho eso pero negó.
— Sabes que no estás bien de salud, puedes perder al bebé o morir — Dijo molesto tratando de convencerla.
— No, no abortare al bebé — Le reprendió. — No puedo creer que pienses así, no importa que me pase, debes cuidar de nuestro bebé — Lo miro a los ojos. — Si yo muero, debes cuidarlo como nuestro bebé, promételo por favor Jörg… Por favor.
El hombre no quería, habían pasado por mucho para llegar a donde estaba pero ahora venía ese bebé en camino y el no quería tenerlo, la chica le rogaba, asintió de mala gana.
— Gracias — Se acercó y lo abrazo.
Llego el día, donde ella tendría que dar a luz, estaba débil y más pálida de lo normal pero pudo traer con vida a su hijo, después de ver sus ojos avellanas, ella cerró sus ojos feliz, de poder al menos haberlo conocido.
Continúa…
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