
Fic TWC de lyra
Capítulo 8. Sueños
Con el inconsciente cantante en sus brazos, Georg no dejaba de mirarle asustado. Se había quedado muy pálido y parecía que no respiraba. Se mordió los labios con preocupación, echando un vistazo a la puerta en busca de la ayuda necesaria, suspirando aliviado al ver pasar al hermano.
—¡Tom!—le llamó casi sin aliento.
El guitarrista se giró y maldijo por lo bajo al ver lo ocurrido. Entró corriendo en la habitación y arrebató con cuidado a su hermano de los brazos de su amigo.
—Moja una toalla…¡rápido!—ordenó con voz temblorosa.
Mientras el bajista corría a hacer lo que le habían ordenado, Tom dejó en el suelo a Bill, poniendo su cabeza en su regazo. Soltó un gemido al ver lo pálido que se había quedado, levantó una mano y le acarició la mejilla con suavidad.
—Bill…—llamó en voz baja a punto de llorar.
—¿Qué ha pasado?—preguntó Andreas entrando corriendo.
Tom le miró con los ojos llenos de lágrimas. Separó los labios tratando de hablar, pero no le salían las palabras.
—Ten—dijo Georg saliendo del baño.
Reaccionó cuando le pusieron la toalla que pidió ante los ojos. Se apresuró a cogerla y retirando hacia un lado el largo pelo de Bill, la colocó en su nuca esperando hacerle reaccionar.
—¿Qué es esto?—preguntó Andreas de pronto señalando las fotos.
—No lo sé, Bill las vio y se puso como un loco—explicó por encima Georg.
Se inclinaron los dos y las recogieron echando un vistazo por si veían que era eso que había puesto así a su amigo, pero no encontraron nada. Solo eran fotos suyas. Nada más.
Un gemido del cantante interrumpió su tarea y las volvieron a dejar donde estaban para ver como volvía en sí…
—Ya despierta—suspiró Tom aliviado.
Observaron como sus ojos parpadeaban hasta lograr abrirlos. Le sonrieron con esfuerzo para tranquilizarle.
Andreas se arrodilló a su lado y cogió una de sus manos que apretó con cariño, ante la dolorosa mirada del hermano mayor.
—Nos has dado un pequeño susto—dijo en voz baja.
—¿Se puede saber porque tardáis tanto?—preguntó Helen entrando en la habitación.
Se paró en seco al ver lo ocurrido. Su sobrino pequeño echado en el suelo con la cabeza sobre el regazo del mayor, y el amigo de ambos cogiéndole una mano todo preocupado.
No pudo evitar gritar al verlos, y al momento la habitación del cantante se llenó con todos los ocupantes de la casa, que pisaron sin darse cuenta las fotos esparcidas aún por el suelo.
—Helen, llama al médico—ordenó Jörg de inmediato.
El cantante negó como pudo con la cabeza, pero Jörg le ignoró y se inclinó, levantándolo con suavidad y llevándole hasta la cama para acostarlo con cuidado.
Los demás viendo que solo estorbaban decidieron quitarse de en medio. Georg y Gustav salieron los primeros, dejando a Andreas la tarea de recoger las fotos del suelo, que dejó sobre la cómoda.
—Preparemos café—dijo Gustav cuando se reunieron con ellos en le pasillo.
Bajaron a la cocina y dejaron que la familia se encargase del cantante.
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Tom y su padre intercambiaron una mirada preocupada. Se quedaron esperando en silencio la llegada del médico, observando como el cantante sollozaba por lo bajo cubriéndose la cara con las manos.
Quería correr al lado de Bill, odiaba verle en ese estado, pero cuando se decidió apareció su tía seguida del doctor Wagner, que en cuanto vio el estado de su joven paciente echó a la familia para poder examinarle con más calma.
Se sentó a su lado en la cama y abrió su maletín, de donde sacó el instrumental necesario. Le tomó la tensión comprobando que la tenía muy baja. Sacó una inyección y le suministró una sustancia que se la subiría enseguida.
