Para mi asesino 6

Para mi asesino 6

Fic TWC de lyra

Capítulo 6. Dejando las cosas claras

Entre Tom y Andreas lograron convencer a la tía Helen para que dejara salir al cantante. Le prometieron no alejarse de la casa, llevarse el móvil y estar muy pendientes de él.

Una vez en la calle en compañía de su hermano y amigo, Bill suspiró aliviado. Estar en esa casa era como si se asfixiara. Mirara donde mirar sentía la presencia de su madre, y llenarse los ojos de lágrimas.

Había conseguido sacar las fotos sin que nadie le viera y esconderlas en el último cajón de su cómoda, bajo su ropa interior. Las dejaría allí hasta que decidiera que hacer con ellas. Enseñarlas a su hermano o quemarlas.

Pasearon de nuevo cerca del río, pero recordando lo mal que se sintió su hermano el día anterior el guitarrista cambió el rumbo y se dirigieron a un pequeño claro del bosque en donde vieron una tienda de campaña montada. Debían ser el matrimonio que les peguntó el día anterior.

Decidieron no molestarles y dieron un amplio rodeo.

—¿Estás cansado?—preguntó Tom a Bill al escucharle jadear.

—Paramos y te sientas unos minutos—dijo Andreas señalando un árbol caído.

Los tres se dirigieron a el y se acomodaron como pudieron. Se quedaron en silencio escuchando los sonidos del bosque y el murmullo del río que corría a escasos metros de donde estaban.

—Un momento—dijo Andreas de repente—¿No fue aquí donde te caíste al río aquella vez?

—Sí, aquí fue donde me empujaste—apuntó Bill sonriendo.

—Resbalaste, te fui a sujetar y te caíste al clavarme las uñas—se defendió Andreas imitándole.

—Me empujaste—insistió Bill ya riendo.

—Te caíste—insistió Andreas muy serio.

—Bueno, si os vais a poner a discutir me largo—dijo Tom riendo también.

—Tú estabas presente, cuenta la verdad—le pidió Bill a su hermano.

—Solo vi como salías nadando y le partías el labio a Andreas—explicó Tom.

—Si, y luego me llamaste capullo—rió Andreas recordando.

—No sabes la bronca que me echó tía Helen cuando me vio llegar a casa calado hasta los huesos—recordó Bill poniéndose serio—Y luego me obligó a ir a tu casa a disculparme.

—Si…eso lo recuerdo perfectamente—murmuró Andreas con una amplia sonrisa.

Tom observó como su amigo y su hermano intercambiaron una mirada de complicidad y se sintió incómodo.

—Está claro que me he perdido algo—dijo sin poderse contener.

Eso solo consiguió que Bill rompiera a reír a carcajadas, siendo imitado al segundo por su amigo. Se levantó fingiéndose ofendido y antes de que pudiera dar dos pasos seguidos los brazos de Bill le abrazaron desde atrás, acercándose a su oído.

—Vamos Tom, no te vayas—le suplicó sin dejar de reír.

Andreas se puso de pie y observó incómodo también como los dos hermanos estaban demasiado juntos. No pudo evitar sentirse celoso cuando el mayor se giró en los brazos del menor y le besó en la mejilla sonriendo.

—Nunca me iré de tu lado—dijo Tom en voz baja.

—Precioso—no pudo evitar decir Andreas metiéndose las manos en los bolsillos.

Sacó un paquete de cigarrillos y encendió uno, aspirando profundamente sin dejar de mirar a la parejita que tenía delante de sus ojos.

—¿Queréis uno?—les ofreció cuando repararon en su presencia.

—Sabes que Bill no puede fumar, y yo prometí no hacerlo por él—dijo Tom ya serio.

—Aquí no nos ve Helen…vamos Bill, sé que lo estás deseando—picó Andreas moviendo el cigarro ante sus ojos.

—Si, lo deseo. Pero no quiero—replicó Bill igual de serio que Tom.

—Como queráis, más para mi—murmuró Andreas encogiéndose de hombros.

—Regresemos a casa. Ya llevamos mucho tiempo fuera—dijo Tom confundido ante el comportamiento de su amigo.

—Eso, no sea que Helen llame a la policía—se burló Andreas echando a andar.

