Para mi asesino 7

Para mi asesino 7

Fic TWC de lyra

Capítulo 7. La muerte de un ángel

Amaneció y Bill lo vio desde su solitaria cama. Casi no había dormido nada. No podía dejar de pensar en la discusión con su padre y luego el extraño comportamiento de su amigo. No podía consolarle de la manera que él quería, y tampoco le había pedido que le consolara a él, aunque no había hecho nada para impedirlo.

Cansado de dar vueltas en la cama, decidió levantarse. Se incorporó frotándose la dolorida cabeza, tratando de alejar un mal presentimiento que se apoderó de su cuerpo en el mismo instante que separó los párpados. Algo en su interior le decía que ese día su vida iba dar un giro de 180º.

Caminó descalzo por la habitación, parándose asustado al ver abrirse la puerta. Contuvo el aliento, pensando que no estaba en condiciones de enfrentarse de nuevo a Andreas.

Respiró aliviado cuando vio que era Tom.

—No esperaba encontrarte levantado—dijo Tom sorprendido.

—Me cansé de estar en la cama. Apenas he dormido nada—explicó Bill sin dejar de frotarse la frente.

Vio que Tom entraba del todo y cerraba la puerta. Suspiró pensando que se acercaba una de sus charlas…

—Bill, tenemos que hablar—dijo Tom con firmeza—No puedes seguir culpando a papá de la desaparición de mamá. No es justo para él, le hizo mucho daño y se distanció de nosotros roto del dolor, pero intenta recompensarnos y que tú se lo eches en cara no ayuda nada.

—Lo sé, lo sé—murmuró Bill con voz ronca—Es que….no sé porque lo hago….intento llevarme bien con él, pero salto a la primera de cambio…

Tom vio que estaba a punto de derrumbarse y corrió a su lado, abrazándole con fuerza.

—Estás muy cansado—le consoló, besándole la frente—Todo se pasará en unos días, ya verás. Solo dale una oportunidad.

—Sí, se la quiero dar—murmuró Bill contra su pecho.

Tom sonrió satisfecho de sus palabras. Sabía que estalló porque tenía mucho acumulado en su interior. Siempre hacía lo mismo, se guardaba los problemas hasta que llegaba el día en que no podía más y los tenía que sacar.

Caminó sin soltarle, haciéndole sentar en la cama con él a su lado.

—¿Por qué no pasas el día descansando? Te subiré el desayuno y lo tomamos juntos—se ofreció sin dejar de sonreír.

Bill le miró y logra devolverle la sonrisa con esfuerzo. Asintió y dejó que le acostase de nuevo. Se tumbó de lado mientras le veía salir y bajar a la cocina, poniendo una mano bajo la mejilla y suspirando.

¿Qué iba a hacer con su vida? ¿Hasta cuando podía seguir ocultando las fotos? ¿O rechazando a su amigo? Lo de la noche anterior le había hecho recordar tiempos pasados, y darse cuenta de lo solo que estaba. Se sentía muy mal consigo mismo, deseando que se hiciera de noche solo para poder recibir un beso en los labios, sin tener en cuenta de que quien se lo daba era su propio hermano.

De pequeños no le dieron tanta importancia. Era solo un cariñoso gesto. Pero con el paso de los años se iba volviendo más serio…

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—¿Bill? ¿Estás despierto?—escuchó la voz de Andreas.

Sabía que lo mejor sería hacerse el dormido, el resto del día si era preciso. Pero también que tarde o temprano tendría que enfrentarse a él. Se incorporó en la cama y esperó a que entrase del todo y se quedase a los pies de su cama, desde donde se le quedó mirando con una expresión arrepentida en los ojos.

—Venía a disculparme por mi comportamiento de ayer—dijo Andreas con tono lastimero.

—No te preocupes, ya está olvidado—aseguró Bill.

—Es que…últimamente no se que me pasa—se derrumbó Andreas delante de él—Me enfado con facilidad cuando las cosas no salen como quiero….y lo pago con quien menos se lo merece….

—Andreas…—llamó Bill con suavidad.

—Sé lo que me vas a decir, que es por lo de mis padres…. ¿cuándo se me pasará?—susurró Andreas rompiendo a llorar.

No pudo quedarse quieto viéndole llorar. Se puso de rodillas en la cama y fue a abrazarle, consolándole contra su pecho.

—Se te pasará…yo te ayudaré…—susurró en su oído.

