
Fic Toll de Nathaly Kaulitz
Capítulo 3
«Debes levantarte mi niño»
Esa voz lo hizo despertarse, la alarma empezó a sonar y se sintió feliz de haberle ganado, la apago y se fue a dar un baño.
Cuando salió, se puso sus bóxers y después su uniforme, se puso enfrente del espejo viéndose para poder ponerse la corbata, cuando por fin se la ato, busco sus zapatos y se los coloco, no recordaba como había llegado ayer.
Fue extraño pero solo recordaba que había despertado en su cama, guardo sus cosas en su mochila, tomo su celular guardandola en ella, se la coloco en su hombro y salió de su cuarto, bajo las escalera, fue hacia la cocina, tomo sus barritas de fresa y un bote de leche con chocolate, salió de casa con las barras en la boca.
Llego a su salón, fue bueno haberse levantado tan temprano, estaba orgullos de no haber tenido el sueño tan pesado, empezaron a llegar los alumnos y en eso las pláticas.
— Encontraron su cuerpo.— Dijo una chica a su amiga.
— ¿Cómo sabes eso?.
— No lo viste, lo pasaron en las noticias.
— No, estaba en casa de mi novio.
— Lo encontraron en el pantano, estaba muerto dentro de una caja, estaba todo mal, me dio asco.
— Pobre.
Bill solo escuchaba las pláticas de que habían encontrado a Aaron en el pantano dentro de una caja donde había insectos dentro de su cuerpo, diciendo que cuando lo encontraron, le avisaron a sus padres, cuando la madre lo vio, no es fácil de decir, hecho el grito desgarrador al ver a su hijo en ese estado.
En todo el día, fue la plática de la muerte del chico, los maestros cuando entraban al salón, pedían un minuto de silencio para el pobre chico, otros maestros decían que no debían hablar de él y seguían con sus clases.
Cuando Bill salió del salón, ya era hora de receso, vio un altar donde estaba la foto del chico y muchas velas alrededor, se sentía triste por Aaron que aunque siempre lo molesto, no le odiaba.
Mientras caminaba por los pasillos, oía las conversaciones de chismes inventados sobre la muerte de este, otros lloraban en brazos de sus amigos, el trataba de no prestarle atención, no era tan apegado al chico, solo que él lo molestaba.
Con su comida ya comprada, fue a sentarse a la banca a comer, se preguntaba si escucharía de nuevo esa voz, recordaba fragmentos de la noche anterior, pero no sabía si tal vez se había quedado dormido y fue solo un sueño, o paso en verdad.
La más lógica era que fue un sueño, porque ¿Cómo amaneció en su cama? Eso pensó, siguió comiendo su almuerzo, el timbre sonó y se levantó de su lugar dispuesto a ir a sus siguientes clases.
&
Las clases concluyeron, espero a que todos salieran y después se fue el, pero cuando piso el pasillo vio que no había nadie, se le hizo extraño, siguió caminando y vio que la escuela estaba sola, se sorprendido pensando que algunos chicos estuvieran ahí o alguna clase de actividad.
Se fue a la entrada y vio a alguien recargado en el muro de la entrada, su cabello escuro en una forma trenzada muy poco vista, traía una chaqueta de cuero, una camisa gris y jeans oscuros, traia unos anteojos oscuros.
Estaba fumando fuera de la escuela, pero se le hacía reconocido ese rostro, pero tal vez lo había visto en la televisión, era muy apuesto a los ojos de Bill.
Cuando el hombre sintió que lo observaban, volteo y vio a Bill viéndolo con aquellos ojos Almendra, bajos sus lentes para verlo mejor, por primera vez Bill se sonrojaba, esa mirada era tan penetrante que hizo latir su corazón cuando vio esos ojos marrones viéndolo.
—Hola — Saludo, esa voz se le hacía reconocida.
— Ho-hola — Regreso el saludo Bill
sin verlo.
— Te tardaste mucho.— Comento, he hizo verlo otra vez ¿Lo estaba esperando?
— Lo siento, pero no sé quién eres — Dijo Bill avergonzado, pero él no lo recordaba.
Vio como esos labios rosados se ensanchaban haciendo una sonrisa, podía ver esos blancos dientes y esos ojos brillar, ¿Cómo podía ser alguien tan guapo? Ademas se le hacía extraño que nadie se le acercara, miro a todas partes pero no encontró a nadie.
— ¿A quién buscas Bill?.— Pregunto aquel hombre sacándolo de sus pensamiento.
— A-a nadie. — Respondio.
— Entonces, que esperas, vamos. — Dijo y tomo la pequeña y delgada mano de Bill.
Cuando esté sintió el tacto, piel con piel, sentía muchas cosas en ese preciso momento pero lo que más le hacía sentía era: Nostalgia.
— ¿A d-donde vamos señor?.— Pregunto, se le olvidaba que no debía estar con extraños, en la televisión pasaba mucho eso.
— No soy un extraño. — Hablo de repente aquel hombre, dejando extrañado a Bill ¿Lo abra dicho en voz alta? Escucho una risa del oji-marron, fue tan masculina y música para los oídos de Bill. — Tienes hambre ¿No?. — Preguntó y el estómago del menor gruño ¿Cómo lo sabia?.
— Si, si tengo. — Contesto avergonzado pensando que tal vez lo había escuchado.
— Te llevare a comer.