Los hermanos le siguieron sin decir nada. Se miraron y asintieron con la cabeza. Estaba claro que a su amigo le pasaba algo. Se comportaba de una extraña manera, bien un minuto y grosero al siguiente.

Tal vez aún no había superado la muerte de sus padres, pero ellos le ayudarían en lo que fuera.

Volvieron por donde han venido, pasando por el claro en donde vieron salir a la mujer de la tienda de campaña con aire enfadado.

—Sois vosotros—les saludó al verlos.

—Hola—dijeron los gemelos.

—¿Me das un cigarro?—le pidió a Andreas.

—Claro, quédate el paquete entero—contestó Andreas ofreciéndoselo.

—Muchas gracias, lo voy a necesitar—dijo Susan logrando sonreír—En serio chicos, nunca vayáis de acampada con la persona equivocada. Pasar 4 días en una reducida tiendo no es lo más adecuado…

La vieron alejarse hablando sola por el camino. Se miraron entre ellos y esbozaron una sonrisa. Siguieron su camino y llegaron a la casa a la hora de la comida, que tomaron sin la presencia del padre, aunque nadie le esperaba.

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Tras la copiosa comida, Helen les encargó que siguieran con la tarea de limpiar el garaje, ya que eran uno más lo podrían terminar antes de la cena.

Entraron en el garaje protestando contra la “tirana” de su tía, pero entre risas y bromas consiguieron adecentarlo en casi dos horas, metiendo en cajas todo lo que iba a ir a la basura y lo que aún se podía utilizar en otras cajas que su tía llevaría a la parroquia.

Terminado el duro trabajo, entraron en la casa a lavarse y cambiarse de ropa para la cena, que tomaron de nuevo sin la presencia del padre, para alivio del cantante.

Terminaron y pasaron al salón a tomar un café mientras veían la tele antes de irse a la cama.

—¿Por qué no dejas la película?—preguntó Bill molesto de que Tom cambiara de cadena una y otra vez.

—Es un rollo, mejor buscamos una de acción—sugirió Tom ignorándole.

—A mi me gustaba—dijo Helen con calma.

No pudo evitar resoplar ante las palabras de su tía. Siempre era lo mismo. Bill quería algo y tía Helen se lo daba. Ahora quería ver una peli romántica y ella se ponía de su parte, sabiendo que no le quedaba más remedio que obedecerla.

Buscó la cadena en la que estaba y se giró hacia su amigo, intercambiando una mirada de “nos vamos a quedar fritos”.

Andreas asintió y sonrió pensando en la de películas que había “visto” junto al cantante….nunca se enteraban del principio. Cuando se querían dar cuenta, ya casi se estaba terminando, y ellos se habían pasado toda la peli comiéndose a besos….y algo más algunas veces..

Estaban viendo la película cuando Jörg regresó a casa. Saludó con mucho cariño a Andreas y negó con la cabeza cuando su cuñada le preguntó por la cena.

—Tomé algo en el bar—explicó sentándose en una butaca y abriendo el periódico.

Helen asintió y se giró, intercambiando una mirada con su sobrino pequeño, recordándole sin palabras que aún le debía una disculpa a su padre.

El cantante entendió a la primera, pero se cruzó de brazos y negó con la cabeza.

—Bill—llamó Helen con firmeza.

Tom y Andreas dejaron de ver la tele al momento. Conocían de sobra el tono empleado por su tía, si no obedecían a la primera les caería una buena.

—Creo que ya me voy a la cama—se excusó Andreas levantándose.

Se despidió de los demás y prácticamente huyó del salón, sabiendo que su presencia solo estorbaría.

Pero fue el único en irse. Tom decidió quedarse para tratar de frenar la lengua de su hermano.

—Bill—repitió Helen más seria.

—¿Si?—contestó el cantante como si no supiera de qué le estaba hablando.

—Déjalo, Helen—intervino Jörg con indiferencia, sin levantar los ojos de su lectura.

—No, no lo dejo. No puede hablarte de esa manera. Te debe una disculpa—insistió Helen.

—Yo también me merezco una—dijo Bill poniéndose tenso.

Ignoró la mirada de su tía. No pensaba disculparse con su padre si él no le hacía también.

—¿De qué me tengo que disculpar?—preguntó Jörg dejando el periódico a un lado.