Terminó y guardó todo de nuevo en el maletín, observando como su paciente suspiraba con los ojos cerrados.
—¿Me lo quieres contar?—preguntó.
Bill solo negó con la cabeza mordiéndose los labios. No podía contar nada porque en esos momentos pensaba que se lo había imaginado. Hasta que no tuviera esa foto de nuevo en sus manos y viera que era real, no podía contar nada, y menos a su familia. Quedaría destrozada….
—Te receté reposo, pero veo que no me has escuchado—riñó Wagner con suavidad —Te ha dado una crisis de ansiedad por esforzarte y preocuparte tanto. Ahora descansa hasta mañana.
Le apretó el hombro con cariño y se levantó con expresión preocupada, que cambió cuando salió al pasillo y se encontró con el asustado hermano.
—¿Por qué no le haces compañía mientras hablo con tu padre?—pidió sonriendo.
Tom le obedeció a regañadientes. Quería estar presente, sabía que hablarían de Bill y él quería asegurarse de que estaba bien.
Resopló por lo bajo y entró en la habitación cerrando la puerta tras de sí. Se acercó a la cama donde descansaba con los ojos cerrados y se sentó en ella cogiéndole una mano que se llevó a los labios y besó con ternura.
—Estoy a tu lado—susurró contra ella—Duerme tranquilo, no me iré a ningún lado.
Se quedó en silencio viéndole dormitar, tratando de escuchar la conversación que tenía lugar en el pasillo.
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—¿Qué le ha pasado?—preguntó Jörg muy preocupado.
—Ha sido una crisis de ansiedad, unos días de reposo absoluto y sin sobresaltos y se pondrá bien, o eso espero, de lo contrario…
Dejó la frase sin terminar. Conocía al cantante y a su hermano desde que eran bien pequeños y les tenía mucho cariño. Tras la desaparición de su madre estaba muy pendiente de ellos cuando su tía les llevaba para una revisión de rutina.
Ahora se temía que el más pequeño no había superado la desaparición tan bien como les hacía creer.
—¿Qué podemos hacer?—preguntó Helen a punto de llorar.
—Esperar. En dos días es el aniversario, si para entonces sigue igual, me lo traéis a la consulta y ya nos pondremos más en serio. De momento os dejo esto para que pase bien la noche—explicó abriendo su maletín.
Sacó un frasco de pastillas que entregó a Jörg.
—Es culpa mía—dijo Jörg cogiéndolas—Discutí con él, pensé que hablar del pasado le haría bien, y mira lo que he conseguido…
—Yo también tengo algo de culpa—se apresuró a decir Helen—Le puse a limpiar el garaje nada más venir de la consulta, cuando estaba claro que necesitaba descansar…
—Bueno, no os echéis las culpa—dijo el doctor Wagner levantando una mano—Ha pasado, pero podemos solucionarlo. Procurad que descanse estos días y coma bien.
—Le ataré a la cama si es preciso—aseguró Jörg.
—Y yo me encargo de que coma—afirmó Helen.
El doctor Wagner sonrió satisfecho y se despidió de los dos. Salió de la casa rezando por hacer lo correcto.
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—Creo que es mejor que nos vayamos—dijo Gustav al ver salir al médico.
Sentados en la cocina, tomaban un café mientras examinaban a su amigo.
—Si llego a saber que se iba a poner así, no le hubiera dado el sobre—se lamentó Georg.
—¿Qué sobre?—preguntó Gustav arqueando una ceja.
—Uno que llegó al apartamento a su nombre, lleno de fotos—explicó Georg.
—Todas suyas—confirmó Andreas.
—No creo que se haya puesto así por las fotos, esto lo lleva arrastrando desde hace tiempo—dijo Gustav con firmeza.
Dejaron de hablar cuando Helen entró en la cocina y les sonrió con esfuerzo.
