Ojos oscuros 11

Ojos oscuros 11

Fic Toll de Nathaly Kaulitz

Capítulo 11

Bill ya tenía la edad de diecisiete años, el mayor siempre estaba al pendiente de sus dos amores, dándoles la protección que ellos necesitaba, el menor ya no estaba tan débil pero debía comer más que antes para no debilitarse por su bebé.

El mayor salía todas las noches, no quería que ellos corrieran peligro así que iba a consumir almas para después traérselas.

Además de que en los noticieros pasaban más muertes de presos, todas las almas que recolectaba se las daba a Bill y a su pequeño, él no estaba comiendo del todo bien, tenía que irse más lejos para poder traer más almas para ellos.

Estaban acostados en la cama, abrazándose y entrelazando sus piernas, ambos solo estaba en bóxers, ambos tenían sus cuerpos caliente, el mayor por ser un demonio y Bill por tener uno adentro de él, ambos veían la tele y el mayor debía irse para alimentar a sus amados.

— Tom.— lo llamo, escucho un «Mmm» de parte del mayor. — ¿Tienes padres?.— el mayor rio de la pregunta de su novio.

— Mi madre era un hermoso Aágel que fue enviada a la tierra para ayudar a quienes la necesitaran, que por una mala broma del destino conoció a mi padre, un Demonio que corrompía las almas de los humanos y robaba la partuza de las vírgenes.— Confeso, se acomodó mejor en la cama y el menor escuchaba sus palabras sorprendiéndose por su confesión. — Tuvieron demasiadas dificultades pero al final ignoraron sus orígenes y lo que eran, viviendo su amor sin límites. Pasando los meses ella se fue debilitando de tal grado que fue perdiendo la fuerza divida que le fue concebida quedando irreconocible. — Dijo . — Después de un lugar tiempo sin entender lo que pasaba descubrieron que el motivo de su perdida era por qué llevaba en el vientre un demonio que iba encontrar con lo que era. Ellos fueron felices pero en el parto, ella estaba muy débil, no sabían con que debían alimentarme pero antes de morir, me vio, mi padre me dijo que no llore, nuestros ojos se conectaron, solo susurro con el último suspiro que le quedaba » Thomas».

— Por tu madre tienes ese hermoso nombre… — Susurró, el mayor acomodo su cabello.

— Mi madre lo dijo y mi padre me lo puso por ella, no he visto al viejo en cincuenta años.

— No lo sabía, lo siento.— Se disculpó bajando la mirada. — ¿Qué edad tienes?

— No te preocupes mi niño, tengo 215 años… ¿Te molesta esa edad?.— Pregunto y se levantó de la cama, se colocó los sus jeans oscuros, Bill se sorprendió pero negó.

— No… ¿A dónde vas?.— Pregunto el menor levantándose también.

— Por tu comida, no tardare. — Le aviso. — Solo serán unas horas. — Se colocó su chaqueta.

— Está bien. — Respondió colocado sus manos en su pancita, ya estaba grande pero no sabían cuando saldría su bebé, tampoco sabían lo que era.

— Come un poco, la comida está en la barra.

El menor al ver que su novio se iba se entristecía, el mayor se dio cuenta, se acercó a él tomándolo de la barbilla para ver esos ojos oscuros como los suyos, su piel se veía igual a la del mayor, un color lila de tan pálida que estaba.

— Tom… — Susurró, lo tenía tan cerca, respirando el mismo aire, no sabiendo que ver el uno del otro de su rostro, el menor coloco sus manos en sus mejillas y el mayor lo beso. Sus labios se unieron encajando a la perfección, siguiendo los movimientos, solo amor había en ese beso.

— No tardare — Dijo en sus labios.

— Come un poco también… Sé que solo nos estas alimentando. — Le dijo el menor, Tom solo asintió, salió por el ascensor no estaba tan fuerte como antes, así que debía cuidarse.

Bill se quedó en el departamento, se fue a la cocina y se calentó la comida, afuera estaba frio con la temperatura de — 5 °C pero aunque el departamento tuviera calefacción, el menor no sentía frio por su cuerpo que estaba caliente, su piel quemaba si era tocada.