El hombre miro y le sonrió, la cara de Bill estaba roja, no sabía que era ese sentimientos cuando estaba cerca del mayor que sostenía su mano, ahora se avergonzaba más porque iban tomados de la mano, había visto que en la sociedad no eran muy bien vistos que las personas del mismo sexo fueran vistas como ellos estaban ahora, pero nadie los miraba.
¿Acaso nadie miraban la belleza de ese hombre? Era muy llamativo y muy guapo, pero estaba feliz, ese sentimiento de felicidad y nostalgia eran los que más dominaba, también esta otro sentimiento pero él no sabía que era.
Llegaron al restaurante, cuando el mesero los vio, lo dirigió a una mesa y se sentaron cerca de la ventana, Bill veía a todas partes, el nunca había pisado un restaurante, su padre nunca lo llevaba a alguno y menos él iba solo, se vería raro que el fuera a comer solo.
— Pide lo que quieras. — Dijo el mayor que tenía frente a él, ni se había dado cuenta que ya les habían traído la carta, pero cuando vio los precios de toda esa comida, sí que se sorprendió. — No te preocupes, pide lo que quieras. — Volvió a decir.
— E-está bien. — Respondió Bill empezando a ver la comida, lo que más le llamaba la atención era las fotos de los postres.
— ¿Que ordenaran caballeros?.— Pregunto el mesero.
— Y-yo…
— Tráiganos todos los postres del menú.— Ordeno el mayor al mesero y este asintió y se fue.
— P-pero todo son tan costoso.— Reprochó Bill observando el conto de cada uno, pero el mayor solo negó con una sonrisa.
— No te preocupes Bill, esta noche es especial.
Bill no sabía porque este día era especial, tal vez lo era porque él se la estaba pasando muy bien con ese hombre frente a él.
Pero ¿Cómo sabía que estaba mirando los postres? Tal vez lo vio en el reflejo del espejo, si debe ser eso, se convencía, el hombre frente a él solo pidió vino tinto, Bill se preguntaba como sabría el vino, solo veía en las series que lo tomaban por traguitos y decían que era una delicia.
— Algunos vinos son fuertes y otros no, pero no creas todo lo que veas en televisión.— Comento una vez más el mayor.
— Oh… gracias. — Le gustaba las atenciones que recibía, cuando se perdió en verlo, viendo como tomaba de su copa tan sofisticado, le gustaba verlo.
Varios meseros trajeron bandejas muy grandes, ahí estaban los postres que eran pequeños pero se veían deliciosos, los pusieron en la mesa y Bill no espero, cuando le pusieron el primero empezó a comerlo, tomo su cuchara y agarraba una porción, saboreando ese dulce manjar que disfrutaba.
Eso antes no lo conocía, solo comía comidas que estaban envuelta o era de fábrica, pero esta era hecha en ese restaurante, saboreaba lo dulce y esa sensación en su quijada un escalofrío, dándole una pequeña sensación por lo dulce que era.
— ¿Te gusto?.— Pregunto el hombre, Bill se había perdido en esos sabores que hacían sonrojarlo pero cuando vio la sonrisa que le daba el mayor, su cara se coloreo en un rojo más intenso.
— S-si… Gracias. — Agradeció con una tímida sonrisa, tomo otro trozo de ese dulce postre, y la dirigió al mayor, el no había pedido nada más que vino, pero se preguntaba si le gustaría probarlo. — ¿P-podrías abrir la boca, por favor?. — Pidio con voz tímida, el mayor se sorprendió pero lo hizo, se le hizo tan tierno que Bill hiciera eso.
— Mmm… Delicioso.— Trato de mostrar agrado por aquella comida, sin que Bill se diera cuenta de lo contrario, pero eso no era necesario ya que el menor se encontraba perdido en ver su lengua limpiaba la crema que tenía sobre sus labios, cuando regreso a la realidad, se avergonzó.
El mayor espero a que el chico terminara de comer todos sus postres y cuando cambiaba de postre, el chico le decía que lo probara y el mayor no negaba lo que el chico le pedía.
Cuando termino de comer todos sus postres, Bill se sentía tan empalagado de tanto dulce, el mayor pago y se fueron de ese lugar, el hombre volvió a tomar la mano del chico, la noche estaba presente y las luces de la calle, las estrellas y la luna los iluminaba.
Bill se detuvo, pensando en quien era ese hombre que lo trataba tan bien ¿Algún amigo de su padre? Cuando el mayor sintió que el chico se detenía, no volteo, sabía que si lo veía se podría asustar.
La noche traía cambios que el trenzado aún no quería mostrarle a su pequeño.
— ¿Que pasa Bill?.— Le pregunto sin mirarlo.
— ¿Esto es un sueño?.— Preguntó Bill en voz baja, el mayor negó.
— No, no lo es — Contesto e hizo que el menor siguiera caminando.
Llegaron a su casa, Bill abrió la puerta, y entrando en esta con los pasos del más grande tras del el, subieron las escaleras, entraron a la habitación del menor, que no decía nada, no le molestaba estar con ese hombre que apenas conocía, parecía que lo conocía desde que tiene memoria, era tan extraño ese día.
Bill se acostó en su cama, y el mayor se acostó junto a él, abrazándolo por detrás, al menor le gustaba ese calor que le daba, esas sensaciones que sentía con estar con él, se sentía sumamente feliz, cerró sus ojos y se dejó llevar por sus pesados parpados que querían cerrarse, lo último que escucho fue:
«Feliz cumpleaños mi niño…»
Continúa…
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