
Fic TWC de lyra
Capítulo 4. Recriminaciones
Decidieron pasear hasta las afuera del pueblo donde habían crecido. Se metieron en el pequeño bosque que había al borde del arenoso camino y llegaron hasta el río. Se pararon a su orilla y contemplaron el paisaje en silencio hasta que un escalofrío recorrió el cuerpo del cantante y le hizo estremecer.
—Vámonos, por favor—suplicó en un susurro.
—¿Te sientes mal?—preguntó Tom cogiéndole del brazo.
—Tengo frío—musitó Bill como excusa.
Tom asintió y enlazando su brazo con el de Bill echaron a andar en dirección contraría. Por el camino se encontraron con un coche que les pitó para que se parasen.
—Hola—les saludó una mujer bajando la ventanilla—¿Sabéis si se puede acampar al lado del río?
—Un poco más abajo hay un claro perfecto—les indicó Tom señalando con el dedo.
—Muchas gracias….por cierto, yo soy Susan y él es mi marido, Scott.
—Yo Tom y él mi hermano Bill— se presentó.
La chica sonrió y se despidió de los hermanos, que dejaron pasar al coche y continuaron su camino.
—No sé que es lo que le ve la gente a eso de acampar—comentó Bill al cabo de unos minutos—Y más al lado del río…
—No recordaba que no te gusta venir por aquí—dijo Tom.
—De pequeño me encantaba, pero luego no sé que pasó. Era acercarme al río y sentirme mal como hace un momento. Siento mucho frío y como si me costase respirar, pero se me pasa en cuanto me alejo—tranquilizó Bill a su hermano.
Tom le escuchó en silencio. No le dio mayor importancia, en vez de eso rompió a reír para asombro de Bill.
—Perdona, no me río de ti—se disculpó al ver la mirada que le dirigió—Me acabo de acordar de aquella vez que te caíste al río jugando con Andreas…
—Me empujó, que es bien distinto—corrigió Bill sonriendo a medias.
Recordaba la escena, como se hundió en el agua que encontró helada a pesar de ser pleno verano. Salió sin ayuda, a pesar de que su amigo le extendía una mano en señal de arrepentimiento. Pero él la rechazó y sacando las fuerzas necesarias le golpeó con el puño partiéndole el labio tras llamarle capullo a la cara. Recordó la bronca que le echó su tía al llegar a casa calado hasta los huesos, y la que le cayó cuando le explicó lo ocurrido. Tras cambiarse de ropa y con el pelo aún mojado tuvo que ir a la casa de Andreas y disculparse por haberle pegado.
Arrugó la frente al recordar que fue la madre de Andreas quien le abrió la puerta y le comunicó que su hijo se encontraba en el jardín. Cuando le vio enseguida se arrepintió de haberle golpeado. Tenía el labio muy hinchado y le debía de doler mucho. Comenzó a disculparse medio llorando, explicándole que no le gustaba el río y menos que le hubiera empujado, cosa que era lógico que no supiera porque nunca se lo había contado, y que no se sintiera culpable…
Andrea escuchó su larga disculpa que soltó sin pararse ni siquiera a recuperar el aliento por mucho que sintiera que los pulmones le iban a estallar, y solo se le ocurrió una manera de hacerle callar. Tomó su cara entre sus manos y besó sus labios para que dejara de hablar. Él se dejó besar sin saber que hacer con las manos, y menos aún con los labios aparte de separarlos más.
Pero Andreas le guió. Bajó una mano y cogió la suya con firmeza para que la pusiera en su cadera. Le rozó la comisura del labio con la lengua para que los abriera y entró en su boca frotándose contra su lengua, haciéndole gemir con los ojos cerrados…. Fue en ese momento cuando descubrió que sus gustos eran otros, iniciando una relación en secreto que solo su tía descubrió, pues ella era capaz de leerle la cara como si de un libro abierto se tratara.
Le animó a confesar a su padre y hermano que era gay, pero se negó en rotundo en contar lo que se traía con su amigo. No estaba del todo seguro de que fuera a funcionar, el grupo estaba comenzando a despegar y veía con miedo que se iban a tener que separar.