Cuando calentó las rebanas de pizza en el microondas, las coloco en un plato y saco una lata de refresco del refrigerador, cuando ya tuvo todo listo, se iba a ir a la habitación, iba a comer mientras veía la televisión pero cuando el timbre sonó se detuvo.

El interruptor sonaba, el chico dejo las cosas en la cama y fue a ver quién era, presiono el botón para escuchar.

— Señor Thomas, un señor llamado Jorg Trumprer lo busca. — Le informo la recepcionista.

El menor se sorprendió, su padre lo buscaba pero ¿Por qué hasta ahora? Tal vez viene por él y se lo llevara de regresos a casa, por ser menor debía regresar o tal vez quería una explicación del por qué se había ido, muchas dudas venían a su mente pero no sabía cuál de todas era.

— D-dígale… Que ahora bajo. — Le dijo y soltó el botón, se fue a la habitación y se puso su ropa, vio su comida y le dio unas cuantas mordidas a la pizza, se llevó consigo la lata de refresco, se puso unos lentes de sol para tapar sus ojos oscuros y fue al ascensor.

El menor bajo en el ascensor mientras le daba unos sorbos a su bebida, cuando llego al primer piso, respiro varias veces dándose ánimos para poder enfrentar a su padre, las puertas del ascensor se abrieron y dio unos pasos, busco a su padre pero no lo vio, una mujer con falda negra hasta los tobillos se le acercó al menor.

— Tu eres Bill ¿verdad?.— Le pregunto la mujer con una sonrisa viendo las ropas de Bill, tenía un suéter muy grande que no le cubría del todo su pancita, el chico se asustó pero se relajó.

— Si… — Contesto.

— Es el señores. — Dijo la mujer, dos hombres muy grandes sostuvieron de los brazos al menor, Bill se asustó.

— ¿Que está pasando?.— Pregunto alarmado y asustado, los hombres cuando lo tocaron sintieron como la piel del menor estaba muy caliente.

— Mierda, este chico quema.— Se quejó uno de ellos, uno le tapa la boca para que no gritara.

— ¡No digas esa palabra!. — Lo regaño la mujer.

Lo metieron a un auto, el chico trataba de zafarse y como vieron que no se quedaba quieto, le pusieron un paño mojado de cloroformo en la boca y nariz, el chico se quedaba cada vez dormido, su respiración estaba acelerada y respiraba el paño quedándose dormido más rápido.

— Tenemos que irnos, la ceremonia es hoy. — Dijo la mujer avisándole al conductor que encendiera el auto.

&

Habían pasado unas horas, el mayor tuvo que ir a otras partes a conseguir alimentos, cuando regreso vio que estaba limpiando el piso de la recepción, había una lata de refresco pero no una muy común, era la que siempre consumía su niño.

Hizo lo que le había dicho su Billy, de que comiera, la mitad de las almas que había consumido le habían regresado sus fuerzas, las sombras ya podía controlarlas pero estaban dispersadas por la ciudad, cuando llego a su departamento, busco al menor, pensó que estaría en el baño así que lo dejo, salió a tomar un poco de aire y chasqueo sus dedos para llamar a las sombras, se adentro de nuevo al departamento, se acerco a la puerta del baño.

— Bill, ¿Estas bien?. — Pregunto tocando la puerta, pero no contestaron, la abrió y no vio a nadie, esta vez sí se alarmo. — ¿Dónde está?. — vio como las sombras empezaba a llegar. — ¡Búsquenlo!.— Grito tan fuerte, con una voz espeluznante.

Las sombras empezaron a moverse y sus ojos se volvieron oscuros, sentía que la rabia lo consumía pero debía controlarse o perdería la cordura por buscarlo, una vez la había perdido y fue cuando el padre del menor se fue de esa ciudad con su hijo, él lo busco por años y cuando lo encontró, el pequeño Bill tenía cuatro años.

Las sombras se dispersaron por toda la ciudad, hasta que dieran con él, buscando por edificios, colonias, parques, lugares donde no diera luz, cuando lo encontraron, regresaron con su amo para decirle de su paradero.

Bill estaba vendado de sus ojos y boca, su paño estaba mojado de las lágrimas que salían, en su mente gritaba el nombre de su amado para que viniera por su ayuda, escucho como una puerta se abría y el miedo invadió su cuerpo.

