Para mi asesino 3

Para mi asesino 3

Fic TWC de lyra

Capítulo 3. Esperanzas

Tumbado en la camilla, solo se concentraba en su respiración, tal y como le había aconsejado la enfermera. Sentía la aguja clavada bajo su piel, extrayéndole toda la sangre habida y por haber.

—Un minuto más y todo habrá terminado—le intentó calmar la enfermera.

Asintió con la cabeza, que notaba que cada vez le daba más vuelta. Siempre que le sacaban sangre le pasaba lo mismo. Si no permanecía tumbado en la camilla se desmayaría de inmediato. Se le pasaba en unos minutos, los cuales pasaba con los ojos cerrados sintiendo la presencia de Tom, quien le cogía con fuerza una mano hasta que el color regresaba a sus pálidas mejillas.

—Ya terminé—anunció la enfermera extrayendo la aguja.

Le pegó un trozo de algodón con un esparadrapo al brazo y puso en una pequeña bandejita la aguja empleada junto a 3 tubitos escarlatas que contenían la sangre que le había sacado.

—Cuando se pueda incorporara le ayudas a vestirse y que se tome el zumo poco a poco—le dijo la enfermera al guitarrista.

Tom asintió y cogió el zumo que le tendía. Se sentó bien cerca de la camilla y cogió la mano de su gemelo entre las suyas, frotándosela al sentirla fría. Cogió la sudadera que se quitó al entrar en la consulta y se la echó por las desnudas piernas, más pálidas de lo normal al contrastar con el blanco camisón de hospital.

—¿Mejor?—le preguntó preocupado.

Bill asintió de nuevo con la cabeza y continuó con los ojos cerrados, recordando todo lo sucedido esa mañana….

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Cuando tía Helen fue a despertarle le echó una buena bronca. Para empezar, no había pasado la noche en la cama, sino en la incómoda butaca, y fumando sin parar toda la larga noche, por lo que la habitación apestaba a humo al igual que su ropa, por no hablar del pelo.

Mientras abría las ventanas para que se ventilara le obligó a darse una ducha a tan temprana hora de la mañana, advirtiéndole que si luego se cogía una pulmonía sería solo culpa suya. Luego vino lo peor. Su padre se disculpó por no poder acompañarle, le había surgido un viaje y no regresaría hasta la tarde. Así que delegó en su cuñada el cuidado de sus hijos, como siempre había hecho.

Helen llevó a sus sobrinos al consultorio de médico particular que los atendía desde que eran bien pequeños. Estuvo con ellos mientras tomaban la presión y auscultaban al pequeño, explicándole al médico que se había pasado toda la noche fumando. Ahí fue donde le cayó la segunda bronca, y eso que aún no eran las 9 de la mañana…

Le hizo abrir la boca y le examinó la garganta ayudado por una pequeña linterna, encontrándosela algo irritada. Le recetó unos antibióticos y le prohibió fumar en al menos una semana. Tía Helen le amenazó con registrar su habitación de arriba abajo hasta dar con todo el tabaco que hubiera en la casa, incluido el de Tom. Desde ese momento quedó prohibido fumar dentro de la casa….y fuera también.

Y tras la charla del médico sobre los efectos del tabaco en un chico joven de su edad, y más siendo un cantante famoso que no le tenía mucho aprecio a su voz, vino la temida analítica. Odiaba las agujas, además del camisón blanco de papel que le habían obligado a ponerse mientras le reconocían,….sentirse tan indefenso sin fuerzas para defenderse…

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—¿Te has dormido?—escuchó la sonriente voz de Tom.

Perdió de nuevo la noción del tiempo, que novedad…

Abrió los ojos lentamente y enfocó la vista en Tom, devolviéndole la sonrisa con esfuerzo.

—Ayúdame a levantarme—pidió extendiendo una mano.

Tom se apresuró y le incorporó con suavidad, cogiendo su sudadera y echándosela por los hombros para que no cogiera frío mientras se tomaba el zumo tal y como le habían ordenado la enfermera. La puerta de la consulta se abrió y apareció su tía con el ceño fruncido seguida del médico, quien llevaba la misma expresión en la cara. El cantante la vio y se encogió todo lo que pudo en la camilla, tratando de esconderse tras Tom.