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Regresaron a casa tras el paseo y tía Helen les informó de que iba a salir a un recado, pero que volvería en media hora. No sabiendo que hacer y notando la pesadez del sueño decidió descansar un poco. Pero no subió a su habitación llena de recuerdos y miedos. Miró el porche y se tumbó en una de las hamacas que mandó instalar su tía el verano anterior.
Cerró los ojos y meciéndose con suavidad fue cayendo en un ligero sueño…
Desde la ventana de la cocina el guitarrista le observaba dormitar con expresión preocupada. Llegó muy cansado del paseo, sentía como se agarraba a su brazo como si temiera caer o algo parecido. Tal vez dieron un paso muy largo y él se estaba recuperando. Con el tiempo se encontraría mejor y volvería a ser el mismo de siempre.
Cogió el móvil y llamó a sus amigos. Les contó la tragedia de Andreas y quedaron en verse en unos días. Entre todos le tratarían de animar, le invitarían a irse con ellos de gira. Algo de distracción y a compañía de 4 buenos amigos le haría mucho bien. Terminó de hablar y vio a su tía entrar por el jardín, dirigiéndose donde estaba Bill. Vio como se inclinaba y retirándole el pelo de la cara le besaba en la mejilla sin despertarlo.
Desde pequeños su tía se preocupaba más por él, y cuando estaban de gira le llamaba todos los días para saber que tal se encontraba y si comía bien. Le daba un poco de envidia, los dos echaban en falta el amor de una madre, pero Bill el que más. Era el pequeño y parecía ser el más débil y vulnerable. No como él, con su aspecto de duro y serio con el que salía en todas las fotos.
Aparentaba ser más fuerte de los dos, pero era una fachada. Lo hacía por Bill, para que viera que si necesitaba algo podía contar con él, quien le defendería con uñas y dientes.
Pero cuando lo que necesitaba era el amor de una madre…solo su tía podía consolarle.
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Se apartó de la ventana y abriendo el grifo se sirvió un vaso de agua que se bebió cuando su tía entraba en la cocina.
—Se le ve tan relajado cuando duerme—dijo Helen sonriendo—Como si fuera un angelito.
“Es porque no le has visto llorar en sueños”—pensó Tom con dolor.
Le ayudó a preparar la cena mientras hacían planes para la visita de Andreas. Quedó con su tía en que llegaría por la mañana, aunque no acordaron hora.
—Aquí ya hemos terminado, ve fuera y haz compañía a tu hermano—le dijo Helen empujándole fuera.
Se metió las manos en los bolsillos y salió al porche. Se sentó en una butaca de mimbre al lado de Bill, apoyando los pies en la mesa que tenía enfrente aprovechando que su tía no le veía. Sentía que el sueño se acercaba y cerró los ojos solo para descansar la vista un rato, pero no tarda en quedarse ligeramente dormido…
Pero su sueño fue interrumpido al escuchar un sollozo seguido de un gemido. Abrió los ojos de golpe y se levantó de un salto. Antes de que Bill se hubiera despertado, el ya se encontraba a su lado abrazándole con fuerza.
—Mamá…—le oyó sollozar contra su pecho.
Comenzó a mecerle con suavidad, susurrándole por lo bajo que solo era un mal sueño…un lejano recuerdo…
—¿Qué ha pasado?—preguntó Helen asustada.
Estaba observando a sus sobrinos por la ventana, decidida a salir y reñir al mayor por poner los pies en la mesa, cuando de repente le vio levantarse de un salto y correr al lado de su hermano.
—Ha tenido una pesadilla—explicó Tom.
Ya despierto del todo, el cantante se incorporó con la ayuda de Tom frotándose la cara con ambas manos.
—¿Estás bien, cariño?—preguntó Helen sentándose a su lado.
Asintió sin descubrirse la cara, sentía como le temblaba el cuerpo, y era debido al miedo. Había tenido una pesadilla nueva. Estaba en la orilla del río y veía a su madre en la opuesta. De pie, con la mirada fija en él. La llamaba, pero no le escuchaba. Vio como unas manos la cogían por la cintura y tiraron de ella hacia el bosque…
Lo último que alcanzó a ver fueron los ojos de su madre, iguales a los de la última foto recibida. Sin luz en ellos…porque estaban muertos.