— Ya es hora. — Escucho una voz femenina. — Tráiganlo.

Sintió como le desamarraban los vendajes que lo ataban a esa silla, lo pusieron de pie e hicieron que caminara, el chico se cubría su pancita, protegería a su pequeño aunque le costara su vida, no dejaría que le pasara nada

Solo sentía como lo empujaba para que apresurara el paso, el trataba de caminar y sin poder ver a donde iba, solo escuchaba que abrían puerta tras puerta, lo detuvieron y lo alzaron, lo estaban cargando, lo pusieron en algo que era molesto para el menor, le quitaron la venda y tratado de abrir sus ojos, una luz cegadora le daba, cuando ya se estaba acostumbrando, la única luz que había era esa que le daba directo a él, las demás eran velas.

— ¡Queridos hermanos!.— Hablo la mujer, vestía de una túnica roja y alrededor las personas sostenían velas y vestían de la misma forma que esa mujer. — Les doy la bienvenida… Estamos aquí por nuestro señor. — Elevo sus manos en señal de su dios.

— ¡Nuestro señor! — Dijeron todos, el veía con temor a los demás, quería gritar, le empezaron quitar la ropa y ataron en cada esquina sus manos y pies en la mesa de piedra en la que estaba.

— ¡Vean eso hermanos!. — Grito apuntando al menor. — Ese monstro quiere traer a la vida a un demonio, el maligno quiere estar entre nosotros.— Dijo la mujer, Bill gritaba con la mordaza en la boca. — ¡Yo soy la bocera de dios, me ha pedido que mate a ambos!

— ¡Sacrifícalo!. — Gritaron todos.

— ¡Mataremos al hijo de ese demonios!. — Tenía un cuchillo en sus manos, estaba muy cerca de Bill y apuntaba a su estómago. — ¡Yo matare al maligno!

Bill había cerrado sus ojos pensando que era el fin para él y su bebé, las luces se apagaron y se escuchó un grito, las luces empezaron a parpadear y el viento apago las velas de las personas.

— ¡Muéstrate!. — Grito la mujer en la oscuridad.

— Quieres matarlos. — Esa voz, esa voz la conocía el menor pero era diferente, se escuchaba el eco y los susurros de las sombras, el clima de ese lugar se volvía cada vez más helado, las velas se encendieron pero nadie las sostenía, la flama era azul.

— ¡Tú eres el maligno, debes morir!. — Grito la mujer, trato de ver mejor cuando se acercó a una de las velas, vio un cuerpo tirado, uno de sus compañeros estaba muertos, cada vez se escuchaba un grito de la muerte de cada uno.

— ¿Cómo piensas matar a alguien que no tiene alma?. — La mujer vio unos ojos oscuros ojos, ella no temería hacia ese demonio, se acercó con el cuchillo en manos y lo apuñalo pensando que lo había hecho, una sonrisa victoriosa estaba en su rostro pero el demonio se desvaneció en el aire.

— ¿Cómo…? — Se preguntaba la mujer, empezó a temer.

— Morirás por querer matarlos.— Susurró detrás de ella, las sombras salieron agarrándola de sus extremidades. — Te dejare vivir solo para que así sufras más. — Esa voz era siniestra, esa voz la escuchaba ella.— Tu eres la única pecadora en este lugar, no te iras al cielo o al infierno. — Sentía como tocaban todo su cuerpo. — Yo seré tu infierno.

Chasqueo sus dedos e hizo que ella estuviera rodeada de esas flamas azules que no quemaban, ella se asustó pensando que se quemaría viva y con la luz veía los rostros de las sombras, la mujer gritaba histérica para que parara pero el enojo consumía al demonio.

— Tom… — Susurró esa voz angelical, parpadeo un par de veces y se desvaneció en el aire, regresaría por esa mujer pero primero tenía que ir por su pequeño, el chico estaba atado y gritaba por el dolor que tenía en su vientre.

— ¿Estas bien?. — De la nada apareció su novio, quitándole las cadenas que lo amarraban en esa mesa.

— Me duele… — Susurró el chico con dolor. — Ya viene…

Continúa…

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por Nathaly Kaulitz

Escritora del Fandom

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