Andreas asintió a duras penas. Se aferró a su cintura mientras lloraba contra su pecho.

Tras unos minutos, el cantante escuchó que el llanto cesaba. Le separó un poco de su cuerpo, lo suficiente para mirarle a los ojos, que llenos de lágrimas se clavaban en los suyos con una fija mirada, que dio paso a algo imprevisto. Viendo el dolor de su amigo, viendo que era el mismo, el cantante se inclinó y rozó sus labios con un breve beso. Pero la cosa no terminó allí.

Sin poderse contener, vio como Andreas subía una mano y le atraía por la nuca, haciendo el beso más profundo, sonriendo cuando no fue detenido…

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Desde la puerta de la habitación, Tom contemplaba la escena mientras sujetaba a duras penas una bandeja en sus manos. Así que Andreas era ese chico, aquel que le hizo ver que sus gustos eran distintos.

Se alejó de la puerta para darles la intimidad necesaria. No estaba enfadado con Bill por no habérselo dicho, eso era solo asunto suyo. Además, ¿quien mejor que Andreas? Se conocían desde bien pequeños, sus padres ayudaron mucho cuando desapareció su madre. Todos los días estaban en su casa, se los llevaban de paseo a él y a Bill, distrayéndoles para que no pensaran en donde se podría haber metido su madre.

Paseó por el pasillo sin derramar las dos tazas de café que lleva en la bandeja, rezando para que ni su padre ni su tía se levantaran y le vieran así, y menos aún que vieran como Bill se besaba con su mejor amigo y ex-amante.

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Al cabo de unos minutos, separaron los labios y se miraron jadeando, sonriendo como la primera vez que se dieron un beso.

—¿Qué significa esto?—logró preguntó Andreas.

—La verdad, no lo sé. Solo te pido tiempo, y comprensión por tu parte—dijo Bill suspirando.

Andreas asintió y decidió que era hora de marcharse, no fuera que les pillara alguien. Besó por última vez sus labios y salió de la habitación, dejándole sobre la cama mientras se llevaba una mano a los labios, pensando si estaba bien que jugara con los sentimientos de su amigo otra vez.

Ahora estaba en casa, pero ¿Qué pasaría cuando se pusiera bien? Se iría a seguir con la gira, a hacer interminables viajes lejos de su familia. No podía hacerle eso, no se lo merecía…estaba perdido en sus pensamientos que no vio que la puerta se abría de nuevo y entraba Tom cargado con una bandeja que dejó en la mesilla.

—¿Desayunamos?—preguntó Tom como si nada.

Asintió en silencio y se recostó contra el cabecero de la cama, viendo que Tom se sentaba a su lado cogiendo una tostada.

—Os he visto—dijo Tom sin más.

Se puso tenso al escucharle. Solo había sido un beso, pero sobraban las palabras.

—Tom, yo…—empezó a decir con voz temblorosa.

—No te estoy juzgando ni nada, solo quería decirte que me parece estupendo, de verás. Hacéis muy buena pareja—dijo Tom sonriendo.

—¿Lo crees?—preguntó Bill alzando una ceja.

—¿Tú no?—preguntó a su vez Tom extrañado.

—Ya no sé que creer—susurró Bill cogiendo una tostada también—Siento que si me quedo a su lado solo le haré daño. La primera vez que le dejé lo pasó muy mal, y me temo que volverá a pasar.

—¿Por qué?—preguntó Tom con mucho interés.

—Nos pasamos la vida viajando, sin tiempo de ocuparnos de nuestros seres amados. No es justo para él. Necesita a alguien que esté a su lado—contestó Bill mordisqueando su tostada.

—¿Y tú no?—preguntó Tom mirándole fijamente.

Vio que no le contestaba, solo se encogía de hombros y hacía como si se comiera la tostada. Sabía cual sería su respuesta, pues era la misma que él daría. No quería a nadie a su lado, alguien que de la noche a la mañana se fuera sin decir nada. Como su madre….

Al abandonarles les hizo coger miedo, pensar que si alguien les decía te quiero era pasajero, que una mañana se despertarían solos, sintiendo un gran vacío en su interior.

—El viejo de Andreas—dijo Tom sonriendo con esfuerzo—Si me lo llegas a decir en su momento, te hubiera matado con mis propias manos.

—¿Y eso?—preguntó Bill con curiosidad.