—No os vayáis sin cenar—les pidió al ver que se levantan y cogían sus cazadoras.
—No queremos molestar—dijo Gustav.
—Ni yo tampoco—añadió Andreas—Helen, gracias por invitarme a pasar unos días, pero tal vez debería…
—No termines la frase—cortó Helen con firmeza—Has crecido en esta casa y te considero como un sobrino más, ya lo sabes. No molestas, y vosotros tampoco. Sentaos mientras preparo la cena.
Sabían que nunca la harán cambiar de opinión, pero en vez de sentarse se pusieron a ayudarla.
—Puede que Bill se sienta mejor y se anime a bajar a cenar con nosotros—dijo Helen sin mucha esperanza.
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Pero el cantante no podía abandonar la cama. Sentía que el cuerpo le temblaba y un sudor frío le recorría de arriba abajo, como si tuviera fiebre.
Tapado hasta la cabeza con la manta que le echó Tom, cerró los ojos con una sola preocupación en la mente…
—La foto—murmuró sin darse cuenta.
—¿Cómo dijos?—preguntó Tom sentándose en la cama de nuevo.
Pero el cantante negó con la cabeza suspirando. No podía decir nada hasta estar seguro del todo.
—Estoy cansado—puso como excusa.
—Duerme un rato, te prometo no moverme de tu lado—dijo Tom cogiendo una de sus manos.
Suspiró dándose por vencido. Cerró con fuerza los ojos y poco a poco se fue quedando dormido…
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Bajó a la cocina frotándose la cara con cansancio. Nada más entrar su tía se levantó y le señaló una silla.
—No me quedo, solo he bajado a por un vaso de leche y me subo de nuevo—explicó Tom negando con la cabeza.
Pero Helen le ignoró y le sirvió la cena, obligándole a sentarse a la mesa con sus amigos.
—Como un poco. Si ahora duerme, no te necesita—dijo Helen con firmeza.
No tuvo más remedio que obedecerla, a pesar de que tenía un nudo en el estómago que le impedía hasta respirar.
—¿Y papá?—preguntó al ver que no estaba.
—Está al teléfono, hablando con David—explicó Helen.
Resopló mientras comía. Sabía que iba a hacer su padre, sacar a Bill del grupo solo por su propio bien…
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Terminó de cenar y sus amigos decidieron que ya habían abusado de su hospitalidad. Se despidieron prometiendo llamar al día siguiente a ver como estaba el cantante.
Tom les despidió en la puerta y solo entonces volvió al lado de Bill, a quien encontró recostado en las almohadas mientras su tía le obligaba cenar a él también.
—Helen, por favor….mi estómago…—protestaba Bill en balde.
—Solo es una sopa, tomate al menos la mitad—dijo Helen muy seria.
Como ya hiciera él en la cocina, Bill resopló y cogió la cuchara que su tía blandía ante sus ojos y se tomó la sopa poco a poco.
—¿Se puede?—preguntó Andreas asomando la cabeza por la puerta.
—Pasa—murmuró Bill con cansancio.
—Venía a ver que tal estabas—dijo Andreas tratando de sonreír.
El cantante solo se encogió de hombros. No sabía explicar como se encontraba en esos momentos. ¿Triste por saber que su madre había muerto? ¿Feliz porque había descubierto que nunca le había abandonado a él y a su hermano?
Terminó de tomarse la sopa ante la atenta mirada de su hermano, su tía y su amigo. Respiró aliviado cuando su tía se quedó conforme y le retiró el plato. Solo entonces intentó levantarse.
—¿A dónde te crees que vas?—preguntó Helen negando con la cabeza.
—Al baño—explicó Bill resoplando—Voy a lavarme los dientes.
Tom enseguida corrió a ayudarlo a ponerse en pie, comprobando que no se mareaba ni nada parecido.
—Puedo yo solito—murmuró Bill un tanto enojado.