—Ya tengo los resultados—anunció el doctor Wagner sentándose tras su escritorio.

—¿Tan pronto?—preguntó Bill casi sin voz.

—Le metí prisas—explicó Helen muy seria.

—Bueno, no nos enfademos—pidió el doctor Wagner leyendo sus notas—El reconocimiento físico es normal, lo que me preocupa es la analítica. Tienes bajas las defensas, los niveles de hierro y una ligera anemia…

—Es que no come nada—interrumpió Helen—Mírele, si está en los huesos.

Viendo lo nervioso que estaba su joven paciente, el doctor Wagner decidió intervenir.

—¿Por qué no me dejan a solas con Bill? Se sentirá más cómodo.

Helen accedió a regañadientes y salió del consultorio con su sobrino mayor.

Sin la presencia de Tom, el cantante se sentía muy desvalido, y eso lo notó el doctor Wagner. Rodeó el escritorio y se apoyó en la pared al lado de la camilla, observándole fijamente.

—Nada de la analítica me hace sospechar el porqué de tu estado, así que sospecho que tras ese desmayo se oculta algo más—le trató de sonsacar.

Esperó una respuesta suya, pero el cantante agachó la cabeza sin dejar de morderse los labios nervioso. Con sus manos arrugaba el vacío vaso de papel, evitando así que le temblaran tanto como su cuerpo.

—Es por tu madre, ¿verdad?—insistió el doctor Wagner—Se acerca el aniversario de su desaparición, es normal que te sientas así.

—Nunca antes me había pasado—confesó Bill en un susurro.

—Bueno, a esto hay que sumarle el cansancio de tanto viaje arriba y abajo, y el estrés al que estás sometido—dijo el doctor Wagner sonriendo—Estás en mitad de la gira, promocionando el disco y te exiges demasiado. Necesitas un descanso…y hablarlo con alguien…

—No necesito volver al psicólogo—cortó con firmeza Bill—Ya he aprendido a vivir con el recuerdo de mi madre.

—No hace falta que sea un psicólogo. Recurre a tu hermano, o mejor a tu padre.

—¿Mi padre?—preguntó Bill levantando la cabeza.

—Se preocupa mucho por ti, eres el que más unido estaba a tu madre…

—No le importo nada, ni mi hermano tampoco—cortó de nuevo furioso—Dejó nuestro cuidado en manos de una extraña…ni si quiera se molestó en buscarla…

—Tu tía no es ninguna extraña, y os quiere mucho a los dos.

—Pero no es mi madre….y nunca lo será…—estalló rompiendo a llorar.

Se cubrió la cara con las manos por mostrarse tan débil, no vio la media sonrisa que esboza el doctor Wagner. Había logrado su propósito con dolor. Sabía que hacerle hablar de su madre le haría reaccionar. Cuando le vio entrar por la puerta de su consulta lo vio en sus ojos. Apagados y llenos de dolor.

Extendió una mano y le frotó un hombro a modo de consuelo, cogiendo una caja de pañuelos de papel de encima de su escritorio y ofreciéndole uno para que se secara las lágrimas que le bañaban las mejillas.

—Vamos, saca fuera todo el dolor—le consoló en voz baja.

¿Dolor? Estaba lleno de miedo, y no se le iba fácilmente soltando una lágrima. Cogió el pañuelo que le tendían y se secó los ojos suspirando, sin poder evitar ponerse a temblar.

—Vístete antes de que cojas frío—pidió el doctor Wagner al sentirlo.

Asintió y se bajó de la camilla con la cabeza inclinada. Cogió la ropa que dejó sobre una silla y se metió tras el biombo que había en una esquina del consultorio, donde dejó caer el camisón de papel que llevaba puesto y se vistió con rapidez. Una vez ya vestido salió y se acercó al escritorio, donde el doctor Wagner escribía en su recetario.

—Esta receta es para los antibióticos, otra para unas vitaminas que te abrirán el apetito….y algo más, por si lo necesitas—le explicó extendiéndole 3 recetas.

