
Fic Toll de Nathaly Kaulitz
Capítulo 7
Anoche había llegado tarde, exactamente a las tres de la madrugada fue cuando llego a casa, subió las escaleras y vio a su niño todavía dormido, no solo había matado al prisionero, sino también a otras personas que habían salido que eran culpables, pero la evidencia no era suficiente y los dejaron libres.
Bill podía sentir las caricias que le proporcionaba el mayor era lo que lo levantaba en las mañanas de un buen humor, se volvió a acomodar en su torso, mientras sentía esa calidez tan temprano.
Se sentó en la cama y se levanto, se puso de pie, se tambaleo callendo al suelo de golpe.
— Bill. — Corrio alarmado Tom, cargandolo y poniéndolo sobre la cama.
— Lo siento, sentí un mareo cuando me levanté.— Dijo sonriéndole.
— ¿Te lastimaste en alguna parte?. — Pregunto Tom revisando todo su cuerpo.
—No, no, estoy bien. — Bill le sonrió y río un poco viendo al demonio alterado, sintió cuando lo abrazo.
— Me preocupas mucho.— Susurró, Bill acaricio sus Trenzas tratando de tranquilizarlo.
— Estoy bien… — Se separó de él. — Vamos a bañarnos.
Propuso pero cuando se iba a poner de pie, el mayor lo cargo y lo llevo al baño, Tom estaba más al pendiente de él, sus sombras andaban intranquilas que de costumbre desde que había llegado, lo había dejado pasar pero ahora estaría más al pendiente de su niño.
Lo puso en la tina y se puso detrás de él, lavaba su espalda y el menor recibía los mimos desde tan temprano, no sabía ni la hora que era, cuando terminaron de bañarse, Tom lo recargo en el lavabo y le secaba el cuerpo, cuando ya estuvieron secos, fueron al cuarto, primero se vistió el mayor y después le puso su uniforme a su pequeño.
— ¿Qué quieres de desayunar?.— Pregunto mientras bajaba las escaleras, no lo dejaba caminar.
— Solo unas barritas, no tengo tanta hambre. — Comento Bill y el mayor negó.
— Tienes que comer pequeño, debes ser grande y fuerte.— Hizo reír al menor.
— Está bien…
Después de que comiera el menor, Tom trato de cargar de nuevo a Bill para llevarlo a la escuela, pero Bill lo detuvo diciendo que estaba exagerando.
Iban de camino a la preparatoria, cuando llegaron, él se despidió del menor y lo vio entrar, le sonreí cuando este volteaba para ver si ya se había ido, pero el seguí ahí, el día era soleado y muy raro, en esa ciudad casi siempre estaba nublado.
— Cuídenlo. — Mando chasqueando los dedos y de su sombra salieron más de veinte sombras, que se dispersaban por toda la escuela, nadie las veía.
Las clases comenzaron, Bill estaba sentado en su lugar y mientras el maestro anotaba en la pizarra algunos problemas, el las veía borrosas, se quitó las gafas para limpiarlas pero seguía viendo borroso, se sentía mareado, parpadeo un par de veces y se frotaba los ojos, se sentía débil desde que se había levantado.
Las clases pasaron y se compró su almuerzo aunque no comió, estaba viendo como la luz del sol traspasaba por las ramas y hojas del árbol que le daba sombra.
«¿Te sientes bien?»
— Si, solo un poco mareado, no te preocupes. — vio como sombras salían de los árboles, moviéndose de un lado a otro.
«A la salida iremos al médico».
A Tom no le gustaba que su niño se sintiera mal, pensaba que se había pasado esta vez, no quería lastimarlo, prefería que lo revisaran para ver como estaba su salud.
— Te preocupas demasiado pero… Está bien. — Bill le sonrió, y empezó a comer, el apetito le había dado.
Las clases habían continuado, pero no prestaba tanta atención, tenía un dolor de cabeza y escuchaba susurros que no entendía porque todos hablaban a la vez.
Se sentía cansado y solo esperaba a que sonara el timbre para salir y verse con Tom.
Cuando el timbre sonó, guardo sus cosas y cuando iba bajando las escaleras, no piso bien e iba a caer pero las sombras llegaron antes de que cayera, se sorprendió pensando en el terrible dolor que se daría pero nunca llego, abrió los ojos y no había nadie, solo que era sostenido, lo bajaron y siguió caminando.