No estaba inválido, solo se había desmayado…
Entró en el baño y cerró la puerta tras de si, suspirado aliviado por encontrar algo de intimidad. Cogió agua con las manos y se lavó la cara, observándose al espejo. Sus ojos no podían estar más apagados…
Decidió darse prisa antes de que el baño se viera invadido por toda su familia. Salió de el, y vio que su amigo ya se había ido.
—Te desea buenas noches—se despidió Tom por él.
Asintió y observó que su tía le había abierto ya la cama. Suspiró de nuevo y cogió el pijama que le tendía, cambiándose de ropa pensando que lo mejor era tratar de dormir.
Camino de la cama sus ojos volaron a la cómoda. Vio sobre ellas un montón de fotos, quiso acercarse y cogerlas, pero la voz de su padre se lo impidió.
—Pensé que ya estabas acostado—dijo Jörg entrando.
—Ahora mismo se acuesta—afirmó Helen—Bill, vamos, no cojas frío.
Dejó el tema de las fotos y se metió en la cama, esperando las malas noticias que sabe que le traía su padre.
—Bill, he estado hablando con David—comenzó a explicar Jörg—Le he contado lo que te ha pasado y ha cancelado la gira de inmediato. Hasta que no le asegure que estás completamente bien, tienes vacaciones de por vida.
Cerró los ojos sin decir nada, en otras circunstancias, se hubiera puesto a discutir con su padre, a echarle en cara que él no era nadie para decidir en su vida. Pero en esos momentos el grupo no le importaba nada.
Lo más importante era saber con certeza si su madre estaba muerta…
Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas, y no pudo evitar que se le escapase un par de ellas.
—Bill, no llores por favor—dijo Tom corriendo a consolarle.
—Lo siento, es que….no puedo evitarlo….quiero estar bien, pero…—susurró Bill con voz temblorosa.
Dejaría que pensara que lloraba por tener que cancelar la gira.
—Dejémosle descansar—se apresuró a decir Helen—Ya hablaremos mañana… ¿Tom?
—Me quedo a dormir con él—dijo tajantemente—Voy a por mi pijama y enseguida regreso.
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Mientras esperaba la vuelta de Tom, dejó que su tía le arropase y le diera las buenas noches con un beso en la frente.
—Mi niño pequeño—murmuró Helen suspirando.
Consiguió esbozar una débil sonrisa. Su tía siempre estaba allí para darle el amor que su madre le negó….no, debía de dejar de pensar de esa manera. No se lo negó, le impidieron dárselo…
Le apartó un mechón de pelo y se incorporó, cogiendo la bandeja con la cena que le subió y saliendo de la habitación, encontrándose con su otro sobrino en el pasillo.
—Que se tome esto—le dijo entregándole una pastilla.
—No la va a querer—afirmó Tom muy serio.
—Le ayudará a dormir, la necesita—aseguró Helen muy seria.
Tom asintió y cerrando el puño entró en la habitación de Bill. Sonrió al verle bien tapado con los ojos cerrados. Entró en el baño y al momento salió con un vaso de agua en la mano que dejó sobre la mesilla.
—Bill—le llamó con suavidad.
Esperó a que abriera los ojos, y solo entonces le mostró el contenido de su mano, viéndole negar con la cabeza.
—No—susurró Bill con firmeza.
—Te ayudará a no tener pesadillas—explicó Tom.
“A no soñar con mamá”—pensaron los dos a la vez.
Se incorporó y se la tomó solo para complacerle. Bebió un sorbo de agua y la tragó con esfuerzo, viendo como Tom sonreía. Se recostó de nuevo y cerró los ojos suspirando.
Dejando el vaso en la mesilla, Tom apagó la lámpara y rodeó la cama, echándose a su lado pero sin atreverse a tocarle ni a darle las buenas noches. Todavía recordaba la última vez que sus labios se rozaron.
Desde entonces, se sentía muy extraño a su lado, viéndole con unos ojos que no eran los propios de un hermano.