Cogió la última y la leyó negando con la cabeza.

—Son unos antidepresivos, muy suaves—explicó el doctor Wagner—Te ayudarán a descansar.

—No estoy loco, ni los necesito—dijo Bill con firmeza.

—Como te he dicho, tómalos cuando los necesites—insistió el doctor Wagner como si no le hubiera oído.

Bill resopló y dobló las 3 recetas que se las metió en el bolsillo de la cazadora, sabiendo que nunca haría uso de la tercera. Cogió la sudadera de Tom que dejara sobre la camilla y tras estrechar la mano del doctor prometiéndole que descansaría más y no fumaría, salió al pasillo y se reunió con Tom y su tía.

—¿Qué te ha dicho?—preguntó Helen en cuanto le vio.

—Lo de siempre. Que descanse, coma más y deje el tabaco para siempre—le explicó por encima.

—¿Y no te ha recetado nada?—preguntó su astuta tía.

Metió la mano en el bolsillo y sacó las 3 recetas que le tendió sin decir nada. Su tía las leyó muy concentradas y las metió en el bolso sin hacer preguntas del porque del antidepresivo. No hacía falta, saltaba a la vista que le pasaba algo. Y más cuando le vieron salir de la consulta con los ojos hinchados y enrojecidos. No podía tratar de ocultar que había estado llorando, y sabía con certeza que no sería la última vez que lo haría….

Lo que no sabía era que alguien le iba a hacer suplicar por su vida mientras derramaba lágrimas de verdadero horror…

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Camino de casa compran los medicamentos en una farmacia mientras el cantante esperaba en el coche. Oculto tras sus gafas oscuras observaba por la ventanilla al reducido grupo de chicas que se arremolinó en torno a Tom, quien no paraba de firmar autógrafos mientras sonreía.

Si fueran otras circunstancias estaría a su lado disfrutando de las cálidas muestras de cariño que las fans les daban…pero se sentía muy hundido y con una gran jaqueca que parecía que su cabeza le iba a estallar de un momento a otro. Suspiró aliviado cuando vio salir de la farmacia a su tía y acercarse a Tom para que fuera terminando, quien se despidió del público allí congregado besando todas y cada una de las mejillas que le ofrecían.

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Una vez en casa su tía no les dejó parar un momento, solo el necesario para tomarse un analgésico y ponerse una ropa más cómoda. Con la excusa de que ya que estaban en casa y ella muy ocupada lavando su ropa sucia, les mandó limpiar y ordenar el garaje.

Les dio 4 cajas de cartón, trapos y guantes y les explicó que debían tirar todos los trastos viejos que ya no servían mientras lo limpiaban de paso.

Sonrió al verlos obedecerla a regañadientes. Solo lo hacía siguiendo el consejo que el doctor Wagner le dio cuando le pidió que saliera de la consulta mientras le hacían la analítica su sobrino. Además de que intentara hacerle comer más, le aconsejó que le mantuviera ocupado, que distrajera su mente para que dejara de pensar en ensayos, conciertos y en la gira que habían suspendido.

Y que le hiciera hablar con alguien de la familia, preferiblemente Tom. Eso le haría mucho bien. Ambos sabían que no podían contar con el padre de los gemelos. Se había desentendido de ellos desde aquella noche en la que su mujer se fue de su lado. Se encerró a solas con su dolor y no le abría la puerta ni a sus propios hijos.

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—¿Por dónde empezamos?—preguntó Tom a Bill viendo el atestado garaje con ojos cansados.

—Me da igual—contestó Bill encogiéndose de hombros.

Resoplando sin dejar de pensar en la tarea que le había encomendado su tía, cogió del brazo a Bill y le llevó a un rincón, en donde se arrodillaron y comenzaron la dura tarea.

Tras casi una hora de silencio solo roto por sus toses y estornudos ante el polvo levantado, decidieron tomarse un descanso.

—Me rindo…si tía Helen quiere que hagamos limpieza, lo mejor sería meterlo todo en una caja y tirarlo—resopló Tom tumbándose de espaldas en el suelo.

—No podemos tirarlo todo, hay cosas que aún se pueden usar—dijo Bill sentándose a su lado.

