
Fic Toll de Nathaly Kaulitz
Capítulo 6
— Y-ya… Ya no p-puedo… — Gemía, ya no podía más, se había venido cinco veces, ambos estaban desnudos en la cama de Bill, sus piernas abiertas, una la sostenía el mayor para poder penetrarlo y la otra estaba en el hombro de este.
— ¿Ya no?. — Pregunto, seguía embistiéndolo y el chico negaba con lagrimas en los ojos, él no estaba cansado, quería seguir pero podría herirlo. — Esta bien… Una última vez.
— ¡Ahh…! — Bill grito cuando sintió que tocaban su pene para masturbarlo y venirse en la manos del mayor.
— Ahh… Que delicia — Jadeo con esa voz ronca viniendo se por tercera vez dentro de él.
Tom salió de su cuerpo, viendo cómo su semen salía de la entrada de su pequeño, el chico se acomodó de lado totalmente cansado, Tom trajo una toalla para limpiarlo y Bill se dejaba consentir.
— ¿Tienes hambre?.— Pregunto, el chico asintió.
— Si…
— Pediré comida… Me meteré a bañar y después te bañare.
Bill estaba muy cansado, solo cerro sus ojos, Tom fue a la planta baja de la casa y ordeno mucha comida, veía que su pequeño estaba adelgazando, así que lo consentiría.
En una semana no habían salido de la habitación de Bill, le hacia todos los días el amor, Tom le había pedido que se quedara con él, y el chico aceptó sin ningun problema no había asistido ir a la escuela, encerrados en la habitación y el que más salía era Tom, solo para pedir comida y bañarse.
Bill solo salía cuando lo bañaban, si, Tom no lo dejaba solo, lo cuidaba demasiado y ya no escondía sus ojos, ahora los mostraba porque su niño se lo había pedido.
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Cuando Bill le preguntó que era, el mayor se asustó pensando en que le temería y ya no estaría en su vida, le respondió con temor y el chico solo dijo:
— Enséñame — Se sentó en la cama viendo al mayor.
Este se dejo salir como era, su piel era tan blanca que parecía dar un poco color lila, sus ojos completamente negros, su cabello trenzado ahora parecían rastas tan largas que le llegaban a la cintura y de su frente salieron unos cuernos de color negro, sus orejas eran puntiagudas, para los ojos de otras personas podría dar miedo pero para los de Bill simplemente era.
—… Hermoso… — Susurro, se puso de pie y lo abrazo, su piel ardía más de lo normal que quemaba pero Bill no sentía nada, no le haría daño porque ya le pertenecía.
— ¿No te doy miedo? — Preguntó Tom un poco sorprendido.
— No… ¿Qué más puedes hacer? — Pregunto.
— No temas ¿Esta bien?.— Bill solo asintió.
El cuarto se volvió completamente en blanco, Bill sostenía la mano de Tom con fuerza entrelazado sus dedos, vio como muchas sombras pasaban tan rápido por todas partes, pasando de un lado a otro, escuchando susurros que decía pero no entendía porque todos hablaban a la vez y con el eco de sus voces no se entendía, se asustó pero el mayor lo tomo de la cintura para que no temiera.
Solo trono sus dedos y las sombras se acomodaron, él podía controlarlas y era muy bueno, las sombras solo tenía una boca y si te fijabas bien, tenían colmillos por todas partes.
— Ellas me pertenecen. — Dijo y el menor asintió.
— Es… Impresionante.— Susurró. —… ¿Que más sabes hacer?. — Volvió a preguntar Bill cirio y Tom trono sus dedos salió una flama azul de la punta de estos, era tan hermoso para los ojos de Bill, se acercó para tocarla pero en vez de quemarse solo sentía frío, pudo tenerla en sus manos y cuando las cerro, desapareció.
Regresaron al cuarto, con un Bill sorprendido.
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Fue al baño e hizo que el agua cayera en su cuerpo, pensando en que tal vez había lastimado a su niño, él quería esperar unos años más para hacerlo suyo pero tuvo que intervenir ese imbécil que pago muy caro, los celos invadieron su cuerpo y mente, no lo dejaría pasar.
Salió del baño y solo se puso unos bóxers y un pans, dejando ver su torso trabajado, iba a ir por Bill para bañarlo pero el timbre sonó, bajo las escaleras y ahí estaban los tres pedidos de diferentes restaurantes, agarro los pedidos y les pago.
Fue a la habitación, cuando abrió la puerta vio que no estaba y se asustó, casi manda a sus sombras a buscarlo pero el sonido de la llave del agua lo hizo detenerse, se relajó y saco la comida de las bolsas poniéndolas en la mesa.
Se sentó en la cama, recargándose en las almohadas, viendo la televisión y esperando a que Bill saliera del baño, pensaba que lo esperaría para bañarlo o bañarse juntos, pero Tom le haría el amor y no lo dejaría ir.
Cuando escucho que el agua de la regadera dejaba de oírse, sabía que Bill había terminado, se acomodó mejor en la cama y cinco minutos después entro su niño secándose el cabello con la toalla, solo tenía puesto unos bóxers.
— ¿Cómo te sientes?. — Se hizo a un lado y el joven se sentó a su lado.
— Adolorido. — Contesto Bill viéndolo y haciendo un puchero que era muy lindo.
— Come, pedí mucha comida para ti. — Dijo acercando la mesa.
— No tengo hambre — Respondió Bill acostándose en las piernas del mayor, tomándolas como almohadas, Tom frunció el ceño.