—¿Qué tal…por no haber cuidado de tus hijos?—preguntó el cantante tratando de no gritar—¿Por no estar a nuestro lado cuando más lo necesitábamos?

—Bill, no empieces con eso de nuevo—intervino Tom molesto con su hermano.

—Déjale hablar Tom—pidió Jörg levantando una mano—El médico ha dicho que necesita hablar…pues adelante.

—Ahora no hagas el papel de buen padre—gritó ya Bill levantándose—¿Quieres hablar? ¿Por qué no me dices donde vas todas las noches? Nunca estás en casa, solo sabemos de ti cuando bajas a desayunar, luego desapareces para no vernos… ¿es que quieres olvidar que hay algo en nosotros que te recuerda a mamá?

Las palabras del cantante hicieron que Jörg se le quedase mirando muy fijamente. Ya no era la cara de su hijo la que veía, sino la de su mujer. Sus mismos ojos, la misma sonrisa, el mismo pelo si no fuera oscuro…

—Deja de hacerlo—pidió Bill con dolor—Deja de buscarla en mí…me ofende que lo hagas…

—¿Qué quieres que haga?—saltó Jörg—Si no te miro te enfadas, y si lo hago te ofendes…

—Solo quiero que me mires como lo que soy—murmuró Bill un poco más calmado—Tu hijo, que necesita tu amor. Quiero saber que puedo contar contigo cuando me sienta mal, todas las veces que me acuerdo de mamá.

—Claro que puedes contar conmigo—dijo Jörg levantándose—No hace falta que te lo diga.

—Si, necesito escucharlo de tus labios, no darlo por supuesto…porque creo…que te avergüenzas de mí…

—¡Bill!—llamó Helen con suavidad.

Pero el cantante la ignoró. Una vez que dejó libres sus sentimientos no se podía contener….ni quería hacerlo. Había llegado el momento de dejar algunas cosas claras.

—Te conté que era gay y te encogiste de hombros. Te daba igual lo que sintiera, siempre he visto como tratas a Tom…cuando estamos los tres es como si me ignorases. Solo le hablas a él, y yo me quedo en un rincón escuchando.

El guitarrista separó los labios para replicar que no era cierto, pero una mirada de su tía se lo impidió. Se mordió los labios angustiado, quería hacerle saber a su hermano que estaba muy equivocado, que su padre les quería a los dos de la misma manera.

—Nunca pude contar contigo para nada—continuó el cantante a punto de llorar—Ni siquiera cuando…cuando….la primera vez que hice el amor con un chico….estaba confuso y asustado. Tuve que recurrir a tía Helen, como siempre…

No pudo seguir hablando. Las lágrimas habían hecho acto de presencia de nuevo, y se maldecía por eso. Mostrarse débil ante su padre, darle un motivo más para que le odiase.

Se secó las mejillas con furia. Se dio media vuelta y echó a correr hacia las escaleras. No merecía la pena seguir hablando con su padre, no iba a cambiar de opinión.

Cada vez que le mirase solo la vería a ella. Estaba avergonzado porque su hijo pequeño le había salido raro…

Esos eran motivos suficientes para que se sintiera así de deprimido y asustado. No podía contar con su familia, no podía decirles que alguien le mandaba unas horribles fotos en las que salían unos ojos que sabía con certeza que no eran los suyos…

Entró en su habitación y se desnudó sin parar de sollozar. Se quedó en boxers y se metió en la cama cerrando los ojos, como si de esa manera impidiera que las lágrimas salieran.

Sabía que volvería a tener la pesadilla de nuevo, pero ya no le importaba se acostumbraría a vivir con ella con el resto de su vida…a saber que su madre estaba muerta y que siempre les quiso mucho…

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—Tom, acuéstate tú también—pidió Helen a su sobrino.

El guitarrista asintió y corre a obedecerla. Aún estaba conmocionado por lo que había contado su hermano. No tenía ni idea de que ya había mantenido relaciones sexuales…de esa manera, ni de que la confianza de la que gozaban en el pasado había ido desapareciendo.

¿Por qué no recurrió a él? Le habría comprendido mejor que su tía, apoyándole en todo como siempre había hecho. No se avergonzaría jamás de él, era su hermano, y le quería mucho por eso….

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Jörg se dejó caer en la butaca de nuevo. No sabía que pensar ya de su hijo pequeño, con tanto rencor acumulado por su falta de cariño.