—¿Cómo esa vieja bici de cuando teníamos 10 años?—preguntó señalándola con un dedo.

—Nos la regaló tía Helen por nuestro cumpleaños—recordó Bill con nostalgia.

—Si…todavía me acuerdo de lo bien que lo pasamos aprendiendo con tía Helen a montar en ella, como nos reíamos y llorábamos a la vez cuando nos caíamos, y como nos consolaba y curaba nuestras rodillas arañadas….

—Nos enseñó ella porque papá nunca estaba en casa—no pudo evitar decir el cantante.

—Bill, no…—empezó a decir Tom perdiendo la sonrisa.

—Tirémoslas, tienes razón—cortó Bill levantándose—Todo lo que hay aquí son tratos viejos sin ningún valor.

Vio como le daba la espalda y comenzaba a meter en una caja todo lo que había al alcance de sus manos sin pararse a pensar si aún eran útiles o no. Vio como su espalda se estremecía y escuchó un ligero sollozo. Antes de que se lo pudiera impedir corrió a su lado y le hizo girar en sus brazos, atrayéndole a su cuerpo para que llorara en su pecho. Tía Helen le dijo que mantenerle distraído le haría bien, pero solo había conseguido que rompiera a llorar rodeado de dolorosos recuerdos.

Pasados unos minutos sintió que relajaba el cuerpo, señal de que el llanto había cesado. Le pasó una mano por la cintura y se sentaron en unas cajas sin dejar de abrazarle.

—Lo siento, no sé que me ha dado—se disculpó Bill avergonzado.

—Necesitas descansar, tienes los nervios a flor de piel—dijo Tom limpiándole las mejillas con suavidad.

Frunció el ceño al recordar las veces que había hecho ese gesto, consolarle cada vez que era desdichado… ¿Cuántas veces más tendría que hacerlo?

—No quiero estar solo. Si lo hago me pondré a pensar en el pasado…o en el pobre Andreas…—se siguió lamentando Bill—No le he llamado todavía. Con la mañana que hemos tenido se me ha pasado.

—Tía Helen dijo que estaba de viaje, que necesitaba estar a solas y pensar—explicó Tom.

—No sé que le puedo decir cuando le vea, fijo que me echo a llorar y hago que él también llore—musitó Bill suspirando.

—Pues os consoláis mutuamente—dijo Tom sonriendo con esfuerzo—Llorar no es malo, Bill.

—Lo es hacerlo tan a menudo sin saber el porque—se le escapó en un susurro.

Antes de que pudiera preguntar a que se refería, apareció tía Helen llevando dos vasos de leche con unas galletas.

—Os merecéis un descanso—dijo sonriendo.

Se quedó parada ante sus sobrinos. Vio la preocupada expresión del mayor, consolando al abatido cantante que se frotaba con una mano los ojos enrojecidos.

—Estábamos hablando de Andreas—se apresuró a explicar Tom.

—Claro—dijo pensando que era normal que su sobrino reaccionara así.

Viendo que no estaba en condiciones de continuar la tarea que les encomendó, les dejó libres a los dos. Entraron en la casa y tras lavarse las manos y cambiarse de ropa la ayudaron a preparar la comida mientras le contaban anécdotas de la gira. Comieron los 3 solos y declinando su oferta de ayudarle a lavar los platos Helen les dejó salir a dar un paseo por el pueblo.

A pesar de ser casi verano, corría una brisa fresca, así que cogieron unas cazadoras ligeras.

—Ponte algo al cuello—le dijo Tom a Bill.

Bill asintió y cogió su bufanda gris perla que ajustó a su preciada garganta. Tenía que cuidar su voz, la necesitaba para no caer malo y tener que quedarse más tiempo en esa casa. Quería volver al trabajo cuanto antes, a viajar de ciudad en ciudad hasta caer rendido de cansancio en la cama de un hotel donde podía dormir una noche seguida sin que una pesadilla le despertara….

Viajar de ciudad en ciudad con la débil esperanza de encontrar a su madre en una de ellas, para comprobar con sus propios ojos que estaba viva y no muerta….

Continuará…

por lyra

Escritora del Fandom

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