Tumbado de espaldas con los ojos abiertos, escuchaba la suave respiración de Bill, sintiendo como se daba la vuelta y echándose de constado le daba la espalda.
—Buenas noches—le oyó murmurar.
Sintiendo los efectos del sedante, el cantante cerró los ojos resignado. Suspiró pensando que se terminó el desearse las buenas noches con un beso en los labios. Cuando Tom se metió en la cama, estuvo esperando a que diera él el primer paso, pero estaba claro que le tenía miedo, por ese beso que duró más de lo esperado.
En otras circunstancias, le habría abrazado por la espalda y apoyado la cabeza en la curva de su cuello, lo que le hubiera provocado miles de escalofríos al sentir su cálido aliento.
Todavía no sabía porque le había besado de esa manera, tal vez viera en Tom la persona que estaba buscando, la única que sabía que nunca se iba a ir de su lado…
Cayó en un profundo sueño mientras su cabeza le daba vueltas al mismo tema. El amor hacia su propio hermano, que estaba comenzando a crecer con mucha fuerza…
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Tras varios minutos suspiró aliviado cuando escuchó que Bill se había dormido. Su respiración se hizo más pausada y no se movía en la cama. Solo entonces cerró él también los ojos, dispuesto a dormir a su lado, pensando en esos sentimientos que se habían despertado…
Amaba a su hermano… ¿tan loco sonaba?
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No sabía cuanto tiempo llevaba dormido. Se dio la vuelta en la cama tumbándose de espaldas y suspirando en sueños. Entonces todo ocurrió muy deprisa…
Sintió como Bill se daba la vuelta también y se le acercaba, como le rozaba el cuello con su aliento. Eso bastó para que abriera los ojos de golpe.
Se giró y gracias a la luna que se colaba por la ventana, pudo observar su silueta. Se sorprendió al verlo con los ojos medio abiertos. Pensaba que estaba durmiendo.
Era tarde para cerrar los suyos y hacerse el dormido, era tarde para tratar de evitar lo que iba a tener lugar…
Era como si ocurriera a cámara lenta. Le vio extender una mano y rodear su nuca con ella, atrayéndole a sus labios, haciéndole separar los suyos por instinto…le sintió rozarle con un beso y le respondió sin querer evitarlo…
Comenzaron a besarse con suavidad, gimiendo muy bajo hasta que el deseo pudo con ellos.
Abrazándole con fuerza, Tom le hizo rodar sobre su cuerpo, dejándole reposar sobre su pecho, conteniendo el aliento al sentirle separar las piernas hasta quedar a horcajadas encima suyo, con sus entrepiernas frotándose a través de la fina tela de sus pijamas.
Bajó las manos y las puso sobre sus caderas, guiándole para que se contuviera, frenando el ritmo sin dejar de besarle con los ojos cerrados.
“Es un sueño”—se repitió en su mente—“Algo tan maravilloso no puede ser real…no puede estar pasando”
Pero era real, como el orgasmo que le puso la piel de gallina cuando Bill se frotó con insistencia sobre él, haciéndole derramarse en su ropa interior, sintiendo la humedad de su contrario, quien sin separar los labios de los suyos soltó un profundo gemido que resonó en las bocas de ambos.
Jadeó tratando se recuperar el aliento cuando por fin sus labios se separaron. Metió las manos bajo la camiseta de Bill y comenzó a acariciarle la espalda con suavidad, sintiendo como acomodaba mejor la cabeza en su pecho bostezando satisfecho.
Al momento le sintió nuevamente dormido. Cerró los ojos sin sacar las manos de su camiseta, sintiendo el calor que despedía su piel. No quería pensar en lo que diría su padre o su tía si entrara en esos momentos y les vieran así.
Se encogió de hombros sonriendo. Le abrazó con más fuerza y respiró hondo, gimiendo cuando le llegó el dulce aroma de su pelo, cayendo él también en un profundo sueño….
Continuará…