Helen le vio y sintió pena por él. Se levantó y se sentó en el brazo de la butaca, esperando a que dijera algo.

—Me odia—dijo Jörg con tristeza.

—Bill no te odia—aseguró Helen con firmeza—Te echa mucho de menos.

—Cuando me contó que era gay no le di mayor importancia. Solo tenía 14 años, creía que estaba confuso y no sabía bien lo que decía, que con el tiempo se le pasaría…y ahora me entero que no se le ha pasado, y que incluso ya ha hecho el amor…

—Tus hijos han crecido, han dejado de ser esos dos niños que perdieron a su madre a una edad temprana.

—Lo sé, pero hay cosas que un padre no quiere saber, como que su hijo es gay y se ha acostado con otro…

—¿Te crees que Tom es virgen aún?—no pudo evitar preguntar sonriendo.

—Prefiero no pensar en eso ahora—negó Jörg con la cabeza mirándola—Helen, ¿Cómo te pude hacer esto? Dejé el cuidado de mis hijos en tus manos, te los di sin ver que me necesitaban…

—Los he criado en nombre de mi hermana, los considero como mis propios hijos—dice Helen muy orgullosa.

—¿Cómo ayudaste a Bill cuando…?

—Vino a mi una tarde llorando, pensé que le había ocurrido algo grave. Me senté a su lado y me contó que acababa de hacer el amor con un chico—le explicó sin decirle que el chico en cuestión se encontraba durmiendo plácidamente en el piso superior—Me contó que no habían usado nada de protección porque a los dos se le olvidó y pensaron que como no se podía quedar embarazados, pues no la necesitaban.

Jörg no pudo evitar reír al escuchar sus palabras. En verdad su hijo había debido acudir a él para hablar del tema antes de ponerse a hacerlo sin la debida protección. Le explicaría que además de evitar un embarazo, los condones servían para algo más.

—No me lo pensé dos veces y me lo llevé a la farmacia del pueblo—siguió contando Helen sonriendo—Por el camino le di la charla de que los condones le protegerían de las enfermedades de transmisión sexual.

—Pero Helen, el muchacho estaba ya muy avergonzado, no hacía falta que le llevaras cogido de una oreja a comprarse una caja de preservativos.

—Tenía que aprender una lección de todo eso. Si ya era mayor para tener relaciones, también para ir a comprar lo necesario y protegerse. Y de paso le cogí otra caja a Tom, teniendo con él la misma charla….o al menos parecida, claro.

—Tenía que haber sido yo quien les contara todo lo relacionado con el sexo, pero estaba perdido en mi propio mundo…Voy a cambiar, a partir de ahora pasaré más tiempo con mis dos hijos. Son unos desconocidos para mí.

Helen suspiró aliviada. Su cuñado había entrado en razón al fin. A partir de ese momento, las cosas iban a cambiar.

&

Dio una vuelta más en la cama. No lograba dormir pensando en la discusión. Su padre nunca iba a cambiar de opinión y él ya se había cansado de tratar de convencerlo.

Estaba sumido en sus pensamientos que no oyó abrirse la puerta de su habitación. Cuando quiso darse cuenta, alguien se había metido en su cama y le abrazaba fuertemente por la espalda.

—Tom, no pienso disculparme—dijo sin abrir los ojos.

—Sabes que te perdono—susurró Andreas contra su cuello.

Abrió los ojos avergonzado. Pensaba que era su hermano, no su antiguo novio que trataba de conquistarle de nuevo. Se giró en sus brazos y se le quedó mirando, poniéndose tenso al sentir como le recorría el cuerpo con sus manos.

—Para Andreas, aquí no—negó tratando de coger sus manos.

Pero Andreas le ignoró y se tumbó encima de él, apoderándose de sus labios mientras le iba metiendo mano. Coló una de ellas por el borde de su pijama y boxer, acariciando ese miembro que respondió a su contacto.

Le sintió gemir en su boca y separar más las piernas dejándose hacer. Sonrió contra sus labios, siempre conseguía hacerle cambiar de parecer, más esa noche que tras escuchar a escondidas la discusión sabía que estaría muy sensible y vulnerable.