—Estás temblando—dijo Helen frotándole los brazos—Sube y abrígate bien, no cojas frío.
Intercambió una mirada con su otro sobrino y este asintió entendiendo. No le dejaría solo. Le ayudó a levantarse y pasándole un brazo por la cintura le sujetó con firmeza para que no cayera. Entraron en la casa y subieron a la habitación del cantante.
—Puedo yo solo—dijo Bill soltándose.
Tom asintió pero no se movió de la puerta, vigilando por si se mareaba. Le vio abrir el armario y sacar una chaqueta que se puso con manos temblorosas.
—Bajo y te preparo un té—se ofreció.
—Como quieras—murmuró Bill entrando en el baño.
Decidió esperar, no se iría hasta comprobar que se podía quedar solo. Se sentó en su cama y se cruzó de brazos.
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En la seguridad que le conferían las cuatro paredes del baño, respiró aliviado mientras abría el grifo y se lavaba las manos, cogiendo agua con ellas y haciendo lo mismo con su cara. Todos esos años pensando que su madre les había abandonado y ahora empezaba a creer con más fuerza que estaba muerta….tanto años odiándola y resultaba que era inocente…
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Colgó el teléfono satisfecha. Sabiendo que sus sobrinos estaban en el piso superior y que no sería molestada, decidió armarse de valor y llamar a su cuñado para contarle lo ocurrido….exagerándolo, claro….y muy a su pesar. Pensaba en que esa noche cenarían los 4 juntos y puede que dejaran las cosas claras. Hacer ver a su cuñado que sus hijos le necesitaban, y a sus sobrinos que siempre podrían contar con él para lo que fuera.
Mientras esperaba la llegada de su cuñado, fue poniendo la mesa para la cena, consciente de que su sobrino mayor cuidaría muy bien del pequeño y le llamaría si le veía peor.
Casi 15 minutos después de haber hablado con él, Jörg se presentó en la casa. Fue directo a la cocina y miró a su cuñada preocupado.
—¿Qué le ha pasado a Bill?—preguntó sin aliento.
—Ha tenido una pesadilla—le explicó Helen con calma.
—¿Una pesadilla? ¿Y para eso me llamas?
—Ni se te ocurra enfadarte, y menos con tu hijo—replicó señalándole con el dedo—Esta mañana en la consulta del médico a la que no has ido ni has llamado aún para saber que tal…..
—Estaba trabajando, y ahora….
—Estabas en el bar—terminó Helen la frase por él—Lo que te decía era que el doctor Wagner me hizo salir mientras examinaban a Bill. Nada más verle entrar por la puerta supo que arrastraba una depresión.
—¡Depresión!—rió Jörg—Es solo cansancio, de tanto viaje de aquí allá. Los médicos lo arreglan todo con la depresión.
—Tu hijo está muy triste, y sabes que fecha se acerca—dijo Helen con dureza.
—No hace falta que me la recuerdes, nunca la podré olvidar—susurró Jörg dolido.
—Perdona, pero no ves que Bill lo está pasando muy mal. No lo ha superado, y nunca lo hará. No come, duerme poco,…ayer se pasó la noche en vela sin parar de fumar.
—Estaría nervioso. A nadie le gusta ir al médico…
—Papá, escucha a tía Helen—interrumpió Tom entrando en la cocina.
Tras comprobar que Bill estaba bien, le dejó sentado en la butaca y bajó a prepararle el té que le prometió, encontrándose a su padre discutiendo con su tía, algo que nunca pensó que pudiera pasar.
—Tom, no te metas en conversaciones de mayores—le riñó Jörg.
—Me meto si mi hermano está en medio—dijo Tom con firmeza.
—Tom, déjame a mí—trató de poner paz Helen.
—Solo ha tenido una pesadilla, hacéis un drama por nada—insistió Jörg.
—No ha sido una simple pesadilla, lleva toda la semana teniendo la misma—explicó Tom—Sueña con mamá, se despierta llamándola entre sollozos…
Todos los ojos se dirigieron a él, quien se encogió ante sus duras miradas.
—¿Por qué no has dicho nada antes?—preguntó Helen muy enojada.
—Quería esperar que pasara el aniversario, y si entonces aún las tenía os lo contaría de inmediato—le explicó—Además, Bill no quiere hablar del tema, ni siquiera conmigo.