—Todavía recuerdo la charla que me soltó tía Helen—explicó Tom sonriendo—Un buen día se me presenta en la habitación trayéndome una caja de condones y explicándome que si no me podía contener que los usara, que era por mi bien.

—Vaya. Eso fue culpa mía—logró reír Bill.

—No sabía a cuento de que me salía con eso—rió también Tom—La escuché en silencio, con miedo de decirle que tenía una caja bien escondida y que no era la primera que compraba.

—Si hubiera hablado contigo antes, me habrías ayudado—dijo Bill suspirando—Estaba muy asustado por lo que acabábamos de hacer…

—Mi pobre Bill—murmuró Tom atrayéndole con un brazo.

Le hizo reposar en su hombro mientras cerraba los ojos y le besaba el pelo.

—Siempre puedes contar conmigo, para lo que sea.

—Lo sé—susurró Bill cerrando los ojos él también.

Se quedaron en silencio sin soltarse. Sintió como Bill suspiraba contra su cuello, rozándole la piel con su cálido aliento, lo que le hizo estremecer. Sonrió y le alzó la cara poniendo una mano en su barbilla, estudiando esos ojos que fijamente le miraban, viendo en ellos algo que presentía desde hacía unos días.

—Bill, ¿tienes miedo?—preguntó de repente.

El cantante suspiró de nuevo. No podía engañar a su hermano, sus asustados ojos le delataban.

—A la soledad—logró murmurar—A encontrar a la persona adecuada y que me deje…

Tom asintió en silencio. En el fondo le comprendía, pues a él le pasaba igual, tal vez la marcha de su madre les marcó de esa manera, con miedo a mostrar sus sentimientos para que les abandonaran como ella hizo con su padre.

—Es muy triste amar por miedo—dijo mirándole fijamente.

Bill separó los labios dispuesto a preguntó a que se refería. El triste tono empleado por su hermano y esos ojos apagados le hacían preguntarse miles de cosas. Pero Tom lo advirtió y esbozando una forzada sonrisa le soltó y se levantó.

—Te dejo descansar—dijo recogiendo la bandeja.

Salió de la habitación sin mirar atrás. No podía contarle esos sentimientos que crecían en su interior, porque no era justo para ninguno de los dos….

&

A pesar de contarle a su tía que estaba bien, Helen no se conformó con la palabra de su sobrino mayor y decidió comprobarlo con sus propios ojos. Subió a la habitación del menor y le encontró tumbado en la cama con los ojos cerrados. No sabía si dormía o no, pero tampoco quiso molestarlo. Le dejó solo y cuando llegó la hora de la comida subió a despertarlo.

—Salid al jardín mientras recojo la cocina—les mandó Helen a sus sobrinos y a su invitado.

Los chicos obedecieron y salieron de la casa mientras se frotaban el lleno estómago.

—Helen quiere cebarnos—murmuró Andreas suspirando.

—Creo que se me ha saltado un botón—dijo Tom entre risas echándose en una de las hamacas del porche,

Bill le imitó y se quedó mirando a su amigo, quien se cruzó de brazos muy pensativo.

—¿Ocurre algo?—preguntó al verle en ese estado.

—Estaba pensando—dijo Andreas encogiéndose de hombros—Tengo que subir al pueblo a hacer un recado.

—Te acompañaría, pero no me puedo mover—murmuró Tom con los ojos cerrados.

—Ya voy yo—dijo Bill levantándose.

—No, prefiero ir solo—negó Andreas—Tú quédate con Tom.

Y antes de que se lo pudieran impedir, echó a andar y desapareció calle abajo, dejando al cantante con la boca abierta por el asombro.

—Ya está otra vez actuando raro—murmuró Bill dejándose caer en la hamaca de al lado.

—A lo mejor te quiere comprar algo—opinó Tom bostezando.

—No, no es eso…

Se quedó pensando en silencio, hasta que la pesada respiración de Tom le indicó que se había quedado profundamente dormido. Le miró y sonrió al verle tan tierno, con una mano bajo su mejilla, que no pudo evitar rozar con un beso antes de levantarse.

Se metió las manos en los bolsillos y se dirigió al garaje. Abrió la puerta y encendió la luz, observando lo despejado que se hallaba tras el duro trabajo de limpieza del día anterior.

Se acercó al rincón en donde dejaron apiladas las cajas que su tía llevaría el domingo a la parroquia. Se arrodilló delante y examinó el contenido de una de ellas. Sonrió al ver los trabajos manuales que de pequeños hicieron en la escuela. Una simple piedra pintada de azul fue el regalo del día del padre.