Llego a la entrada de la puerta pero no había otros estudiantes, veía por todas partes sombras que pasaban a una velocidad impresionante, pasando por muchas partes de un lado a otro.
— ¿Que está pasando…? — Se preguntaba, solo veía esas sombras cuando tomaba la mano de Tom.
— Vamos. — Se sorprendió cuando tomaron su mano pero se relajó cuando vio que era el demonio.
Caminaron y mientras el viento soplaba los dos se desvanecieron en el aire, fue tan extraño para Bill, cuando menos se lo espero ya estaba en el estacionamiento del hospital.
— Ohhh… — Estaba sorprendido.
Entraron y el mayor hizo sentar al chico, mientras el pedía una cita que aunque las secretarias de ese hospital le dijeron que tuvo que llamar antes, sus ojos se volvieron oscuros controlando a esas señoras y asintieron diciendo que en diez minutos los atendían.
Regreso con Bill que estaba nervioso por estar en ese lugar, el olor a hospital le daba pavor y más las inyecciones, le daba miedo que algo perforara su cuerpo, era su único miedo.
— Todo estará bien. — Le daba ánimos y sostuvo su mano entrelazándola.
— Si…
Los diez minutos pasaron y les hablaron, el mayor hablo con el médico, diciéndole que le hiciera un análisis de sangre, Tom empezaba a sospechar de lo que le ocurría a Bill pero debía comprobar.
Lo peor fue cuando el pequeño escucho «análisis de sangre» le sacarían sangre y esa aguja entraría por su cuerpo, negó rotundamente y el mayor tuvo que calmarlo.
Le sacaron sangre, lo más doloroso fue cuando le pusieran esa liga en su brazo, el mayor fulminaba a la enfermera que no era nada cuidadosa, pensando que cuando fuera de noche la visitaría en sus sueños.
Esperaron dos horas para que estuvieran, Tom tuvo que hacer que hicieran rápido los análisis, cuando fueron de nuevo con el doctor, este se impresiono por lo que veía, pero en todos sus años de experiencia no lo creía, haría una ecografía.
Les pidió que lo siguiera, llegaron al cuarto y el doctor le pidió al menor que se recostara sobre la cama, Bill un poco confundido lo hizo y el doctor levanto su camisa para esparcir un especie de gel sobre el vientre plano de Bill, después acercó la máquina, empezó a ver su abdomen.
— No hay nada… — Susurró el doctor sin entender que era lo que pasaba.
— No he cierto. — Hablo Tom con calma, aunque el doctor no lo viera, el veía perfectamente en la pantalla, en el vientre de Bill todo era oscuro, pero sobresalía una pequeña luz que el demonio sabía ala perfección lo que era.
— ¿Qué es eso?.— Bill pregunto, por qué al igual que Tom el también lo veía.
— Es un bebe. — Respondió Tom acercándose a él, acaricio su cabello y se lo acomodo detrás de la oreja.
— De que habla, yo no veo nada.— Hablo el doctor confundido.
— Ya hiciste lo que debías hacer, vete. — Trono sus dedos y el doctor salió de la habitación.
— ¿P-pero soy un chico?. — Bill no podía creer.
— Si, son las consecuencias por estar con un Demonio , creo que tiene dos meses.
Tom tomo el aparato y empezó a verlo bien, era pequeño pero su aura era muy grande.
— Sera muy fuerte. — Comento.
— ¿P-pero como…? — Todavía no aceptaba que tenía un bebé dentro.
— ¿No quieres llevar a nuestro hijo? — Pregunto Tom con seriedad.
— Si… — Susurró.
— Gracias, por darme un hijo.— Beso se frente y luego sus labios.
El mayor le ayudo a limpiarse el abdomen quitándole con una toalla el gel esparcido, le daba unas cosquillas que hacia reír al menor, pero también estaba la alegría, que dentro de él estaba el hijo que ambos habían creado con mucho amor, se sentía sumamente feliz, quería ver como crecía su hijo en su interior.
Cuando lo limpio, lo cargo, no dejaría que ellos corrieran peligro, cuando solo dio dos pasos, se desvaneció en el aire, cuando Bill abrió los ojos, ya estaban en la entrada de su casa.
Subieron las escaleras y lo acostó en la cama, este día quería celebrarlo con su niño que lo esperaba con los brazos abiertos, se quitaban la ropa muy rápido.
«Su forma de demostrase su verdadero amor, era manteniendo sus cuerpos unidos»
Continúa…
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