—Le buscaremos ayuda especializada—dijo Jörg con firmeza.
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“Ayuda especializada….”
Las palabras resonaron en la dolorida cabeza del cantante. Solo bajó a decirle a Tom que no le preparara el té, que tenía el estómago revuelto, pero no llegó a entrar en la cocina. Escuchó sus voces, hablando de él como temió que un día hicieran. Habían notado que no estaba tan bien como quería dar a entender. Lo más doloroso fue descubrir que Tom sabía que era lo que soñaba, esa pesadilla que no le dejaba ni de noche ni de día.
Y que se lo había contado a su padre y a su tía. Estaba acabado. Le obligarían a ir al psicólogo y no quería hablar de su madre con nadie, porque de solo pensarlo ya sentía bajar las lágrimas por sus mejillas.
No quería seguir escuchando, así que dio media vuelta y se arrastró escaleras arriba a su habitación, esperando a que Tom subiera para que bajara a cenar.
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Helen observaba a sus sobrinos mientras cenaban. El mayor se sentía culpable por haber “delatado” a su hermano, quien sin levantar la mirada del plato jugaba con la cena sin probar apenas bocado.
—Si no te gusta, te preparo otra cosa—ofreció con una forzada sonrisa.
—No, gracias. Es que no tengo hambre—se disculpó Bill sin levantar la mirada.
—Bill, cómete la cena que te ha hecho tu tía—ordenó Jörg con firmeza.
Todos le dirigieron sus miradas. Nunca antes les había ordenado nada, siempre se lo dejaba a su cuñada. Pero tras la charla de esa noche había decidido ocuparse más de sus hijos, comenzando por el que más le necesitaba.
—No tengo ganas—repitió Bill desafiando.
—Pues las haces—contestó su padre sin mirarle—De aquí no te levantas hasta que solo quede el plato.
Estaba a punto de replicarle, cuando una mirada de su tía se lo impidió. Resopló y cogió el tenedor con fuerza para comerse la cena sin decir nada. Helen sonrió satisfecha al verle comer. Sentía que su cuñado le tratara con dureza, y más en su estado, pero si así conseguía que comiera y se pusiera bien, llegando incluso a estrechar lazos, hasta se alegraría de que hubiera enfermado.
—Mañana viene Andreas—dijo Helen cambiando a otro doloroso tema—Le he preparado la habitación de invitados.
—Llamé a los chicos, el viernes nos harán una visita—explicó Tom.
—Podríamos ir al cine, dar una vuelta por el pueblo….distraer a Andreas entre todos—dijo Bill olvidando su enfado.
—De casa no te mueves—advirtió Jörg—No quiero que te vuelvas a desmayar, y menos en plena calle.
—¿Cómo?—preguntó Bill como si no le hubiera escuchado.
—Lo que has oído. Y olvídate de la gira. Voy a llamar a David, y hasta que no estés bien del todo se acabaron los viajes, los conciertos y el maldito grupo—sentenció Jörg con firmeza.
—Pero, ¿quién te crees que eres?—estalló Bill dejando el tenedor con fuerza sobre el plato.
—Soy tu padre—contestó Jörg sin alterarse—Y me preocupo por ti.
—A buenas horas haces el papel de padre—rió Bill con sarcasmo.
—¡Bill!—le riñeron Helen y Tom a la vez.
—Dejadle, necesita desahogarse—pidió Jörg levantando una mano.
—¡Qué sabrás tú lo que necesito!—gritó Bill ignorando la mirada de Tom—¿Dónde estabas cuando más te necesitábamos? ¿O cuando mamá desapareció?
—Bill, por favor—suplicó Tom a punto de llorar.
—Tu madre nos abandonó, no desapareció—dejó claro Jörg ya muy enfadado.
—Si la tratabas con la misma indiferencia que a nosotros, no me extraña que se fuera—escupió Bill a la cara.
Jörg se levantó con la mano alzada, dispuesto a abofetear a su hijo pequeño, pero una mirada asustada de su cuñada se lo impidió. Dio media vuelta tirando la silla a su paso y salió de la casa dando un sonoro portazo.