¿Por qué estaba entre las cosas de tirar?

La dejó de nuevo en su sitio. Solo era una piedra, nada más….

Siguió mirando sus viejos trastos, cogiendo uno de sus juegos de cuando eran niños. Se echó a reír al recordar la de noches que jugaron él y Tom en compañía de sus padres. Arrugó la frente con dolor al recordar la risa de su madre cada vez que ganaba uno de sus hijos y lo celebraba.

Esa noche la esperaron para jugar, pero nunca se llegó a presentar…

No pudo evitar pegar un salto cuando de repente se apagaron las luces del garaje. Se incorporó de golpe, soltando un grito cuando escuchó cerrarse la puerta. Se llevó una mano al pecho y comenzó a jadear con esfuerzo.

Le tocaba caminar a tientas hasta la puerta, y el garaje estaba lleno de trastos. Se puso en marcha, extendiendo ambas manos por si se chocaba con algo. Llegó hasta la puerta y tiró de ella…pero no se abría. Tiró más fuerte ya nervioso, luchando con el manillar que no le quería obedecer. Sintió como si se empezara a ahogar, rompió a sollozar mientras tiraba con más fuerza.

—¡TOM!—llamó a su hermano desesperado.

Pero no le oía, estaba profundamente dormido. Le pareció escuchar una carcajada al otro lado de la puerta, lo que le hizo llorar con más fuerza.

—Por favor…quiero salir…—sollozó desesperado.

Siguió luchando con la puerta, hasta que escuchó la salvadora voz de su padre.

—Bill, ¡apártate!—ordenó Jörg a su hijo.

Le obedeció y en unos segundos la puerta cedió bajo la patada que su padre dio. Cerró los ante la luz cegadora del día, pero eso no le impidió echar a correr y salir del oscuro y frío garaje.

—¡Hey!—dijo Jörg sorprendido cuando se le echó en sus brazos.

Le abrazó con fuerza, sintiendo como todo el cuerpo de su hijo temblaba y no de frío. Incómodo ante su abrazo, solo se le ocurrió hacer una cosa. Pasó un brazo por debajo de sus rodillas y le cogió en sus brazos, sentándose con él en su regazo en el primer escalón de porche.

—¿Qué ha sucedido?—preguntó Jörg con tono suave.

—No podía salir, alguien me acechaba…no podía huir—explicó Bill entre sollozos.

Jörg observó que su hijo estaba muy pálido, y le abrazó con más fuerza para ver si así dejaba de temblar.

—Ya ha pasado, estás bien mi Billie—le consoló en voz baja.

Billie. Era un apodo cariñoso que su padre solía emplear cuando eran pequeños y que ambos habían olvidado. Apretó la cara contra el hombro de su padre y lo aferró con fuerza.

—No tengas miedo, no hay nada que temer—siguió Jörg con sus consuelos.

—No podía salir—repitió Bill con voz temblorosa.

—Lo sé, alguien había roto una llave en la cerradura, ni siquiera podía abrir con la mía—explicó Jörg—Seguro que habrá sido una broma de los chiquillos del pueblo.

—¡Chiquillos!—exclamó Bill con un suspiro—Apagaron las luces y me encerraron. Me dejé llevar por el pánico, ni siquiera pensé en dar la luz…no podía pensar…

Se quedó en silencio, escondiendo la cara contra el cuerpo de su padre, con los ojos fuertemente cerrados….pensando que hacía mucho tiempo que no recibía un abrazo suyo y lo echaba de menos…

Jörg continuó consolándole sobre su regazo, como si fuera un niño pequeño, escuchando como remitían los sollozos dando paso a un ligero hipo.

—¿Qué ha pasado?—preguntó Tom acercándose.

Se despertó sobresaltado cuando escuchó la patada que dio su padre para echar la puerta abajo. Iba a levantarse a ayudar cuando vio con asombro como Bill se echaba en los brazos de su padre y rompía a llorar desconsolado.

Se quedó quieto en el sitio, viendo con lágrimas en los ojos como su padre le consolaba y Bill se dejaba.

—Le han gastado una broma pesada—explicó Jörg—¿Por qué no entras y le traes un vaso de agua?

Tom asintió, consciente de que necesitaban estar a solas. Se apresuró a entrar en la casa y fue a la cocina, donde se tomó su tiempo sirviendo la bebida.