— Pero haz adelgazado, come.— Le ordeno, se levantó de la cama y trajo la bandeja de comida, cuando la abrió salió el aroma de la comida recién calientita.
— Ya me dio hambre. — Dijo sentándose viendo la comida que se veía deliciosa.
Mientras el pequeño comía, el mayor veía como devoraba la comida, se estaba preocupando viendo como su pequeño había adelgazado pero siempre estaba al pendiente de él, toda las comidas del día se las daba, no se saltaba ninguna pero se veía mas pálido y la marca de propiedad se veía mas roja.
— ¿No vas a comer?.— Pregunto de repente Bill sacándolo de sus pensamientos.
— Sabes que es agua para mi. — Respondió Tom sonriéndole.
— ¿Entonces…no comerás?.— Volvió a preguntar.
— En la noche iré a comer.
— Mataras personas… — Susurró Bill, no le gustaba pero sino comía se debilitaría.
— Sabes que no mato personas que sean «buenas» solo mato criminales. — Comento. — Iré a la cárcel, me han informado que liberaran a una persona sucia, no encontraron evidencia en su contra pero él lo hizo.
— ¿Cómo lo sabes?.
— Porque vi su sombra, está muy sucia, hay sangre en sus manos que no es de él, mato a cinco niñas.
— Por dios…
— No me hagas caso, come.— Acaricio su cabello, hizo que su niño se sentara entre sus piernas.
Acariciaba su cuerpo que estaba más suave, ese niño lo volvía loco hasta tal punto que mataría a todos si él se lo pidiera, pero sabía que Bill no era así, él era un niño de buen corazón, le amaba demasiado y no volvería a estar separado de él.
Cuando Bill se comió toda la comida que había pedido se sintió mejor, al menos su niño había comido, había días en los que él no quería comer y tenía que pedirle que comiera, el chico lo hacía pero sin entusiasmo.
Se acostó con él, mientras su niño veía la televisión y poco a poco se quedaba dormido, ya quería llevárselo de ahí, no le gustaba esa casa y quería solo preguntarle que vivieran juntos para poder irse de ese lugar pero esperaría el momento indicado.
Ya habían pasado un mes desde que se conocían, mejor dicho desde que Bill lo conocía, cuando Tom no veía a su pequeño era porque estaba en la escuela, él lo iba a dejar y regresaban juntos a casa, pero antes de llegar, lo llevaba a comer o a pasear, le gustaba estar con él y que el sintiera todas esas atenciones que el chico merecía.
Reviso si Bill estaba dormido, cuando lo vi que tenía su boca entreabierta, se le hizo muy lindo, se levantó de la cama y lo acostó bien en ella, lo tapo y lo puso boca abajo, el chico empezó a balbucear cosas y le sonreía, Tom beso se frente y vio como esa marca en su costado cambiaba a azul, se puso la chaqueta de cuero y salió de casa.
Antes de irse, trono sus dedos, no dejaría solo a su pequeño Bill, las sombras empezaron a salir de los rincones de la casa, dónde la luz apenas llegaba.
— Cuídenlo. — Ordeno y su voz se oía el eco, las sombras se escondieron en la casa.
Mientras caminaba por las calles, el viento soplo y se desvaneció en el aire como arena.
Llego a la prisión, quedaba muy retirada de la ciudad, ahí estaba los malditos que hacían de las suyas, los encerraban, sus sombras olían demasiado, había muchas sombras y cosas sobrenaturales en esa prisión, como un demonio el podía verlas, sentirlas y oírlas.
Entro como si nada, traspasando las rejas y muros que había, llego hasta la entrada y las cámaras de seguridad revisaban pero cuando lo veían, solo notaban sombras moverse espantando a los alguaciles de turnos nocturnos, pasaba muy rápido por ellas.
Cuando llego a la celda del prisionero, veía que este estaba dormido, se metió a sus sueños y veía que el maldito seguiría con las suyas, en ese sueño el salía de prisión y su primera víctima, sería la hermanita de una de las niñas que había matado, la niña lo había visto todo, cuando mato a su hermana y ella hablo diciendo quien era el hombre.
El juez dijo que no había mucha evidencia y que no podrían seguir con el caso, diciendo que en menos de un año el saldría bajo fianza, ya había pasado ese año y en tres días sería liberado o eso creía, Tom entro a la celda atravesando los barrotes.
Lo levanto de su cama y trono sus dedos, lo aventó hacia la pared tan fuerte que el hombre se levantó todo espantado y adolorido, una sonrisa se dijo en el rostro de Tom cuando ese hombre lo veia con temor.
— Seré breve. — Se recargo en la pared y saco un cigarrillo de su chaqueta, lo encendió con su dedo, le dio una calada y dejo salir el humo de su nariz y boca. — Sé que mataste a esas niñas…
— ¡¿PERO QUIEN MIERDAS ERES?! — Grito aquel hombre alterado, levantándose dispuesto a golpear a Tom que cuando lo hizo, lo atravesó y esta vez sí que se asustó. — ¿Q-que eres?.— Pregunto con temor.
Tom volvió a sonreir y se burló de ese hombre que se orinaba en sus pantalones, sus ojos eran oscuros y su piel tornaba ese color lila, sus orejas puntiagudas y esos cuernos negros en su frente saliendo, camino a paso lento hacia el tipo que seguía temblando.
— Sere tu muerte. — Trono sus dedos y todo se torno oscuro.
Continúa…
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