—Vete a tu habitación, ahora mismo—ordenó Helen a su sobrino pequeño—Piensa en todo el daño que has hecho y mañana le pides disculpas antes del desayuno.
El cantante se levantó de inmediato y como hiciera su padre tiró su silla y se encerró en su habitación con otro portazo.
—Esto se nos va de las manos—dijo Tom casi sin voz.
—No creo, hemos conseguido que hablaran…bueno, que discutieran, pero algo es algo—le tranquilizó Helen—Tu padre se ha impuesto y Bill le ha puesto en su sitio. El próximo paso será una charla en donde ambos expongan sus problemas. Esta familia necesita hablar del pasado, no dejarlo bajo llave y olvidarlo.
—Nunca podremos olvidar—aseguró Tom.
—Lo sé, cariño—dijo Helen suspirando—Termina la cena y sube a acostarte.
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Tras ayudar a su tía a fregar los platos, le dio las buenas noches y subió a su habitación. Se puso el pijama y miró su cama. Esa noche no quería estar solo. Sentía el mismo dolor de Bill, porque era igual al suyo. Salió de su habitación y entró en la suya, encontrándoselo metido en la cama dándole la espalda. Se echó a su lado sin decir nada ni atreverse a tocarle.
—No necesito tu consuelo, vete—pidió Bill entre sollozos.
—Pero yo si lo necesito—contestó Tom de la misma manera.
Se dio la vuelta de inmediato, riñéndose a sí mismo por ser tan egoísta, por no ver que había hecho mucho daño a Tom con sus duras palabras. Por no estar a su lado cuando le necesitaba, después de tantas las veces que él le había apoyado y consolado. Le cogió en sus brazos con fuerza, atrayéndole a su cuerpo y besándole en la frente, recordando la de veces que él había hecho lo mismo sin que él tuviera que pedírselo.
—Lo siento—se disculpó de todo corazón.
—Eso que has dicho en la cena….ha sido muy cruel—murmuró Tom.
—Es la verdad—se defendió Bill sin dejarle de abrazar.
—Papá y mamá se querían mucho, papá cambió con su marcha pero nunca ha dejado de preocuparse por nosotros, aunque tú no te des cuenta,
—Me doy cuenta de otras cosas—susurró Bill con dolor.
—¿De cuales?—preguntó Tom alzando la cabeza.
La habitación se encontraba en penumbras. La cortina estaba medio echada y por ella se colaban los rayos de la luna. Gracias a ellos el cantante podía observar mejor el rostro de su hermano. Tenía una expresión de dolor y los ojos llenos de lágrimas. Le interrogaba con la mirada, quería saber que era aquello que de lo que tan dolorosamente se había dado cuenta, pero no podía decírselo. No hasta estar más seguro.
—Vamos a dormir—pidió dando por finalizada la charla.
Vio que Tom separaba los labios, esperando recibir su beso diario. Se inclinó para dárselo, pero esa vez no solo le rozó los labios. Se quedó más tiempo quieto sobre ellos, haciendo más largo el beso, disfrutando del momento.
Y no era el único. Sintiendo que sus labios seguían aún sobre los suyos, Tom cerró los ojos y respondió al beso sin poder evitarlo. Apoyó una mano en el pecho de Bill y se incorporó sin interrumpir el beso, llegando incluso a acariciarle con la lengua esos labios que tan bien le estaban besando.
Sintió como la lengua de Tom le acariciaba y eso le hizo tomar conciencia de lo que estaban haciendo. Levantó una mano y se separó con esfuerzo, respirando hondo tratando de recuperar el aliento.
—Lo siento, no sé que me ha dado….me he dejado llevar—se disculpó llevándose una mano a los labios, los mismos que en esos momentos sonreían sin poder evitarlo.
Dejó de abrazarle y se echó de lado, dándole la espalda.
Tom se quedó en su sitio sin comprender aún lo que había pasado. ¿Por qué le había besado? Y, si tanto le había gustado ¿por qué lo había interrumpido?
Se echó de nuevo en la cama, ofreciéndole también su espalda. Algo en su interior le decía que lo mejor era que se marchara, pero también sentía miedo de hacerlo, como si en el fondo supiera que a Bill le iba a pasar algo malo, y que él no iba a poder evitarlo….
Continuará…