A solas de nuevo con su hijo pequeño, Jörg se le quedó mirando cuando alzó la cabeza y se limpió las mejillas avergonzado.

—¿Quién te acechaba?—preguntó al verle más calmado.

—¿Cómo?—murmuró Bill confuso.

—Dijiste que alguien te acechaba, ¿a quién te referías?—insistió Jörg preocupado.

Las fotos. La persona quien le mandaba los ojos muertos de su madre. Negó con la cabeza y se incorporó, levantándose de encima de su padre. Todavía no se veía con fuerzas de hablar de ese tema.

—No sé porque dije eso, serían por los nervios—dijo fingiendo una triste sonrisa.

Entró en la casa y antes de poner un pie en las escaleras, Tom le llamó desde la cocina.

—Te preparé un vaso de agua—dijo con una de sus mejores sonrisa.

Dio media vuelta y lo aceptó con sus aún temblorosas manos, bebiéndolo con cuidado de no derramarlo.

—Se te ve muy pálido—comentó Tom si poderse reprimir.

Vio que Bill solo asentía sin decir nada. Estaba a punto de hablar cuando su móvil le interrumpió, momento que Bill aprovechó para devolverle el vaso y huir escaleras arriba.

Se mordió los labios preocupado. Vio que era Gustav y descolgó.

—Hallo—saludó desganado.

—¿Va todo bien?—preguntó Gustav al notarlo.

—Si, no es nada. Perdona—se disculpó cambiando el tono.

—No pasa nada. Georg acaba de regresar de ver a su hermana y pensábamos acercarnos esta tarde, pero si os viene mal….

—No, al contrario—interrumpió Tom ya más animado.

Eso le haría mucho bien a su hermano. Rodearse de la gente que le quería, olvidar un poco el pasado y los momentos malos.

—De acuerdo, en una hora nos vemos—se despidió Gustav.

Tom colgó sonriendo. Salió al porche y le contó sus planes a su padre, quien al principio quiso negarse tras el susto del pequeño de sus hijos, pero el mayor le convenció de que con la visita de sus amigos se animaría.

También se lo contó a su tía, quien enseguida se puso a preparar una cena para todos. Ya solo le quedaba contárselo a su hermano….

Llamó a su habitación y entró cuando le dio permiso, encontrándole sentado en una butaca con la cabeza entre las manos.

— ¡Bill!—llamó preocupado.

Corrió a su lado y le abrazó con fuerza al ver que temblaba.

—Estoy bien, no es nada—susurró Bill avergonzado.

—Pues no lo parece—dijo Tom sin soltarle.

—Es que….me muero por un cigarro—susurró Bill sonriendo con esfuerzo.

Tom se echó a reír al escucharle. Le despeinó con una mano y obligó a levantarse.

—Vamos, comienza a arreglarte—dijo frotándole los brazos.

—¿Qué?—dijo Bill sin entender.

—Gustav y Georg estarán aquí en una hora. He pensado que podíamos salir a dar una vuelta con Andreas, y no querrás ir así, ¿verdad?—preguntó Tom señalando el chándal que se puso para estar en casa.

Estaba a punto de decir que no se encontraba con ganas de ver a nadie en esos momentos, pero pensó que era lo que mejor le iría. Ver a sus amigos y pasar una tarde agradable en su compañía.

Asintió sonriendo para placer de Tom y tras quedarse solo entró en el baño a ducharse.

Una vez que terminó salió ajustándose una toalla a su cadera y secándose el pelo con otro. Se acercó a la cómoda y abrió el último cajón donde guarda la ropa interior. Sacó una muda limpia y se quedó mirando los sobres azules que escondió bajo ella.

Negó con la cabeza y cerró el cajón con el pie. Esa tarde no quería pensar en las fotos. Dejó caer la toalla y se vistió apresurándose cuando escuchó que llamaban al timbre de la puerta.

Escuchó la voz de su tía dando la bienvenida a sus amigos. Maldijo por lo bajo. Había perdido la noción del tiempo de nuevo, creía que solo había estado unos minutos en la ducha, y casi había pasado media hora.

—Bill, te esperamos abajo—llamó Tom a su puerta.

Decidió bajar a saludarles y luego subir a secarse el pelo. Se pasó una mano por él mientras salía de su habitación, casi chocándose con Andreas en el pasillo.

—Bill—llamó atrayéndole en sus brazos.

Comenzó a besarle sin pedir permiso, arrugando la frente cuando vio que le rechazaba expulsándole de su boca y apartándose de su lado apoyando las manos en su pecho.