Recordaba como contuvo el aliento cuando le escuchó mencionar su primer encuentro sexual. Si decía que había sido con él ya se podía despedir de su plan. Pero había sido astuto y guardó bien su secreto.

Quería pasar un buen rato esa noche tras tanta tristeza acumulada de días anteriores, pero también quería que el cantante disfrutara primero.

Continuó frotando una mano contra él, tomando en ella su miembro, pasando los dedos por toda su longitud mientras hacía más profundo el beso. Le sintió duro y preparado contra la palma de su mano, pero no quería que se corriera en ella.

Hacía mucho que no probaba su sabor y lo echaba de menos. Separó los labios con esfuerzo y fue bajando por su cuerpo besando su pecho y estómago, bajándole el boxer con las dos manos y llevándose el erecto miembro a sus labios.

Bill cerró los ojos mordiéndose los labios. Gimió al sentir como su miembro entraba en esa cálida boca, lo que le provocó miles de escalofríos. Se retorció bajo su cuerpo desesperado, alzando las caderas y separando más las piernas.

Al principio no lo quería hacer, pero tras lo mal que lo había pasado por haber discutido dos veces con su padre, se merecía un poco de placer y diversión.

Un gemido ahogado se le escapó de los labios cuando sintió que le acariciaba las nalgas con una mano, separándolas e introduciendo un dedo de él. Arqueó más la espalda cuando sintió que ya eran dos, separó los labios gimiendo un poco más alto y conteniendo el aliento no lo pudo evitar y se corrió en la boca de su amigo.

Andreas sonrió satisfecho. Había logrado lo que llevaba tiempo deseando. Probarle de nuevo. Liberó su flácido miembro de sus labios y se acostó a su lado jadeando a la par de él.

—¿Es mi turno?—preguntó rozándole el pecho con un dedo.

El cantante se mordió los labios. Sabía a lo que se refería y temía que tendría que negárselo. Se prometió a si mismo no hacerle pasar de nuevo por eso. No podía empezar algo que podía terminar mal. Cuando se pusiera bien del todo retomaría la gira donde la dejó, y no quería hacerle más daño al dejarle otra vez.

Alzó las caderas y se subió los boxers. Se incorporó en la cama y se sentó dándole la espalda mientras que negaba con la cabeza.

—¿No?—repitió Andreas sin creérselo.

—Lo siento, no puedo—murmuró.

—¿Por qué no puedes?—preguntó Andreas sentándose a su lado.

Puso una mano en su hombro, pero solo consiguió que se alejase de su contacto, que se levantase de la cama y se le quedase mirando con los brazos cruzados.

—No debí permitirlo, lo siento—se disculpó de nuevo.

—Estabas mal y te quise consolar—dijo Andreas levantándose también—Yo también me siento mal, necesito tu consuelo.

—Lo único que conseguirás de mi es un abrazo, pero nada más—dijo Bill con firmeza—Es por tu bien, créeme…

—¡Qué cojones sabrás tú!—cortó Andreas furioso—Llevo toda la vida escuchando tus lloriqueos por tu madre, pierdo a mis padres y me das la espalda. Eres un egoísta, Bill.

Se dio la media vuelta y salió de la habitación del cantante, aguantándose las ganas de dar un fuerte portazo que despertaría a toda la casa.

Se quedó atónito ante sus palabras. No podía creer que su mejor amigo hubiera dicho eso. Pero claro, era el despechado amante quien había hablado. Le había calentado y luego negado, lógico que reaccionara de esa manera.

De repente se sintió muy cansado. Se arrastró a la cama y se tumbó en ella con pesar. Cogió las sábanas y se tapó hasta la cabeza, cerrando los ojos mientras sollozaba por lo bajo hasta caer dormido de cansancio…

&

Caminó furioso por la orilla del río, odiando cada vez más a su mujer. No sabía porque aceptó ir de camping con él, si al final terminaban discutiendo por todo. Que si el suelo era muy duro para dormir en el, que si había mosquitos, que si pasaba mucho calor…

Se sentó en el tronco de un árbol caído y se cubrió la cara con las dos manos. Su matrimonio estaba acabado a los dos años, menudo record…

Escuchó unos pasos a su derecha y sonrió por lo bajo. Al final Susan había entrado en razón. Dejaría que se arrastrara en busca de su perdón, pero aunque se lo diera a partir de esa noche las cosas iban a ser distintas. Se lo pondría difícil, que le suplicara de rodillas…

—Sea lo que sea, la respuesta es no—dijo sin descubrirse la cara.