—Nos puede ver mi padre—murmuró Bill alejándose de su contacto.

Bajó las escaleras y sonrió al ver a sus amigos, aceptando sus calurosos abrazos. A los pocos minutos se reunió Andreas y el ambiente se volvió más triste.

Dejó que sus amigos le dieran el pésame y se escabulló a su habitación de nuevo para terminar de secarse el pelo. Entró en el baño y conectó el secador, inclinando la cabeza mientras tarareaba.

Una vez liso, salió y cogió el neceser de maquillaje que dejó sobre la cómoda de la habitación. Se giró de golpe cuando sintió que la puerta se abría y suspiró aliviado a ver a uno de sus amigos.

—Perdona, pensé que estabas en el baño—se disculpó Georg.

—No pasa nada, ya termino—dijo Bill forzando una sonrisa.

—Esto es para ti, llegó al apartamento—explicó Georg tendiéndole un conocido sobre azul.

Una voz en su mente le suplicaba que no lo cogiera, pero sus manos parecían tener vida propia y ya aferraban el sobre, que rasgó con temblorosos dedos. Soltando un ahogado sollozo vio como comenzaban a caer a sus pies un montón de fotos. Esta vez no eran solo sus ojos, ni los de su madre….

Eran fotos suyas: subiendo al autobús, firmando autógrafos a las fans, yendo de compras, en el coche con Tom, incluso había una en donde se le veía sacar la basura en pijama, tomada cuando pasaban largas estancias en el apartamento que compartía con sus amigos.

— ¡Si son fotos!—exclamó Georg cogiendo una.

—¡No te acerques! ¡No me toques!—gritó Bill golpeándole la mano para que la soltara.

—Bill, yo…

—Te he dicho que no te acerques—repitió jadeando.

Está en todas partes, me vigila, me persigue…quiere cazarme”—pensó comenzando a temblar—“Trata de atraparme y no puedo hacer nada por impedirlo….nada hasta que…”

De pronto sintió como si algo en su interior se apagara, como si de repente se hubiera abierto una ventana y una de las fotos se agitara y se diera la vuelta, enseñándole una escena macabra.

Sin atreverse a cogerla, sus ojos estudiaron la foto a pesar del miedo. Una mujer. Desnuda. La piel le resplandecía de una manera aterradora. Tendida, con la cabeza ligeramente inclinada y un brazo cruzado sobre su vientre. Como si estuviera profundamente dormida…..como si estuviera soñando…

Solo que sus ojos estaban abiertos y con la mirada fija. Ojos de muñeca….ojos muertos….

—¿Mamá?—susurró rompiendo a llorar.

—¿Bill?—llamó Georg asustado.

—¿Dónde está su ropa? ¿Dónde está ella?—sollozó sin poder contenerse—No nos abandonó, tanto tiempo odiándola…. ¿por qué se fue?

—Tal vez no tuvo otra alternativa—murmuró Georg sin saber de que hablaba.

—Su lugar estaba a nuestro lado, y nos la arrebataron….¡es tan hermosa!

—Bueno, ya está bien—dijo Georg cogiéndole de los brazos con fuerza—Ahora mismo nos vamos abajo y te calmas un poco.

Trató de llevarle a rastras, pero el cantante se negaba a dar un paso. Forcejeó con su amigo, pisando las fotos de paso, viendo como la de su madre se giraba y le mostraba un cruel mensaje.

Sintió que algo estallaba en su interior. De pronto la oscuridad le rodeó y se dejó llevar por ella. Lo último que pensó antes de perder del todo la consciencia era que ya sabía que su madre estaba muerta, ese mensaje lo confirmaba…

Escrito en letras grandes en el reverso de la foto, alguien puso título a su obra….

La muerte de un ángel….

Continuará…

Tengo que destacar varias cosas en este capitulo

*la escena de Bill encerrado en el garaje y su padre salvándole, está sacada de la novela, aunque en ella es en el baño de un camping donde encierran a la protagonista

*cuando Georg le da el sobre con las fotos, Bill lo abre y todas caen al suelo, tambien esta sacada esta escena de la novela, y algunas frases del dialogo como cuando dice «Donde esta su ropa, donde esta ella», y la contestacion de Georg

*y la foto de su madre muerta junto con el mensaje escrito en el reverso, tambien está sacado de la novela

por lyra

Escritora del Fandom

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