Esperó a que su mujer dijera algo, pero solo oyó los ruidos del bosque. Se descubrió la cara y se giró de golpe.

—¿No tienes nada que decirme….? ¡Oh!—se calló avergonzado al ver que no era Susan—Perdona, te he confundido con otra persona.

—Está bien, no pasa nada. Yo también fingiré que eres otra persona.

Cuando la primera señal de alarma le impulsó a gritar, el hombre que tenía delante le asestó un certero golpe que le hizo caer al suelo inconsciente.

Nada más verle tendido a sus pies decidió que no sería perfecto. No lo había planeado. Salió a pasear y le vio sentado solo bajo la luz de la luna. Se inclinó y cogiéndole por los pies se internó en el bosque con él, lo más lejos que pudo por si la tal Susan decidiera salir a buscarle.

Llegó hasta una zona donde unos altos arbustos le dieron el cobijo adecuado. Le soltó y sacó del bolsillo de su cazadora un pañuelo de seda. Le ató fuertemente las muñecas con el y comenzó a desnudarle con prisas cuando vio que se comenzaba a mover.

Cogió otro pañuelo y cubrió su boca con el. Se quedó de pie observando como la luna se reflejaba en su piel, lo que hacía que se volviera más pálida de lo que no era, recordándole a otra igual de bella.

Decidió que había llegado el momento de actuar. Se desnudó él también, dejando al aire una erección que le dolía mantener. Le tumbó de espaldas y se echó sobre él alzando sus caderas y entrando dentro con una fuerte embestida.

Le sintió moverse debajo suyo, como trataba de soltar sus muñecas mientras era violado una y otra vez, lo que hizo que se excitase más. Rió por lo bajo sin dejar de embestirle, hasta que con un fuerte grito se corrió dentro de él.

Se dejó caer sobre su flácido cuerpo mientras recuperaba el aliento. Se acercó a su oído y le susurró una disculpa que ni él mismo se la creyó. Salió de su interior y se puso de pie. Le hizo girar y le miró desde arriba. Por sus muslos corrían ríos de sangre. Le había lastimado al no prepararle, pero ya le daba igual hacer daño. Se cansó de esperar.

Se inclinó y le quitó la mordaza de la boca, húmeda por las lágrimas derramadas. Se la ajustó al cuello con rapidez al verle separar los labios en un vano intento de gritar.

—Ya es tarde para eso—le dijo sonriendo.

De rodillas sobre su estómago, apretó cada vez más el pañuelo contra su cuello, sintiendo como se convulsionaba debajo de él, golpeando el suelo con los talones hasta que tras unos agonizantes minutos se quedó del todo quieto.

Se puso en pie jadeando por el esfuerzo. Se acercó donde dejó su ropa y sacó la cámara de fotos que cogió por si acaso. Colocó el inerte cuerpo tal y como la otra la foto. Le soltó las muñecas, viendo la señal que le había dejado en ellas. Decidió ponerlas bajo la cabeza para que no se vieran.

Se alejó y observó el resultado. Sonrió al pensar que gracias a la luz de la luna le saldrían unas fotos estupendas.

Terminado el trabajo, se vistió y cogió esas ropas que nunca más serían usadas, haciendo una bola con ellas. Suspiró pensando como se desharía del cuerpo. Recordaba esa parte del diario en donde mencionaba lo que hizo con el cuerpo de Simone, y le pareció una buena idea.

Le cogió por los tobillos de nuevo y le arrastró por el suelo, llegando a una zona caudalosa del río. Le ató unas piedras para añadir algo más peso y las ropas también a ellas. Le sumergió en la fría agua y se quedó mirando como se hundía cada vez más y más.

Bostezó y se metió las manos en los bolsillos. Dio media vuelta y echó a andar. Acarició la cámara que llevaba en su bolsillo, pensando con una sonrisa en su siguiente paso.

Debía recordarle a Bill que no se olvidaba de él…

Continuará…

Toda la parte del asesinato de Scott esta sacada de la novela en la que me baso, y parte de la discusión de Bill con Jörg

por lyra

Escritora del Fandom

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